TOMANDO CAFÉ CON ELISA

Jacques Chauviré

Élisa

Siempre me ha llamado la atención cómo se podría clasificar a los escritores por el influjo de su formación intelectual tanto en su estilo como en sus temas. Estoy segura de que sería interesante una tesis doctoral sobre la impronta que los estudios universitarios o el trabajo dejan sobre la creación literaria, lo mismo que las aficiones suelen rastrearse en el argumento o tras el comportamiento de algunos personajes.

Autores matemáticos, economistas, biólogos, periodistas, médicos… seguramente tendrán una forma de decir y de contar genuina que, por encima de las particularidades propias de cada uno, remita a lo que tienen en común, como si formasen la plantilla de diversos equipos que jugasen en una misma liga.

En este caso, quiero hacer mención de un escritor médico o cercano a esta franja del saber, como antes lo fueron Conan Doyle, Chejov, Baroja, Mijaíl Bulgákov, Céline, Freud, Schnitzler, Somerset, Alfred Döblin, Stanislaw Lem… Me refiero al autor de Élisa, novela corta que acaba de traducirse al español, el francés Jacques Chauviré (1915-2005), a quien el propio Albert Camus impulsó a publicar, aunque  no fuese popular  hasta mucho tiempo después de escribir su obra. De hecho, fue el éxito de la publicación de Élisa en 2003 la que le ha otorgado, tras su muerte. la fama literaria que no tuvo en vida.

Esta obra de carácter autobiográfico, resultado de la lucidez humanista propia de los médicos entregados, remite a un pasaje de su infancia rememorado en la vejez. Una oscura anécdota que aclara con el virtuosismo de su escalpelo narrativo, haciendo sencillo y limpio el despertar tan difuso como penetrante a los impulsos sexuales. El autor hace gala de lo que dice: “Nunca me basté a mí mismo. Siempre he necesitado a otras personas, no tanto en espíritu o palabras como en la mera presencia carnal” y nos regala el placer de la primera vez, de las cosquillas, del erizado del vello y la carne de gallina en una piel aún inmadura. La ausencia profunda de la madre, obsesionada por la muerte del padre durante la Primera Guerra Mundial, aun en los momentos en que está a su lado y en los que él quizá se sienta como un minúsculo y frágil sustituto paterno, y la alegría desbordada de Élisa cooperan para darle la felicidad a que aspira por medio de las pequeñas sensaciones y el descubrimiento de la novedad.

Para saber más:

http://www.devoradoradelibros.com/2014/03/elisa-jacques-chauvire.html

http://www.cazandoestrellas.com/2014/03/elisa-de-jacques-chauvire.html

http://www.graniteandrainbow.com/?p=994

Pregunta del millón:

¿Sólo yo noto el parecido entre la muchacha de la portada y el escritor?¿ No tienen la misma cara (salvo por la diferencia de edad, peinado y sexo) como podría demostrar algún programa de esos de transformación de rostros?  ¿Reflejará la foto a alguna de sus parientes, tal vez su madre? Tendré que revisar a quién pertenece esa imagen…

Café y lectura

 

Otra sorpresita es la de una joven psicóloga parisina (Agnès Martin-Lugand) que ha publicado en papel y con una editorial de prestigio, tras lograr el éxito con su primera novela autoeditada en Amazon, la novela La gente feliz lee y toma café.

La crítica habla de que es una novela conmovedora, original, tierna, entretenida, con sensibilidad y humor, que nos acerca a una heroína actual (llena de defectos pero igualmente atractiva). ¿Es realmente así? Vayamos por partes:

•          El argumento:

Una mujer enclaustrada, deprimida, aislada de lo que fue su vida -el café literario La gente- tras fallecer su marido y su hija (Colin y Clara) en un absurdo accidente antes de salir de viaje, sólo mantiene un asidero con el exterior: su socio y amigo Félix, ya que ni sus suegros ni sus padres consiguen que “vuelva a la vida”. Sin embargo, cuando ni la nicotina ni el sueño ni el ayuno han conseguido calmarla, decide ir a donde le hubiera gustado a su esposo (Irlanda), en concreto a una zona inhóspita y fría, más acorde con sus sentimientos que con la necesidad que tiene de superarlos, un pueblecito marinero en que la gente (en especial sus caseros, tíos del personaje antagonista) es amable. Sólo su vecino de cottage, otra rara avis, Edward, un huraño personaje cuya conducta antisocial y su displicente ira causan odio y atracción a partes iguales en la protagonista, logrará volver del revés su mundo a la deriva. Allí, a Mulranny, llega con un montón de maletas, algunos libros y el aro de su esposo al cuello. Y con la decisión de salir a flote y enfrentarse a las cuestiones de orden práctico que en vida de su marido dejó hacer a otros, relegando su verdadero paso a la vida adulta.

•          El título me sorprendió y me gustó nada más verlo. Por eso compré el libro, me dejé llevar de esa mágica perla que pueden llegar a ser los títulos cuando consiguen su función de reclamo. Tomos somos adictos a algo (tabaco, café, cine, lecturas…) más o menos confesable… Ni conocía a su autora ni había leído línea alguna sobre el libro. Su título remite a la antítesis de lo que es la vida de la protagonista. Como la gente feliz lee y toma café, Diane no ha vuelto a pisar el local en que trabajaba. La portada, una sencilla foto de una joven que fuma en lo que parece una mesa de un café junto a una ventana, también hace pensar que el viaje literario está garantizado.

