RETRATO DE NACHO AL ESTILO MACHADIANO

Querido Nacho:                                                             Santander, 15-V-2010

Hoy llueve con la misma intensidad que dos días atrás. Este invierno se demora y parece que la misma tierra que hoy te acoge quiere inundar de ríos nuestra mar, que no será el morir, sino el lago al que irán a parar todos los llantos. Son lágrimas de despedida de momento, nuestro sincero “hasta pronto, amigo y compañero, padre y esposo y hermano y primo-hermano” y tantos tantos otros tratamientos que apenas queda espacio para ellos.

Tan discreto como has sido te has marchado, en un velero a prueba de tormentas, el noray del magisterio queda huérfano, con los cabos al viento de la libertad y del sosiego. Al fin podrás deambular a tus anchas por cualquier derrotero, disfrutando de todo y todo compartiéndolo. Donde estés sonreirás con ese savoir faire mitad de gentleman mitad lobo de mar. Casi te estamos viendo, capitán Haddock, un brillo estelar anuncia una constelación nueva que habremos de nombrar y vincula a cientos de años luz nuestra estulticia con tu integridad, pundonor e inteligencia.

Que una mujer llore a moco tendido no sorprende, que hombres como trinquetes se lamenten con una congoja incontenible es otra cosa. Y lo hemos visto. El tanatorio lleno, la iglesia en sepulcral silencio repleto de recuerdos. La vida sigue, nos dices (la voy a llamar el faro) desde la constelación del faro que has formado -con esa facilidad tuya para hacer amigos incluso en circunstancias adversas, a contrarreloj, a destajo- junto a otros grandes seres que te precedieron.

Recobro en estos grises momentos algunos poemas que te traen a mi mente.

En la página de POEMAS CASI INÉDITOS de este blog, inserté varios de un poemario (Planearán surfistas sobre tus espaldas) que dediqué a mi primer gran maestro (Román López Tamés), algunos como éste os definen a ambos:

Nunca alzaste la voz y, sin embargo, tu palabra alada

se elevaba como un susurro inspirado y enigmático

de eterna sabiduría sin fronteras, esas limitaciones

que nunca escudaste en tu decir. Extendías la mano

franca en tu mirada, el corazón abierto sangrando solidario

por cada una de nuestras pequeñas llagas. Tendías el pecho

amigo como un refugio al que asirnos en las noches

desapacibles de la vida. Indomable rompedor de convenciones,

sutil para intuir miradas de quimera, inquebrantable derrochador

de humanidad, jamás blandiste la ofensa arrojadiza ni la ceguera

obtusa de un prejuicio. Pero, con arrestos de toro, el vocablo

preciso y digno esgrimiste, volátil dardo, dirigido a la diana

segura del acierto longevo. Desde la distancia, usurpé el pedestal

de los modelos para ensalzarte mito y adorarte desde la altura chiquita

en que te veo: sencillo, tranquilo, soberbio en tu bondad y en tu celo…,

aquel ardor del magisterio, del sudoroso mester de escolanías.

Un poco después en la misma página del blog, incluí otro que en su día me inspiró una conversación contigo en la Sala de Profesores del IES Muriedas, donde tuve la suerte de conocerte y compartirte con el corrillo de compañeros que siempre unías a tu alrededor, gran conversador, simpático, lleno de entereza y fortaleza, conciliador y amigo de tus amigos y de los amigos de los demás. ¡Y un enamorado de la naturaleza, de la bóveda celeste y del profundo mar en que tu clara y afable mirada navegaba! Los versos que subrayo significan que todos te buscábamos como apoyo y bálsamo, porque siempre ponías al mal tiempo buena cara y a las malas caras una sonrisa con que las desconcertabas y aliviabas. El final de Constelaciones, ahora más que nunca, es la imagen viva de toda una familia, un claustro y un extenso grupo de amigos bien dispares que realmente lo único que tenía en común eras tú:

                                                      Para I. Bezanilla

CONSTELACIONES

Todo en el mundo es pura referencia:

las armonías venenosas, los deseos heredados,

la vida hipotecada.

Todo en el mundo es raíz y copa al cuadrado,

gemelo de sí mismo,

en sí mismo enquistado.

Todo en el mundo es aguardiente barato

y Second Life de lujo

y desdeñados anhelos.

