LORETO SESMA

Amor revólverLoreto Sesma hace su incursión en la literatura en papel con Amor revólver. Seis balas,  poemario con una preciosa portada simbólica y temática, que nos recuerda la literatura fugaz instalada en los blogs de citas, los Instagram u otras redes sociales (precisamente su origen es internauta).
Empezaré por lo que menos me ha gustado para acabar por lo que me ha parecido mejor. Me gustan las verdades, pero también que dejen un regusto y no un disgusto tras su paso. Y cualquier tropiezo es un medio para levantar el vuelo de la pluma y los pies de un suelo en el que a veces se fatigan como en arenas movedizas.
Hay en su obra aspectos mejorables: demasiado deshuesado, algunos tópicos y expresiones manidas, el genio irregular (altibajos que cualquier artista sufre y, más aún, resulta propio de la juventud, en búsqueda constante) y, sobre todo, una rima innecesaria -tanto interna como versal- que a veces resulta tediosa e infantil…

Dicho esto, le auguro un largo y fructífero recorrido, porque supone un soplo de aire fresco en la, en ocasiones, hermética, culturalista y/o poco comunicativa poesía española.
Destaca en ella su capacidad para deleitarnos con palabras sencillas y giros cotidianos, sentimientos cercanos y sueños compartidos que hacen de este libro un mágico corazón y un simple revólver. Sus balas nos dan de lleno, porque nos resultan archiconocidas y memorables. Porque la sencillez trabajada es como el look casual de los modernos, que atrapa a pesar de su apariencia de desenfado.
El paralelismo, el símil (hemorragia, salida de emergencia, droga), el humor y la ironía (Quién se quiso sentir reina / (…) cuando al trono/ vamos todos por la mañana) y la paradoja sustentada en contrarios (remedio / enfermedad, oscuridad /luz, afirmación /negación) son sus valedores más seguros a nivel lingüístico. En el têteà-tête, esa comunicación íntima que toda literatura debe instaurar entre autor y lector, lo son lo cotidiano y la humanidad que destilan sus versos, que no se regodean en el dolor (por el corazón roto, por el amor perdido, por la abuela muerta…), sino que alientan esperanza para sorprendernos, como le enseñó su padre, a tu adversario dale justo lo contrario de lo que espera y, seguramente, será amor, simpatía, agradecimiento. La mirada altiva para revolotear junto a la esperanza nos revela no un mundo de color de rosa, sí el mundo en que todo pasa y todo deja un poso de experiencia, de ahí que se describa: soy de esas personas que siempre prefieren el trato al truco/ la prueba/ a la prenda.
Y su magia nos hace emerger, lejos de derrotismos ajenos y tabúes al uso, sin poner freno a los tacos, los fracasos, las imágenes escatológicas, los juegos de palabras y los refranes desestructurados (que son otras de sus bazas y que desgrana en versos muy largos y versos muy cortos), para atraernos hacia su poesía con la misma insistencia con que se estrellan las polillas contra la luz.
Digamos que canta a la resolución, a no dejarse llevar por la casualidad sino por la causalidad, para buscar motivos y no pretextos. Sus sueños vienen a ser una prolongación de la realidad y no una imitación de la misma, y la poesía se convierte en un acto de voyeurismo. Y en esa observación nos habla de cómo se cruzan las vidas de los desconocidos, paralelas, complementarias, o totalmente diversas (poema 71).

El poemario se estructura en 99 poemas de dimensiones muy variables, cuya la lectura puede ser lineal o según el ritmo sugerido por la propia autora, que diseña un tablero de cuadrados concéntricos según el cual la lectura partiría del 82 y acabaría en el 93, un poco al estilo de Cortázar. Y es que el juego es uno de sus símbolos preferidos. Como cierre, y a modo de aforismos, nos regala unos disparos que agrupa en tres tipos, a los que denomina: Flores, Espinas o Whatever (soy la caja negra de un romance con turbulencias) y Ni idea (Como me voy a fiar del que dice ser cuerdo / si con una cuerda es como se ahorca a la gente). Y cierran el libro unas citas, como esta de Benedetti: Lo penoso es que la vida sigue después del tango.
Otros símbolos permanentes en su obra son: las serpientes frente a la manzana, el hecho de que te vuelen o abran la cabeza, los bailes, los juegos (de cartas, los puzles, etc.), el fluir y el eterno retorno (así el 42, en que insiste en que la vida seguirá), los espejos y la Alicia de Carroll, la atracción fatal de sustancias como las drogas (la cocaína y el peligro de la sobredosis)…
Sus temas son los habituales: el amor, el desamor, el dolor, el paso del tiempo… Y como un actual vanitas vanitatis nos habla de la importancia de la belleza interna sin recriminar nada a la belleza externa, visible, salvo cuando uno vive por y para ella exclusivamente, momento en el que nos recuerda que más que carne de cañón deberíamos ser carne de iceberg, ya que sólo mostramos una mínima parte de lo que somos (47). Su ideal no pasa por poner la otra mejilla, pero tampoco por vengarse, porque el odio que algunas personas sienten, nada más inflige dolor, y esa es una muy pobre recompensa. Por su lado, prefiere elogiar el aprendizaje a base de caídas, la inocencia, los obstáculos como efímeros contratiempos, las cuestas como despegues. Quizá porque para ella lo importante es hacernos pensar que se puede lograr lo que uno se propone, si se deja llevar por la valentía (puedo suena a miedo).

