MEMORIAS DE UN LOCO DE FLAUBERT

Memorias de un loco, de Gustave Flaubert, en mi opinión, es un libro que resulta irregular por la variable calidad de los pensamientos y fragmentos de que se compone y duro por lo pesimista y descreído del sentir del protagonista. Sin embargo, merece la pena como un ejemplo del sufrimiento psicológico que un hombre aquejado de hiperestesia padece. Es una novelita psicológica -¿o un pequeño ensayo? por su mínima acción y su abundancia en digresiones- sobre sentimientos y temas que la mayoría nos hemos planteado alguna vez.

Pero ¡ojo!, no es un libro apto para depresivos. Sus temas abarcan la nada, la muerte, el infinito, el hastío, la desesperanza, el vacío inconmensurable, la duda, la amargura, las grandes ideas infravaloradas, el escaso aprecio que sufre algún alumno en clase, el primer amor y hacia una mujer casada (María), la moral, el arte, la verdadera falta de libertad…

Algunas citas memorables son:

  • De la duda de Dios llegué a la duda de la virtud, frágil idea que cada siglo ha levantado como ha podido sobre los cimientos de las leyes, aún más vacilantes.
  • Hay cosas insignificantes que me han impresionado mucho y que guardaré siempre como la marca de un hierro al rojo, aunque sean banales y tontas.
  • mi dolor es amargo, mi tristeza profunda, / y estoy sepultado en ella como un hombre en su tumba.
  • ¡El arte!, ¡el arte!, ¡qué vanidad más hermosa!
  • La duda es la muerte para las almas; es una lepra que afecta a las razas desgastadas, una enfermedad que proviene de la ciencia y conduce a la locura. La locura es la duda de la razón; ¿quizá sea la razón misma?
  • ¿Libre, tu? Desde que naciste te sometiste a todas las debilidades paternas; recibes, con el día, la simiente de todos tus vicios, de tu estupidez, incluso, de todo lo que te hará juzgar al mundo, a ti mismo, a todo lo que te rodea, según ese rasero, esa medida que tienes en ti. Naciste con una mente estrecha, con ideas ya hechas, o que te harán, sobre el bien y sobre el mal. Te dirán que hay que amar al padre y cuidarle en su ancianidad: harás lo uno y lo otro, y no necesitabas que te lo enseñaran ¿verdad?, esa es una virtud innata como la necesidad de comer; mientras que, justo detrás de la montaña en la que naciste, enseñarán a tu hermano a matar a su padre cuando se haga viejo, y él le matará, pues eso, piensa él, es natural, y no necesitaban enseñárselo. Te educarán diciéndote que hay que evitar amar con amor carnal a tu hermana o a tu madre, mientras que tú provienes como todos los hombres, de un incesto, pues el primer hombre y la primera mujer, así como sus hijos, eran hermanos y hermanas; y, mientras, el sol se pone sobre otros pueblos que miran el incesto como una virtud y el fratricidio como un deber. ¿Eres libre de los principios según los cuales gobernarás tu conducta? ¿Eres tú el que preside tu educación? ¿Eres tú el que ha querido nacer con un carácter feliz o triste, tísico o robusto, dulce o malvado, moral o vicioso?
  • ¿Eres libre de tu pensamiento?, mil cadenas te retienen, mil agujas te empujan, mil obstáculos te detienen. Ves a un hombre por primera vez, uno de sus rasgos te choca, y toda tu vida sentirás aversión por ese hombre, que quizá te habría gustado si tuviera la nariz menos gruesa. Tienes el estómago mal, y eres brutal con el mismo al que, en otra ocasión, habrías  acogido con amabilidad. Y de todos estos hechos se desprenden o se encadenan, con la misma fatalidad, otras series de hechos, de los que otros derivarán a su vez.
  • ¿Comprendes siquiera tú el valor de las palabras de las que te sirves… extensión, espacio? Son más vastas que tú y que todo tu globo.
  • eres grande y te mueres, como el perro y la hormiga, con más pena que ellos.
  • ¡Grandeza de polvo!, ¡majestad de vacío!
  • !Pobre debilidad humana!, con tus palabras, tus lenguas, tus sonidos, hablas y balbuceas; defines a Dios, el cielo y la tierra, la química y la filosofía, y no puedes expresar, con tu lengua, toda la alegría que te causa una mujer desnuda… ¡o un bizcocho!
  • ¡Adiós!, llegarán otras pasiones, quizá te olvide, pero permanecerás siempre en el fondo de mi corazón, pues el corazón es una tierra que cada pasión conmueve, remueve y trabaja sobre las ruinas de las demás. ¡Adiós!
  • ¡Oh, campanas!, así que sonaréis en mi muerte y, un minuto después, por un bautismo; sois, por tanto, una burla como todo el resto, y una mentira como la vida, de la que anunciáis todas las fases: el bautismo, la boda, la muerte. ¡Pobre bronce, perdido y oculto en medio  de los aires, con lo bien que serviría como lava ardiente en un campo de batalla, o para herrar los caballos!

Esta cita es un perfecto broche para cerrar el libro. Y esta mínima reseña. En cualquier caso, ABSTENERSE DEPRESIVOS.

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