CADA SIETE OLAS

Hay lecturas que vuelven con insistencia, como las mareas, siempre antiguas al tiempo que renovadas. Cuando en una entrada anterior reseñé Contra el viento del Norte, hice hincapié en que ya estaba deseando leer la novela siguiente de Daniel Glattauer, Cada siete olas.

Ésta retoma la historia de Emmi y Leo -tras un lapsus de unos nueve meses en que  sus protagonistas dejaron aparcada la extraña, inconclusa e incorpórea relación amorosa vía correo electrónico a la que se habían hecho adictos-, un romance nacido de un diálogo sin presencia, sin cuerpo ni voz físicos que les distraigan de las preguntas y respuestas mutuas con que se  van conociendo en profundidad. De hecho, terminan conociéndose mejor que si se hubieran visto,  los dos intuyen cómo actuará el otro y ambos saben qué les preocupa o enfada en cada momento. Y lo curioso de la relación que entablan es que ésta surge de un error habitual, la recepción de un mensaje dirigido a otro destinatario. De la casualidad, se pasa a la insistencia de ella en la confusión y a que ceda él a la curiosidad de contestarlos.

Si la primera supuso una revelación literaria al convertirse rápidamente en un bestseller  quizá por su idoneidad o cercanía al mundo en que vivimos y sus nuevas formas de comunicación. La segunda vuelve a seducirnos. Pese a que el propio autor reconoce que no pensó en crear una segunda parte, pero que se plegó a las peticiones de infinidad de lectores (aquí sí sería interesante aclarar que fueron sobre todo lectoras quienes deseaban que Emmi Rothner y Leo Leike vivieran su segunda oportunidad) para escribir un final a esta novela epistolar de la era moderna. Si Montesquieu, Rousseau, Ridcharson, Goethe, Valera, Stendhal, Dostoyevski… levantaran la cabeza se sorprenderían de la aspiración de este autor a normalizar esta amistad epistolar tan fuera de lo común, y de que tanto sus protagonistas como sus lectores esperemos que fluya sin interrupción pese a sus altibajos.

Como contra los sentimientos no hay apisonadora que valga (¿amor, capricho, deseo, dependencia, necesidad intelectual más que física?),  aquí y tras retomar su contacto, piensan en citarse para verse por primera y última vez en persona, aunque Leo ha comenzado una relación con una tal Pamela y Emmi sigue casada. Pero la relación virtual se ve interceptada por los encuentros reales y por el influjo de cada uno de ellos en el mundo hasta entonces distante de ambos.

Y nuevamente me quito el sombrero y me dejo cautivar por el humor socarrón de Emmi, la fina ironía de ambos,  la ternura y el deseo aplazado, los enfrentamientos y desacuerdos verbales, en definitiva, por el trazo ameno y emocionante que me mantuvo en vilo la primera vez; y esto pese a que la estructura (sucesión de mensajes por medio de un “carteo” actual y tecnológico de Re y Fw no siempre alternativos y subdivididos en capítulos) ya no choca por ser igual a la de la primera.

Como por arte de birlibirloque el autor nos empuja a convertirnos en locos intentando hacernos oír por unos personajes que, sin ser de carne y hueso, podríamos ser todos y cada uno de nosotros. Y nos gustaría gritarles que por qué se lo piensan tanto, que no tiren su vida por la borda, que los que los quieren lo pueden entender, que… y uno se acaba sintiendo tonto por hablar a un ser inanimado salvo por su entidad  de personaje redondo sobre el papel.

Por otro lado, siempre he pensado que el final de una obra es una de las claves para hacerse una idea de la maestría de un autor y de la credibilidad de su historia. Y esto es lo sorprendente, entre tanta mediocridad bien escrita, entre tanta bazofia sin rematar, esta obra destaca por su capacidad para mantenernos expectantes hasta el punto y final y lamentar que este llegue. Y todo ello sin que la historia de amor se haga cursi, empalagosa, artificiosa o increíble.

Una duda: ¿nos resultaría igual de creíble la relación de ambos sin haber leído la primera novela? ¿No sería mejor hablar de partes de una sola?

Una certeza: los buenos escritores no sólo se caracterizan por su estilo y la imaginación en sus tramas, por la perfecta construcción de sus personajes y por sus finales sorpresivos, suelen ser buenos desde ese gancho al público que es el abretesésamo que no deja escapar la mirada del presunto comprador del stand en que se halla. Y en este caso, también el título se llena de sentido y lirismo. ¿Verán llegar “la séptima ola”, esa que es capaz de derribarlo todo y poner el mundo del revés,  la imprevisible, o se dejarán llevar de la calma de las seis primeras? En La Gomera, precisamente, dice Emmi que escucha la historia de “la indómita séptima ola” -que vendría a ser  como la “ilusión de todo” que siente él -, idea que Leo rastrea en la literatura y encuentra en la novela autobiográfica de Henri Charrière: Papillón.

Una conclusión: el fin llega, se cierra una etapa. ¿Es el esperado? Que cada cual decida… La agilidad de Glattauer hace de esta lectura una fresca y verosímil estampa de las relaciones interpersonales.

Una pega: son tantos los aplazamientos y las indecisiones que, pese a la celeridad de forma y contenido, llega un momento en que el lector se impacienta y se teme haber caído en una red de “más de lo mismo”, una dilatación del final imaginado o deseado por los eternos enamoradizos. ¿El lector competente busca eso, una segunda y conclusa parte, o a él le hubiera bastado con idear un final a su medida que no contradiga lo que se intuyó en el desenlace original, el de la primera novela-parte?

En cualquier caso, una delicia de lectura, fresca y vertiginosa, cuyos personajes nos dejarán huella.

Para saber más:  http://www.alfaguara.com/es/libro/cada-siete-olas/

Por último, me parece un deber dejar constancia de que, que yo sepa, antes que él al menos el puertorriqueño Luis López Nieves pergeñó una novela epistolar al estilo del siglo XXI en El corazón de Voltaire. Como aún no la he leído, dejo un enlace que remite a un comentario sobre la misma: http://magnaliteratura.blogspot.com/2008/06/el-corazn-de-voltaire-de-luis-lpez.html

Anuncios

3 comentarios

  1. Ave canora said,

    abril 5, 2011 a 7:31 pm

    La leeré. Parece molona.

  2. Gonzalodeberceo said,

    abril 4, 2011 a 10:17 pm

    Yo no distancié tanto la lectura de los dos libros. Creo que además de la originalidad de la forma, no del tema (sobre el amor y la muerte se ha escrito siempre), hay que destacar la personalidad de los personajes, su evolución y su credibilidad. Creo que es difícil mantener la atención durante 400 páginas “solo” con correos electrónicos. A mí me entretuvo mucho.

    • abril 5, 2011 a 7:23 pm

      Dices bien, Gonzalo de Berceo, es ante todo muy entretenida. Y de lo más interesante es la caracterización de los personajes, que no dejan de hacérsenos creíbles y hasta entrañables.
      Un abrazo


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: