PRESENTIMIENTOS. LO QUE ESCONDE UN NOMBRE

Fui la primera persona a la que firmó Presentimientos en las Caballerizas de la Magdalena de Santander tras su charla el verano de 2008. Le prometí una opinión y, en seguida lo cumplí sin suerte (copié mal su e-mail, supongo).

Ahora recuerdo aquel episodio y recojo las líneas que entonces escribí. Este libro me fue gustando in crescendo. Al principio me resultaba previsible, dado que sabía en líneas generales de qué trataba (no sólo por la propia exposición de su autora, sino también por lo que había leído en prensa, y en ambos casos me había sentido atraída). Luego entré en el juego del perspectivismo, en cómo Félix y Julia vivían distintos acontecimientos a partir de idénticos elementos de enlace y en tiempos paralelos (el anillo y la tarta, la casa de los 30.000 euros, roces, olores, voces, esos ángeles que vinculan la realidad y lo onírico). Como siempre me han interesado los anclajes del pensamiento y los sentimientos, me agradó la gran sencillez con que indaga en ellos, en la conexión entre esos mundos y en lo más íntimo e inaudito que esconde cada cual.

Me gustaron especialmente:

  • Sus símiles, nada rimbombantes y sí sugerentes
  • Lo sucinto pero relevante de las etopeyas de tus personajes protagonistas, e incluso de los secundarios (padre de Félix, Abel).
  • La plasmación de cómo los dolores del alma buscan desconocidos con que explayarse para sanarlos.
  • La Psicología natural y no de manual esotérico, como las difíciles relaciones padres-hijos o entre amantes: por ejemplo, las de Félix con su padre, o las de Julia con su madre y con Marcus.
  • La investigación objetiva -casi detectivesca de asegurador- de Félix, cuando se ve obligado a analizar a su esposa para sacarla de su estado.
  • Lo provisional de la existencia y la necesidad tanto de un hogar en sentido amplio como de armonía para sobrevivir.
  • Que los sueños no son gratuitos.
  • Lo imprevisto del desenamorarse (al ver cómo realmente es Julia y desagradarle).
  • Las circunstancias que nos empujan y limitan, que nos hacen dar palos de ciego para llegar a donde deseamos.
  • Las transformaciones como por ósmosis o influjo del ambiente (madre de Julia-Margaret).
  • La mente como una central eléctrica y los recuerdos como interruptores que encienden posibilidades nuevas.
  • El diálogo-interrogatorio entre Óscar, Nacho y Julia. Aunque no me encajaba que Nacho dijese que le había dado él el euro cuando había sido Óscar (p. 153 de mi edición de Alfaguara, ¿lo vio desde un monitor o una cristalera o es que se lo había mandado él?), puesta a buscar gazapos como en las películas…
  • Lo misterioso hasta de lo evidente: el amor como reacción química que nos hace perder el norte, la objetividad, que tiene un precio; la atracción natural de algunas personas, la tragedia en medio de un día azul (muy machadiano por cierto), el control de la información, la relatividad del tiempo, los sueños arquetípicos de huida y persecución, lo oculto tras lo contado
  • Lo de que no podemos responsabilizarnos de la felicidad ajena.
  • El susto de Félix al perder de vista a Tito y Sandra, y la reacción que le provoca.
  • El reconocimiento de los imperceptibles movimientos oculares, labiales, etc. que desvelan más información que los gestos consensuados. De hecho la comunicación no verbal (paralenguaje, kinésica, proxémica, componentes químicos, etc.) y su reflejo en la literatura me atrajo tanto que sobre ellos realicé mi tesis doctoral, centrada en las novelas El Jarama y Un día señalado, ambas premio Nadal (lástima que la segunda se halle descatalogada). Sin embargo, creo que en esto podía haber profundizado más; aunque insiste en ello, no se decide a describir morosamente alguno de esos gestos mínimos.
  • La idea de que juzgar es una pérdida de tiempo y que es mejor comprender. Como si hubiera conocido por telepatía mi opinión sobre el cielo, la refleja de forma exacta en el cielo imaginado por Félix (p. 318).
  • La muerte o asesinato simbólico. Y los celos vueltos del revés, cuando ¿desencantado? Félix se pregunta por Sandra. Da la sensación de que la aceptación indecisa de la infidelidad de su mujer por parte de Félix, dada la situación crítica y el amor que siente hacia ella, y que le lleva a comprar la ayuda de su rival, no va a terminar así. ¿Se resolverá con un divorcio o con el pago de la “deuda” por medio de una aventura con Sandra…? Puestos a imaginar.

Algunas partes me parecieron, sin embargo, más flojas. La relación de amor y odio o desprecio entre Julia y Marcus no me acabó de convencer.  Me resultó excesivamente discursiva la explicación del pasado de Julia (cómo comenzó su lío y las sucesivas decepciones), aunque interesante, quizá hubiera resultado más atractiva de haberla desentrañado en forma de diálogo retrospectivo o por una narración directa del conflicto.

Por último, lo incierto y lo enigmático de la personalidad de Abel y el detalle de la cartera que sugiere sin dejarnos comprobar y nos mantiene en ascuas más allá del final, me encantaron. ¿No habrá pensado en una segunda -o complementaria- parte de una posible serie narrativa, trilogía o dilogía ? Me encantaría leer una novel sobre la vida de ese magnífico personaje secundario, desde el pasado de Abel: desde cómo se hizo, su trabajo, amores, rupturas, secretos, etc., hasta su muerte diferida y esperada, y cómo se cruza ésta con la etapa de inconsciencia o coma de Julia. 

De momento parece que ha echado en saco roto esto de escribir una segunda parte o una novela con personajes dependientes de los de ésta. Sabe Dios qué nos deparará el futuro…

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