A LA INTEMPERIE

Intemperie de Carrasco

Este joven pacense, Jesús Carrasco, ha debutado en el panorama literario español con una magnífica obra, de una intensidad escalofriante a pesar de la sobriedad de lo que se relata (Intemperie). A la riqueza léxica, sobre todo en las descripciones del paisaje, le suma una inalterable precisión de los gestos, las miradas y los elementos necesarios para hacernos una idea de como es cada uno de los personajes y discernir el bien del mal en sus almas, en medio de un páramo proclive a hacerlas de piedra.

La moto con sidecar, el pelo rojo y el inválido que se desplaza sobre una tabla. Los cuervos, el osario, el tósigo de los intestinos de las cabras degolladas, el calor… se oponen a las montañas que se avecinan, el verde y la lluvia a que aspira el muchacho protagonista, quien no halla consuelo más allá del viejo cuyo nombre desconoce y con el que forma un tándem de mutua necesidad y comprensión, y a los que acompañan sus cabras, el perro y el burro.

Su título resulta completamente acorde con la intemperie climatológica y la descarnada brutalidad de humanos muy poco humanos. El devenir de los protagonistas es todo un vía crucis. Sus etapas intentan evitar el calvario sufrido o que se anuncia.

Muchos son los temas que trata: pederastia, lealtad, amor, odio, venganza, miedo, desamparo, codicia y lujuria,desconfianza, vergüenza (Escuchar el nombre de Satán en labios de otro y sentir cómo la palabra derribaba los muros en los que él vivía su oprobio), latrocinio y robo, saqueo amistad dependencia, lucha por sobrevivir, aprendizaje vital. Crueldad, delación, etc. Todos ellos relacionados con actos de total vigencia y sus nefastas o beatíficas (las menos) consecuencias.

Los personajes (niño, pastor, alguacil, tullido y unos desdibujados padre, madre y hermano) y los espacios (el árido sur, tierra de perdices y olivos) son nombrados por medio de sustantivos comunes. El tiempo se cuenta por las salidas del sol y sus ocasos, las noches de luna creciente y los días en lidia con la supervivencia (fuga, búsqueda de un pozo de aguas que no estén corrompidas y de alimento que llevarse la boca, ordeño, pocas palabras de un camino interminable hacia el Norte, la esperanza de la lluvia y un paraíso en la tierra). Sólo destacan dos nombres propios: el mote del Colorao y la Tierra, así: con mayúscula una y sin la -d- la otra.

El Colorao es un salvaje y borrachucio ayudante del Mal, que -a su vez- viene representado por el hombre que debería mirar por las fuerzas del orden: el alguacil (cruel cazador de animales y seres humanos, prepotente, impúdico, vengativo, etc.).

La Tierra, como un camaleón, muestra la dureza del clima y la benignidad de sus escondrijos, frente la dureza aún mayor de algunos seres humanos, para quienes buscan desaparecer durante el día y moverse durante la noche.

Su estilo recuerda el castellano de Delibes, con su riqueza para nombrar las cosas de la tierra y la caza. Fijémonos en parte de su léxico: terraplenes de zahorra y balasto, pita, trufero, perdigón, varea, predio, albardín, cotillo, canícula, cagafirro, rejón, silla turca, abrasividad, cortinas de guadamecí, hojas de llantén, ataharre, trébede, baldíos, besanas, ménsulas, anea, ailantos, taray, cardumen, albardinar, espadañas, lajas de pizarra, cañahejas, canchal, serijo, rambla, mechinal, ménsula, matacán, egagóprilas, sirga, calina, alcuza, barboquejos, posidonias, fascias, mondongo, casquería, alcuza, bozo, arqueta, acequia, coscoja, cincel, gubia, tornapuntas, lama, orza, almadraba, apersogado, calafateada creosota, cojinete, perrunilla, carriola, chacina, carillas, pitarra, descuajeringado, abrojo, collera, sátrapa, alberca, fresno, amusgando, cutí, bohordo, caliche, vierteaguas, baldosa, aduja, una Beretta, pernos, fallebas, lechada, siluros, retuerta, polea, garrucha, pinocha, acícula, cuarta, gualdrapa, peones camineros, garulos o animales sin estirpe…).

Abundan las enumeraciones nominales en que el narrador omnisciente parece dejar paso a un discurrir de conciencia del protagonista, semejante al del médico de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos.

La gravedad de la podredumbre y de la violencia gratuita, descrita con certeras pinceladas y en la línea de muchos de los autores de América latina (En El día señalado de Mejía Vallejo, Tambo también era un “páramo dejado de la mano de Dios” y “el tamborileo de la lluvia” les mostraba “cómo Dios aflojaba por un rato las tuercas de su tormento” -aunque la expresión la tomo de Carrasco-; La fiesta del chivo de Vargas Llosa…), nos trae a la mente abundantes obras clásicas de raigambre ibérica. Ejemplo:

Huesos en todas las etapas posibles de  degradación. Sedimentos de polvo cálcico, hileras de vértebras vacunas, poderosas pelvis. Arcos costillares y cornamentas. Una res sin ojos a la que todavía le aguantaba el pellejo. Un saco hediondo en medio del día que despuntaba. El faro de su descanso

Las percepciones nos llegan por distintos sentidos: abundan la luz o su falta (cenital, inclinada, serosa), los fuertes olores (a sangre, sudor, orines, humo). Tampoco faltan las referencias bíblicas y mitológicas (Lot, Sodoma, Laocoonte…)

Se estructura en once capítulos que trazan la historia a través de diversos saltos temporales: con los flash back del recuerdo (la herida de la barrica, silencio, Hubo un tiempo en que el llano era un mar de cereales) y las anticipaciones del deseo de un futuro mejor pero, sobre todo, el presente incierto de la huida, la terrible persecución y la amenaza de la muerte a manos de la naturaleza o de otros hombres, la necesidad de creer y de saber reconocer en quien creer, de sobreponerse al destino y madurar, y de desconfiar de los lobos con piel de cordero.

Su lengua literaria es exquisita, llena de poderosísimas imágenes como la de: “el tiempo que pasa entre los seres y los cose con pespuntes cada vez más apretados”, o el realismo atávico de “Los ojos cerrados se levantaban inflamados como higos maduros, moscas como dientes negros, un sol como un martillo…”. Veamos algunos ejemplos:

Símiles:

  • Su cencerro describió una línea de sonidos en el aire como una cuerda con nudos.
  • Las cabras dejando tras de sí una estela de cagadas como la cola de un cometa.
  • La voz del hombre sonó segura como el apretón de manos de un verdadero hombre.
  • El chico, como un pantógrafo, amplió en la distancia los movimientos del viejo.Tres tiras de carne de cabra, tensas como el afilador de un barbero.
  • Como un san Sebastián en su martirio de saetas.
  • Las cicatrices de sus piernas como las costuras en las patas de los pellejos cargados de vino
  • El viejo, arrastrando los pies, y el niño, como una muleta enclenque

Metáforas:

  • Transitaban con los ojos tumefactos bajo el martillo de aquella fragua solar
  • Con aquel eccehomo a la vista, la ofensa recibida era evidente
  • Apoyó la espalda contra el muro y se dejó caer por él, haciendo saltar trozos de caliche. Nevada microscópica en el desierto

Personificación:

  • Las piedras del muro expiaban su recalentamiento
  • Un tapiz verde en el que los árboles reposaban negligentes
  • Las pendientes pedregosas con sus costillas de barro erosionado
  • El llanto incapaz de inclinarse a su favor. Sintió la inmutabilidad de lo que le rodeaba
  • La muerte arrumbada

En conclusión:

Aconsejo su lectura, ya que para mí se trata de una obra maestra. Además sus temas siguen vigentes:

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