EL PRINCIPIO DEL FIN

Eso parece que se nos avecina a tenor de la obra Fin del novel, que no joven, autor David Monteagudo. El ritmo trepidante y la intriga -no por anunciada desde el principio menos sorprendente- nos lleva hasta sus últimas páginas en un pispás. Es la típica obra que se lee con rapidez y arrobo para desengrasar las neuronas tras unas vacaciones, y no sólo desentumece el cerebro sino que nos pone en disposición de saborear el engranaje afectivo-social de una pandilla que hace muchos años que no se ve.

La edad madura de los ex amigos (el contrapunto lo pone la madura juventud de María, la “novia” de Ginés) unidos por un lazo invisible que los ahoga -por su participación en un oscuro episodio de juventud, del que todos eluden hablar pero del que se deduce que maltrataron psíquicamente a un tal Andrés, al que apodaban El Profeta, y que fue causa de la ruptura del grupo- no ha impedido que la sombra de la culpa y de los resquemores antiguos haga su aparición en medio de un clima de thriller. Tampoco impide que a veces se muestren como verdaderos seres inmaduros, infantiles, agarrotados en sus miserias y contradicciones. Seres que, en ocasiones, resultan tópicos; así cuando se presenta los coches como tema casi único -junto al del sexo- de los hombres, o cuando se muestra a un personaje femenino, Nieves, al borde de la histeria porque, aunque el miedo es libre, ¡cómo no!, parece sentarle mejor a la caracterización de una mujer que a la de un hombre.

De lo que nadie creo que pueda dudar es de que Fin es una novela que pide a gritos su versión cinematográfica. Y no me sorprende el hecho de que, mientras busco en imágenes la portada del libro y de David Monteagudo para insertar en esta entrada, encuentre la noticia de que Amenábar haya comprado los derechos de esta novela, la primera de su autor -al parecer un autodidacta nacido en Lugo hace 48 años y vecino de Vilafranca del Penedès- que ha conseguido colocarla entre los más vendidos este año.

De lo más logrado en mi opinión es el asunto del narrador que, con frecuencia, me recuerda al behaviorista de El Jarama, sin que por ello deje de incidir en la psicología profunda de los personajes, por medio de la simple expresión de sus gestos, miradas o acciones. Además, el autor se mueve como pez en el agua tanto en la descripción de un paisaje como en la emulación de los diálogos de los personajes, caracterizándolos sin acudir a la omnisciencia, dejándoles que sean ellos mismos quienes se muestren o quienes califiquen a los otros. Si bien las verdaderas razones de su difusa enemistad quedan en entredicho al no profundizar en ellas con diálogos más clarificadores.

Lo dudoso: sus débitos literarios (que algunos opinan que van desde Diez negritos de Agatha Christie hasta La carretera de McCarthy pasando por El cazador de sueños de Stephen King), que hacen pensar que es temáticamente poco novedosa y de menos altura literaria. De hecho, la re-unión con que se pretende cumplir una promesa hecha 25 años atrás resulta creíble pero manida. Sólo parece distinto el que dos de los nueve (el décimo es el ausente organizador, la antigua víctima que el resto cree que se ha convertido en vérdugo) sean personajes que nada tuvieron que ver con aquellos tiempos.

Lo peor: el final en el aire, aunque nos mantenga en vilo hasta llegar a él… ¿La resolución o, más bien, no-resolución mereció la pena? A mí sí, pero no puedo dejar de advertir que no es oro todo lo que reluce. Eso de los finales abiertos queda muy actual, pero yo a veces me pregunto si no será una forma de dar por terminado lo que no se sabe cómo terminar con la coartada de que se pretende dejar a la imaginación del lector. Y no nos convence nada: ni un sueño, ni un enigma de ciencia-ficción, ni una plaga que sólo afecta a los humanos para desgracia de los múltiples animales que deambulan por sus páginas.

En cualquier caso, habrá que esperar y comprobar si Monteagudo sobrepasa la altura en la que le encumbró su primer libro, sin ceder a la tentación de auparlo al podio de los mejores ni embarrarlo como si hubiera sido el engendro de una editorial. Tiempo al tiempo. Un digno comienzo.

 

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3 comentarios

  1. Ave canora said,

    septiembre 21, 2010 a 10:56 pm

    Hola:
    Estoy de acuerdo en que Fin engancha, ahora bien, me parece que el final (valga la semi redundancia) es un poco tomadura de pelo…
    Vale, hay que dar pie a lo de dejar volar la imaginación, pero yo me pregunto si el autor hubiera sabido terminarlo de otra forma si le hubieran obligado a cerrar la puerta del desenlace.

  2. septiembre 21, 2010 a 10:40 pm

    Hola, Zal:
    Entraré a echarle un vistazo al foro que me propones.
    Omito tu e-mail en el mensaje por si no deseas hacerlo público.
    Saludos. Elena

  3. zal said,

    septiembre 21, 2010 a 3:18 pm

    Hola! Veo que tenés bastante interes por la literatura y por escribir. Paso por acá para ofrecerte de participar en un foro que va dirigido a la comunidad literaria, tanto escritores como lectores. Espero que te pases a verlo
    Te dejo la dirección:
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