MANUSCRITO SALMANTINO

El manuscrito de piedra de Luis García Jambrina

Esta deliciosa novela nos sitúa en las coordenadas espacio-temporales de la Salamanca de 1497 y hace un guiño a la historia de la Literatura al usar como protagonista al autor de una joya nacional: La Celestina e, incluso, recrear al personaje que acabó dándole título para descrédito de Calisto y Melibea. El punto de partida es el asesinato de Fray Tomás de Sto. Domingo, un catedrático de Prima Teología que no es tan honesto como su cargo le exigiría. La investigación se centra en ciertas pistas: el pequeño corte en la mejilla izquierda como especie de firma demoníaca del autor o la moneda de vellón dejada en la boca de los muertos. Las sospechas recaen sucesivamente en varios personajes, todos con motivos para vengarse. Y se multiplican los asesinatos (teoría de la muerte -providencial para los Reyes Católicos- del Príncipe Alfonso, hijo único de Juan II de Portugal, primer marido de la infanta Isabel). Pero las pesquisas se estancan en una lluviosa e invernal Salamanca. Y tras la elipsis de un tiempo intermedio e infructuoso, da cabida en la novela al típico código secreto, en este caso un papel con unos extraños dibujos alegóricos o signos mágicos que se convierte en un verdadero mapa del infierno.

Salamanca es aquí reflejada –con un pincel casi costumbrista- en todo su esplendor y caos: la vida estudiantil, las intrigas y reuniones clandestinas, las calles laberínticas en torno a las más de cincuenta iglesias… La leyenda de la cueva de Celestina, por otro lado, le da pie para describir una Salamanca subterránea con sus túneles, galerías intrincadas y salas que lo mismo sirven de foro que de refugio. Cuando Fernando de Rojas regresa allí tras las vacaciones veraniegas, el narrador en tercera persona omnisciente (capaz de asumir diferentes puntos de vista) en un rápido flash back repasa la biografía del protagonista (converso de cuarta generación que incluso tuvo que salir en defensa de su padre). Una vez en el Colegio Mayor de S. Bartolomé, el obispo Diego de Deza, tutor de don Juan (hijo de los RR. CC.), le requiere para investigar el asunto y le nombra “familiar” del Santo Oficio para facilitarle la labor. Además, en dos días viene el enfermizo príncipe don Juan, y aquel quiere que este se halle seguro en Salamanca. En el Convento de San Esteban, agitado por el funeral del asesinado, Rojas conoce a un interesantísimo personaje secundario, el hermano herbolario, al que le parecen aberrantes ciertas actitudes de la Iglesia (su tolerancia raya en la heterodoxia).

Varios conflictos se reflejan en la historia: por ejemplo, las tensiones entre las familias nobles con viejos privilegios y las que no los tienen, o las que subyacen tras el proyecto de construcción de la nueva iglesia mayor y su ubicación entre el cabildo y el obispado; también las rivalidades entre las órdenes sacerdotales (dominicos / franciscanos) son patentes. Así mismo deja constancia la obra de muchos elementos de la época, importantes unos, curiosos otros, siempre interesantes: los viajes de Colón y las semillas que trajo, la censura inquisitorial, el puritanismo de la sociedad, la prueba de la salva, la Universidad con sus sistemas de elección… Claras referencias históricas y sociales dibujan los trazos gruesos de aquellos duros tiempos: la monarquía de los RR. CC y los problemas hereditarios personalizados en sus hijos, el Papado (Alejandro VI) y los mecanismos eclesiásticos para impartir “justicia”, etc. Múltiples son los personajes históricos cuyas relaciones se recuperan y/o recrean: Pedro (Martínez) de Osma, personaje en el que se atisba el antropocentrismo venidero; Fernando de Roa, discípulo del anterior; Margarita de Austria, esposa de don Juan (heredero de los RR. CC.); el rey de Portugal Manuel I, apodado el Afortunado… Pero sólo el séptimo capítulo, que relata las intrigas pasadas para acceder a la codiciada cátedra de Prima Teología, desde 1416 feudo básicamente dominico, resulta una digresión histórica que puede aburrir a un lector joven o que únicamente busque averiguar quién es el asesino. El resto de las cuestiones históricas se integran con tal facilidad que no sólo ambientan la historia sino que ayudan a situar hechos y personajes y a aprenderlos sin esfuerzo (¡cómo no se me va a notar la vena profesoril!).

