ARPONEANDO A LOS TOPIQUEROS

Que tire la primera piedra quien no haya descubierto el Mediterráneo alguna vez (la idea de escribir en cursiva las expresiones requetemanoseadas de que la mayoría nos hacemos eco la tomo de Jesús Cotta). Esto parece decirnos el autor de este Topicario y arpones contra el pensamiento simple, licenciado en Filología Clásica y profesor de ética y filosofía en un instituto. Pero el que entonemos nuestra mea culpa no significa que debamos desistir de encaranos con quienes abusan de los tópicos y encima quieren hacernos comulgar con ruedas de molino. Necios sesudos, mediocres esnobistas, envidiosos, frustrados… hay en la viña del Señor.

Este ameno y agudo ensayo desenmascara los lugares comunes, tan transitados en la vida en sociedad, en cualquier época y cualquier civilización.  Bombardearlos sin alardear de lo contrario (un pensamiento profundo, inteligentísimo y sin fisuras) deja la puerta abierta a los cambios de opinión graduales sin temor a que nos tachen de incoherentes. Que nos haga reflexionar acerca de ellos al sacarlos de contexto sin sacarnos de nuestras casillas, pone de manifiesto que es un libro rabiosamente actual (nada hay más longevo y fecundo que un tópico-típico que nunca se haya puesto en tela de juicio). La resistencia al insecticida de la razón depende del simplismo de cada cual, de lo infectado de prejuicios manidos que uno se halle y de las clasificaciones bicolores que el maniqueo de turno esgrima como verdades absolutas.

El libro, sin ínfulas de llegar a ser un clásico, es sencillo y no elegante, con su extremado lenguaje en ocasiones gratuitamente procaz y barriobajero o chocarrero; sin embargo, gana en enjundia según avanzamos en su lectura. Comienza con una explicación de los disfraces de que se visten los tópicos  (inocencia, tontuna o ignorancia, envidia y maledicencia, malos pensamientos o malas intenciones; prejuicios de todo tipo -esos “ponedores de huevos”-, pedantería, vanidad o soberbia, pereza mental, esnobismo, gracias muy sosas, argumentos de autoridad de todo a cien, la bobería mental que impone lo políticamente correcto y su blando pensamiento…) que le sirve para hacer una clasificación animal de los mismos. En este animalario de tópicos encuentra: pájaros bobos, ballenas torponas, resabiados toros bravos, tiburones mordedores, víboras sibilinas, garrapatas jodonas, tábanos y demás fauna simplemente molesta o verdaderamente maligna. Sigue con una clasificación temática de los tópicos: narcisistas (como ser uno mismo), seudocientíficos, pedagógicos, morales y de costumbres, políticos, histórico-nacionalistas, religiosos, estéticos y sexuales. Por último, aconseja las virtudes que ha de tener un carismático arponero (sin complejos, con amplitud de miras, insensible a los insultos, desconcertante, capaz de simpatizar y dar su  brazo a torcer al tiempo que se ríe de uno mismo…).

Para su teoría no ahorra vocabulario ad hoc ni ironías léxicas (tumismo, onfalolatría, mirusté, amoavé, porculiza, don Caradura, don Solidario), pequeñas provocaciones en que revierte lo que la estúpida y perversa corrección política impone (tabúes y eufemismos, como cuando se mofa de  algunas lindezas que algunos sueltan por el que denomina “ano” del rostro, cuando critica al “homo neutrus” de quien no se compromete con ninguna opción política, o cuando se asombra de los tibios ataques contra el terrorismo entre quienes lo disculpan),vueltas de tuerca de noticias de actualidad (aborto y eutanasia, por ejemplo), etc. Porque está en su derecho de usar la libertad de expresión, y lo hace sin expresarse de forma hiriente contra el que opina distinto, al señalarnos con un dedo globalizador que no inmola individuos, porque su-nuestra libertad llega hasta donde comienzan nuestros-sus derechos.

En apariencia demoledor, este libro deja los títeres con cabeza, pero un poco menos atados a los hilos que los mueven; nos hace sentirnos espantapájaros del idioma y nos sirve de acicate para no matar las moscas de la opinión ajena a cañonazos. Es pues una rara avis, un ensayo desenfadado e incendiario, que nos hace pupa en nuestra autoestima pero con rasguños maternales. Ya que nadie está libre de culpa, al menos intentemos desenmascararnos con astucia y argumentos profundos y flexibles…

Si alguien quiere indagar más en las opiniones y escritos de Jesús Cotta, le sugiero que pinche en su blog: jesuscotta.blogspot.com/

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1 comentario

  1. Ave canora said,

    diciembre 13, 2010 a 5:51 pm

    Cachondo, crítico y no hiriente, uuhhmm, raro raro raro. Tal vez merezca la pena.


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