¿OBJETIVIDAD VERSUS SUBJETIVIDAD?

El lenguaje denotativo es necesario, pongo esto por delante porque es una verdad como un puño, pero ¿qué sería de nosotros sin la facultad de preguntarnos, de adornar nuestros pretextos, de maquillar nuestra opiniones, de equilibrar las opciones… si no pudiéramos echar mano de ese maravilloso mundo de las connotaciones tan inmerso en lo subjetivo?
No podemos despreciar un valor en alza desde el momento en que ciertos matices afectivos, culturales, irracionales, etc., se hacen vox populi y son descodificados sin perjuicio para el entendimiento de  la mayoría aun cuando se basen en los siempre enjuiciables prejuicios. Estamos seguros de que hay profesiones que han de rendir cuentas al pueblo con una fidelidad a la letra y al espíritu de la letra a prueba de bombas: jueces, políticos (de ahí la degración en la opinión que suscitan), profesores, periodistas…
Que sí, que hay jueces que interpretan con sentido común las leyes (Emilio Calatayud), políticos decentes (ahora mismo no sé qué ejemplo poner), profesores que intentan “enseñar deleitando” (pero sin sustentar su eficacia a la extraña dictadura del colegueo y el “todo vale”), periodistas que investigan y contrastan con ecuanimidad, y padres (difícil y vocacional profesión) que buscan el medio justo entre el entretenimiento y la disciplina.

Pero también sabemos que entre el blanco y el negro hay infinidad de grises. Por eso, esos jueces valoran los atenuantes y agravantes que vean en cada caso, los políticos buscarán el beneficio de la mayoría aunque eso suponga el rechazo en las urnas de muchos otros, el profesor hará tabla rasa de filias y fobias para calificar lo que saben y lo que ignoran sus alumnos (sin atender a sus buenas intenciones o a sus simpatías), el padre exigirá a cada hijo conforme lo que pueda extraer de él (porque si se queda en lo que espera no crecerá éste en algún sentido) y lo tratará también en función de sus necesidades.
Los periodistas, los buenos periodistas, no sólo son humanos sino que esa misma humanidad se halla en el trasfondo de sus noticias, de sus reportajes, de sus investigaciones. Pedirles lo imposible es convertirlos en papel mojado, en estatua de sal, en columna de alabastro.
Por eso, cada mañana me gusta oír el carraspeo del desacuerdo o la desaprobación ante los hechos relatados en la voz de Juan Ramón Lucas. Un día tras otro “en días como hoy” me siento allegada a su forma de enjuiciar y poner en alza los valores de una sociedad que, si no la cuidamos, se aborregará o malformará.

Un brindis por él. ¡Olé!

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2 comentarios

  1. Budy said,

    julio 18, 2012 a 2:48 pm

    Una pena que se lo hayan cargado nuestros indignos gobernantes y su falsa idea de la democracia.

  2. Literadicto anónimo said,

    abril 11, 2011 a 4:47 pm

    A mí también me gusta este tipo. Me merece credibilidad.


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