NÉMESIS


Philip Roth, en Némesis, aborda temas tales como la culpa, la responsabilidad,  la rebeldía contra Dios y, sobre todo, la estrechez de conciencia (sobre todo referida a uno mismo, no la de esos que tienen dos varas de medir que siempre les benefician, sino la de los otros, esos que admiten y disculpan en el prójimo lo que nunca se permitirían a sí mismos). También se centra en ideas como el influjo de las circunstancias o el destino, porque hay decisiones que nos cuestan o nos salvan la vida en un segundo.

El canto al esfuerzo inicial se disuelve en un mazazo. Aunque solo un porcentaje de los infectados por polio muere por parálisis respiratoria, muchos habrán de sobrevivir con malformaciones físicas durante el virulento brote que asola Newark (Nueva Jersey) en el verano de 1944, es decir, en plena II Guerra Mundial. La epidemia (de la que una víctima famosa fue Franklin Delano Roosevelt), como cualquier tragedia, descubre el lado más humanitario o mísero de cada cual, a causa de las reacciones al miedo, a la rabia, al dolor, al desconcierto, etc., que provoca.

El protagonista, Bucky Cantor, un chico criado por sus abuelos (su madre murió y su padre es un ladrón), es el joven profesor de la escuela Chancellor Avenue, muy entregado a sus alumnos, pero lleno de recelos en relación a su papel en el mundo (su condición física es excelente; pero su pésima visión le han impedido que “cumpla con su patria” en la contienda).

La obra se estructura como un largo flash back, cuando Arnold -un antiguo alumno- se tropieza con él en primavera de 1971. En las dos primeras partes (Una Newark ecuatorial e Indian Hill) la novela está escrita en tercera persona con un narrador omnisciente. Sólo sorprende en la primera parte este enunciado: “La mañana siguiente fue la peor de todas. Otros tres chicos enfermaron de polio: Leo Feinswog, Paul Lippman y yo, Arnie Mesnikoff“, cuyo sentido acabamos desentrañando en la tercera (Reunión), en que advertimos que es precisamente ese personaje secundario quien se ha erigido en “autor” de esta especie de biografía de Bucky Cantor.  Arnie, con una minúscula participación como testigo de los hechos y otra muchísimo mayor como editor de los mismos, tras sus conversaciones con el profesor idealizado cuyos pies de barro se resquebrajan, relata lo que el protagonista le ha contado directamente. Así a posteriori nos explicamos el sentido de aquella frase.

Según Arnie, no sólo las tres D que valoraba su profesor en el deporte (determinación, dedicación y disciplina) son imprescindibles en la vida, ese deporte de alto rendimiento al que nadie somos ajenos: Para vivir no puede faltarnos la autoestima, de la que Bucky carece, por lo que él es el peor enemigo de sí mismo, ya que las secuelas de la enfermedad habían dañado su seguridad y atrofiado su fuerza.

Su personalidad heroica no es menor que su agilidad (de hecho es apodado As por su excelencia deportiva: levantamiento de pesas, saltos de trampolín, lanzamiento de jabalina…), como demuestra, por ejemplo, el estremecedor episodio en que media entre sus jugadores y los provocadores italianos que escupen junto a las pistas del colegio para, en teoría, propagar la enfermedad. Sin embargo, un ramalazo neurótico le persigue cuando se desencadena su contagio. Entonces le da por pensar en si el mal le persigue o lo lleva él. Y de ahí a culparse de haber sido el causante de varias muertes en su posible etapa de portador del virus, infectado pero aparentemente sano por estar asintomático, hay un solo paso.

