LA MIRADA DE JESÚS ARRANZ

El viernes 23 de noviembre, Jesús Arranz —profesor de Lengua y Literatura muy involucrado en el mundo de las bibliotecas y de la lectura y, sobre todo, amigo— presentaba mi Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas y mis tres poemarios anteriores reeditados. Fue un lujo la compañía y sus palabras de crítico audaz y benévolo que no sé si merezco. Me las ha hecho llegar y quiero compartirlas. Me enorgullecen y me encantan.

Portada Metamorfosis. Bodegones

Empezaré con la lectura de un breve poema suyo titulado “Antiaforismo” extraído de Trizas y trazos:
Lo breve, si malo, perdonable.
Lector, perdone, pues, mi ingrato afán de siembra,
Si usted no halla simiente, ni recoge cosecha.
Con esto quiero hacer alusión a todos los presentadores de libros que siempre comentan/comentamos que vamos a ser breves. Y como hacían los clásicos en sus dedicatorias o introducciones, pedían disculpas anticipadas por si no les gustaba el libro o no sacaban algún provecho.
Cuando voy a leer un libro de poesía, cuando voy a iniciar un taller de poesía con mis alumnos, o cuando voy a hablar de poesía, como esta noche, vienen a mi mente las palabras de Juan Ramón Jiménez que escribió hace un siglo, en 1918:
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
(Eternidades)
Juan Ramón, y como él todos los poetas, quieren buscar las palabras exactas para expresar su particular forma de mirar, de ver la realidad.
Cada poema es como una especie de conjuro en el que nos reconocemos. El poeta hace magia y por medio de sonidos, de palabras, realiza un milagro: que el lector sienta lo que él ha sentido antes.  “Presentiza” un sentimiento para que lo disfrute, lo comparta o lo rechace. (Escribía José Ortega y Gasset en una carta a Zenobia, mujer de JR Jiménez, “todo gran poeta, señora, nos plagia” queriendo decir que al leerlos, descubrimos que están contándonos nuestros propios sentimientos).
En actos como este, se habla de palabras (“palabra esencial en el tiempo” que decía Machado), de cómo unos sentimientos se plasman en unas palabras y esas palabras tienen unos sonidos que producen en el lector/oyente/escuchante (por utilizar la terminología de Pepa Fernández en RNE) la sensación de que eso que estamos escuchando o leyendo “suena” bien, tanto por su melodía como por su significado.
La poesía, la lírica, mejor dicho, casi siempre habla de lo mismo: de los sentimientos del poeta. Los temas son recurrentes desde los primeros versos que pudo declamar un ser humano: la vida (el amor, la alegría, amistad, lo que nos rodea…), y la muerte (la tristeza, la pérdida, la soledad…).
Podemos resumirlo con la imagen de las lágrimas. Estas surgen tanto en la alegría como en la tristeza. Todos lloramos, pero cada lágrima es distinta, refleja una visión y un sentimiento distinto. Cada poeta cuenta cómo son sus lágrimas. Es la materialización de la subjetividad.
Pero lo mágico de la poesía es que consigue que nosotros lloremos (siguiendo con la metáfora significa, ‘nos emocionemos’) con lo que cuenta y, sobre todo, cómo lo cuenta.
¡Qué difícil es la palabra!
Esa palabra oscura
Que no entendemos
Y trata de ser luz.
(“De la poesía” de Diego Martínez Torrón)
Dicho esto, la hechicera que va a “encantarnos” esta noche se llama Elena Camacho Rozas. Veamos algunos datos de su biografía:
– Nace en Santander
– Licenciada en Filología Hispánica (ramas de Literatura y de Lengua) por la Facultad de Filología de la Universidad de Oviedo
– Accede al grado de doctora en Filología Hispánica tras la defensa de su tesis: “El lenguaje no verbal a la luz del lenguaje verbal literario en El Jarama de Sánchez Ferlosio y en El día señalado de Manuel Mejía Vallejo”
– Tiene estudios de música (piano). (LECTURA “PARANINFO”)
– Ha quedado finalista y ha recibido menciones especiales en varios Concursos de Poesía de Cantabria.
– También hace sus pinitos con la novela, aunque todavía no haya publicado nada.
– Es una persona muy inquieta, culturalmente hablando. Desde hace tiempo viene colaborando en diversos proyectos artísticos con Nieves Álvarez y Dori Campos (Género femenino, número plural, 2013; Teresa: erótica de la luz, 2015; Acogida sí, guerra no, 2017; 100 x 27 mujeres sinsombrero, 2018), entre otros.
– No puedo terminar esta breve referencia a su labor literaria sin comentar el trabajo de crítica y de divulgación que realiza desde su blog personal:
(https://elenacamachorozas.wordpress.com)
Para ejemplificar su vena literaria y algunas de sus lecturas/influencias podemos leer el poema “Tintero” en el que se aprecian claras referencias y guiños a Bécquer y a Rubén Darío.
Como introducción a su obra, dedicaré una atención especial al último libro, Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas, aunque también haga referencias a los anteriores.
Fijémonos en los títulos:
– Influencias clásicas de Ovidio y Kafka que son fáciles de deducir.
– Significado de Metamorfosis: ‘cambio de forma’, es decir, evolución, transformación. No siempre somos iguales. Lo podemos aplicar a nuestras vidas y a la propia obra de un escritor o a la obra de Elena. Creo que ha habido una transformación a lo largo de sus obras hacia una “sencillez más madura”. Ha dejado por el camino adornos, equilibrios lingüísticos con juegos de palabras que ahora se han suavizado. Las emociones llegan antes al lector.
