VIAJANDO A TRAVÉS DE LAS LETRAS

Relatos viajeros

La primera vez que oí hablar de El libro de los relatos perdidos de Bambert de Reinhardt Jung lo oí llamar El libro de los relatos viajeros. Ahora comprendo por qué, porque precisamente eso escribió el protagonista, relatos que nos trasladan de época y nos llevan a otros lugares, que nos hacen viajar desde el mullidito asiento en que los leemos.

El protagonista es un tipo bajito y deforme (probablemente debido al raquitismo) de gran cultura y sensibilidad y de férreos principios que se dedica a escribir. Pese a su reclusión en casa a causa de unos dolores en los huesos que le impiden viajar, decide enfrentarse al mundo que lo ha marginado -o al menos así lo siente él- con relatos que indagan en la crueldad humana, en la injusticia universal, en toda clase de violencia para desenmascarar la opresión política y el desorden social de los regímenes dictatoriales, al tiempo que demuestra el poder inconmesurable del arte en general y de la literatura en particular para cambiar todo eso.

Él, quien observa el mundo desde la ventana del desván y reflejado en la luna, escribe un grueso libro la que titula Libro de los deseos y más tarde, después de lanzarlo al mundo en once globos, cuando desespera por que no regresan las once cartas que espera: el Libro de los relatos perdidos. El protagonista intenta liberarse de la ataduras de un libro inmóvil en una estantería o en un escritorio. Al arrancar sus páginas y borrar sus referencias a los escenarios en que los situó, da rienda suelta a la recreación de los mismos, que se alejarán impulsados por el viento hasta encontrar un espacio propicio. Once relatos a los que hace ascender en globos chinos, y uno de ellos aún por escribir. Once relatos y sendas cartas “de presentación” de sus creaciones, en las que explica que cada historia debe encontrar el escenario (incluso la época y los nombres de sus personajes) más adecuado, y una extraña petición, que se los devuelvan una vez hayan echado raíces. Cuando regresen, los retocará y creará un nuevo volumen que promete hacerles llegar a esos destinatarios.

La literatura de este escritor inédito (condenado al ostracismo para evitar la compasión de los adultos y la burla de los niños e  insatisfecho por esa vida de soledad) se erige en arma incruenta que nos devuelve la esperanza contra intrigantes y aduladores. Así, la princesa casadera del siglo X que pretende elegir a su marido (solo se casará con el pretendiente cuya dote sea “la llave de la verdad”), para lo cual se enfrenta al tirano que asegura que la verdad está en el miedo (obediencia) y a los pretendientes que dicen que se halla en el vino o en el oro (La princesa de Córdoba):

Tirano: La verdad (…) es algo tan grande como las pirámides de los faraones, que fueron construidas por miedo a la muerte. Todas las cosas buenas y grandes nacen del miedo: la luz, del miedo a la oscuridad; la palabra, del miedo al silencio; la escritura, del miedo al olvido. Y el poder del gobernante depende del miedo que inspira a su pueblo.

Princesa: En mi pequeño reino no necesitamos las pirámides de Egipto, y menos aún a los torturadores, cuya verdad es el mayor de los engaños. El miedo, ciertamente, tiene un gran poder, pero ¿no es mayor aún el poder de Amor, que es el más pequeño de los dioses? Toda mujer teme los dolores del parto y, sin embargo, las esposas abrazan a sus maridos y dan hermanos y hermanas a sus hijos. Lo hacen por amor, así que está claro que el menor de los dioses vence al mayor de los miedos.

Sus personajes suelen ser jóvenes y niños decididos e inteligentes (Medias rojas, gabán negro) que se enfrentan a una realidad adversa. Los niños (como Odile, capaz de sanar muñequitas mutiladas) representan la esperanza contra la crueldad y avaricia de algunos adultos (el conde de Honentwiel), la violencia indiscriminada de ciertos regímenes políticos (los soldados nazis convertidos en los Ángeles Negros de la Muerte), el tratamiento inhumano en general (carceleros, tiranos).

Los relatos bucean en variados temas y se mueven en las arenas movedizas de lo onírico (El ojo en el mar), la esperanza (La luz errante, Las balsas de cristal), el retroceso temporal (a Bambert le hubiera gustado vivir en la época de los importantes bufones, con los que se siente identificado), lo mágico y la adivinación (El pañuelo de seda, El insólito juego):

La ilusión y la realidad se entrecruzan en muchos de ellos (La belleza congelada, La luz errante, El pañuelo de seda…). Y lo siniestro también se refleja en alguno (El Gabinete de las Figuras de Cera).

Entre el tendero Blümcke y Bambert se produce una mutua dependencia y una amistad que se rigen por su tácito acuerdo: “vive y deja vivir”. Precisamente la labor en la sombra de aquel obrará el milagro de los viajes, el regreso y la recreación de los relatos que pretende este.

Si la diferencia y las limitaciones físicas alimentan las extravagancias de Bambert, es lógico que algunos de sus relatos hablen de seres deformes, de los bufones de otras épocas o de los campos de concentración nazis en que se los recluía (Las muñecas escapan a París, Las balsas de cristal).

La curiosidad, con frecuencia asaetada como vicio generador de muchos males (recordemos la manzana bíblica o la caja de Pandora) y que se atribuía casi siempre a la mujer, es aquí más bien la virtud necesaria para adquirir nuevos conocimientos. Es la propia prohibición limitadora la que trae la desgracia (en La belleza congelada, es el castrador quien se arrepiente de haber sido incapaz de ver en la juventud y la belleza de su nieta un motivo de alegría, en lugar de una incitación al pecado).

En esta obra, además tiene cabida la paradoja, de ahí que el autor ficticio se pregunte: ¿Cómo es posible que un espíritu tan grande esté encerrado en un cuerpo tan pequeño?, o que el narrador afirme: sin duda que el cuerpecillo contrahecho albergaba un poderoso deseo de salvar al mundo de sus propios errores, seguramente porque El mundo en que vivía era su purgatorio, y en la otra orilla estaba su paraíso perdido…

El tiempo se desfigura tanto en los cuentos como en el propio marco que los envuelve, la historia del autor que se refugia en la literatura y cree que el arte puede contribuir a cambiar el mundo. Imita Bambert, de hecho, al escritor enano Antoine Godeau, para quien: La escritura es el paraíso del autor; la primera corrección es su purgatorio. El autor Jung y su alter ego, Bambert, pasan revista a través de las dispares historias a las distintas clases sociales y sus costumbres, alaban la alianza con los animales (la ballena, los cuervos), ensalzan el ingenio y el arte, son partidarios, en suma, de la rebeldía frente a la sumisión.

En conclusión:

La literatura se presenta de esta forma como un viaje, una forma de conocer el mundo, de modificar la realidad, de rechazar la violencia, la tiranía, el abuso de poder, la represión, la falta de libertad, las guerras y cualquier clase de injusticia social.

Buena y distinta lectura para el verano. Exquisita lectura infantil.

Relatos viajeros 2

Para saber más:

Una labor encomiable elaboró un grupo de profesores a partir de esta y otras lecturas, proyectos que recibieron diversos reconocimientos de ámbito nacional y que siguen dando que hablar dada la corriente vigorosa de sus aguas didácticas. Como muestra de su labor, en el blog http://proyectorelatosviajeros.wordpress.com/category/al-otro-lado-de-los-suenos/, dejaron constancia en forma de libro digital de las creaciones literarias que sus alumnos elaboraron como reacción a las actividades que les propusieron.

Por eso también acaban de reseñarlos, en el blog de educación de El País, en Escuelas en Red, con el título de Relatos de ida y vuelta de Rodrigo J. García, con muchos enlaces de interés: http://blogs.elpais.com/escuelas-en-red/2014/07/relatos-de-ida-y-vuelta.html#comments.

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