Ni siquiera el amor le hará cambiar de idea, a pesar de que su energía y su honestidad están fuera de toda duda, cuando sus eternos dilemas y su injustificada autodecepción le exijan un sacrificio inmerecido, tras, paradójicamente, atarcarle la enfermedad de la que huye en el campamento infantil de los montes Poconos, al que había ido para respirar aire puro y alejarse del hediondo de su pueblo. Y es que el protagonista se siente la Mary Tifoidea de su época y su entorno, término genérico derivado del nombre de la que se cree la primera portadora sana norteamericana de esa peligrosa enfermedad y que se aplica por extensión a cualquier portador aparentemente sano de cualquier otra enfermedad grave (http://lacienciadelhoy.blogspot.com.es/2012/03/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html). Los paseos hasta la isla en canoa con Marcia, su prometida, solo serán un espejismo de felicidad.

Frases para el recuerdo, citas que hacen pensar:

  • Podemos ser jueces equivocados de nosotros mismos cuando no está justificado en modo alguno. Un sentido de la responsabilidad equivocado puede ser debilitante.
  • Una enfermedad paralizante que ataca sobre todo a los niños y mata a algunos…, eso le resulta difícil de aceptar a cualquier adulto. Tienes conciencia, y es un valioso atributo, pero no lo es si te lleva a creer que eres culpable de lo que está muy lejos del alcance de tu responsabilidad.
  • Cuanto menos miedo, mejor. El miedo nos castra. El miedo nos degrada. Contribuir a reducir el miedo: esa es tu tarea y la mía.
  • Unas veces tienes suerte y otras no. Toda biografía está sujeta al azar y, empezando por la misma idea, el azar -la tiranía de la contingencia- lo es todo. Creo que el señor Cantor se refería al azar cuando censuraba aquello que él llamaba Dios.
  • Ya hay suficiente crueldad en el mundo tal como están las cosas. No las empeore convirtiéndose en chivo expiatorio (consejo excelente).
  • Pero nadie es tan difícil de salvar como un buen muchacho moralmente deshecho. Había vivido solo demasiado tiempo con su visión de las cosas -y desprovisto de todo lo que había deseado tener fervientemente- para que yo pudiera desterrar la interpretación que hacía de aquel terrible acontecimiento de su vida o modificar su relación con este (…). El sentimiento de culpa en un hombre como Bucky puede parecer absurdo, pero de hecho es inevitable. Una persona así está condenada. Nada de lo que haga estará a la altura de su ideal. Su responsabilidad no conoce límites. De hecho no confía en sus límites porque, cargado con una severa bondad natural que no le permite resignarse al sufrimiento del prójimo, nunca reconocerá que tiene límites sin sentirse culpable.
  • En el deporte todo requiere determinación. Las tres D: determinación, dedicación y disciplina, y prácticamente lo habréis logrado.
  • Su concepto de Dios era el de un ser omnipotente no constituido por la unión de tres personas en una divinidad, como en el cristianismo, sino de dos: un jodido enfermo y un genio maligno.
  • Para mi mentalidad atea, proponer un Dios semejante no era ciertamente más ridículo que creer en las divinidades que confortan a millones de seres humanos; (…) Tenía que preguntar por qué. ¿Por qué? ¿Por qué? Que sea gratuita, contingente, absurda y trágica no le satisface. Que sea un virus capaz de proliferarse no le satisface. Este mártir, este maníaco del porqué busca desesperadamente una causa más profunda, y encuentra el porqué ya sea en Dios, ya sea en sí mismo o, de una manera mística, misteriosa, en la temible unión de ambos como el único destructor.

PARA SABER MÁS:

En relación al perfeccionismo paralizante, porque todo en exceso se vuelve la cara oculta y despreciable de lo que pudo ser una virtud, quiero dejar constancia de tres magníficos artículos que pueden ayudarnos a plantarle cara a esta silenciosa epidemia del siglo XXI

1-Sé eficiente antes que “excelente”:  http://tusbuenosmomentos.com/2012/04/combatir-perfeccionismo/

2-“Lo perfecto es enemigo de lo bueno” (Voltaire) y hay que buscar un equilibrio entre cantidad y calidad:  http://davidcantone.com/lo-perfecto-es-enemigo-de-lo-bueno/.

3-“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, pero no sigas rematándolo indefinidamente si ya lo hiciste bien: http://www.telegama.com/societyof2000/ver.asp?art=3619.

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