DEL ÉXITO SOBREVENIDO Y DE LAS LECTURAS DESORDENADAS. MEA CULPA:

La sombra del viento

La sombra del viento (finalista del Premio Fernando Lara 2000), primera novela escrita para adultos del barcelonés Carlos Ruiz Zafón (1964), me resultó un hallazgo, refrendado por su éxito internacional y los innumerables premios recibidos que lo consagró como una autor superventas. La intriga se acompañaba de una historia rocambolesca y trágica de amor con una ambientación en cierto modo sobrenatural con toques costumbristas en la Barcelona de la primera mitad del siglo XX (posguerra). Enigmas hilvanados con acierto, penetraban en la trama central y en las secundarias, llenas de acción. Amor y desamor, misterios sin resolver, injusticias, engaños e intentos de reparación sobrevuelan la novela que, a pesar de ser bastante extensa, se lee de un tirón y con el alma en vilo.

La sombra del viento es la primera novela de una tetralogía, un ciclo de narraciones independientes conectadas por el espacio y la época en que se sitúan (la Barcelona que va de la revolución industrial a los años inmediatamente posteriores a la guerra civil española), con las que comparte no sólo algunos escenarios sino también personajes. La segunda de este ciclo El juego del ángel (2008) se promocionó como un best seller y cumplió sus expectativas de ventas. La tercera se titula El prisionero del cielo (2011). La cuarta sabe Dios.

La sombra del viento nos sitúa en 1945, año en el que un niño, Daniel Sempere, es llevado por su padre al Cementerio de Libros Olvidados, donde deberá escoger uno, el libro que hará propio y especial y que le cambiará para siempre.

Sin embargo, Ruiz Zafón -quien describió su método de composición en términos cinéfilos: etapa de preproducción (en que se haría un croquis de lo que va a historiar), etapa de rodaje (recolección de materiales y profundización, con capas que se multiplican o permutan y le incitan a modificar el estilo y algunos de los elementos barajados) y etapa de consolidación de la tramoya lingüística- comenzó una década antes como autor de lo que se ha dado en llamar literatura juvenil. Con El príncipe de la niebla (premio Edebé), su primera novela, cumplió su sueño de ir a Estados Unidos, donde escribió guiones al tiempo que las otras dos que forman junto a ésta La trilogía de la niebla: El palacio de la medianoche y Luces de septiembre. También allí escribe Marina. Y es ahí donde quiero ir a parar. Reconozco, mea culpa, que encantanda con la que leí en primer lugar me desencanté con la que leí (aunque la escribiera antes) en último lugar. Si bien es verdad que a los chicos a quienes están destinadas les suelen gustar.

El príncipe de la niebla

 La trama de El príncipe de la niebla transcurre durante la Segunda Guerra Mundial (1943) en un pueblo a orillas del Atlántico al que se trasladan los Carver huyendo de la guerra. Su nueva casa había pertenecido a una acaudalada familia –el matrimonio formado por Eva Gray, antigua compañera de estudios y amiga de Víctor Kray, y Richard Fleischmanne- que no tuvo hijos durante muchos años y que, cuando finalmente consigue tener uno (Jacob), sufren su pérdida, al morir ahogado en extrañas circunstancias. El propio título alude a un ser demoníaco que se metamorfosea (payaso, estatua), capaz de conceder cualquier deseo a un alto precio, y que nunca olvida el pago que le prometieron y debe cobrar.

El protagonista es un inteligente chico de 13 años, Max, impresionado por el mar que no conocía al principio y que vemos cómo va madurando a lo largo de la historia. En todo momento se muestra valiente. Un motivo importante es el reloj que le regala su padre por su cumpleaños y en cuya tapa aparece grabado la máquina del tiempo de Max, labrado en plata y con una luna que mengua y crece según avanzan las agujas.

Entre su hermana Alicia, de 16, y su amigo Roland, de 17, un joven moreno de ojos verdes, alto y delgado, que vive con su abuelo el farero (Víctor Kray, ingeniero que construyó el faro en 1939), y quien pasa largos ratos en una cabaña construida en la playa adonde va a menudo a bucear, se entablará una estrecha relación.

Irina, la hermana menor de Max y Alicia, de 8 años, se encapricha de un extraño gato que no les trae más que problemas y por causa del cual a punto está de fallecer en un accidente que la mantiene en coma. El padre de Max, Maxiliam Carver, relojero que decide mudarse de casa y huir así de la guerra, y su esposa, Andrea Carver, son personajes secundarios.

El antagonista es el doctor Caín, el Príncipe de la Niebla que da título a la novela, ser de magia diabólica y porte caballeresco para el que el tiempo es una mera ilusión inexistente.

Pese a lo fantástico del argumento, me mantuvo interesada hasta el final, lo cual no está nada mal, quizá para cerciorarme de si las conjeturas que iba haciendo se cumplían o no (he de decir que mis expectativas se cumplieron).

Pero más tarde leí otra de sus novelas de misterio, aventura y fantasía, El palacio de la medianoche, y me llegó a aburrir. A pesar de ello, dejo un pequeño análisis de esta obra por si a algún lector o estudiante le interesa:El palacio de la medianoche

Sus  principales temas son: el paso de la infancia a la madurez (el protagonista deberá enfrentarse a su pasado y los huérfanos, abandonar el centro), la amistad leal y valerosa, la condición humana y la educación. Quizá, también, el del paso del tiempo y el destino: “La vida es como la primera partida de ajedrez. Cuando empiezas a entender cómo se mueven las piezas, las has perdido”.

El protagonista, Ben,  abandonado por su abuela Aryami Bosé en un orfelinato de Calcuta -el St. Patrick-  sus padres (gracias a que su director, un antiguo amigo de la familia, Mr. Thomas Carter, encubre el origen secreto de Ben con una lealtad a prueba de bombas), posee un carácter que le ha convertido en el líder de la hermandad Chowbar Society. La Chowbar Society es una sociedad o club secreto cuyos integrantes son seis niños (Ben, Ian, Michael, Seth, Roshan y Siraj) y una niña (Isobel), aunque luego sea admitida también Sheere. Al estilo de las historias antiguas de narraciones encadenadas, sólo puede entrar en el club quien relate una historia personal que jamás haya contado, y se rige por severas normas: no han de contar a nadie la existencia del club ni su ubicación, celebran sus reuniones en una mansión semiderruida y abandonada cercana al orfanato llamada el palacio de la medianoche (sobre la que inventaron una historia fantasmal para que nadie se acercase), y en cualquier circunstancia han de ayudar a los demás miembros.

El mejor amigo de Ben y narrador testigo de gran parte de la historia es el inseguro  e inteligente Ian (el mismo nos dice: “mi papel era el de testigo, no el de protagonista”), cuyo sueño de ser médico se cumplirá gracias a la ayuda de sus amigos que le pagan el viaje a Londres donde estudiará con una beca. Él es quien nos describe a los demás personajes: el lector Seth (la hormiguita enciclopédica que extrae información de a cuantas bibliotecas va), el callado Michael (el artista del pincel, sus dibujos presagian y expresan cómo es, fue un privilegiado por haber conocido a sus padres y su mejor amigo es el estudioso Seth), el listísimo Siraj (al que le encantan las historias de  fantasmas y lo relativo al espiritismo), la atrevida y valiente  Isabel y la también muy valiente Roshan. La propiedad transitiva, como yo la llamo en asuntos de amor, se da en la relación entre tres de los amigos: Siraj, enamorado de Isabel, enamorada del taciturno Michael.

Aunque le resulta difícil en el caso de Ben, gran amigo de sus amigos, a veces taciturno y otras alocado, divertido y sagaz, y quien deploraba la filosofía y la ajedrez (“las dos formas más inútiles de desperdiciar la inteligencia humana”, por ese orden), como cita: Había un Ben diferente para cada día. Su humor cambiaba a la media hora y pasaba de largos silencios con el rostro triste a períodos de hiperactividad que acababan por agotarnos a todos. Un día quería ser escritor; al siguiente, inventor y matemático; al otro, navegante o buceador; y el resto, todo junto y algunas cosas más. Ben inventaba teorías matemáticas que ni él mismo conseguía recordar, y escribía historias de aventuras tan disparatadas que acababa por destruirlas a la semana de terminarlas, avergonzado de haberlas firmado. Ametrallaba constantemente a todos cuantos le rodeábamos con ocurrencias extravagantes y enrevesados juegos de palabras que siempre se negaba a repetir. Ben era como un baúl sin fondo, lleno de sorpresas y también de misterios, de luces y sombras. Ben era, y  supongo que sigue siéndolo, aunque haga décadas que no nos vemos, mi mejor amigo.

Aunque Ben piensa que no tiene familia, descubre que es el gemelo de Sheere, quien sigue viviendo con la abuela común (obligada a ocultar la existencia de uno y otro) junto a la que viaja sin parar para huir del peligro que desde el pasado las cerca. Sheere se ha hecho una imagen de su padre por los libros que éste, Lawahal Chandra Chatterghe (ingeniero que construyó la estación ferroviaria de Jheeter’s Gate en que se desarrolla gran parte de la trama, y que origina todo lo del pájaro de fuego) escribió que dista mucho de la realidad. Su madre, Kylian, asesinada al poco de dar a luz a sus hijos, cuida los sueños de Ben como Princesa de la Luz.