Sin creer en lo imposible, sí procura ver el lado bueno de todo aquello con lo que se enfrenta, su poesía parece el decálogo de su ideal de la existencia, siempre andando hacia delante, enfermando de amor, aceptando efectos adversos y comprendiendo que la duda o la indecisión es un monstruo al que plantar cara. Por esto el baile es sólo la excusa para caerte con cierto arte (64). Por tanto, debemos elegir la acción, vivir al límite entre el cielo y la tierra. La montaña rusa emocional del que no sabe diferenciar las nubes de la montaña, versículo del poema 62, alude a la enseñanza de su abuelo, enseñanza familiar de la que cualquiera podríamos participar, de que la vida es una noria.

Como un niño construye su castillo en el aire para ir madurando antes de convertirse en el arquitecto de su propia vida, construye versos como los grafiteros hacen guerrilla urbana sin dejar de ser pacifistas. Pese al título o precisamente por él, el amor se convierte en un arma, la propia arma (93). Versos los suyos llenos de peros, en ese estadio limítrofe entre el antes y el después, entre lo positivo y lo negativo, como si una balanza indagara en pros y contras que expresan tanto como sugieren entre líneas, que muestra soluciones a problemas eternos, y entre la entrega y la prudencia gana siempre la aventura, en una dinámica que expresa a la perfección la cita de Rayuela tras el último poema, el 99: en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared.

ALGUNAS CITAS MEMORABLES:

  • Las alabanzas apestan a interés.
  • (En la oscuridad/todos/juegan el papel de ciego).
  • Me he sentido como esas personas que con el cartel de “tira” /empujan / y no consiguen abrir la puerta / sin haberse equivocado antes.
  • El amor puede con todo, me dijo./ ¿Hablas de capacidad o de destrucción?, pensé (87) .
  • si mis deseos fuesen órdenes,/ habría mucha gente manca / que en su día no pararon de tocarme los cojones (29, con esa concordancia ad sensum).
  • no te confundas, / no es inocencia. /No me chupo el dedo, /me lo estoy relamiendo (41).
  • La pena a cuestas./A veces cuesta levantar la sonrisa / y las comisuras parecen cuestas hacia arriba (54, que me recuerda a mi propio poema “Hagamos ejercicios de sonrisas”, como muchos de sus versos a otro mío en el que hablo sobre las “Lecciones de emergencia”).
  • la travesía empieza cuando pones el pie en la casilla de salida (54 también, verso que nos trae a la memoria el tablero manriqueño).
  • la gloria no tiene ningún sentido / si antes no has luchado en trinchera.
  • En el epicentro de nuestro drama, / está la trama bien explicada: /hay algo más detrás de nuestro propio ombligo.
  • No llamar libertad/ a haber aprendido a volar /en una maldita jaula.
  • Si abres tantas veces la puerta, /diciéndome que te vas, /que cambias de planeta /y que yo ya no te hago volar /para luego quedarte, /lo único que consigues es que entre el aire, /que esto se enfríe (83).
  • Enamorarme de ti y decir que me sirvió para algo, / sería como el que pisa una mierda / y se consuela pensando que da suerte (86).
  • igual que el ignorante cree saberlo todo, /el imbécil que tenerlo todo bajo control (91).
  • Y siempre hablaba de naufragios / como si sólo fuese una oportunidad / de aprender a nadar (94, poema en que nos queda la duda de a quién se lo dirige: a una amiga, a su madre, a sí misma, a la poesía, a una amante, al Amor, al arma representada en ese revolver… Precisamente, cuanto más ambigua se vuelve, más de verdad, más literaria y más trascendente resulta su poesía).

PARA SABER MÁS:

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2 comentarios

  1. Ángel said,

    enero 3, 2017 a 2:15 am

    Muchas Gracias por enviarme la Literatura de Loreto Sesma.
    Cordiales y Afectuosos Saludos.
    ¡Felicidades!


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