EFECTOS MARIPOSA

La visita del inspector de J. B. Priestley

Un inspector de policía se presenta en el domicilio de los Birling la noche en que celebran la fiesta de compromiso matrimonial de su hija Sheila, decidido a indagar sobre la implicación de los comensales en el suicidio de una muchacha. Prodigio de construcción formal, esta obra nos da la lección inolvidable que advirtió el poeta John Donne: “No preguntes nunca por quién doblan las campanas: las campanas doblan por ti”. Esta breve anécdota da lugar a una obra maestra del género de intriga psicológica en versión teatral.

La historia transcurre en una noche de primavera de 1912, antes de la Primera Guerra Mundial, la cual según el autor supuso la decadencia de la civilización europea. Sin embargo, los hechos a que hace referencia la obra abarcan desde el verano de 1910 hasta esa noche de 1912. El mensaje que transmite la obra es el del “efecto mariposa” (cómo una mínima perturbación puede generar sucesivas modificaciones que produzcan un efecto amplificado muy diferente del que cabría esperar) Todos formamos parte del tejido social y hemos de aceptar la responsabilidad de nuestras acciones. Continuas acusaciones cruzadas y confesiones de unos y otros demuestran la responsabilidad del hombre en las conductas de sus semejantes. Aunque algunos implicados rechacen su “culpa” e incluso se indignen por ser acusados, el comportamiento privado tiene consecuencias públicas. Somos responsables unos de otros y miembros todos de un único cuerpo-comunidad-colmena (la humanidad). No existe identidad totalmente separada o cerrada, se entrelazan los acontecimientos, los precedentes forjan una cadena con los siguientes. Y nadie es suficientemente previsor para adivinar las consecuencias de todo aquello que hacemos o dejamos de hacer.

El señor Birling es un “hombre de negocios realista”, satisfecho de sí mismo, impasible, individualista, práctico, negociante, insensible y ciego o mal vaticinador ante los próximos acontecimientos (piensa que se avecina una época de prosperidad en lugar de una guerra, y que el Titanic no puede hundirse). Como todavía es magistrado y fue alcalde, cree poder imponer su santa voluntad, hacerse respetar a la fuerza y evitar que sus defectos-delitos salgan a la luz pública para evitar el qué dirán. Se preocupa más por la fachada que por el interior de las personas. Para él, el matrimonio de su hija es un matrimonio de conveniencias, “dinástico”, ya que consolidará la unión de la empresa de su futuro yerno, Crofts Limitada, y la suya, pequeña rival de la anterior, Birling y Cía. La interpretación que podemos darle al extraño y resuelto inspector del título es espiritual, podría representar la voz de la conciencia. Y afecta sobre todo a los más jóvenes (Sheila y Eric) con su sólida argumentación y su mesura a la hora de desvelar los secretos de unos y otros. La edad caracteriza de algún modo a los personajes de esta obra. Si el matrimonio Birling está pagado de sí mismo, se muestra insensible, positivista e incapaz de cambiar; sus hijos se ven afectados por las revelaciones y dispuestos a reconocer su parte de culpa y modificar su conducta, son más fácilmente impresionables. A medio camino entre la postura de unos y otros, y entre ambas edades, se halla el futuro yerno, capaz de mentir y aplaudir ciertos comportamientos mezquinos a la vez que de compadecerse de una joven. Gerald busca una explicación a lo que están viviendo, se mueve dentro de unos límites en que caben la cordura, el interés y la piedad.

El final, como no podía ser de otra forma, resulta sobrecogedor e inesperado. Cuando han descubierto que no se ha suicidado nadie y que el tal inspector no existe, llaman para informarles de que se ha producido un suicido en las mismas condiciones y que se dirige a su casa un inspector para hacerles unas preguntas. La acción se mueve en la órbita de tiempos distintos (pasado rememorado, presente de la investigación que anticipa unos funestos hechos reales y futuro inmediato en que se descubrirán éstos). Resulta trágico porque a pesar de la anticipación no se podrán modificar los sucesos del pasado para enderezar el futuro, la acción termina como empieza (con el anuncio de un desafortunado suicidio), nos deja la duda de si habrá una segunda oportunidad para enmendar errores. Resulta un desenlace abierto, de nuevo el clímax, los personajes no ignoran ya la historia, pero los espectadores desconocemos como reaccionarán a las preguntas del segundo inspector.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: