SE NOS VAN MURIENDO

 

Los que tenemos cierta edad vamos perdiendo familiares, amigos, referencias… Si el año pasado fueron José Saramago, Miguel Delibes, Carlos Edmundo de Ory, Jairo Aníbal Niño, Tony Curtis o J. D. Salinger; éste, nos han dejado ya varios imprescindibles para entender una época: Josefina Aldecoa, Elisabeth Taylor, María Elena Walsh y Ernesto Sábato.

Este autor, únicamente con tres novelas –El túnel (1948, que siempre fue una de mis preferidas), Sobre héroes y tumbas (61) y Abaddón el exterminador (74)- , si bien es verdad que publicó muchos ensayos, merece un puesto distinguido en el panorama de la Literatura  Universal.

Su ideología anarco-comunista y su pesimismo existencialista han dejado huella en su vida y en su obra. Pero su escepticismo y su distanciamiento de cuantos cometen cualquier tropelía contra el ser humano no ha gustado siempre a todo el mundo. Y como todo ser que exuda talento ha contravenido la norma no escrita de que para caer bien a todo el mundo no hay que hacerse notar. Como nada es más difícil que contentar a todo ser humano, Borges no se deshizo precisamente en halagos hacia su obra; y una de las Madres de Mayo, pese a su crítica a Videla en el llamado Informe Sábato contra la dictadura, tampoco estuvo nada conforme con su opinión.

A mí me basta con mirarle a la cara, esos ojos que parecen clavarse en los míos, su sonrisa reconcetrada y tímida, el óvalo del rostro, sus arrugas llenas de vida, su delgadez juvenil, sus orejas pegadas, sus canas y su despejada frente, su bigote y su corta perilla… para intuir que fue un ser humano excepcional, además de un magnífico escritor que recaló en las letras tras desencantarse de las ciencias. Le miro y veo a un ser amable en su sentido etimológico, a un abuelito, el que no tuve y me hubiera mimado y contado mil historias. Un hombre entrañable y grande, tan alejado en la distancia como cercano en el corazón.

Adiós, maestro, deseo  sinceramente que encuentres la paz y la felicidad, o sea, el cielo que sentiste tan huidizo durante tu larga e intensa vida.

Adiós, maestro, espero que abraces la luz tras el longevo túnel casi centenario en que has vivido para todos nosotros.

Un interesante análisis de El túnel (pese a la escasez de tildes y su orientación de tipo académica) hallo en:

http://literatura-feb2009.blogspot.com/2009/03/anlaisis-literario-de-el-tunel-de.html

Y me acaba de llegar este poema de Antonio Casares en su memoria:

MEMORIA DE ERNESTO SÁBATO

Vislumbró que la ciencia y sus demonios,

hijos de la soberbia cegadora,

en lugar de salvarnos del dolor,

nos llevaban al peor de los infiernos

-creernos más divinos que humanos-,

y no quiso ser cómplice ni acólito

de la apocalíptica barbarie:

la central nuclear, la bomba atómica,

la destrucción del hombre por el hombre.

la aniquilación del universo.

Y abdicó de ese reino abominable,

con una lucidez digna de encomio,

para entregarse a la literatura,

no a la vana evasión sin compromiso,

sino a poner su lúcida conciencia

-como Cervantes, como Don Quijote-

al servicio de la verdad desnuda.

Lejos del ditirambo y la elegia,

cerca de la poesía cotidiana

que llega al corazón y nos conmueve,

que estas palabras salven su recuerdo

de la fragilidad de la memoria:

gloria y honor para Ernesto Sábato.

                             (Santander, 1 de mayo de 2011)

 

 

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