Bodegones y otras naturalezas vivas: referencia pictórica, gráfica que nos viene a decir que va a prestar atención al detalle, al instante. Detiene el tiempo para que nos fijemos en su transcurso, en su paso o en sus consecuencias.
Otros títulos de sus obras:
Versatilidad de la emoción: juega con la palabra “verso” y “versa” (que trata de) y el significado de adaptarse con facilidad a algo. Habla de cómo varían, cambian los sentimientos, cómo se pasa de unos estados de ánimo a otros.
Ars adivinatoria (guiño al poema didáctico de Ovidio “Ars amandi”) que tiene como subtítulo “Sobre el amor, el tiempo y otros fantasmas”. Habla del tiempo con multitud de poemas que no tienen título (algunas de sus partes son: “Relato del pasado”, “Descripción del presente”, “Diálogo con el futuro”). Parece como si tuviera que ser el lector quien lo  “adivine”.
Un poema de este libro extraído del apartado  “A modo de pórtico”:
Nadie ignora que el pasado es el difícil libro
de aritmética
en que nunca interpretamos a tiempo los problemas.
Trizas y trazos. Juego de palabras que hace referencia a ideas fugaces, sugerencias, pinceladas poéticas. Son ideas, refranes, axiomas, frases hechas a las que les da otra lectura con una sensibilidad original.
Breve
Es cansado llorar en largos versos…
¡Sea, pues, mi lamento contenido!
Muy interesante y original es la DEDICATORIA. Es una declaración de intenciones. La lectura de un libro de poesía es un acto personal, único. No dice a todos lo mismo. Este libro va dedicado a cada lector en particular. Y la ESTRUCTURA:
I.    Orificios (6 poemas, aunque uno “Vaso” tiene varias partes)
II.   Cuerpo de bodegón (7 poemas)
III.  Naturaleza viva (8 poemas)
IV.    Ella responde (1 poema)
Habrá que preguntar a la autora ¿Por qué esta estructura? ¿Se escriben primero los poemas y luego surge la estructura o ya se tiene una estructura determinada y se van incluyendo los poemas en las distintas partes? ¿Cómo decide un poeta la maquetación de su poemario?
Uno de los temas más recurrentes en toda su poesía es el erotismo, la sensualidad. Como ejemplo voy a leer el poema “vaso” donde relaciona/identifica el objeto (vaso) con un cuerpo (LECTURA DE “Vaso”).
Como dice Lorenzo Oliván en su libro Para una teoría de las distancias, en su primer poema “La ventana”: “La ventana engrandece lo que enmarca”. En los siguientes versos habla de distintas personas que se pueden ver a través de la ventana  y termina esa estrofa diciendo: “en ella / ahora, / significan más”. Viene a decir que el poeta busca ventanas, instantes.
En esta obra, Elena selecciona elementos de la naturaleza viva o muerta (como un tintero, un vaso, una horma, un pozo, un jarrón, unos niños, una gárgola, una ortiga, unos rascacielos, etc.) para detenerse en detalles sugerentes, personales. Para “re-crearlos” con su visión.
Por ejemplo, algo que en principio puede parecer tan poco poético como una ortiga le sirve para hablar del dolor, físico o psíquico, que a veces sentimos y que acaba pasando:
“La vida es una ortiga
por la que circulan los días
y las noches.
Y la urticaria crece
entre sus hojas
para teñir de rojo
el maná que semejaba verde […]
Una ortiga pica en las pestañas,
Pero el agua fluye y nunca escampa.”
El tema del agua aparece en muchos de sus poemas. Tiene reminiscencias clásicas: se ha utilizado desde la lírica medieval hasta nuestros días. Ella como profesora lo sabe y lo utiliza.
Metamorfosis es la obra de una persona erudita. Conocedora de la lengua, de las palabras y de sus acepciones, de la literatura, de la historia, de la filosofía, de la religión (sobre todo de la Biblia). Son constantes las referencias a todas las artes: literatura, música, pintura, escultura, fotografía (muchos de sus poemas son instantáneas de la vida). Solo hay que leer el poema “Ambivalencia” para comprobar las referencias culturales que cita. Se nota su carácter pedagógico, docente, porque cita muchos nombres “famosos o conocidos” por la mayoría y, los que pueden resultar desconocidos para el gran público, como Holofernes, los explica con dos o tres palabras.
Podemos calificar el libro de redondo. No solo por la temática, que habla de múltiples sugerencias vitales, erótico-amorosas, habla de objetos y de personas, de imágenes y de sentimientos, de referencias personales; no solo por la variedad de figuras literarias relacionadas con la lengua oral (como la aliteración, la metáfora y el paralelismo, que impregnan de musicalidad, de ritmo sus versos)… sino por su forma: empieza y termina con la misma palabra “tintero” (palabra con unas connotaciones eróticas muy marcadas).
Para terminar mi presentación, comentaré que hace poco escuché en una tertulia literaria que un libro no se acaba hasta que no tenga lectores. Seguro que después de escuchar a Elena Camacho Rozas esta noche, todos seremos tus lectores, y tus libros tendrán, como dices en la dedicatoria, tantas vidas como personas se acerquen a ellos.
Portada Versatilidadad, Ars y Trizas
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UN RECITAL POPULOSO Y ENTRAÑABLE

