NIGERIANA VERSUS AMERICANA

Americanah -de la escritora nigeriana (1977) Chimamanda Ngozi Adichie, también autora de La flor púrpura, Medio sol amarillo y del libro de relatos Algo alrededor de tu cuello– ha sido todo un boom en el que han coincidido el gusto de los lectores y el pulso que suele echarles la crítica más sesuda.

Catalogada, junto a famosos como Salman Rushdie, Anita Desai o Tayeb Salih, dentro de la llamada literatura post-colonial (aunque no se siente reflejada en esta categoría academicista), Chimamanda ha sido  galardonada por esta novela con el National Book Critics Circle Award (prestigiosos premios anuales -de poesía, crítica, biografía, autobiografía, ficción y no ficción- creados en 1974 y otorgados a libros publicados en inglés y en los EEUU  por los críticos literarios).

Chimamanda pasó su infancia en Nsukka, sede de la Universidad de Nigeria, en una casa con anterioridad habitada por el célebre escritor también nigeriano Chinua Achebe. A los diecinueve años se trasladó a Estados Unidos con una beca para estudiar Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad de Drexel (Filadelfia). Así que sabe muy bien de lo que habla.

El título, Americanah, alude al término burlón con que en Nigeria se refieren a las personas que regresan de Estados Unidos con un acento y un estilo de vida americanizados aderezados con un sentido de superioridad y un distanciamiento de sus costumbres.

Esta novela muestra cómo los africanos se sienten y viven cuando recalan en los Estados Unidos, a partir de la historia de su protagonista, Ifemelu, una joven de Lagos que acude a Filadelfia para estudiar en la Universidad. Quizá no sea ella el prototipo de la inmigración africana (dado que su nivel económico y cultural es medio, por tanto, alejado de los manteros y los que se juegan cada día el pellejo para llegar a un puerto que les es ajeno), pero su mirada y su lección sobre un mundo con el que sólo comparte un inglés con distinta entonación abre las puertas a la comprensión de lo que significa adaptarse, el esfuerzo que supone, el extrañamiento, la desesperación. Y todo ello sin caer en sentimentalismos ni dramas gratuitos, con gracejo, delicadeza, sin obviar tensiones.

Ifemelu y Obinze vivieron en su país un amor adolescente que para ellos guardaba la promesa de un amor eterno. Sin embargo, los noventa (en 1998 no termina la dictadura militar de Abacha en Nigeria) son una época de desbandada en la que muchos jóvenes se marchan para progresar. Aunque Obinze era un apasionado de EEUU, habrá de conformarse con viajar a Londres, más tarde que ella y como inmigrante indocumentado. Por el contrario, Ifemelu obtiene con facilidad el visado para ir a América a vivir con una pariente, la tía Uju, y el hijo de esta.

Allí permanece ella, la protagonista indiscutible, quince años, sin olvidar a su amor de juventud, aunque otras relaciones la desvíen temporalmente de él. El color de su piel y su pelo se yerguen en una metonimia de su raza, de sus diferencias, de sus aspiraciones. Ser un negro en una sociedad blanca no es algo baladí. Distanciados por los acontecimientos, harán su vida sin saber uno de otro, intentando adaptarse a sus lugares de residencia. Narrada en tercera persona omnisciente en su mayoría, la novela alterna la línea cronológica y los flash back.

Ifemelu -quien “no sabía que era negra hasta que fui a Estados Unidos”- se convierte en una bloguera que engancha cuando empieza a publicar Raza o Diversas observaciones acerca de los negros estadounidenses (antes denigrados con otra clase de apelativos) a cargo de una negra no estadounidense.  A nadie deja indiferente con los artículos que cuelga en su blog, y crecen las visitas y los comentarios sobre sus percepciones, para las que aprovecha algunas de sus propias experiencias (la autora vive seis meses al año en Nueva York).

