INQUIETANTE FOTO DE FAMILIA

Ignacio Martínez de PisónEste autor me gusta. En la colección de relatos que forman Foto de familia, nos da una muestra de su buen hacer. Están bien escritos, son originales, intrépidos, distintos…

En La muerte mientras tanto nos hace partícipes de una situación extrema en la que se pasa del amor al odio y el terror en pocas horas, las necesarias para hurgar en los secretos del aquel con quien se comparte la vida. Aquí nos adentra en lo que puede o no ser, en el momento de la encrucijada, cuando se tiene el pie en alto y aún no se ha posado sobre la senda que impondrá un final u otro. Sencillamente un relato magnífico e inquietante: “La muerte sólo ha sido para ella un arrecife imprevisto en mitad del sueño”.

En Chop-suey nos desvela la cotidianidad y los gestos cómplices entre dos extraños (Fang y “un Melchor”), los malentendidos culturales (“Fang era una persona sensible y arrastraba los disgustos durante semanas enteras”) y la imposible reparación de algunas equivocaciones.

En El palacio del estilo incide en la inevitable destrucción de lo que ha dejado de ser útil a causa de la apisonadora del tiempo y sus inventos. Así el ordenador vence la batalla a los ancestros del Word. En una tienda de viejo, las máquinas de escribir luchan por sobrevivir en un mundo cibernético, mimético y cinético (escasamente ético para seguir chirriando con la rima cacofónica) en que lo novedoso se impone como perdurable y el omnipotente se burla de quien se mantiene firme en su error. Una decisión equivocada pero fiel a un modo de sentir que le aboca al cierre de un negocio nada rentable, rayano en el coleccionismo, que prefiere sacrificar en el altar de los principios antes que modificar. Así se cumple el rito del tránsito de estado, como quien incinera un cadáver querido.

En Intemperie de los fosfenos nos sumerge en las medias palabras y complicidades de una pareja bien avenida. Sus “bichitos” y jugueteos en el territorio interpuesto entre el sueño y la vigilia crean un vocabulario intransferible, un idioma propio que los acerca tanto como los distingue del resto de la humanidad, con el que intentan nombrar lo innombrable y capturar lo intangible que ambos –y nadie más- comparten. Curiosamente nos hace partícipes de ello a los lectores, que nos reconocemos en otras similares anécdotas.

En Travelling, las promesas que se anuncian como advertencias o amenazas y que no se creen posibles toman carta de naturaleza al penetrar en el territorio permisivo del psicótico, de modo que la incredulidad se convierte en aceptación conmocionada de una realidad temida pero que nunca se aceptó. Narrado en tercera persona con una omnisciencia psicológica que convierte en protagonista a la que no fue ni siquiera testigo de los hechos, al enfocar con detenimiento el paso de las horas del día X y los pensamientos que le surgen, y en comparsa al autor de los mismos, su hermano. Carlota es la víctima-cómplice de su maquinación, asaltada por sus “crímenes hipotéticos” (que nos recuerda a los “Crímenes perfectos” de Max Aub) y la impenitente escalada de sus actos. La intrigante nota de “Hoy era el día”, aliñada con el pulgar acusador del bolso, se relega como marcapáginas del librito “La hipótesis de existir” de un tal David Toledano sobre la trascendencia  humana, la muerte y la divinidad.

En Foto de familia, relato que da título al conjunto, nos hace una foto de las relaciones –a menudo turbulentas- que subyacen en todas las familias y que con ocasión de las celebraciones se evidencian: relaciones que no se aceptan, enfermedades que se ocultan, deseos anticipados de celebrar lo que se duda que se pueda llegar a vivir, necesidad de compartir espacios y de restablecer lazos y necesidad de permanencia –aun en el papel fotográfico- de una escena que nunca fue así y se quiere rememorar en el silencio de las cámaras estáticas como se quiso que fuera. Una tormenta de inapropiadas palabras, de conversaciones banales, de silencios locuaces, de defensas innecesarias y diálogos hirientes…

En El enemigo interior se nos cuenta una historia repetida, el strip-tease de la Bella Marlene que comparten los centinelas hasta que la locura de los celos hace su aparición…

En Amor horrendo, el narrador es un raro amante de su profesión (enseñar pisos) como argumenta con estadísticas desde el principio, que gusta de imaginar las vidas de los propietarios, hasta que en una de esas visitas se cruza una desgraciada joven. En ese momento la curiosidad por la intimidad ajena se convierte en obsesión y entabla con ella una enfermiza relación platónico-protectora. La necesidad de verla le llevará a límites insospechados en que la pasión se convierte en homicida.

El rey de bastos es la historia de un trabajador compulsivo, un hombre hecho a sí mismo. Mientras que durante toda su infancia había sido un segundón, quienes entonces parecían comerse el mundo habían quedado en el andén de la vida sin éxito alguno. Cuando rompe las fotos viejas que atestiguan su mediocridad, una foto nueva parece llegar para recordársela.

Danza del espejo refleja la miopía de los padres que no alcanzan a ver a qué y con qué juegan sus hijos. También es la historia de una simetría que se quiebra y de cómo se resuelve la rotura. Dos gemelas ensayan con sus tutús y unas armas de fuego que hay en su casa un baile que les dicta su propio parecido. Cuando la familia se resquebraja (separación, bebida…), la música acompasada se resiente. Su forma de sobreponerse al duelo será recrear la escena que suponen que se le ha pasado a su padre por la cabeza.

Ahora que viene el frío parte de la creencia del narrador protagonista acerca de la responsabilidad de quien regala y en la constatación de que la mayoría de las veces quien regala se equivoca. Por eso él siempre se deshace de lo que no quiere, y no menos hará con la “rebequita” de manga ranglán con más colores que el arco iris con la que su cuñada le obsequia unas navidades. Cuando un atracador que usaba la chaqueta para camuflarse (impacta tanto que se olvida el aspecto de quien la porta) es detenido, siente que en parte ha sido usurpada su personalidad. Pero éste no será sino el pretexto más que el desencadenante, tras la muerte de su suegra, para que la institución familiar se venga abajo. Aunque a menudo se achacan al tortuoso reparto de las herencias los enfados familiares, en realidad son más bien consecuencia de los viejos trapos sucios, ocultos tras las prendas de vestir, que siempre salen a flote en el momento menos pensado.

Foto de familia

Un magnífico libro de lectura. Si deciden regalárselo a alguien, tengan en cuenta lo que opina el narrador del último relato:

Siempre he creído que quienes disfrutan haciendo regalos contraen una grave, gravísima responsabilidad de la que no suelen ser del todo conscientes. ¡Qué ingenuidad, considerar el regalo como una expresión de afecto o simpatía! El regalo es, por encima de todo, una pequeña invasión de la vida de los demás en tu propia vida, la fisura por la que los otros se cuelan para imponerte sus particulares pautas de comportamiento: unas pautas que tú no has solicitado. 

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