Mis amigos son la pera. Pienso que tengo pocos, pero buenos. Cuando los necesito, ahí están. Y lo mismo hacen los amigos de mis amigos. Siento que nos aprecian y se desviven por que nos vaya bien. Me  reconfortan y me devuelven la fe en el mundo.

Un profesor asistente al recital le envió un poema a Jesús Arranz (quien me presentó) para que me lo comentase. Se le ocurrió cuando leí el fragmento de Primo Levy sobre por qué escribimos:
https://blogs.20minutos.es/poesia/2009/10/29/aapor-quao-escribe-usted-aiscar-hahn-1939/.

Me gustó y además me sorprendió. Viernes tarde, capital de provincia (otra distinta a en la que vivo y trabajo), en un salón de actos que está en el sótano (de la Biblioteca Pública de Burgos), sin carteles a la vista ni reseña alguna en la prensa (a pesar de que me consta que se intentó), pero el boca a boca de mi excompañero de Lerma, y los correos electrónicos y los wasap… obraron el milagro. Fuimos unas sesenta personas, lo cual para un recital de poesía de alguien poco conocido es extraordinario. De hecho, en el de Óscar Hahn en el salón de actos de la archifamosa Residencia de Estudiantes de Madrid, a este escritor chileno le rodearon poco más de treinta, y eso que entre los seres anónimos había dos cabezas poéticas bien visibles: la de Luis Antonio de Villena y la de Luis Muñoz.

