XINGÚ O LAS DAMAS BOBAS

Una editorial zaragozana que apuesta por obras inéditas, olvidadas o no traducidas a nuestro idioma aun siendo verdaderas joyas literarias (según reza en su sitio: http://www.editorialcontrasena.es/) está detrás de la publicación de esta magnífica novelita de Edith Wharton. Además, todas sus cubiertas son realizadas por un ilustrador aragonés ex profeso. Y en este caso, las ilustraciones interiores son de una joven torrelaveguense, Sara Morante, quien se siente atraída por los  temas inquietantes y nos traslada a su mundo por medio de la economía cromática, ya que sólo utiliza los colores rojo y negro, lo que le permite abusar de texturas y otros ornamentos” que le sirvan para resaltar lo que considere fundamental (como las pálidas mujeres años 20 con sus elegantes sombreros victorianos y sus miradas vampiresas, góticas).

Una entrevista a la ilustradora en: http://www.koult.es/2011/03/entrevista-a-sara-morante/

Edith Wharton (1862-1937), por el apellido del que fue su marido hasta su divorcio en 1913, perteneció a una pudiente familia neoyorquina, lo que la aportó una esmerada educación. Por otra parte, fue tal su admiración por la cultura europea que llegó a establecerse en Francia en 1907 (de ahí que fusione lo norteamericano y lo europeo en su obra, como Henry James, al que conoció). Lo que, según se dice en el prólogo de Eva Puyó, se pensó que era una simple afición infantil fue ampliando sus horizontes, así publicó desde los libros de decoración y viajes o de poemas hasta relatos y novelas, algunas tan famosas como La edad de la inocencia (Premio Pulitzer en 1921) o La casa de la alegría.

En la contraportada de Xingú y la publicidad de la obra (web de la editorial, marcapáginas…) leemos:

La señora Ballinger pertenece a esa categoría de damas que persigue la Cultura en cuadrillas, como si fuera peligroso encontrársela a solas. A tal fin, fundó el Club del Almuerzo, una sociedad integrada por ella misma y por otras indómitas cazadoras de la erudición. Pasados tres o cuatro inviernos de debates y de comidas, el Club del Almuerzo había adquirido tal predicamento en la ciudad que la acogida de forasteros ilustres se convirtió en una de sus funciones establecidas.

Los personajes que integran ese club de lectura y crítica (nunca mejor dicho) son las señoras Ballinger, Plinth, Leveret y Roby y las señoritas Van Vluyck y Glyde. En sus reuniones seudo literarias no sólo dialogan sobre temas culturales sino que se retratan. La historia parte de la invitación a una ilustre escritora que llega a la ciudad, Osric Dane, para que participe o visite una de sus reuniones.

La señora Ballinger consigue que se celebre en su casa la bienvenida a Osric, pese a la desaprobación de las demás, que pierden una oportunidad de lucimiento –especialmente de la rica Sra. Plinth, cuya pinacoteca y mansión puso a disposición del evento-; lucir las dotes intelectuales de cuatro de ellas (que tienen por inculta a Roby y por poco preparada a Leveret) es la oportunidad que buscan. Ya desde el inicio nos trae a la mente otra gigantesca obrilla, la excelente novela corta titulada El baile (de Irene Nemirovsky).

Esta novela desvela la falsedad de cierto mundillo cultural (así la Sra. Plinth cree que con leer se cumple y que no es necesario comentar sobre lo leído, por lo que si la preguntan se siente sometida a un tercer grado), de la cortedad de miras de sus integrantes y del esnobismo de la pretendida élite de un lugar cualquiera, cuyos diálogos y murmuraciones ponen en entredicho la imagen que de sí mismas quieren ofrecer y que, por ende, transmiten al lector.