Así va dando cuenta de las diferencias entre negros africanos y afroamericanos, entre claros y oscuros,  mulatos o no, entre los recién llegados, a menudo ilegales, y los que han adquirido cierto prestigio o se encuentran perfectamente adaptados o asimilados. Junto a las diferencias culturales se muestran las diferencias entre lo que se espera de las mujeres en países tan diferentes como EEUU y Nigeria, o las que nacen de lo que en unos y otros lugares se espera en el amor.

Pero el “paraíso” no siempre es el punto de fuga, sino que a veces se convierte en el hogar del que se partió y al que se desea regresar y, con frecuencia, un primer amor o un amor especial que dejó una huella imborrable. Con estos mimbres esta extensa cesta -que se lee con una sonrisa de complicidad e interés ante lo cotidiano- no deja perplejos sino a los personajes. Los lectores sabemos que la ficción suele reflejar a la perfección la realidad.

Su tema predominante, sutil, claro, irónico, no dicotómico (ya que buenos acaba encontrando entre los blancos y malos también entre los negros), es el de la inmigración y la desorientación a la que cada uno se enfrenta. A la par que este van naciendo otros que multiplican la profundidad de la lectura:

  • Las discriminaciones raciales y clasistas. Los prejuicios étnicos no sólo son de blancos hacia negros sino de estos u otros hacia los del mismo color o los de otra tonalidad que consideran por debajo, en la escala social, que la suya propia (la más baja sería la del “negro estadounidense” que se va contraponiendo a las otras: negro afro, mulato, mestizo, hispano, blanco pobre…). Por lo anterior y por estar casado con una mujer de color más oscuro que él, la elección de Barack Obama reviste una importancia que sobrepasa la política y social.
  • La identidad y la necesidad de sobreponerse a lo que uno es contra los prejuicios y supersticiones (algunos lo harán escondiéndose de ella).
  • La insatisfacción y /o la aculturación. De hecho, la población de Estados Unidos, salvo los indígenas nativos, tiene una identidad étnica compuesta: afro-americanos, irlando-estadounidenses, negros caribeños o ingleses y su descendencia nacionalizados americanos; italianos, personas de origen hispano o escocés nacidas en EEUU, etc. Estas son solo algunas de las variantes actuales, entre las cuales surgen relaciones o amores que acaban en hijos con diversas y contrapuestas identidades (cuatro, ocho, a tenor de sus abuelos maternos y paternos). El pelo afro -como símbolo de la pertenencia a una “tribu” en sentido amplio, de aceptación de lo que uno es- se superpone a las tendencias de alisado y tinte que martirizan a algunas muchachas negras. Pero esta superación personal se muestra con empatía y no autocompasión.
  • Tampoco le son ajenos el desarraigo, el sentimiento de la raza, el amor y sus variantes, el sexo y sus guerras, la hospitalidad, la capacidad de decisión, los estereotipos y las realidades falaces (dada la ignorancia sobre muchos países del tercer mundo. Por ejemplo, para la mayoría África es solo el continente de las guerras civiles y las hambrunas, a pesar de su inmensidad)…

Por poner algún pero, el final me resultó forzado, edulcorado y previsible, como si una novela de aprendizaje se hubiera vuelto una novela rosa.

PARA SABER MÁS:

Puedes leer  una entrevista que se publicó el 20 de octubre de 2014 en http://www.revistaenie.clarin.com

http://www.culturamas.es/blog/2014/03/16/americanah-de-chimamanda-ngozi-adichie-national-book-critics-circle-award/

https://es-la.facebook.com/…ngoziadichieamericanah/8003033033491

http://www.devoradoradelibros.com/2014/12/americanah-chimamanda-ngozi-adichie.html

literatura multicultural

http://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story?language=es

2 comentarios

  1. paloma bienert said,

    octubre 20, 2015 a 8:24 am

    Maravillosa “novela africana”, me recuerda en categoría -doble- a la “novela hindú” ,”El Dios de las pequeñas cosas / Arundhati Roy, por su genial penetración en el paisaje emocional de dos culturas conviviendo…

    Sí, quizá otro final esperaba… Gracias por esta crónica Elena
    Paloma -BalumbaIrisen face- Bienert


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