El antagonista, Jahawal, persigue sin descanso a todos los personajes de la novela. Su ansia de venganza no tiene límite, su misteriosa inmortalidad, su fuerza e ingenio le hacen prácticamente invencible. Sin embargo, su identidad y la causa de su metamorfosis, descubierta hacia el final de la novela, resulta poco creíble hasta para una novela que se adentra en el terreno resbaladizo de la fantasía, y en la que víctima y verdugo se confunden y entremezclan por medio de un palíndromo. Si los chicos son personajes bien construidos, no así Jawahal, convertido en una caricatura inverosímil de la maldad.

El reencuentro a punto de cumplir los dieciséis años de los hermanos separados al nacer, estos gemelos obligados a llevar vidas paralelas, la una errante y el otro sin vínculos de sangre conocidos, les perturba pero les hace más fuertes, juntos y ayudados por los otros huérfanos del club evitarán caer en las trampas de Jawahal, un espectro cuya sed de venganza sólo es parangonable a su inverosimilitud y su desencanto: “Madurar no es más que el proceso de descubrir que todo aquello que creías cuando eras joven es falso y que, a su vez, todo cuanto rechazabas creer en tu juventud resulta ser cierto”. El binomio Jawahal / Lawahaj nos remite a Dr Jekyll y Mr. Hyde, pero sin convencer. Aquí la pócima fantástica se supone que sería su trastorno mental (cuyo punto de partida fue que de niño vio morir quemada a su madre), agravado con el paso del tiempo.

Ambientada en la superpoblada India, concretamente en la “ciudad maldita” de Calcuta (capital de Bengala), y desarrollada la mayor parte durante el verano de 1932, las referencias a los ingleses en contraposición a los indios se suceden, ya que aún esta nación pertenecía a la corona británica.

La novela se estructura a partir de un narrador en 1ª persona, Ian, a medio camino entre el simple testigo y el protagonista (aunque todo gire en torno a Ben, se puede hablar de novela coral, dado el reglamento del club de chicos a lo mosquetero), y cuyo discurso aparece en cursiva a modo de prólogo. Ian enlaza el pasado y el presente y se dirige directamente al lector, a cuya benevolencia apela, y a quien así involucra más en la historia. Pero hay hasta cuatro narradores distintos a lo largo de la novela. Un narrador omnisciente en tercera persona toma la palabra después para que el lector perciba todas las aristas de los hechos, único modo de que se pueda adentrar en todos las vivencias y sentimientos de los personajes, así como en sus acciones simultáneas. Dos narradores menores son la abuela (en la carta a Thomas Carter en cursiva) y la nieta, a las que el narrador principal les cede la palabra para que desvelen hechos del pasado fundamentales para el devenir de la historia (metahistoria o, lo que es lo mismo, historia relatada dentro de la historia, en que también se producen saltos hacia atrás o prolepsis). Tres, por tanto, son internos y sólo uno externo. Este conglomerado narrativo permite mantener el interés del lector y acercarnos distintos puntos de vista (respectivamente: el del representante de los huérfanos y amigo íntimo de Ben, el del narrador omnisciente que indaga en todo aquello a lo que los personajes no hubieran podido acceder, la anciana que conoce el origen del conflicto y la joven que sufre sus consecuencias ignorante de la causa). No todos los personajes saben lo mismo al mismo tiempo.

Desde el inicio se alude al flash back con que se retomarán unos hechos del pasado. La historia comienza años antes del presente de Ian con un episodio lleno de acción que te mantiene en vilo (la persecución y muerte de un hombre tras la entrega de los chiquillos). Luego, en la voz del narrador omnisciente, se convierte en una narración cronológica con una elipsis de 16 años en que el lector procura inferir quién del grupo de amigos corre más peligro. Cuando la amenaza real regresa, el autor separa a los chicos y, por medio del narrador en tercera persona, sigue a todos los personajes, alternancia que logra inquietar al lector, pues los enfrenta a peligros incomprensibles y los abandona a su suerte y nuestra curiosidad en el momento climático. En el epílogo reaparece Ian, ya muy mayor.

La descripción fantasmal -con abundante adjetivación al uso- es muy importante, ya que procura la atmósfera; mientras que el diálogo agiliza la lectura y redondea el carácter de los personajes. El hedor y la oscuridad son motivos persistentes que crean misterio y un clima de corrupción en la novela.

Deudor de Poe, Kipling y Stevenson. Si el propósito del autor es crear afición lectora, supongo que todas estas artimañas valdrán para quienes no la hayan adquirido aún. En mi caso, que ya la poseo, ha venido a asquearme  por el contrario (ni me ha entretenido ni me ha enseñado). Aunque, ¡mea culpa!, la culpa es mía por obligarme a leer un tipo de literatura que me viene grande (¿o será pequeña?), y por esperar lo mejor de sí mismo de un autor al que llegué (mi primera vez) por una novela magnífica que no fue la suya primera…

Ruiz Zafón

Un estudio pormenorizado del autor y su obra hallo en: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero41/motivzaf.html 

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