PEQUEÑAS LECTURAS PARA LOS MÁS PEQUEÑOS

 

El misterio de la calle de las Glicinas de Núria Pradas (así con tilde sobre la u):

Novelita de evasión con un final previsible y un desarrollo que puede mantener en vilo al lector incipiente, lo cual unido a su fácil lectura la hace propicia para preadolescentes como de 1º o 2º de la ESO. Valores que subraya, los de la perseverancia, la observación, la valentía, la amistad, la intuición…

En veinticinco breves capítulos se nos cuenta por medio de un narrador omnisciente en 3ª persona una historia que se desarrolla en el 2000 y que enlaza con otra sucedida en 1968. Los hechos parten de la desaparición de Marc a la salida de su trabajo, y la decisión de su prometida Elena y su hermano Guille de investigar por su cuenta ante la dejadez con que es llevado el asunto por la policía.

En seguida, se les unirá una aprendiz de detective y futura escritora, Delia, y una policía que desea que los machistas de sus compañeros la vean como lo que es, toda una profesional de la investigación. Aunque los jóvenes están trazados atendiendo a sus características principales y sus gustos (perspicacia, desconfianza, resolución, etc.) resultan planos, y el espacio por el que se mueven un compendio de tópicos juveniles de misterio.

Roger (compañero de la subinspectora) y Joan Martí (falso amigo de Marc, bastante desagradable) serán parte del elenco de personajes (ayudante / oponente). La intriga la pone el caserón abandonado de la calle de las Glicinas, la atractiva muchacha de melena negra con la que el desaparecido se cruza en el metro y quien le arrastra allí y los cánticos que atraen como infernales cantos de sirena.

El impostor de Manuel L. Alonso

es una novelita ligera y corta que trata de las imposturas, la orfandad, el primer amor…

En ella Eduardo, un adolescente a punto de cumplir los diecisiete años, huérfano de padre desde los dos y que perdió a su madre a los 15, recala en casa de su tío Miguel en Mallorca enviado por su familia, harta de hacerse cargo de él. El tópico familiar sobre la prosperidad de su tío, un supuesto gran hombre de negocios, se ve desmontando desde su llegada allí (modo de transporte, vivienda, enfermedad…). Su “oficio” no es otro que el de estafar, los robos a pequeña escala y el engaño que le permite un sucedáneo de libertad (no tiene horarios, hábitos, etc.).

Eduardo debe crecer para tomar el papel de adulto responsable que le correspondería a él (le aconseja, le reprende, le insta a cambiar…) y se siente a medio camino entre la decepción por obligarle casi a delinquir al hacerle cómplice de sus actos y el cariño porque en el fondo piensa que es “buena gente” y simpatiza con él. Su delicada salud también hace que se sienta necesario y no opte por volverse a Madrid con sus parientes. El flechazo que siente Eduardo cuando conoce a Susana es otro ingrediente atractivo para la lectura de los más jóvenes.

Está narrado en primera persona en flash back, lo que justifica lo que si no podríamos ver como anacronismos (el uso de pesetas, tocadiscos y discos de vinilo, por ejemplo).

Los hijos de los masai de Javier Salinas:

Novelita de facilísima lectura (como para primero de ESO) que, por medio de un narrador protagonista -Juan- a punto de dejar el mundo seguro de la infancia para entrar en la zozobra de la adolescencia, puede traerles ecos de sus propios malestares.

Además de la temática, la lengua del chico (llena de frases hechas, hipérboles, comparaciones, etc.), tan cercana al nivel coloquial del que ellos mismos y su entorno participan, les acerca aún más la lectura.

En ella, lo que podría ser un hecho traumático (la separación matrimonial de sus padres) se aborda desde el prisma del hijo singular, quizá no un superdotado, pero sí un ser lleno de ternura, imaginación y humor. Otros temas se tocan: la integración, los malos tratos, la pérdida (y el hallazgo), el paro (tío Enrique), el estado de ánimo y los pequeños complejos…

Tras “la noche de los jarrones rotos” y la separación de su padres, Juan vive con su hermana -la cinéfila Laura- y su madre periodista en su hogar madrileño.

La querencia de su padre por África, donde pasa gran parte de su tiempo, le hace divagar sobre la posibilidad de que él hubiera nacido allí y con el sentimiento de pertenencia a una tribu abre los ojos ante la diferencia: la cultura masai le muestra cómo en esa sociedad los hijos lo son de todos. Si nosotros decimos que la unión hace la fuerza, ellos ven en el grupo lazos más fuerte que los sanguíneos.

La historia interminable del desasosiego que supone una ruptura se resuelve con la madurez que da el paso del tiempo y/o la resignación. El final abierto cede al optimismo pese a que el protagonista se le tilde una y otra vez de negativo.

En la siguiente dirección hay una serie de actividades para realizar antes, durante y después de su lectura: http://www.alfaguarainfantilyjuvenil.com/upload/ficheros/159.pdf.

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