Todo en el mundo es agridulce llanto

que va a dar en el mar de las sonrisas:

Una risa, un sargazo.

Todo el mundo intenta echar el lazo

a la inaudita compañía que le haga ser

estrella en su falso escenario.

Todo el mundo busca el espolón de proa

de la embarcación de su esqueleto

con que afrontar las tempestades.

Muchos confunden babor con estribor,

la eslora con la manga,

pero se dejan arrastrar viento en popa.

Muchos hacen agua sin estancos

compartimentos que alivien su nostalgia

y arrían sus banderas desoladas.

Muchos pertrechan su almadía

de navío, y esperan que su tiempo

de galeote ceda pronto.

Muchos ven por la amura deslizarse

los cabos de sus sueños

terratenientes.

Algunos avistan desde alta mar

la tierra pródiga

que les convertirá en seres de provecho.

Algunos tiran por la borda

la arboladura de sus aspiraciones y,

submarinos, ponen rumbo al sur.

Yo… me siento en una balsa a la deriva,

anclada en mar de nadie

bien lejos de la orilla.

Aún recuerdo que uno de tus poemas preferidos de Versatilidad de la emoción, libro que tú me maquetaste y poema que te dediqué en la presentación del mismo hace cuatro escasos años, trataba del futuro (así se titulaba precisamente), ¿quién iba a imaginar que el tuyo tenía los días contados?:

 

Desde la mirilla del pensamiento,

ese resquicio abierto a la esperanza,

ese oasis de paz e incertidumbre,

ese hastío y sueño de los años,

los días, la memoria, te observo.

Lentamente, como una caricia

resbaladiza y viscosa, repta una ilusión

por tu horizonte. Sabré el recuerdo erguir

con gran sigilo y algún día advertirás

que al fin me esperas. Despertará el vítreo

balcón de tus ojos cansados, y oirás

el aldabonazo del pasado halagüeño…

Y no será venganza sino reparación.

Deseo compartir ahora el que tu humanidad me inspiró este último otoño y que con motivo de tu jubilación leí, homenaje al que se sumaron muchísimos colegas de la tiza y en el que mi compañero Lorenzo Oliván te dedicó otro poema, muy hermoso y en tono humorístico. ¡Qué suerte, después de todo, que pude en vida comunicarte parte de lo que sentía, de lo que tu figura emanaba con sólo pronunciar tu nombre (de hecho varios asistentes al acto me pidieron copias de recuerdo, participaban de mi opinión acerca de ti):

RETRATO de NACHO al estilo machadiano

Mi historia son recuerdos de un hombre vital y bueno

junto a una cafetera que recordar no quiero.

Siete años de escucha entre exámenes y pliegos

en la sede de todos que sólo el sortilegio

de tus sabias anécdotas y tus graves consejos,

orador en el foro, nos hacen olvidar

pasillos y papeles, marabunta y trasiego,

competencias, pizarras y fiestas de guardar.

La torpe indumentaria, la Ley de Educación,

no acoge muchos profes con tanta formación.

Más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

eres un ser educado y un gran educador.

Adoras la hermosura de quien no se cree más,

de quien siempre practica la ardua disciplina.

Desdeñas el mal gusto, la mirada astifina,

la cansina desidia que es como nicotina.

Amén de hospitalario y amante de las letras,

un poco jacobino si la ocasión detestas

(léase aquí algún desmán de la secta Adolescencia),

eres siempre girondino al tratar a tus amigos.

Y has hecho de tu labor un arte del carisma

con ternura y bravura y sin ninguna inquina.

Y a tu labor ingente, no escuchas solamente

entre las voces, una; la de quienes comulgan

con tu filosofía, he ahí tu humildad…

Y tu sutil grandeza.  No sé. Dejar quisiera 

en mi mínimo verso la huella que ha dejado

mi capitán caballero,  filántropo y jaranero.

Ignacio Bezanilla Cobo, ¿puedo ser tu marinero?

Hoy, por último, te quiero dedicar unos versos de despedida, pero echo tanto de menos tu sagacidad y la curiosidad con la que te enfrentabas a todo (inglés, náutica, dibujo, informática, lecturas…) que temo que nos costará aprender a echarte de menos:

Hay días que cabalga la soledad a sus anchas.

