EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

Esta obrita, un auto sacramental escrito entre 1630 y 1635 por Pedro Calderón de la Barca, es una muestra de la categoría de este soldado-sacerdote barroco. La vida es sueño es, por supuesto, mi obra preferida de las que he leído de este autor (pese a la idea de que la conducta humana es previsible y los vaticinios se cumplen, Segismundo puede “ensayar” su papel y rectificar lo que aseguraban los hados). Sin embargo, acabo de terminar este pequeña obra (en la que no ocurre esto), a caballo entre lo puramente doctrinal o teológico y el juego literario del teatro dentro del teatro, y me parece que en 1572 versos logra sus propósitos:

1-Mostrar que el mundo es un escenario y nuestras vidas terrenales, los papeles que nos tocó representar, es decir, pura representación.

2-Enaltecer el libre albedrío frente a la predestinación (nuestro personaje-conducta ha de ser intachable, el Autor se niega a enmendar nuestros yerros).

3-Mostrar que la vida es un punto (tópico del tempus fugit) y la hermosura una flor (“Que en el alma eres eterna, / y en el cuerpo mortal flor”, el vanitas vanitatis), ya que no persiste tras desaparecer su dueño y no se puede cobrar (como el cetro o las riquezas).

4-Que el poder debe administrarse con sabiduría y la riqueza no debe ser soberbia.

5-Que el pobre debe resignarse y evitar la pereza (“pedir no más, y holgar siempre”) y el labrador trabajar lo mejor que pueda con el sudor de su frente.

6-Que los religiosos deben servir pero no alejados del mundo y sus tentaciones (“Ya sabes que nunca gusto / de salir de casa yo, / quebrantando la clausura / de mi apacible prisión”). Precisamente la última en abandonar el Mundo, la religiosa Discreción, será recibida en la primera tanda por el Autor.

El tema anunciado desde el título no es original de Calderón, ya Séneca en el siglo I a. C. lo trató en sus Epístolas, también lo hicieron diversos autores del Renacimiento y del Barroco: su admirado Cervantes en la segunda parte de El Quijote y Lope de Vega en Lo fingido verdadero, sin ir más lejos. Sus personajes prototípicos reflejan un mundo de inmovilistas clases sociales, al tiempo que nos remite de forma alegórica a parábolas y pasajes de la doctrina católica. Tres edades del mundo teológicas muestra Calderón: la de la Ley Natural (origen), la de la Ley Escrita (Antiguo Testamento) y la Ley de Gracia (que advierte el modo como se ganarán el cielo). El Mundo se presenta como el director de escena o el comediógrafo de la mínima obra a que da pie a partir de dos versos que repite la Ley de Gracia: “Ama al otro como a ti, / y obra bien, que Dios es Dios”.

Calderón glosa a lo largo de su obra pasajes bíblicos o hace referencia a diversos personajes del Libro de los libros (Génesis, Samuel, Ezequiel, Isaías, Job, Noé, Salomón, Moisés). El ambicioso Rico representa, también, el paganismo que idolatra dioses materiales (vientre) y el carpe diem: “¿A quién mirar no le asombra / ser esta vida una flor / que nazca con el albor / y fallezca con la sombra? / Pues sin tan breve se nombra, / de nuestra vida gocemos / el rato que la tenemos: / dios a nuestro vientre hagamos. / ¡Comamos hoy y bebamos, / que mañana moriremos!” (imaginemos ahí la música de Juan del Enzina).

Son personajes alegóricos que plasman cualidades abstractas y rasgos definidores de las clases sociales (ricos / pobres)  y los estamentos (Labrador / Rey / Discreción, que representan, respectivamente, al pueblo llano, la Monarquía -y por extensión la nobleza- y la Iglesia), así como de los vicios (avaricia- Rico, vanidad-Hermosura, pereza-Labrador, soberbia-Rey) y virtudes (Discreción).

La estructura externa en un acto da pie, sin embargo, a diferentes subdivisiones internas. Grandes críticos difieren en sus partes, que fluctúan de tres a cinco. La primera y la última parte se podrían considerar un prólogo y un epílogo, respectivamente; pero también se podrían agrupar las tres intermedias: a) Directrices del Autor desde el globo celeste (dispuesto sobre un carro encima del tablado). b) Representación de los actores en la comedia de la vida, a la que llegan por la puerta de la cuna y de la que salen por la del sepulcro en el globo del Mundo, que les prestó unos trajes. c) Premio o castigo en el juicio final según su papel en la escena. En cualquier caso, parecen momentos fundamentales los siguientes:

  1. El Autor explica al Mundo su Creación.
  2. Los personajes se presentan ante el Mundo y éste les viste para la representación.
  3. Representan la breve comedia de la vida, durante la cual dialogan unos con otros ante la atenta mirada del Mundo y la ocasional intervención de la Ley de Gracia, que les recuerda el argumento de su existencia-comedia (obrar bien). Obra bien quien actuó bien y quien en la hora de su muerte se arrepiente.
  4. Se acaba la comedia y devuelven al Mundo sus trajes.
  5. Los personajes se presentan ante el Autor, quien convida a unos (Pobre y Discreción) y a otros no al banquete eucarístico. Tras purgar sus culpas suben la Hermosura, el Poder y el Labrador. El Niño con su papel insignificante no ha dado cuenta de si merece premio o castigo y queda al margen del cielo y del infierno (¿en el Purgatorio? ¿en una especie de limbo?). Dios equilibrará las diferencias que en la vida-comedia han soportado o disfrutado con el Juicio Final y su justicia distributiva.

Sus diez personajes y una voz parecen el precedente, de algún modo, de los Seis personajes en busca de autor de Pirandello, y se rigen por la tipología barroca. El labrador remeda el papel de gracioso típico de la Comedia Nueva en algunas de las sucesivas intervenciones entre los aún supervivientes (los vivos se consuelan rápidamente con las haciendas dejadas en herencia) y en el contrapunto con el pragmático Rico  (el de “Volver a nuestra conversación”) en el diálogo final. Sus personajes también hablan conforme el decoro lingüístico: Rey y Hermosura utilizan sendos sonetos.

Calderón usa expresiones habituales en él: como la metáfora pura y tópica para designar a las aves (“cítara de plumas”), el adjetivo “hidrópica” con el valor de “insaciable” o la exclamación quejosa “noramala”. Y retoma ideas antiguas, así:

-El hombre es visto como un “pequeño mundo”, un microcosmos que reproduce el universo en una escala mucho menor (en contrapartida, la mujer sería el “pequeño cielo”).

-La oposición entre la cuna y la sepultura (tan del gusto de Quevedo) y entre dos estados anímicos (alegría / tristeza) con la fuerza de sus antítesis y el equívoco entre realidad y ficción.

-Como en las Danzas de la Muerte medievales, ésta es aquí igualadora , por eso la Discreción dice: “En el vestuario ya / somos parecidas todas, / que en una pobre mortaja / no hay distinción de personas”.

-Dentro de la mejor tradición, Calderón recrea el tópico del Tempos fugit transmitido en la fugacidad de la representación (en el caso del niño, casi inexistente) y por medio del ejemplo del agua que corre: “¡No poder hacia la cuna / dar un paso!… ¡Todos son / hacia el sepulcro!… Que el río / que, brazo de mar, huyó, / vuelva a ser mar; que la fuente / que salió del río, ¡qué horror!, / vuelva a ser río; el arroyo, / que de la fuente corrió, / vuelva a ser fuente; y el hombre, / que de su centro salió, / vuelva a su centro, a no ser / lo que fue… ¡Qué confusión!”. Estos versos se relacionan, sin duda, con los que aparecen en las Sagradas Escrituras, en el Eclesiastés: “Los ríos van todos al mar, y la mar no llena, allá de donde vinieron tornan de nuevo, para volver a correr”. O con los famosísimos de Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir; / allí van los señoríos/ derechos a se acabar /y consumir; / allí los ríos caudales,/ allí los otros medianos / y más chicos,/ y llegados, son iguales / los que viven por sus manos / y los ricos”. Versos que volverá a matizar Machado y a los que se asomarán tantos otros.

Por todo ello, este clásico universal merece serlo.

PDT.:

Aunque sin relación directa con esta entrada, indagando tras la lectura de la obrita calderoniana en el último punto que anoto, di con un interesante estudio sobre las citas relacionadas con el agua en la Biblia. Quizá no sea pertinente añadirlo aquí pero me apetece hacerlo porque, de no haber andado husmeando por la red en relación a lo que nos ocupa, tal vez no lo hubiera hallado nunca.

Recordemos en lo que concierne a este tema que para Israel el agua representaba lo mismo una fuente de vida (pozos) y de purificación (diluvio) que un elemento destructivo al que temían, dada su escasa aptitud como navegantes: http://www.servicioskoinonia.org/relat/190.htm.

Por otro lado, he encontrado una página sobre el teatro que me parece digna de reseñar. Tiene teoría, glosario, etc.: http://www.nicolacomunale.com/teoria.escenica/his_teor_esc.htmlhttp://www.nicolacomunale.com/teoria.escenica/his_teor_esc.html

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