Muchos temas tratados son consecuencia lógica de lo anterior: desde el doble rasero de la Iglesia y la tortura de la Inquisición a la prostitución y la sodomía, pasando por las falsas conversiones, las expulsiones y persecuciones de judíos o los entresijos dinásticos peninsulares. Los fundamentales quizá: el fanatismo como origen del crimen, las relaciones entre Iglesia y Poder político o los extremos que se tocan (las apariencias y la realidad, el conocimiento y la experiencia). Otros: el motivo de los infanticidios para preservar la honra sustentada en la opinión ajena, la superstición y la locura, la compleja psicología de unos seres que se debaten entre su verdadero ser y su forma de actuar, la semilla del mal y las consecuencias que el odio y la venganza traen (instigadores y ejecutores se ven bajo el prisma del influjo que los condicionamientos socio-familiares o político-económicos pueden provocar en mentes con tendencias criminales).

Y Jambrina hace, en un alarde de imaginación, un breve repaso a la historia de la Literatura y de la mitología, sin caer en sesudas citas metaliterarias: Sabela y Alicia son ex pupilas de Celestina, a quien se la descubre en medio del conjuro a Plutón, como personaje seudo histórico que, supuestamente, sirvió de modelo para el literario; rumores que corren por el pueblo lo hacen a través de los romances, se alude a la existencia de una copia manuscrita de Juan del Enzina sobre la “triste ciudad de Salamanca”, la interpretación del vellón en la boca de los muertos remite a la mitología griega; F. de Rojas tendrá su propio Virgilio en el revés del mundo de la superficie que se aprovechará para dejar constancia de la ideología crítica: “En los tiempos que corren, el infierno está más bien ahí fuera, en los tribunales y las hogueras de la Inquisición. Aquí abajo estamos los bienaventurados, los perseguidos por causa de la justicia y los que buscamos la verdad por otras vías, en medio de tanta mentira y fingimiento”. La influencia libresca de Orfeo, Eneas y Dante evitará que Rojas dé un paso atrás en su cometido.

El protagonista nos recuerda la inocentada estudiantil del Toro de Piedra y el calabazazo que sufre Lázaro: “Aprende necio…”; y su peculiar “descenso a los infiernos” remeda el de Dante en su Divina Comedia. Igualmente, hallan cabida: El Quijote, la Medea de Séneca (“Aquel a quien beneficia el crimen es quien lo ha cometido”), el Marqués de Santillana, Enrique de Aragón o de Villena, los famosos amores de Paolo y Francesca, Petrarca, el mundo de la alcahuetería para terciar en los asuntos del corazón… Incluso en las mofas de…, llamémoslo X mientras no lo leáis, tienen cabida las últimas palabras pronunciadas por Julio César o una fábula como la de la rana y el escorpión…

Y se cierra la historia y se resuelve la trama. Pero el libro no acaba ahí, porque tras el desenlace se abre un epílogo en el que añade, con grandes dosis de ironía y verosimilitud, lo que les sucede a algunos edificios emblemáticos, así como a distintos personajes principales y secundarios, reales y ficticios, por medio de un narrador en tercera persona “editor”. Una vuelta de tuerca que deja buen regusto y ganas de leer… su próxima novela, en la que tendrá gran protagonismo otro personaje literario de relieve y que saldrá en la primera quincena de noviembre.

Por si queréis indagar más sobre esta obra, anotad este enlace, es el de una página web y un blog que le ha hecho la Fundación Germán Sánchez Ruipérez: http://www.territorioebook.net/jambrina

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