DÍAS MUNDIALES, NECESIDADES INDIVIDUALES

  

El Día Mundial de la Poesía, el 21 de marzo. El Día del Libro, el 23 de abril. El Día Mundial del Teatro, el 27 de marzo… Hermosas fechas para bellas palabras y buenas intenciones.

El discurso de la ugandesa Jessica A. Kaahna, designada por el Instituto Internacional del Teatro de la UNESCO,  para celebrar este día, es un alegato a favor de la vertiente de servicio a la humanidad del teatro. Entender éste como una herramienta de paz internacional nos hace meditar, al oponer -contra el silencio o los violentos- el poder del teatro para lograr movilizar audiencias para construir conciencia y ayudar a víctimas de traumas de post-guerra. El poder del teatro contra los que se autoproclaman “guardianes de la paz” al tiempo que manejan armas o se lucran con su compraventa, porque ¿Cómo pueden herramientas de alienación ser también instrumentos de paz y reconciliación? Leamos este extracto:

Mientras las naciones consumen sumas colosales de dinero en misiones para la paz en áreas del mundo en violento conflicto, se le presta poca atención al teatro como alternativa individualizada para la transformación y el manejo de conflictos. ¿Cómo pueden los ciudadanos de la madre Tierra lograr paz universal cuando los instrumentos que se emplean para ello vienen de poderes externos y aparentemente represores?

 

El teatro permea sutilmente el alma humana atenazada por el miedo y la sospecha, alterando la imagen que tienen de ellos mismos y abriendo un mundo de alternativas para el individuo y por consiguiente para la comunidad. Puede dar significado a realidades diarias mientras previene un futuro incierto. Puede tomar parte de la política en formas simples, directas. Al ser inclusivo, el teatro puede presentar experiencias capaces de trascender preconceptos erróneos.

Además, el teatro es un medio probado para abogar e introducir ideas que sostenemos colectivamente, y por las que deseamos luchar cuando son violadas. Anticipando un futuro pacífico, debemos comenzar por usar medios pacíficos que busquen entender, respetar y reconocer las contribuciones de cada ser humano en el proceso de conducir a la paz. El teatro es ese lenguaje universal por el que podemos enviar mensajes de paz y reconciliación.

Involucrando activamente a los participantes, el teatro puede hacer que muchas almas deconstruyan preconceptos y, de esta manera, da al individuo la oportunidad de renacer para hacer elecciones basadas en conocimientos y realidades redescubiertas. Para que el teatro prospere entre otras formas del arte, debemos dar un enérgico paso adelante para incorporarlo a la vida cotidiana, tratando temas apremiantes de conflicto y paz. Buscando la transformación social y la reforma de comunidades, el teatro ya existe en áreas devastadas por la guerra y entre pueblos que sufren pobreza o enfermedad crónica.

 

Para saber más:

http://teatroindependientelaplata.blogspot.com/2011/03/autobiografia-teoria-teatral-y-poesia.html

Y es que, como diría el poeta chileno Alejandro Jodorosky,  debemos hacer llegar el arte -en cualquiera de sus manifestaciones- a la mayoría, porque es indudable su valor terapéutico.

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