HAMBRE DE PIEL

Morderé los gajos de tu risa

y su pulpa sedienta entre los dientes,

un cuerpo es bodegón lleno de frutas

que al sediento oferta y tienta.

Abrazaré con mis alas tu cintura,

porque un cuerpo es un ave

con dos plazas. Lameré de tus corvas

su engranaje musculoso de gacela,

porque la bestia en celo

que en el amor palpita

es capaz de volar y arrodillarse.

Y ante tus pies inermes

desplegaré cosquillas para herirte

con una flecha de curare y oro.

Que tu risa me caiga dulcemente

vertida como un jarro de agua fría

en el volcán en ciernes

que lacera mis muslos prestos

a recibirte a la intemperie.

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