VERSATILIDAD DE LA EMOCIÓN

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LLANTO

                                                                                     A ti

II

Llora  con desacato,

otros jueces habrá que te perdonen.

Llora sin mansedumbre,

rebélate al fiscal que eres tú mismo.

 

 

VIII

Cuando llores observa quién a tu lado llora.

A veces llorar alto es plena comunión,

Tú le enjugas las lágrimas acodado a su lado.

Él a ti te las seca prestándote su hombro.

Y cuando Dios observa escenas como éstas,

cerramos los paraguas, abrimos las sonrisas,

ponemos buena cara, quitamos las camisas,

y nos balanceamos sobre altos arco iris

como columpios solares que un suave viento

empuja. No te lamentes, ¡llora!, y todo cuanto quieras,

como el sudor ignoto que a los otros te allega.

Y cuando ellos sean lluvia que a tu tierra azote,

sé tú paraguas, hombro, pañuelo o arco iris.

Sé el mar en que naveguen y nunca el desierto

que asfixie sus oasis. Sé sol y primavera.

TRANSICIÓN POR LA ESPERANZA

                                                         A Román López Tamés

II

El amor de verdad se sobrepone.

Los golpes son lecciones de emergencia

y hay que descorrer las cortinas de las llagas

para que cicatricen los balcones.

Las ventanas abiertas, siempre, siempre,

girasoles los rostros, cordón umbilical

al tenue sol que miren: ¡Hay esperanza!

 

III

Y yo, convaleciente, iré a ti a que me des

promesas de otra vida. Voy a deshojar los pétalos

de las rosas, mesarles sus cabellos. ¡Voy a coger

las rosas de tu vida y aprovechar mi día para ti!

 

IV

Pisaré un sendero de agujas en una terapia de sutura

para remendar esos resquicios fugitivos por los que quieres

marcharte como un tumulto de arenisca. Te quiero aguja

de bitácora con que encauzar periplos sin líquidos

temores. Te quiero revelación y segundero.


TRANSICIÓN POR EL DESEO

                                                                            A mí

I

En telaraña o delta

de múltiples lamentos,

los ríos de la pena

sosiegan su corriente.

Y en la bocana henchidos

de sordos sobresaltos

fondean melodías

e inválidos silencios.

Deja que en tu bahía

repose al fin mi llanto

y en el noray del beso 

tu sonrisa me atrape

como maroma al viento.

VIII

Ser libres. ¡Ah!, sueñan las cumbres,

poder volar como ese pájaro

que se caga en sus picos, mientras ellas

sienten su pie atado a tierra

y una mudez de simas las impide

devolver cagarrutas y no sombra

al animal profano.

IX
Sueñan las rejas visitas
que les niegan;

indultos, que les niegan; caderas que

no llegan. Y tan solo la lumbre que

no esperan del fuego que les arde

entre las piernas, a la altura

del corazón y en la cabeza

siembra de escozor sus tardes

negras sin una sola lámpara

de amor que les devuelva

un motivo poderoso de existencia.

A sus celdas, únicamente se arrima

la condena. Pero ni por esas… Y sueñan.

 

                                      RISAS

                                                                                     A Santos

I

No sonrías con tristeza, mi amor, de despedidas

está la vida llena. Ríe siempre. Fuerte y sonora

habrá de ser tu voz. Que se te oiga. No importa

lo que digas, lo que hagas. Tu risa, siempre afable,

te anuncia y te respalda. ¡Ríe! Ríe, mi amor.

Con amplias carcajadas mi llanto no se escucha.

De risa viste tu amor, nunca de lástima. Y enséñame

la llave perdurable que abre las puertas de tu carcajada.

 

V

Hagamos ejercicios de sonrisas.

Un, dos; un, dos; un, dos, tres, cuatro…

¡Mira!: la comisura izquierda ya se eleva

con esa leve y fláccida esperanza

de ver renacer tal vez un día

la ardua simetría de la risa.

Un, dos; un, dos; ¡despierta! Alza la diestra

alegría, y un sitio haz en tu boca para el beso.

Humedece los labios y esconde esa lengua vivaracha,

presta a salirte en defensa agitando agravios nuevos.

Un, dos; un, dos; ¡ahora ambos! Asciende el rictus

y deja que esa lágrima, eternamente anclada en su bahía,

tome rumbo hacia el profundo mar de la ignorancia.

Ríete hasta que llores de alegría

y no puedas entonar más gesto

que la risa. Un, dos; ja, ja, je, je,

ji, ji, jo, jo, ju, ju, ¿lo ves?, es fácil.

Ja, ja para tus amplias carcajadas.

Je, je, si ríes con ironía o con desgana.

Ji, ji, aunque ocultes la causa de tu risa.

Jo, jo, con oronda alegría y esa expansión

facial de que hace gala. Y, aunque huyas o

temas, ju, ju, te servirá como artimaña.

Tú insiste siempre, que la alegría prende

como la mala hierba si sabes cultivarla.

Sólo se necesita un rostro atento

y una gran disciplina en la gimnasia.

 

X

Ríe grácil, esbelto, voluptuoso.

Llora de placer. Deja a tus ansias

de amor volar por un río de alas

infinitas. Resbale el gemido

por el tobogán de las palabras.

Columpia la sonrisa y siembra.

Siembra en tu faz la risa, el diálogo.

Haz concupiscente su vendimia.

Entre las mieses acostadas,

goza el plagio de la felicidad.

 

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1 comentario

  1. febrero 5, 2010 a 4:35 pm

    Desde aquí, vaya mi agradecimiento a quienes me apoyaron y/o empujaron para que lo publicara, amigos y compañeros.
    Muy especialmente a Ignacio Bezanilla Cobo, gracias a cuya maquetación e ilustraciones el aspecto del poemario gana mucho visualmente.


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