LA ATENCIÓN DESATENDIDA

Muchos nos quejamos de la orientación que va tomando esto de la educación y los estudios, del asalto integral de las nuevas tecnologías y las no tan nuevas (esa tercermundista televisión basura en que se hace oír quien grita más) y del culto no ya a la belleza y la juventud sino a la prisa y las informaciones discontinuas, en aras de que nuestro tiempo es corto y hay que aprovecharlo.

Lo malo de este viaje sin albardas es que va dejando en el camino grandes virtudes que los seres humanos antes valoraban y acrecentaban: la concentración ante los hechos fundamentales, la atención selectiva a los personajes imprescindibles, la inmersión en la lectura como en una piscina propia, la tranquilidad del deber bien hecho, la decisión del aplazamiento de aquello que no se lograba abarcar, etc., etc., etc.

No sé dónde vamos a ir a parar, pero creo que tenemos que coger los toros por los cuernos para eliminar el pánico de vernos quietos, pensando tranquilamente, decidiendo la mejor tarea -y no una multitarea simultáneamente infraacometida-, descansando del fluir desatento de las neuronas del mismo modo que sometimos el desacato de las hormonas en otras situaciones, escuchándonos para aprender de quien tenga algo que aportar, charlando para humanizarnos en este tiempo de máquinas e individualismo.

Un artículo certero sobre las dificultades de comprensión lectora en este mundo robótico (que me ha hecho llegar Ricardo Saavedra) se encuentra en:

http://www.pensarlibre.com/2011/01/comprension-lectora/

MERECE LA PENA LEERLO… ATENTOSSSSSS

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3 comentarios

  1. Víctor said,

    mayo 5, 2011 a 5:15 pm

    Estoy de acuerdo, en general, con la opinión que se lee en este enlace.
    Por mi experiencia personal, sé que está en lo cierto. De hecho, yo he de afrontar a diario los peligros invisibles de todos estos aparatejos que, sabiendo usarlos, nos harían más fácil la vida.
    Saludos

    Ah! Buen blog, sigue adelante.

  2. mayo 4, 2011 a 3:07 pm

    Muy querida Elena:
    Te comento que tiempo atrás fundé una escuela, registré tres carreras ante la Secretaría de Educación Pública y gocé y aprendí, más que en nunca, el soberbio arte de intentar comprender a los jóvenes.
    El presente post me hizo recordar, bajo una retrospección de nostalgia y reflexión, aquella etapa maravillosa de mi vida.
    Decirte que comparto al 100% la visón del ponente, sería una mentira. Actualmente intento colocarme en una perspectiva más equilibrada, de encontrar las razones de por qué el mundo actual es como es, y de por qué debo ajustarme a las nuevas tecnologías con apertura, criterio abierto y sentido empático.
    Gracias como siempre, querida amiga:
    Tu amigo que te extraña:
    Arturo Juárez Muñoz

    • mayo 4, 2011 a 10:34 pm

      Hola, Arturo:
      Me encanta seguir encontrándote por estos lares, aunque no comportas la opinión de que me hago eco.
      La verdad es que los jóvenes tienen muchas cosas buenas, es indiscutible, y son el reflejo del mundo que hemos creado; pero también lo es que, al menos por España, hay un problema grave en la educación que nos atañe a todos, profesores, padres y alumnos, y que pasa, en gran medida, no por prohibir ni eliminar sino en limitar o supervisar el uso que hacen, por ejemplo, de las nuevas tecnologías.
      El problema es la dificultad para sostener la atención y el esfuerzo que muchos de ellos tienen y que da lugar a dificultades comprensivas, expresivas o de simple interés en las materias, lo que por otra parte provoca un bajo rendimiento y el consiguiente fracaso escolar.
      Desde luego, dicho esto, no hay rasgarse las vestiduras porque usen internet (con la ingente información que eso les puede proporcionar fácilmente), jueguen con consolas de cualquier clase o se dediquen a enviarse mensajes cibernéticos. El progreso es bueno cuando no se abusa de los mecanismos que pone a nuestro alcance y uno es consciente de sus pros y sus contras.
      Sin embargo, que vean en exceso la tele (máxime, con la que está cayendo por aquí, con los programas basura, los concursos de ninis -ni estudian ni trabajan, aunque el paro tampoco ayuda, claro- o “de todo vale”), que usen hasta la saciedad el móvil (tengo un alumno de 15 años que hoy me confesó -tras preguntarle por el sueño con que asiste a clase- que charla con amigos desde las 12 a la 1 de la mañana sin que sus padres se percaten, y aunque al día siguiente los vaya a ver) o se queden colgados de diversas maquinitas como si les fuese la vida en ello a modo de monomanía, es un peligro que está ahí, delante de nuestros ojos, que les quita tiempo de estudio y de verdaderas relaciones sociales y les enseña una realidad sucedánea, estresante, con mil impactos informativos simultáneos imposible de asimilar y que les desconcierta, les desconcentra y les aturde.
      Ni todo el monte es orégano (¡Viva el lado bueno de los avances: cercanía, difusión, información, rapidez, facilidad…!), ni todo el orégano es idílico (¡Ojo con todo aquello a lo que nos supeditamos y no olvidemos lo que perdemos -lo que pierden, vulnerables y en desarrollo, sobre todo, nuestros adolescentes-, a cambio de esas ganancias antedichas!).
      Un abrazo. Elena


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