•          El estilo es amable y la autora es hábil para no caer en lo sórdido (aventuras de Félix, un simpático gay que explota, quizá, este tipo de personajes ahora de moda) ni en lo melodramático (panorama desolador de la joven viuda) ni en lo facilón de la literatura sentimental de bajos vuelos (relación Edward-Diane-Megan).

•          Los personajes:

Entendemos el dolor de Diane, alma de esta historia, y la manera de afrontar todo el horror que está viviendo; nos encariñamos del adorable Postman Pat (el perro del vecino), nos reímos con los desplantes del malhumorado o grosero Edward -que vemos a través de los ojos de Diane- y de las reacciones de Judit; pero nos “enamoramos” de Félix, el secundario de relevancia que cumple el rol de amigo inseparable, ese capaz de entendernos, hacernos de ama de casa, de perrito faldero, de amenizador de las tarde de lluvia, de controlador de nuestras acciones en declive, de instigador del cambio, de motor para seguir vivos, vamos, la panacea: atento, paciente, divertido, atractivo, consejero… Sin embargo, la forma en que el segundo personaje principal cambia de conducta y trastoca la vida de Diane -aunque sea este personaje masculino, Edward,  quien dé vidilla a la protagonista y a la propia novela- resulta poco verosímil, por mucho que su abierta hermana, el repentinamente aparecido Félix o sus paternales tíos tengan que ver en su cambio.

•          El desenlace previsible, abierto me deja con cara de pocos amigos. Siempre me pasa igual: detesto el final inconcluso,  repentino y sin epílogo. ¿Hubiera sido posible un final cerrado? ¿Hubiera sido igual de previsible y verosímil? No lo sé, pero tal vez esta sea la forma más fácil de terminar lo que se pudiera haber hecho interminable (como el vivir sin metas), y eso me deja mal regusto.

Por todo esto, dudo en mi dictamen:

  1. El que sea un libro de los que se lee sin dificultad y de un tirón es un punto a su favor. La novela se hace ligera y corta, aunque no llega a justificar que quienes lean o tomen café sean felices, sino al contrario (que los que no lo hacen pueden ser desgraciados), por lo que podríamos aseverar que parte de un reclamo un tanto engañoso.
  2. Para aquellos a quienes les gustan las novelas que enganchan y no dan demasiados rompederos de cabeza este título es una buena opción a tener en cuenta. Para quienes buscan algo más, ojo, puede resultar decepcionante. Resulta superficial, cercana a las novelas del estilo Corín Tellado (autora cuyo principal mérito estuvo en hacer del subgénero sentimental todo un best seller que escapó a la mojigatería y censura de la época franquista, por lo cual –por otra parte- no sólo no tendría nada en contra de ella sino que creo que le estaríamos en deuda).
  3. El contenido no es excesivamente llamativo. Los sentimientos se describen más con un componente sugeridor que profundo o preciso. Y la “evolución” repentina de los personajes (por mucho que se insista en el tiempo que hace del  accidente) resulta rocambolesca, pese a que soy de quienes creen que un elemento mínimo puede cambiar radicalmente una realidad ingente (no sólo por el efecto mariposa, sino por lo que yo llamaría el “efecto socavón”, algo así como el desprendimiento de un iglú en la fracción de segundo que supone que la parte subacuática de la mole se rompa en mil pedazos tras múltiples acometidas que la erosionen u horaden). De acuerdo, hay momentos clave cuya importancia no parece derivarse del valor intrínseco del hecho. Pero aquí el hecho no es mínimo, es un viaje a donde no se deseó para ponerse la pena por montera. Y su gradual aclimatación al mundo de los vivos me parece más cercana a la respuesta de un primer amor que al de una mujer a quien -a causa de su autoestima por los suelos y debido a intrincados motivos (muerte, soledad, antipatía social, economía en caída libre…)- el comportamiento salvaje del vecino es más probable que hubiera hecho caer en las garras de una nueva y más profunda depresión de dimensiones épicas.
  4. Además los giros finales resultan una especie de vuelta de tuerca para contentar al respetable, como si la autora hubiese pensado: “voy a evitar lo previsible aun a costa de caer en lo inverosímil”, por mucho que signifiquen un respiro, pese  a la brutal pérdida del  marido y de la hija, para quienes se perecen por los happy end.
  5. La historia avanza fluida, natural amena, rápida, más o menos realista, enarbolando un plausible mensaje de superación. lo bueno si breve… potencial, aunque no sea lo mejor, opera prim

Para saber más:

http://es.paperblog.com/la-gente-feliz-lee-y-toma-cafe-agnes-martin-lugand-2433039/ http://historiasdeensueno.blogspot.com.es/2014/02/la-gente-feliz-lee-y-toma-cafe-de-agnes.html

http://www.eltemplodeartemisa.com/2014/03/la-gente-feliz-lee-y-toma-cafe-agnes.html

http://losmundosdemiestanteria.blogspot.com.es/2014/02/la-gente-feliz-lee-y-toma-cafe-de-agnes.html

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