LA FELICIDAD CONYUGAL

La felicidad conyugal

La felicidad conyugal, novelita escrita por León Tolstói a mediados del siglo XIX, se centra en las vivencias de una muchacha huérfana que descubre en el primer amor lo que cree el amor verdadero, basado en un proyecto de vida en común y en la expresión diáfana de los sentimientos implicados en su relación. Pero el devenir trae lo imprevisto para el novato, y no hay consejo que valga aunque para quien está de vuelta lo que ha de acontecer sea previsible.

Todo amor tiene sus etapas y en la desigual edad de ambos surge el primer escollo, al que las necesidades sentimentales de cada uno añade unos altibajos que irremediablemente lleva a las dos partes de la pareja a replantearse si es el Amor con mayúsculas lo que entre sí se halla, aunque está escrita detalladamente desde la perspectiva de la mujer. Así asistimos a una narración en primera persona inserta en un largo monólogo de la protagonista, María Alexándrovna, una joven de 16 años que se enamora de su tutor, Serguéi Mijáilovich, bastantes años mayor, y del que oyó a su madre decir que era el tipo de hombre que cualquier mujer desearía como yerno.

Serguéi llega a la casa de campo de Pokróvskoye como administrador de la herencia de ella y su hermana menor. Al principio los paseos, la música al teclado del piano, las esperas… llenan la vida de la joven. Consumado el matrimonio, son felices en la casa de él, que comparten con su madre. Pero cuando se trasladan a San Petersburgo, cambia todo. María entra con buen pie en la vida de la alta sociedad, y su frivolidad da pie a los celos callados de su esposo y al progresivo deterioro de la relación, a pesar de la llegada de los hijos. Donde había una fluida y continua comunicación antes, ahora se asientan el silencio y los resquemores. Sin embargo, la honestidad de ambos les insta a confiarse y, como de todo se aprende y el tiempo que enerva es el mismo que amaina… se atisba la calma.

La novela se divide en dos partes: la del amor perfecto casi literario y la del despertar al desengaño y a la posterior recomposición de lo que se había roto. En ella, el brío de la juventud se contrapone a la serenidad de la madurez, el campo sencillo y tranquilo al boato de las fiestas y a la apariencia de la ciudad proclive a dinamitar lo esencial.

ALGUNAS CITAS INTERESANTES:

  • Lo que me rodeaba me había rodeado en silencio desde la infancia, pero bastó que él llegara para que todo lo que estaba a mi alrededor se soltara a hablar e irrumpiera en mi alma, colmándola de alegría.
  • Viví muchas cosas y ahora creo que hallé lo que se necesita para ser feliz. Felicidad familiar. Una vida aislada y tranquila en el campo, con la posibilidad de ser útil para quienes es fácil hacer el bien -la gente- y que no están acostumbrados a que se lo hagan. Y un trabajo que se espera sea de utilidad. Y el descanso, la naturaleza, libros, música, amar al prójimo. Ésa es mi idea de felicidad. Y sobre todo eso, tú como compañera; niños, quizás. ¿Qué más puede desear un hombre?
  • Lo peor para mí era que sentía cómo día tras día la rutina aherrojaba nuestra vida y le daba una forma determinada, cómo nuestro sentimiento perdía libertad al someterse al acompasado e impasible fluir del tiempo.
  • ¿Acaso se puede estar descontento de algo cuando se es tan feliz como soy yo? Resulta más fácil ceder que someter a los otros: hace mucho que me he convencido de esto, y no hay ninguna situación en la que no se pueda ser feliz.
  • Me parecía poco amar una vez conocida la felicidad de amarlo. Quería movimiento y no el fluir sosegado de la vida. Quería inquietudes, peligros y sacrificio en aras del sentimiento. Había un exceso de energía en mí que no encontraba su lugar en nuestra vida apacible.
  • La vida social no es el peor de los males. Lo que es feo y malo son los deseos irrealizables que esa vida mundana despierta.
  • ¡Acaso es posible no amar! ¡Sin amor no hay vida! Hacer de la vida una novela es lo único que vale la pena. Y mis novelas jamás se quedan inconclusas; ésta también la llevaré hasta el final (en boca del galán italiano que la pretende).

PARA REFLEXIONAR:

La protagonista –por primera vez una mujer en la obra de este autor- es una jovencísima mujer que, como en la vida real de Tolstói, está casada con un hombre maduro, y que también es huérfana como lo fue León desde su más tierna infancia. Igualmente ambos terminan viviendo en la tranquilidad rural. Es como si el autor proyectase lo que va a ser su vida con su futura mujer durante su noviazgo y a través de esta protagonista: enamoramiento, dificultades y sacrificios  maritales, reconversión en un matrimonio maduro que aprende a superar las fantasías iniciales…

La capacidad para diseccionar de forma realista la psicología humana hace de la narradora un personaje redondo, que evoluciona conforme avanza la lectura, y que sirve de sustento a los otros personajes femeninos a los que siempre estará ligada la grandeza de Tolstói (en Guerra y Paz o en Anna Karenina, por ejemplo).

Aunque el papel de la mujer de entonces (madre y esposa sacrificada a los gustos e intereses del esposo…) se halle alejado del prototipo actual, no deja de leerse la novela con ligereza, al tiempo que se comprueba el poso de verdad que la sustenta (pasión primera, ansia de libertad frente a la rutina, otra clase de amor capaz de perdurar). La amargura que sobreviene al desaparecer la pasión inicial da paso a un cierto conformismo amoroso, no menos verdadero en su serenidad y en su perseverancia por obligarse a permanecer juntos pese a sus diferencias porque les unen muchas más cosas que las que tal vez los separa. ¿Esta es la “felicidad conyugal”? ¿Nostalgia de un pasado irrecuperable? ¿Olvido del pesar de los altibajos sentimentales? Cada cual que se responda.

Pese al paso del tiempo y las diferencias culturales y de costumbres de lugares tan alejados geográficamente, es decir, guardando las distancias que vida y literatura imponen, empatizamos con la pareja. Cualquiera puede verse reflejado en una u otro y en sus reproches mutuos. Y todos reconocemos la hipocresía de los aduladores de salón y la falsedad que impera en la vida de la alta sociedad.

UNA CLARA RESEÑA encontramos en http://www.librosyliteratura.es/la-felicidad-conyugal.html:

La felicidad conyugal es una historia de amor, de cómo el amor nace de la pasión pero necesita abandonarla (o relegarla a un lugar menos protagonista) para mostrar su verdadera cara: la generosidad, la ternura y, en fin, la convivencia madura, serena y feliz.”

CURIOSA RESEÑA es la de http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2012/10/la-felicidad-conyugal-de-lev-tolstoi.html, que con sarcasmo resume, desmitifica La felicidad conyugal, además de compararla en los comentarios con la novela de Madame Bovary (con un Flaubert admirablemente oculto tras la objetividad, frente a un Tolstói que rezuma subjetividad en):

“Tolstoi reduce el sentir de la mujer a cuatro pulsiones demasiado básicas: inexperiencia, ilusión, obcecación y resignación. Lo coge una feminista y le parte las piernas. Pasar de puntillas por la maternidad creyendo que es poco más que besar las piernas rollizas de los infantes tampoco ayuda (no digamos ya el estoicismo ante la suegra, algo a todas luces impropio del ser humano).”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: