AUTOPISTAS LITERARIAS: CARRETERAS SECUNDARIAS

 

El zaragozano Ignacio Martínez de Pisón (1960) autor de Carreteras secundarias (que adaptó para la película dirigida por Emilio Martínez-Lázaro), de quien ya había tenido el placer de leer el libro de cuentos: Alguien te observa en secreto, crea en esta novela una especie de diario con el que nos podríamos identificar cualquiera de sus lectores. Situada en los años 70 (1974 para ser más exactos) y escrita en primera persona, suele hacer las delicias de los más jóvenes, que pasan por similares fases de rebeldía contra el mundo, lucha generacional, despertar amoroso y sexual, y embotamiento de los sentidos que se hallan en ebullición. Y lo realiza aunando ternura, sordidez, prosaica cotidianidad, humor, miedo, zozobra existencial, etc. Algunos de estos lectores incipientes se ven reflejados en el narrador, Felipe, otros ven la imagen de aquello a lo que no se quieren parecer e incluso lo detestan, pero a pocos les resulta indiferente.

Esta novela indaga en el tema de la vida errante, de la dificultad para integrarse en sociedad y llevar una vida “normalizada” a través de la fuga de padre e hijo por el Levante español hasta llegar al Norte originario (en las sucesivas retrospecciones nos indica cómo viven en la zona de Murcia con trabajillos que le van saliendo al padre; en el relato lineal nos cuenta cómo se afincan en El Vendrell en Tarragona, cómo de ahí van a Almacellas -de la provincia de Lérida y limítrofe con Aragón- antes de instalarse en Zaragoza -en la carretera de Logroño, junto a la base americana-, para acabar regresando a Vitoria, cuna del padre). En esta huida hacia delante, Felipe da cuenta de cuantas anécdotas les acaecen con un estilo ligero y ameno que nos involucra.

 

Comienza el libro con una mudanza. Ambos viven durante el invierno en apartamentos de playa de los que se van al comenzar la época de turismo. El padre, en el fondo un viudo inconsolable, según el hijo, flirtea con diferentes mujeres, una de las cuales le deja gran huella: la cantante de zarzuela, Estrella. Tras el abandono de ésta, se unirá a Paquita, una hippy de buen corazón que les ayudará en su maltrecha economía, hasta que los celos le harán delinquir y obligarles a un nuevo cambio en su vida.

El padre representa un individuo a la antigua usanza que por amor fracasó profesional y familiarmente, pero al que una idea retrógrada de lo que es la dignidad y un orgullo desmedido le impiden rebajarse a desempeñar un trabajo manual o retomar los lazos con su madre para sacar adelante a su hijo. Así, el hijo -a menudo avergonzado, decepcionado o indiferente- fantasea sobre su padre y se inventa mil y una profesiones pintorescas de su progenitor, al tiempo que éste realiza labores de comercial, representante, promotor de un locutorio clandestino, vendedor de estraperlo…

Pero el protagonista, como no podía ser de otro modo, es un personaje redondo y como tal va evolucionando ante nuestros ojos a lo largo de los seis capítulos: del niño que admiraba al doctor Barnard, “el as de corazones”, al adolescente huraño y rebelde que colecciona recortes de Patricia Hearst y el Ejército Simbiótico de Liberación, o el enamorado jovenzuelo que ya no considera el amor únicamente como motor de las gilipolleces de los otros, sino que sabe que este diosecillo pagano nos puede tocar con su varita mágica a todos los demás, aunque su despertar sexual no descanse en las mismas manos que entreveía en sus sueños sino en las de la hermana de su adorada Miranda; hasta el joven maduro que empieza a enorgullecerse de su padre, que trabaja y lo protege y que se preocupa por su bienestar, cuando ya la situación (decadencia, pobreza, pérdida de valores simbólicos como el del Tiburón o la simple vivienda de alquiler) se hace insostenible, porque no les quedan ni las apariencias para sobrellevar su vida y es casi el menor el que aporta la estabilidad por la que el padre apenas lucha, derrotado, fracasado, orgulloso…

 

Las complicadas relaciones paterno-filiales desde la mirada del crío son uno de los mayores aciertos de esta novela en mi opinión, ya que acerca su lectura a los más jóvenes, por lo que se hace una novela adecuada para esa franja de edad entre los 15 y los 18 (ojo los puritanos) tan alejada en nuestros días de los libros.

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