Conversan sobre naderías, ignoran infinidad de temas sobre los que intentan imponer sus vacuas opiniones, hacer sentir inferiores a quienes son conscientes de sus limitaciones (la Sra. Leveret) o desacreditar a esas almas ingenuas, felices y sinceras que, por otro lado, tienen la experiencia del mundo que procuran los viajes (la señora Roby). Todo ello contribuye a crear una situación surrealista y unos cómicos diálogos.

En su cerrado círculo, los distintos (Ay, Juan Ramón Jiménez, qué razón tenías: Lo querían matar / los iguales, / porque era distinto) no harán llegar la sangre al río, no matarán tal vez de muerte violenta, pero sí empuñarán el arma de la soberbia, esa mirada por encima del hombro de quien se cree superior a los demás por el motivo que sea. La tontería de estas abanderadas de la lectura hipócrita, la que se pierde en el papel sin levantar la vista a la naturaleza, rechaza a la mujer de mundo que, con una personalidad arrolladora y una óptica propia, acaba haciéndoles sentir de menos a ellas que se erigen en lo más. Lo que preveían una reunión sesudamente informal se convierte en el revulsivo que pone sobre el tapete las cartas marcadas con que juegan, para ridículo de las mujeres.

El título, cuyo significado reconozco que desconocía y como me extrañó busqué en Internet, alude al nombre de un largo río brasileño afluente de  la vertiente meridional del Amazonas, el Xingú.  Y entonces caigo y me acuerdo de un microrrelato muy plástico sobre la incultura que no se asume y se disimula, el de Jose de Colina “La culta dama”:

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuenta de Augusto Monterroso titulado “El dinosaurio”.
—Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.

La descripción de la “tertulia” es insuperable y la caricatura social del grupo al que perteneció por nacimiento, pero en el que nunca se sintió integrada, no sólo sirve de regocijo a los que nos acercamos a sus páginas sino que dan testimonio de la realidad de la época que la tocó vivir y de su país de origen (punto de partida de su obra según la prologuista, Eva Puyó, cuyo trabajo resulta bien claro y enriquecedor).

Su estilo, por último, es apto para cualquiera. Como si retomara el ideal renacentista, usa un lenguaje sobrio, cuenta con sencillez los hechos y describe con naturalidad impresionista a los personajes, resueltos con unos mínimos trazos que se deducen más bien de sus comportamientos y palabras (es decir exponiéndolas en el diálogo, no a través de una morosa adjetivación, lo que aporta dinamismo). De ellas desconocemos los datos físicos y, salvo el dato de si están casadas o no (por lo de “señoras” o su diminutivo), nada sabemos de su aspecto ni de la que es su vida fuera de los acontecimientos relatados en la novela. Se trata de una descripción minimalista, en mínimas dosis, en pocas palabras: el primer párrafo es perfecto, pone sobre aviso de los caracteres, del tono y de la finalidad del Club del Almuerzo (reunirse para cotorrear, divertirse y almorzar, al margen del peligro que la verdadera lectura trae: reflexionar, hacer pensar por uno mismo). Su idea de diversión a cualquier buen lector le resultaría grotesca y aburrida; y no por los cuatro primeros verbos del anterior paréntesis, sino por esa cerrazón de marginarse, situarse al límite de la propia cultura y lectura, en el extrarradio del pensamiento inteligente.

Una obra maestra que nada tiene que ver con esas sagas folletinescas de los más vendidos (¿y leídos?, ¿o devorados-comprados-comercializados como una pulsión humana más?), que descodifican intrigas seudo históricas que en nada esclarecen la Historia con mayúsculas ni la Psicología de personajes redondos, por lo que son claramente desdeñables para un autor que busque algo distinto a entretenerse; lo cual no me parece mal, por otra parte: es legítimo buscar la diversión, pero no es lo único interesante en el mundo de las letras y de la edición. (¡Huy! Que parece que estoy oyendo a…, me voy a callar, caray).

