LA HERENCIA DE SÁNDOR MÁRAI

La herencia de Eszter es, ante todo, una breve novela psicológica que ahonda en un destino contra toda lógica. Gira en torno al reencuentro de dos personas que se amaron y la absurda resignación de Eszter, quien sigue aceptando que Lajos (antiguo amigo de su hermano, viudo de su hermana Vilma, exnovio suyo que no obró bien con ninguno de los integrantes de la familia, de quienes se sirvió económicamente) se aproveche una vez más de ella.

La protagonista y narradora hace un largo flash back de lo que ha sido su vida y su letargo (tras su desengaño amoroso). El presente lo ve cercano a su muerte (casi una redención para ella). Los recuerdos afloran porque sabe “que estamos atados a nuestros enemigos”. Su abulia nos sitúa en el final de una época decadente que nos absorbe, en la resignación a escapar del destino autoimpuesto (aunque con algunas ayuditas). A los de sangre caliente tanta docilidad nos empujar a gritar, a rebelarnos, pero está tan bien escrito que podemos entender las idas y venidas de su pensamiento aunque no lo compartamos.

Eszter vive una vida anodina pero tranquila, instalada en la casa que heredó de su padre, donde envejece sin que le haga mella una soltería que no eligió, plácidamente acostumbrada a sobrevivir sin pena ni gloria, sin deseos, subsistiendo con lo mínimo. Por única compañía tiene la de una anciana a la que le une un lejano parentesco. Esta, que comprende la raíz de su soltería y conoce los entresijos familiares, ve venir las artimañas de ese canalla irresistible, encantador de serpientes y gorrón  seductor que arruinó a su familia política y las esperanzas amorosas de aquella. Cuando tras largo tiempo sin saber de él (20 años), llega el telegrama de Lajos que anuncia su visita, tememos lo peor. A Eszter ya solo le quedan su casa y su jardín y unos recuerdos que consiguió poner a buen recaudo. Mientras se prepara para su reingreso en escena, la mujer se siente conmovida por unos sentimientos que creía dormidos para siempre.

Lajos es un personaje que brilla con luz propia, un vividor nato falto de conciencia y de aspecto inocente y vital, un traidor de sonrisa embaucadora y alegría contagiosa, un actor de su propio drama, un timador que cobrará su presa. Pero si bien carece de escrúpulos, parece no ser del todo consciente de ello: en él “se escondía una fuente inagotable de fuerza, como la que tienen los arroyos subterráneos” y “mentía tal como sopla el viento, con la fuerza y la alegría de la naturaleza. Sabía mentir de una manera totalmente convincente”, quizá él mismo se creía sus propias mentiras ya que no lo hace por interés o conveniencia sino “como cae la lluvia”, y “siempre había sido un fanático de Nietzsche y abogaba por vivir una vida peligrosa”.

Por medio de una profunda introspección en el oscuro pasado y en el presente de la narradora protagonista, asistimos a los temas más del gusto del húngaro Sándor Márai (autor, por ejemplo, de El último encuentro): los triángulos amorosos (Lajos, Mirian y Eszter), el destino inevitable, los convencionalismos frente a la alegría de vivir, los fantasmas que regresan, los sentimientos encontrados… y todo envuelto en un cierto halo de fatalidad.

Definitivamente, esta novelita de 1939 es una delicia, una pequeña obra maestra, cuya sencilla prosa actúa como una impactante correa de transmisión.

Herencia Eszter

ALGUNAS CITAS DE LA NOVELA PARA PENSAR:

  • Los amores sin esperanza no terminan nunca.
  • Él contemplaba nuestras diversiones rurales y nuestra manera de vivir con benevolencia, pero con un ligero desprecio condescendiente.
  • Las ideas siempre le gustaron más que la realidad, probablemente porque las ideas son menos peligrosas y es más fácil llegar a un acuerdo con ellas.
  • Quien se cobija de una tormenta es feliz, porque tiene un techo encima.
  • Todo lo que caracteriza a un ser humano –su fuerza, su manera de comportarse- hace revivir en sus adversarios unos determinados momentos de sus vidas pasadas.
  • La vida no ofrece soluciones a medias.
  • La lista de su vida parecía una lista de agravios.
  • Mi padre no se acuerda nunca de la realidad. Es un poeta.
  • No se puede vivir constantemente bajo acusaciones. ¿Quiénes tan inocente, tan poderoso en su interior (…) para tener el derecho de acusar a los demás durante toda una vida? Hasta la misma ley reconoce el concepto de prescripción.
  • Nunca he decidido mis acciones. Al fin y al cabo, uno sólo es responsable de lo que decide, de lo que planea, de lo que quiere hacer. Uno es solamente responsable de sus intenciones… Las acciones ¿qué son? Son sorpresas arbitrarias. Uno se encuentra en una situación y observa lo que hace. Sin embargo, la intención, la intención sí que es culpable.
  • El pecado original de la Biblia pudo haber sido un silencio así.
  • Una persona que no tiene carácter (…) es un inválido en el sentido moral de la palabra.
  • Mientras una persona duda de la palabra de la otra persona, o de sus sentimientos, se puede seguir construyendo una vida en común, o una relación cualquiera, sobre tal terreno movedizo.
  • Dos personas no pueden encontrarse antes de estar maduras para su encuentro.
  • Los reencuentros son más apasionantes y más misteriosos que los primeros encuentros. (…)Ver de nuevo a alguien a quien hemos amado… ¿no es como volver al escenario del crimen?
  • En la vida hay un orden invisible y que hemos de terminar lo que un día empezamos, de la manera que podamos.

 

 

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