LOS OJOS AMARILLOS DE LOS COCODRILOS

Leí la primera entrega de la trilogía de Katherine Pancol con el afán de entretenerme y lo logré.

En ella hombres y mujeres perdidos deambulan entre los grandes depredadores humanos: Iris, la Escoba, etc. Es un himno al valor de vivir, al coraje de resistir a las trampas que los otros y hasta nosotros mismos nos ponemos por miedo, inseguridad o la razón equivocada que sea. A partir de una gran mentira, la vida crece y envuelve a los que la forjaron. Hay tantas mentiras como seres corruptos que por dinero traicionan y se traicionan. Pero la historia de esta mentira tiene una moraleja feliz en que tienen cabida el amor, el respeto, la amistad, la lealtad, el humor, los sueños y, sobre todo, el aprendizaje.

De sus personajes destacan:

  • La insegura protagonista que se debate entre las opciones que se le van presentando, Josephine: una apocada cuarentona madre de familia, casada y con dos hijas (Hortense y Zoe), consciente del fracaso de su matrimonio, que se cree una gris profesora de historia antigua. La sensible, inteligente, generosa Joséphine, abandonada por su marido, no logra hacerse respetar por su hija mayor y es ninguneada por su familia (madre, hermana, cuñado al principio) para quienes su conocimiento de la historia medieval es irrelevante. Ni siquiera ella se conoce ni acepta y tendrán que ser sus amigos quienes la enseñen a valorarse y la descubran su vertiente oculta.
  • El indeciso Antoine, despedido un año atrás de donde trabajaba, que se nos presenta como un parado de larga duración que dormita y sueña enclaustrado en su casa, porque ningún trabajo le convence, mientras que engaña a su esposa con una peluquera.
  • Iris, la bella, rica y superficial hermana mayor, quien cae en las garras de su propia mentira, una mentira en principio inocente pero que crece como una rodante bola de nieve por no retractarse. Asegura que está escribiendo una novela y convence a su hermana, gran conocedora de la Historia Antigua, para que la escriba en su lugar. La firmará Iris, con lo que se llevará los honores y el protagonismo, mientras que escondida tras ella la que cobrará será su verdadera autora. Sin embargo, los amigos de Josephine sospechan la verdad. Mientras que Iris brilla con luz propia,  Josephine se siente eclipsada.
  • La Escoba, madre de la protagonista -de la que se avergüenza-, tan fría como elegante y tan hueca como la hija de la que se siente orgullosa. El desprecio de su marido, ganado a pulso, la pone en su lugar.
  • El millonario Marcel Gorsz, padrastro de la protagonista, y amante de Henriette, relación adúltera de lo más interesante, ya que devuelve la alegría de vivir al primero y contribuye a la reparación de todo el mal que la escoba le causó.
  • Y un personaje secundario, confidente y testigo, que empujará a Josephine a tomar las riendas de su vida para que comience a salir a flote económica, física y espiritualmente: la amigable vecina de oculta vida Shirley.

Todo parte de la separación de Josephine y Antoine. Éste acepta una oferta de trabajo en una granja de cocodrilos en África como capataz, lo que supuestamente le iba a reportar grandes beneficios, y la abandona. Ella tendrá que salir adelante con su escasos ingresos, sus elevados gastos, el desapego de su hija mayor, su escasa confianza en sí misma y el crédito que su ex al que tiene que hacer frente.

La novela indaga en la psicología femenina y en los trapos sucios y limpios de las familias. Parece un canto a la esperanza, al revertir el sentimiento de fracaso de una mujer tímida que teme las relaciones sociales porque se siente incapaz de brillar por sí misma.

La obra hace honor a su título, ya que destila lágrimas de cocodrilo y piel cocodrilo (falsedad y dureza), y así las lágrimas se convierten en sonrisas. Las personas desvalidas enderezan su vida, toman el trayecto correcto y conocen nuevos amores. Mientras, las malas son castigadas con el desprecio, el abandono, el ridículo, etc.

La novela se lee con sencillez y gana en brío e imaginación conforme avanza la historia, aunque fluctúa entre lo previsible y lo inverosímil, hay también momentos de gran originalidad y cierta dosis de moralina.

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