EL MAR DE LA ESPERANZA

Mujer mirando al marPremio Gran Angular 2010, con ese título que nos recuerda a Gala mirando al mar de Dalí- es un libro que extraña, una novela corta a medio camino entre la sencillez y el subterfugio, entre la sorpresa y el tedio, la emoción y la reiteración, la intensidad y el olvido. El autor-narrador se sirve de un pretexto (el encuentro en el Rastro madrileño de una carpeta que contiene un largo poema que nos cautiva con su aparente ingenuidad y sinceridad) para inventar, recrear o plasmar una historia que fue o pudo ser.

Su tema central es la elegía amorosa de Elena, el personaje por el que se obsesiona tras descubrir su poema, un amor en medio del odio sembrado durante los años posteriores a nuestra Guerra Civil. Pablo y Elena, Elena y Pablo, representan el Amor mayúsculo y clandestino frente a las convenciones político-religiosas de la época y contra el poder establecido. El amor de Elena no es pacato sino ilimitado, y por él es capaz de hacer cualquier cosa por preservar la integridad de “su hombre” frente al enemigo, incluso matarlo. Esa terrible determinación hará que sea juzgada pero, en lugar de recibir un castigo proporcional, su castigo -increíblemente benévolo- semejará una mofa de la justicia y una condena a largo plazo que no reparará su dolor.

Pero saber lo que verdaderamente sucedió en la posguerra gallega es casi imposible, aunque se viaje, se entreviste a personas que pudieron vivirlo o se relea el poema original para buscar pistas; de ahí el recurso a la imaginación. Por eso esta obra ahonda también en el papel del escritor y de la propia producción, como si éste nos dejase entrar en el reverso del producto editorial, en la trastienda del escritorio en que todo autor se deja las pestañas y los días para levantar la catedral de su obra: ¿qué derroteros tomar?, ¿cómo encauzar la creación literaria?, ¿cómo disponer el material del que se dispone?, ¿cómo trabar la sucesión de los hechos?, ¿cómo dar cuerpo a los personajes?

Su género no es fácilmente encasillable, dado que cabalga a lomos de la duplicidad, al dar cabida a la prosa y el verso (los siete poemas que relatan lo acaecido a la pareja desde el punto de vista de la mujer), a la novela histórica y testimonial y a la de viajes, al relato psicológico o sentimental y a ciertas dosis de intriga. Por otro lado, con su final abierto, el autor parece querer decirnos que su novelita es sólo una interpretación y no la trascripción de lo que sucedió de verdad. De hecho, el recurso del hallazgo de unos folios mecanografiados no resta un mínimo de verdad a los hechos poetizados aunque estos fuesen únicamente una ficción del autor. La realidad y la ficción no son contradictorias. La escasez de datos, la falta de certeza, no impide que sintamos la magnitud de los sentimientos desnudos de los protagonistas (aun cuando se perfilen con un estilo fragmentario y un halo de ensoñación).

 Sin embargo, dicho esto, no me parece una novela propicia para quienes en principio está destinada, los adolescentes, y tampoco para quienes superamos con creces esa edad. En el primer caso, porque seguramente les resulta alejada de sus intereses y aburrida (desde el principio sabemos qué ha pasado). En el segundo, porque la potencialidad de esta novela se halla más en lo que anuncia que en lo que obtenemos, aunque he de decir que mantiene la atracción por ver si se deshace el ovillo entrelazado en la primera parte (repetida hasta la extenuación). La segunda mitad gana, a mi modo de ver, en calidad, y se desentiende un poco de las digresiones innecesarias para intentar resolver lo que se supone que buscaba el autor-narrador desde el comienzo y quien, pese a relatar en primera persona la historia, no nos devela nada de sí (hace en parte el papel de narrador trancriptor), aunque nos hace en cierta medida identificarnos con su curiosidad.

Sorprende su final, ¿falta de cierre?, ¿pura invención?, ¿concesión al “happy end”? Pero, sobre todo, sorprende el carisma de la mujer retratada, que se sobrepone a toda la amargura que vive, y la inconcebible posibilidad de que una mujer poco tiempo atrás analfabeta haya podido concebir y componer (por mucho que su marido la enseñase a leer y escribir) la larga composición en verso que sirve de punto de partida.

Podrá disfrutar de esta novela el lector sensible a la poesía del cotidiano vivir, así como aquel para el que la lectura no se limite a regodearse en la sucesión de hechos propia de la narrativa fantástica, de acción o de intriga.

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2 comentarios

  1. marzo 29, 2011 a 7:16 pm

    Totalmente de acuerdo, Gonzalo de Berceo.

  2. Gonzalodeberceo said,

    marzo 28, 2011 a 11:00 pm

    Leí el libro cuando salió. Me gustó, pero no me emocionó. Igual que tú pensé que no era un libro para adolescentes.Se perderían bastante y, quizás, no entenderían la obsesión por ir a Galicia y buscar a alguien relacionado con el cuaderno o los protagonistas. La idea, aunque muy utilizada a lo largo de la literatura, me pareció buena, sobre todo el mezclar verso y prosa.


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