EL SILENCIO DEL ASESINO

El silencio del asesino de Cocha López Narváez se lee con la tranquilidad que dan los misterios resueltos desde el principio y cuyos cabos sueltos se pretende atar durante la lectura  (en el primero de sus dieciséis capítulos se nos advierte de que la vida de Ernest Morrison va a cambiar porque será inmediatamente acusado de haber cometido un asesinato). Resulta grato ir haciéndose cábalas -a menudo ciertas- e ir descartando las inferencias engañosas que pensábamos.

La estructura inversa nos presenta a un buen vecino que vive en la pequeña y envejecida ciudad inglesa de Wiggfield, en la casona Los sauces gemelos, Twin Willows Manor, heredada de su esposa Mary Adams, espacio fundamental para ambientar los hechos. El protagonista es un maduro caballero de unos 50 años, amante de la jardinería y que se distrae con el golf y las cartas en las tertulias con sus amigos en Dragon Arms. Estos representan lo más granado de la localidad: un coronel y un director de banco (que asisten a su violenta detención, ante la que el presunto asesino reacciona sobresaltado y curioso, más que sorprendido e inquieto), el comisario y el doctor retirado.

Se trata de una recomposición cronológica del caso, al negarse a declarar el acusado y tras interrogar varias veces a los mismos testigos. Diez años han pasado desde su regreso de Brasil, adonde fue buscando un porvenir junto a su esposa y donde supuestamente permanecieron otros diez años. Durante el juicio que las peculiaridades físicas de la difunta (cojera por la polio, tres incisivos sólo) antes que la prueba misma de ADN obliga a instruir, vamos asistiendo a la intrahistoria de los personajes que conocieron a la difunta y las emociones que el callado asesino les provoca. Y lo hacemos por medio de un narrador en tercera persona con omnisciencia psicológica que va cambiando de prisma, por lo que fluctúa entre una apariencia de objetividad y una patente interpretación a través de los enjuiciamientos que, a modo de estilo indirecto libre, lee en los pensamientos de los demás personajes principales durante los interrogatorios de la vista oral en la Audiencia: desprecio e ira siente el comisario, buenas vibraciones primero y animadversión ahora, las Stanford; desconfianza, el ama de llaves por las prisas en marchar de la pareja veinte años atrás, recelos y celos -quizá- que la empujaron a pedir credenciales en la empresa en que trabajaba él…

El cadáver ha sido hallado de forma totalmente casual tras perder los frenos una excavadora. El estupor, la excitación y la curiosidad popular es la natural en los lugares en que habitualmente no sucede nada. Unos le acusan sin pruebas y otros se dejan llevar por la incredulidad. Mientras, el acusado muestra una extraña actitud (distante, a la vez que condescendiente, como si se mofase del asunto o estuviese realmente amnésico). ¿Si Mary Adams murió hace 20 años cómo es que él volvió con un certificado de defunción de hace diez? Esas y otras preguntas nos hacemos…

El caso parece tan claro que el abogado de oficio que le representa interviene poco y el fiscal apunta a la codicia como desencadenante o móvil. Pero todos parecen obsesionados por conocer los detalles y aclarar las dudas: cómo era Mary (se nos habla de su realismo equilibrado y optimista), qué vida había llevado hasta entonces, cuándo y cómo se conocieron el asesino y su víctima, qué opinión de él se forjaron entonces quienes la conocían a ella, qué les pareció su enamoramiento, su boda a los 6 meses y con 25 años, su rápido viaje tras dos meses más en la mansión y tras un supuesto ascenso laboral…

Muchos detalles hacen correr especulaciones: la despedida de la esposa la tarde previa a marcharse del país, el que fuera entrevista en brazos de él con gafas y sombrero antes de subir al coche de alquiler la madrugada del día de su partida (marcha precipitada, además, en un sábado por la mañana en que el servicio no estaba en la mansión),  el contacto por correo que se va distanciando tras romperse ella supuestamente la muñeca derecha…

Varios datos insisten en que o él lo tenía todo muy bien perfilado (aparenta no estar interesado en su dinero) o es inocente: la separación de bienes, el testamento de él que provoca que ella haga lo propio para corresponder al suyo, la propuesta del marido de ir antes al lejano país al que lo destinaron para ir buscando acomodo (pese al peligro de que le acuse de machista), etc.

El ritmo es rápido y se nutre de elipsis narrativas (tres meses duraron las concienzudas investigaciones del comisario), resúmenes de hechos anteriores, perspectivismo (amigos, etc.) y contrapuntos (acciones hilvanadas en mentes y espacios diversos en tiempos simultáneos).

Las descripciones nos sugieren caracteres y aspectos dispares por medio de mínimos trazos. Breves pero precisas aluden a etopeyas y prosopografías: Sus amigas y confidentes, las gemelas Emma y Claire Stanford, se nos presentan como menuda, excesiva y dispersa la primera; y como  alta y serena, la segunda. Su corpulenta ama de llaves, casi su madre adoptiva, Ann Mac Nigan, es todo fuerza y determinación. De Mary, aunque preciosa y buena, se nos hace ver que su aspecto físico es “defectuoso”, por lo que se nos muestra en cierto modo como vulnerable.

Engañar a un embustero y, por ende, que un criminal pruebe de su propia medicina toma un cariz justiciero, de catarsis literaria, que lejos de hacernos compadecer de la segunda víctima, nos muestra los grados de culpabilidad desiguales, pese a que el delito sea el mismo, que incitan nuestra permisividad o intransigencia para con ellos.

Sin duda, disfrutarán los amantes del género policiaco y por su sencillez es una buena apuesta para iniciar en él a los lectores de edades tempranas.

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2 comentarios

  1. Julia said,

    agosto 26, 2015 a 10:36 am

    muy bueno resumen!


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