CLÁSICOS MODERNOS Y JUVENILES

  

Los escarabajos vuelan al atardecer de MARÍA GRIPE:

Novela de misterio y fantasía, esta es otra de esas obras que, aunque pase el tiempo, no caducan. Un clásico en toda regla, si bien de carácter juvenil. Temas que baraja son: el cumplimiento de un destino fatal como resultado de quebrantar unos designios seudodivinos, la constatación de un amor imperecedero que se propaga en forma de cartas y comunicaciones no humanas, la vida de la mujer en el S. XVIII (matrimonios concertados, dependencia respecto a los padres, espíritu de sacrificio y sumisión al hombre), la vida como una perpetuación de sentimientos, incluso los “intereses creados” de los medios de comunicación en detrimento de conseguir noticias verdaderamente fidedignas.

En la novela tres chicos que aceptan el encargo de cuidar un verano las flores de una quinta deshabitada deciden explorar el misterio que creen que la casa oculta: graban una extraña conversación, husmean por sus habitaciones, se “comunican” con las plantas. Algo del pasado parece querer revivir para llamarles la atención sobre una historia inconclusa (unos murmullos inaudibles quedan grabados, la cancioncilla que recuerda David y que su padre compone parece ser la de Emile, la correspondencia, la extraña llamada de la dueña de la quinta para jugar al ajedrez con David, el epitafio de la lápida y la inscripción latina: “Gemini geminos quaerunt”, etc.). Los hechos sobre los que se investiga pertenecen al siglo XVIII, mientras que la época en que se producen las indagaciones y se reciben las pistas de origen irreal, es actual: un verano posterior a 1973 en un pueblecito sueco de apariencia tranquila, Ringaryd, en el que se halla la quinta Selanderschen.

En el desván encuentran un paquete de cartas escritas por dos hermanos, Andreas y Magdalena, a Emile en el siglo XVIII. Hablan de las ideas de Andreas (discípulo del botánico Linneo) sobre una especie de alma universal y una continuidad de todo lo creado en el espíritu de otros seres o cosas. Hablan del amor que se profesaron Andreas y Emile y de la amistad entre ésta y Magdalena. Leyéndolas consiguen reconstruir el trágico fin de los amantes, debido al maleficio de una estatua funeraria que él le había traído a ella. Emile no le dice que está embarazada antes de un viaje de él a Sudamérica, para que él “haga méritos” y se puedan casar. El padre de Emile, que la quiere casar con otro, va a verlo para disuadirlo de que siga con ella; pero provoca una muerte que se cree que es la de Andreas. Emile da a luz a su hijo y se lo entrega a Magdalena para que lo críe, y por dar gusto a su padre se casa con un hombre al que no quiere. El resto de su vida lo pasa sin olvidarlo, creyéndose comunicar con él a través de la planta de corazones azules y con la sensación de que él no ha muerto. Cuando se entera de que su propio padre fue el causante de su muerte, le pide al que pudo ser su suegro que la entierren junto a él. Después se descubre que el muerto había sido un vagabundo, porque A. regresa.

Cada muchacho se siente fascinado por un aspecto del problema: Jonás por el de la estatua, David por Andreas, Annika por Emile y su amor. Con la ayuda del párroco Lindroth, van descubriendo cómo el hijo de ambos hace una réplica de la bella estatua y sepulta a ésta de nuevo, atemorizado por la muerte de dos hijos gemelos; indagan sobre la verdadera suerte de las originales, pero no queda claro qué ha sido de ellas. Quizá un poco farragoso para un lector medio por ese afán de dejar cabos sueltos.

Los escarabajos voladores del título vienen a ser los “herederos” del escarabajo egipcio, de ahí que intercedan por estos detectives improvisados que protagonizan la novela para que descubran la solución al enigma: les muestran que media escultura fue arrancada de la columna, la llave del cuarto de Emile, el resquicio en una tabla del suelo del cuarto de verano que permite que descubran las cartas de Andreas y Magdalena a Emile, le guía uno sobre qué ficha del ajedrez mover, otro escarabajo que encuentran sobre la tumba de la cripta les indica exactamente cuál abrir…

 

Morirás en Chafarinas de  Fernando Lalana

Esta famosa novela de aventuras e intriga, aunque ya tiene unos añitos o precisamente por eso, sigue resultando actual.  Se desarrolla durante una semana calurosa de agosto (Domingo de Guardia, Lunes triste, Martes de Carnaval, Miércoles de Ceniza, Jueves Lardero, Viernes de Dolores y Sábado de Gloria. Días  que sirven para estructurarla en siete grandes capítulos) y se narra en presente (aunque el tiempo externo se sitúa en el futuro, cuando tras pasar cierto tiempo el protagonista ya cree terminada la historia). El narrador-protagonista nos va dando cuenta de su miedo, su estupefacción ante los hechos, su curiosidad, su inteligencia para descubrir pistas y sus golpes de buena suerte, su alto sentido del compañerismo, su humanidad (episodio del morito). El lector va descubriendo con él los acontecimientos, preguntándose los porqués. Sus cábalas son las que corresponderían a cualquier persona de carne y hueso que se viese inmersa en una situación semejante, es una visión parcial no omnisciente (véase a este respecto la sorpresa final: ignora lo que otros personajes realizan). Los dos hechos que desentierran el pasado son: que en su día no se encontró el cuerpo de Cidraque (ya en otra ocasión, le habían dado por muerto equivocadamente), y que alguien le envía un Ferrari (de esta manera le intentó comprar su compañero; cuando -muertos todos los traficantes- quiso sacar un buen partido de todo lo sucedido). La duda deja el final abierto.

La obra se desenvuelve en una Melilla presurosa y al mismo tiempo silenciosa, entre un espacio castrense (el cuartel, el Hospital Militar y el Departamento de Inteligencia Militar); un espacio lúdico, el Metropol, terraza y club donde se vende algo de droga; un barrio marginal en el que la discriminación se hace palpable cada día: La Cañada de la Muerte; la Lavandería Moderna, negocio-tapadera cuyos dueños son dos capitanes cuyo nombre no voy a desvelar; y un domicilio particular, la vivienda del matrimonio Contreras, al que acude perseguido y asustado el protagonista. Otro escenario cercano pero independiente es el de las islas Chafarinas, cuya iluminación -proporcionada por una batería de generadores movidos por motores diésel- hace tal ruido que por la noche, al apagarlos, se suma a la oscuridad absoluta un silencio sepulcral. Junto a esta isla, el peñón deshabitado que, por medio de un túnel bajo el mar, se comunica con ciertos aposentos… Esta novela, de fácil lectura y que atrapa desde el principio en los entresijos de la trama (la droga adulterada, la red de narcotraficantes, el doble peligro que corren algunos subordinados…), es una buena elección para enganchar a los lectores remisos tan abundantes en esa franja desconcertante de edad que representa la adolescencia y la primera juventud.

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