¿QUIÉN ENTIENDE HOY LA CARIDAD ?

 

Corría el final del anterior milenio (¡qué fuerte suena! ¿eh?) y me hacía una reflexión en voz baja y por escrito. Hoy la encuentro perdida entre los documentos dispersos de mi ordenador, ha pasado más de una década y nada ha cambiado. Bueno, algo irrelevante sí, las pesetillas ahora son los céntimos del euro, pero en el fondo todo sigue igual, ¿o no? Ojalá me equivocase…

Hoy en día, vivimos en una sociedad de dilatada conciencia y hacer atolondrado. Así, confraternizamos con personas de países lejanísimos y nos lavamos las manos con una caridad plausible, sí, si -además de aquéllos- la recibiesen quienes nos rodean a diario.

La limosna no es mala por sí misma, pero hay tantos desaprensivos que negocian con ella que ignoramos los destinos de las migajas de que nos desprendemos. ¿Llegarán esas pesetillas de las que prescindimos en nuestra vida anodina para aliviar sus males centenarios o no serán sino la propina con que acallar sus súplicas?

Aunque fuésemos indulgentes y pensásemos que nunca ha habido ni habrá indolencia ni malversación entre quienes dirigen, pongamos por caso, las ONGs, seamos implacables: ¿Las sobras del banquete de una minoría pueden llenar el estómago a las masas hambrientas del tercer mundo?

Es un juego peligroso éste de la caridad a gran escala. Nos la impone, sutil, quizá, el poder infame, ese que entrega por un lado lo que arrebata o hurta elevado a la enésima potencia por otro, porque detrás de toda mesa de despacho se sienta un hombre cuyo corazón una vez latió. ¿Qué significaría para un Estado que se precie o para cualquier multinacional, por muy denostada que esté, desprenderse del 0’7?

¿Y quién es el guapo que osa acusarlos de delinquir? Ya se sabe el refrán: “Quien hizo la ley hizo la trampa”. Y no siempre lo inmoral es ilegal. Saldría perdiendo el justiciero.

No es trivial la pregunta: ¿Por qué no les exigimos un 0’8, un 2’1 o un 20 % de nuestro producto interior bruto? Colonizadores, saqueadores, exportadores de plagas, los occidentales les curamos las heridas que nosotros mismos les infligimos con un remedio casero de nula calidad terapéutica, esa fatua caridad de la que nos pavoneamos.

Siento una congoja que me produce náuseas, mietras la cotización en bolsa de la empresa puntera del sector sigue en alza, al tiempo que las selvas pierden sus melenas y, casi calvas, empujan a otros seres vivos inermes, abatidos, sobrevivientes de una hedionda cloaca que antes fue su poblado, a buscarse la vida, el alimento, el agua, un hábitat humilde… y no pueden quejarse, si quiera, del precio estrangulador de una hipoteca.

No, no hay pretextos, la caridad siempre es poca y está inerme; hay tantos bandoleros, tantos traficantes, tantos hogazanes que, incluso, hoy aquí mismo, he detestado el silencio que nos envuelve y he sentido vergüenza de mi vecino, de mi compañero, de mí mismo… porque, sólo a dos metros, un niño lloraba sin consuelo y aquél tenía prisa; el segundo debió entregar a tiempo un documento y misteriosos contratiempos reiterados le impidieron una vez más abordarlo en el momento justo y del modo adecuado, aunque eso sí, un poco de jabón (buenas palabras e ineficaces acciones) y engatusó de nuevo a un jefe proclive a los halagos y no a los resultados ni a los hechos; y yo, porque sé que él no cumple y habla mucho, pero por no tener problemas cumplo cuanto puedo y callo con un corporativismo que detesto y le doy una coartada que no quise. Otra vez me cargo de un trabajo extra que ni una palabra ni un sobresueldo gratifican y entiendo por primera vez refranes viejos, que “la caridad empieza por uno mismo”, que “por la caridad entra la peste” o que “un santo triste es un triste santo”.

Y me siento tan inútilmente bueno como idiota y me doy pena y me dan pena; estoy triste, quizá sea triste, sé que su destino no lo cambiaremos individualmente y, sin embargo, en solitario y a diario cumplo y cumpliré lo mejor que pueda con mi trabajo como una ofrenda que les dedico a ellos, los que están tan lejos, usando como intermediarios a estos que sí que tengo al lado y que esperan que yo no los defraude.

Anuncios

5 comentarios

  1. Víctor said,

    abril 9, 2010 a 11:07 pm

    ¡Qué razón tienes en lo que dices acerca de la caridad orquestada desde arriba! Menos limosna de segunda división y más caridad efectiva es lo que se necesita.
    Sí, señor.
    Por cierto, he echado un vistazo a este blog, al que he llegado por pura casualidad, y creo que es muy bueno. Sigue adelante sin darte nunca por vencida, muchos blogs se abandonan en los primeros meses de existencia, y este creo que para su escasa andadura es “joven pero altamente preparado” (como el anuncio aquel).
    Lo dicho, volveré por aquí a ver qué novedades hallo.
    Saludos

  2. Alejandra said,

    marzo 29, 2010 a 7:10 pm

    He leído el artículo de Jambrina que mencionas y me han parecido vergonzosas ciertas opiniones que algunos han dejado allí. No creo que a un escritor deba medírsele por su aficiones ni ideologías.
    Buen blog y completito. Me gusta tu poesía y también tus microrrelatos.
    Los marcapáginas no he podido descargarlos. Las citas que recoges de tus lecturas me han dado que pensar y algunos de tus enlaces me parecen curiosos y variopintos (el de las viñetas de El País, los de pasatiempos o los de ciencia divertida…). No dejes de escribir. Estaré atenta a las novedades.

    • marzo 29, 2010 a 7:42 pm

      ¡Cuánta razón tienes! A mí me indignó también esa simpleza para prejuiciar a la gente. Gracias por lo demás que me dices.

  3. marzo 16, 2010 a 10:45 am

    Muchas gracias, Luis, por tu comentario.

  4. Jambrina said,

    marzo 16, 2010 a 8:51 am

    Hermoso y certero artículo y muy interesante blog. Yo suelo decir: “Líbranos, Dios, de los libra”. Pero no es este el caso. Cuando hablamos de Delibes, todos nos remontamos a la infancia y adolescencia. Sin Delibes hubiéramos sido todavía peores. Un saludo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: