PUNTOS DE ENCUENTRO EN UN MUNDO RENOVADO

 

Hablar de Lorenzo Oliván es constatar que la poesía es una enferma eternamente grave que no acaba de morir. Mientras haya creadores que sepan desgranar el significado oculto de una realidad plural. Mientras exista quienes dan con la palabra exacta y el recurso adecuado. Mientras exista alguien que nos acerque el horizonte, que despedace tópicos, que urda un encuentro entre la lógica y lo irracional, que indague en las raíces de lo que siempre se encuentra más allá… habrá poesía.

Ya había leído La eterna novedad del mundo (1), El mundo hecho pedazos (2)Puntos de fuga (3)… En todos hallé pasajes memorables. Más reciente, Hilo de Nadie (4), en su línea, no me defrauda, aunque el tono cambia, se hace un poco más críptico y se plaga de preguntas que deja en el aire (el lector deberá respondérselas o meditar sobre ellas).

Me atraen especialmente sus pequeños y sugerentes poemas y sus ingeniosos aforismos y “antiaforismos”, verdaderas greguerías que gustan de la paradoja y en que vuelve del revés la realidad con la facilidad con que daría la vuelta a un guante.

Ahí van unos ejemplos para hacer la boca agua (y el espíritu gaseosa, jeje):

  • Hay un alud de luz en las estrellas (1).
  • Los arbotantes mecanografían las piedras de la catedral (1).
  • La hiedra censura la desnudez de las tapias (1).
  • Un túnel es un puente castigado al cuarto oscuro (1).
  • La metáfora es como una mina en el campo de palabras en que se sitúa. Quien intente abordarla al pie de la letra puede que explote, en cambio, quien profundice en ella se hará de oro (1, todo un tratado literario bien sintético).
  • Cuando nos volvemos al oír un “psche” reconocemos nuestra insignificancia (1, ¡vaya cura de humildad!).
  • El aforismo, tan diminuto siempre, pide a menudo la hipérbole para hacerse ver (2, otro ejemplo de estudio crítico sobre el ser y el porqué de la poesía).
  • La paradoja es como matar dos pájaros de un tiro, unidos, así, por la bala fugaz de un pensamiento (2, lo antedicho sigue en vigor aquí).
  • A quien adula, Dios le ayuda (2, esto es lo que yo -no sé los cánones- llamo antiaforismo, está claro por qué).
  • Ojalá yo fuese como los árboles, que una vez podados saben volver a ganarse a pulso sus copas (2, lo mismo opino).
  • Cuando segamos la hierba, ella grita oliendo fuerte (2, casi huelo la sinestesia).
  • Los ríos corren siempre a la gran asamblea de las aguas (2, y renueva el viejo tópico).
  • La justicia no es que sea ciega es que hace siempre con los mismos la vista gorda (2, y moderniza viejos prejuicios de gran actualidad).
  • Con los necios uno empieza, cándidamente, queriendo abrirles los ojos, y acaba, desengañado, queriendo ya sólo cerrarles la boca (2, nos recuerda lo que todos hemos vivido alguna vez, verdades como puños, como la de esos “tontos con iniciativa” que nos amargan la existencia mientras “barren para casa”, su casa, claro, y de paso, si pueden, te dejan con el culo al aire en un descuido, porque serán tontos pero no lo hacen a posta o eso dicen).
  • Dime con quién andas y te diré de qué pie cojeas (2, antiaforismo de enmarcar).
  • El poema Manos (3) no lo transcribo porque es largo, pero es uno de mis preferidos, las manos siempre me atrajeron, sus gestos (acariciantes, obscenos, discursivos…), su ritmo, su morfología… Otros tratan un tema semejante, por ejemplo, Manuel Vilas en Las manos de las cajeras. Las manos -para mí- son el mimo del cuerpo humano. Otro de L. Oliván con este motivo es el de Imagen de tus manos.
  • El poema de Barco en una botella (3) me gustó sobre todo porque yo había escrito uno con idéntica imagen. ¿Afinidades electivas?
  • Muy hermosos me parecen: La tormenta de arena, Olvidos, La niebla en la ciudad, Oración, Insomnio, Oscuro pez, Expuesto en un museo, Escalofrío, Coletazos y Saber morir (3).

  • ¿La luz se ofrece / a las cosas mirándolas / o lo hace a ciegas? (4)
  • El pájaro en la rama / así asomado al borde de su vuelo / volviéndolo expectante (4).
  • El silencio está atento a todo ruido y, apenas él lo escucha, lo subraya (4).
  • En la palabra “columna” hay dureza y hay ansias de durar. “Vertebral” nos recuerda que esa columna es frágil (4, el gusto por el simbolismo fonético y las “etimologías” fantásticas).
  • Avanzar como la serpiente: haciendo complementarios los extremos (4).
  • Hermosa exactitud la de la lluvia que, pese a disparar a discreción, no deja un sitio en le que no haga blanco (4, ¿lo habías pensado alguna vez?, eso es ser certero y hacer de lo cotidiano algo mágico).

En cuanto pueda tendré que ponerme al día en lo que a sus traducciones de John Keats y Emily Dickinson se refiere. Y recalar en su Antología Poética.

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