MUSAS DE HOY

  

                                   DESCONCIERTO

                                                                            A Alicia

Te veo y miro el cielo. Tintinean en tus ojos

las llaves de San Pedro. Y hay un corcel que brama y empuja

entre tus brazos. Eres cual lagartija, como un pez o una ardilla,

y si te estoy bañando tu risa se  hace eco de naufragios sin nombre,

de tesoros sin dueño, de infinitos recodos de sueños y de insomnios.

Es el placer tan grande que sería pecado al ocio dedicarlo.

Por eso no me entiendo cuando callo y me lloro y olvido que te tengo

a ti, fruta sin dueño, a ti, cima del viento, a ti, ángel cautivo

en carne de mi carne y aliento de mi aliento. Por eso no me atiendo

cuando añoro otra vida en la que te añoraba, y me escucho unas quejas

profundas y livianas porque me fui perdiendo aunque me encuentro en ti.

Pequeña, estás enorme, y como enorme fuente agotas de mi arroyo

las fuerzas, aunque me sacias la sed que un día me ahogaba.

No sé si existe Dios, pero basta mirarte para hallar su imagen reflejada.

No sé si creo en Él, pero te siento atada a un don irracional al que doy gracias.

No sé hacerme querer, pero es mi amor titánico hacia ti el que despliega sus alas,

se derrama por infancias quebradas de adultos infelices, sobrelleva el cansancio

de las noches de llanto y luna vieja, de luto infructuoso, de pesadilla huérfana.

Por ti ya no soy yo, mis gustos no han cambiado, mas es mi vida otra

que no se me parece. Por eso sí me entiendo cuando, queriendo tanto,

aún tanto echo de menos y temo, por Dios, temo, eterna insatisfecha,

la libertad sedada la esclavitud preciosa, añorar otras cosas

sabiendo como sé que quererte no es poca; queriendo como quiero

tu gorjeo de alondra, tus risas maestras, tus ojos de almendra, tus manos flautistas

y hasta el sonajero de tu impaciencia e, incluso, ese llanto que nos amedrenta.

Huy, qué desconcierto, tener cuanto quiero, querer cuanto tengo

y seguir penando por lo que me pierdo.               

  

    RETRATO EN ROSA                                                

                                                                 A Laura

          Llegaste con la ola de calor: sofocos, llanto, piel salobre, húmeda, inocente.

El sol cosquilleaba en mis entrañas, la brisa iluminaba tus pupilas de azabache

y, diamantina, la playa solitaria se vestía de vespertinas algas y arco iris.

          Quien pudiera dedicar su tiempo por entero, pero no existe el tiempo suficiente

y nadie puede ser un ser completo. Siempre faltan segundos, minutos, horas, años…

para decir “te quiero”, abrazarte un instante más largo que el que el hábito acostumbra,

dar un beso sin prisa o un consejo. Sentiréis, sin embargo, el calor de mi amor predispuesto.

          Sonríes y tu risa es pórtico celestial, la llave de venideras alegrías sin freno.

Y es tu mirada clara como las nubes blancas con afán de algodón. Y tu chatita nariz,

señal de afinidad fraternal. Y tu boca, claraboya que se asoma hasta la mar

con que te alimenta mi pecho. Tañen tus manos pianistas una música en sordina

sobre mi piel de cristal. ¡Menuda contorsionista!

          Y es tu ombligo una caverna adonde van a parar los besos que deposito.

 Y tus piernas de gacela con su sonajero de dedos mi juguete preferido.

Y tus ajetes y llantos, recuerdos de otros que oímos, presagian la voz que vendrá.

          Llegaste cual aroma, ramificándote, como pletórico río allegado. Sol, luna, mar…

te andaban esperando, y Alicia te besaba desde antaño en la prominente barriga

de embarazo, y papá y mamá se sonreían con el pánico

de quienes a punto están de asistir a un nuevo milagro.

          Quiera Dios que sepamos disfrutarnos, con la misma sabiduría del ermitaño…

Porque no existe el tiempo suficiente y nadie puede ser un ser completo.

Sentiréis, sin embargo, el calor de mi amor predispuesto.

Si pudiera arrimar mis labios a vuestra alma, escucharíais de antemano todo aquello

que expresamos firmemente en el silencio, y que por pudor o recato acallamos.

 

Ríe, ríe, mi niña, Ali, papá y mamá se complacen sabiéndote en el regazo de la felicidad

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4 comentarios

  1. conchi frute said,

    mayo 4, 2010 a 10:14 pm

    es un privilegio compartir momentos contigo-gracias

  2. conchi frute said,

    mayo 3, 2010 a 8:46 pm

    conociendote un poco no me sorprende nada de lo leido escrito con el alma pues estoi segura que es lo que nos mueve-Felicidades por saber expresar lo que sientes.es un privilegio que pocos poseis

    • mayo 3, 2010 a 9:24 pm

      Gracias, Conchi. Con el alma escribimos y con el alma leemos por lo que, al mismo tiempo que nos expresamos, nos comunicamos con el prójimo con la certeza de que algo en el fondo compartimos.


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