Otra reseña sobre la obra: http://mundomacgregoriano.blogspot.com.es/2012/05/xingu-de-edith-wharton.html

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5 comentarios

  1. Alfonso Castán said,

    mayo 29, 2012 a 9:08 pm

    Estimada Elisa:
    Gracias por tu comentario y por tus elogiosas palabras acerca de la edición. Nos alegra mucho que te haya gustado tanto el relato. ¡Qué placer que nuestros libros encuentren lectores como vosotras! Ya que veo que Edith Wharton os gusta, aprovecho para recomendaros una novela corta de esta autora que publicamos el año pasado, “Las hermanas Bunner”.
    Un saludo,

    Alfonso Castán
    Editorial Contraseña

  2. Elisa said,

    mayo 29, 2012 a 4:30 pm

    Aunque conocía a la autora por “La edad de la inocencia”, confieso que lo compré porque me encantó la edición: la textura del papel, la sobriedad de colores, el formato y, sobre todo, las magníficas ilustraciones. Vivimos en la “cultura” del todo vale, donde prima lo de “usar y tirar” por eso, que una editorial mime los libros que pone a la venta, me parece que dice mucho y bueno.
    No voy a contar el argumento porque ya está hecho pero sí apuntar que es una historia interesante en la que algo en principio “inofensivo” como una tertulia de mujeres, nos lleva a una crítica ácida a todos aquellos que se creen en posesión de la verdad y con derecho a decir quién o quiénes pueden formar parte de algo. Un grupo de mujeres insulsas que a través de sus lecturas superficiales quieren marcar la altura intelectual de su clase. Solo una es consciente de que no lee y no sabe lo que, aparentemente, saben las demás. Podemos hacer un símil con muchas de las críticas de lecturas que inundan páginas de periódicos, blogs, tertulias radiofónicas, llenas de palabras huecas sobre títulos y/o autores, a veces, imposibles de leer pero que por determinados intereses, se ponen de moda.
    Preciosas las ilustraciones de los salones de la época y especialmente de las figuras femeninas a las que podríamos poner nombre por sus gestos, mirada, manera de sentarse, etc.
    ¿Similitudes con “El baile” de I. Némirovsky?
    Novela interesante en el fondo y preciosa en la forma. Muy, muy recomendable!

    • mayo 29, 2012 a 5:25 pm

      Hola, Elisa:
      Estoy totalmente de acuerdo con tu excelente comentario.
      En cuanto a lo de El baile y Xingú, no sé exactamente qué es, pero hay algo que me hizo conectarlas en mi imaginario personal. No es la extensión similar, ni tampoco la intensidad ni su descripción psicológica, en mi opinión más logradas en la novela de Némirovsky. Es otra cosa. Quizá el hecho de que ambas reflejen la maldad humana (la hipocresía, la venganza o el revanchismo, el deseo de aparentar, etc.).

      Los Kampf poseen dinero, pero no el reconocimiento de los de su clase; las mujeres del Club del Almuerzo poseen libros, pero carecen de verdadera cultura. Unos y otras son marginados en el pequeño círculo en que se mueven sus intereses (la alta sociedad, la élite intelectual). El baile, que muestra la crueldad de una adolescente que busca autoafirmarse frente a su madre (quien la prohíbe asistir a un banquete con el que pretende ganar reconocimiento social)representa una crítica feroz contra los nuevos ricos. Xingú resulta una sutil pero igualmente intensa sátira de la falsa cultura.
      Te agradezco tu visita a este blog y espero seguir contando con tus acertados comentarios.
      Un saludo. Elena

  3. Alfonso Castán said,

    mayo 27, 2012 a 5:07 pm

    Estimada Elena:
    Soy uno de los editores de Editorial Contraseña. Muchas gracias por tu reseña. Nos alegramos de que “Xingú” te haya gustado tanto.
    Un abrazo,

    Alfonso Castán
    Editorial Contraseña

    • mayo 27, 2012 a 11:25 pm

      Gracias a ti Alfonso por recalar en este blog, y a vuestra editorial por esa magnífica publicación.
      Un abrazo. Elena


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