Nos dejas sin abrigo en este largo invierno.

Convertido en primavera eterna, otearás la tierra

desde la constelación que habrás creado.

¡Que fácil hace amigos un ser íntegro que sabe darse entero!

Para que no te olvidemos te bastas y te sobras:

¿Será porque fuiste generoso como sólo los padres pueden serlo?

¿Acaso porque fuiste nuestro mejor cerebro,

como decíamos tus chicas muy en serio?

¿Tal vez porque ignoramos cómo te cabía el corazón dentro del pecho?

¿O será por las risas que a diario provocaba tu extenso repertorio?

Posiblemente será por el derroche

de palabras de aliento y de templanza.  O quizá sea por tu jocoso

modo de coger el toro por los cuernos,

enfrentarte a la vida sin muleta y a cara descubierta,

de ser el alma del corrillo y de la anécdota.

Y seguro también que por ser todo un profesional de la docencia,

cálido y protector sin dejar de lado la exigencia,

que deja un reguero de alumnos bien despiertos

que escuchaban atentos tus consejos de empuje y de sosiego,

y para los que siempre tuviste un minuto y, si hizo falta, ciento.

Maestro, sabiduría innata,  capaz de dar una de cal y otra de arena

para bajar los humos de la arrogancia y al mismo tiempo

dejar la puerta abierta a que las aguas volviesen a su cauce

sin anegar las tierras colindantes

ni perder las cosechas venideras.

Nachete, yo sé que tú sabes que no te olvidaremos,

porque a nadie pusiste mala cara en el trasiego

de los días y las horas pendencieros,

y eras capaz de sofocar cualquier incendio

que la soberbia, el descuido, el desapego

hubiera prendido en la hojarasca humana.

Mi capitán, el noray de Muriedas queda tiritando.

Ha zarpado tu barco, henchidas las velas,

el foque bien alto. Nos quedamos en tierra.

En lontananza un faro. Te quedas vigilándonos.

Si existe el más allá, allá estarás charlando

con Ángel y Román, contándoos chascarrillos

y jugando a ver quién sabe la respuesta

de todas esas preguntas que en vida no sabemos.

Sentados a la derecha de Dios Padre los tres padres

sabréis enderezar los renglones torcidos con que a veces

el Experto Caligráfico enreda nuestros sinos.

Escribanos de Dios, gobernaréis con tino,

la nave de los vientos que es el cielo de los deseos satisfechos,

y nos esperaréis sin impaciencia en vuestra tertulia eterna.

Desde aquí abajo os envío un largo y frágil beso.

En este momento de rebeldía y rabia no puedo por menos de hacerme con insistencia una pregunta: ¿por qué?, ¿por qué? Y no puedo dejar de reprochar a ni sé qué sublimes entelequias que -habiendo gente prescindible,  inmoral, fatua…- haya de fallecer quien no se lo merece y a quien más necesitamos. Supongo que esta crítica es producto del egoísmo humano, el cariño a menudo es el reflejo de nuestras necesidades salvaguardadas. Seguramente tú estarás triste por nosotros, pero también te sentirás liberado de las cortapisas de tu enfermedad, y podrás deambular vital y rápido como tu ingenio por el paraíso, con el afán vagabundo que tu alma viajera guardaba. Y nos sonreirás  para darnos la fortaleza que necesitamos.

Ahora más que nunca creo en el Carpe Diem y no quiero despedirme sin un mensaje de aliento que no es mío sino de un generoso de la red (según parece  es un corto de Edu Glez. http://www.tropofilms.com
Primer Premio Certamen Triminuto UJA).  Yo lo conocí porque me lo envió una amiga (y también tuya, Nacho) el diciembre pasado, y hoy di por casualidad de nuevo con él. Es una reflexión desde el punto de vista de un niño de lo que significa la madurez y a lo que aspiramos normalmente los adultos. Debemos responder como tú al otro, Nacho, siendo generosos con nuestro tiempo, que es lo único verdaderamente nuestro y por el que al final nos identificaremos. Vivir para “15 días de agosto” es ridículo, es hipotecar nuestro presente, echar a perder nuestras vidas… Más que nunca dejémonos llevar de ese futuro incierto, que no nos atenace el afán por conseguir, sólo es tiempo perdido el que no damos a quienes apreciamos:

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