LÁGRIMAS ARTIFICIALES CON SABOR NATURAL

La madrileña Rosa Montero (1951) nos tiene acostumbrados a su buen hacer. Quizá sus estudios (Periodismo y Psicología) hayan contribuido a su capacidad para presentarnos con total verosimilitud lo que no ha vivido ni vivirá y para mostrarnos unos personajes que encarnan sentimientos y pensamientos muy nuestros por lejos hacia el pasado o el futuro en que se inserten sus vidas.

En Lágrimas en la lluvia, construye una prodigiosa novela futurista a modo de homenaje a la película Blade Runner de Ridley Scott (versión muy libre de la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) y, al mismo tiempo, una novela de duelo (“En memoria de Pablo Lizcano”, dedica en las hojas de guarda), puesto que el sentimiento de lo efímero y de la pérdida vital es uno de los temas eje. 

Junto a éste dejan rastro o se despliegan como hilos conductores que trascienden la historia otros muchos: el poder político y económico, la intolerancia de unos frente a la tolerancia de muy pocos,  la identidad y la memoria así como la necesidad del otro, la conciencia del bien y del mal, la idea de pertenencia a un grupo social afín y de exclusión de otros por las diferencias entre seres… Precisamente, uno de sus mayores logros en mi opinión es la forma en que muestra cómo los inadaptados suelen también marginar a los que ven como seres de segunda categoría por la única razón de ser distintos (racismo: humanos / reps /bichos).

Situada en el Madrid de 2109 (con rastros del actual como el Museo Reina Sofía, reconvertido en Hospital), nos presenta a los EUT (Estados Unidos de la Tierra) enfrentados a una sucesión de muertes violentas de replicantes y atentados crecientes en que algunos reps mueren matando (al principio con la obsesión de arrancar o arrancarse lo ojos) para mostrar el lado oscuro de la mente humana. Cuando el terror se sucede cada cuál vislumbra lo que es capaz de hacer por su supervivencia, aunque la ética individual perdure como referente.

Las siglas explicadas, el vocabulario inventado ad hoc y todo lo  creado al estilo Julio Verne no sólo ayudan a entender lo que hubiera podido resultar un galimatías sino que lo hace creíble: otros mundos posibles (Cosmos, Labari, omaás y balabíes, los extraterrestres u Otros, seres sintientes), partidos políticos (MRI), problemas sanitarios y sociales, artefactos y técnicas (Guerras Robóticas, pistolas de plasma, mobiliario cósmico, la teletransportación y las alteraciones microscópicas en los organismos teletransportados, las memas -memorias falsas para los reps en quinientas escenas-, las rejas electromagnéticas, el desorden TP, la TTT o Tumor Total Tecno,  las holollamadas, la Plataforma Trans que engloba a cuantos quieren ser otra cosa distinta a lo que son, los caramelos o droga del amor y otras drogas duras como las fresas o dalamina, el aparato cazamentiras, móvil de muñeca -especie de tarjeta de crédito-, los árboles artificiales…) 

Tema menor pero curioso es el de la crítica subyacente al arte que se halla en el candelero, el de los Falsos (de los que se llega a preguntar si son artistas revolucionarios o mero fraude: “Cuanto más grande el engaño, mayor el prestigio de la falsificación una vez desenmascarada la impostura”).

Bruna Husky -una rep de combate inestable, agresiva y solitaria convertida en detective de extraordinaria visión nocturna por las pupilas verticales que los caracterizan- es contratada por el MIR para saber quién se esconde tras los hechos. Rodeada de un mínimo puñado de benefactores de los que, en ocasiones, se nos hace sospechar y de algún traidor oculto tras su apariencia beatífica, vamos asistiendo junto a ella a lo que parece un  complot de dimensiones ingentes, ya que la trama adquiere un alcance más que mundial universal, al incluir en sus sospechas a los habitantes de otros planetas (Cosmos, Labari).

Personajes que la ayudan o de los que sopechamos que le ponen la zancadilla son: su amigo Yiannis, que documenta las modificaciones que alguien -ignora quién- está introduciendo en el Archivo Central de la Tierra, con el fin de subvertir la Historia de la Humanidad; y se rebela contra las mismas de la única manera que puede. El memorista Pablo Nopal, con su misterioso pasado, que no nos aclara sus intenciones; el policía que siempre llega en los momentos climáticos; la singular, voluminosa y tolerante dueña del bar al que suelen acudir; la mujer-anuncio…

Podríamos pensar que refleja un mundo en decadencia pese a la explosión científica, los recursos técnicos y la unificación planetaria; sin embargo, la autora se vale de dos cualidades prolíficas: la del humor (el cortés usted que se convirtió en obsoleto tras un tiempo en que se sentía como desdeñoso y que la protagonista recupera para dar a entender qué opina de un personaje; la edad de los reps representada en forma de quebrados 5/30 ó 6/31…) y la de la ternura, para hacer más llevadera, si cabe, la lectura de este tráiler futurista con grandes dosis de denuncia y un estilo hipnótico (lo que pese a recordarme la trilogía de Millennium de Stieg Larsson, por la violencia de ciertos actos -aunque aquí son descritos con más sutileza-, por los rasgos coincidentes de la personalidad de sus protagonistas -juventud, “pasado” lacerante, insatisfacción vital,  etc. tanto de Lisbeth Salander como de Bruna Husky, aunque ésta es más confiada-, y por el alto grado de persecución a la que ambas se ven sometidas) que hace de esta novela una joya literaria contemporánea y no una mera novela evasiva al estilo de los best seller de estación.

Música de Blade Runner, para terminar:

http://www.youtube.com/watch?v=C9KAqhbIZ7o

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