¡Lástima de foto que a nadie se le ocurrió hacer!

Biblioteca Pública de Burgos

RECITAL Y CHARLA POÉTICA

De nuevo, quiero compartir un evento con vosotros.

El viernes 23 de noviembre de 2018 a las 19:30 horas, en la BIBLIOTECA PÚBLICA DE BURGOS (Plaza de San Juan, s/n), mi compañero de profesión y amigo
JESÚS ARRANZ (profesor de Lengua castellana
y Literatura del IES Pintor Luis Sáez) presentará mi nuevo poemario y una reedición de tres anteriores.

Allí os esperamos. ¡Es un buen plan! Si podéis y os apetece asistir a esta charla y recital, no lo dudéis. Y si conocéis gente que pueda estar interesada, reenviad el evento.
Besos y versos, mientras tanto.

¡Ah!, y acabo de ver un blog, ÚLTIMA EMOCIÓN, en que se menciona un par de poemas míos entre muchos de mis más admirados poetas. ¡Qué lujo!: https://ultimaemocion2.wordpress.com/tag/poesia/page/10/.

 

 

LA VISIBILIDAD DE LO INVISIBLE

Invisible de Eloy Moreno es una de esas novelas que no nos deja fríos, que nos incita a proclamar a los cuatro vientos sus bondades, a facilitársela a otros para que la lean (alumnos, amigos, lectores…). La invisibilidad es metáfora del aislamiento. Y merece la pena, aunque a ratos la cause o precisamente por ello, porque lo bueno no solo está construido de alegrías y belleza; lo sórdido y lo feo también existen en la realidad y conforman, paradójicamente, el contraste que va a embellecer aquello. ¿Y si se pudieran dar vuelta como un guante todas esas maldades a que estamos acostumbrados? Sería magnífico.

Invisible Eloy Moreno

Al principio me costó un poco engancharme porque el libro está compuesto por infinidad de retazos, de pequeños episodios en que distintos personajes van entrelazando lo que viven y sufren. El primero alude a una profesora que será muy importante más adelante y que tiene tatuado un dragón en la espalda, por tanto es un flashback que nos explica algo de la vida de ella. A partir de ahí, inmersos en una novela in medias res, sabemos de un chiquillo aparentemente perturbado, se ignora por qué, que entra en estados de pánico y que descansa en una habitación de hospital asistido sobre todo por su madre, a la que vienen con cuentagotas sus amigos Zaro, el de la cicatriz en la ceja, y Kiri, la niña de las cien pulseras; además de su pequeña hermana Luna, con la que tiene una relación maravillosa.

La imaginación capaz de hacernos creer que somos héroes, el acoso, el actuar como Pilatos y lavarse las manos, la invisibilidad en que se esconden las víctimas, el deseo y otros muchos sentimientos que van desde el remordimiento a la venganza, a la rabia, a la incomprensión son fundamentales. Sin embargo, términos antónimos como cobarde y valiente deben relativizarse y entenderse en su contexto (como muy bien explica, avanzado el libro, la profesora-dragón). Estas son algunas de las puntadas  con que se teje el entramado  de Invisible. Y Eloy Moreno, del que ya reseñė su primera novela —El bolígrafo de gel verde— y allí le auguraba éxito en las futuras porque no le falta imaginación y posee el don de la palabra (https://elenacamachorozas.wordpress.com/2011/04/28/un-novel-seductor/), todo lo hace con gran sencillez como si estuviera poniendo teselas que, con sus saltos al pasado y al presente, fueran desgranando los porqués de cada uno: de las víctimas, de los verdugos, de los inoperantes o de los salvadores. Al final, el mosaico adquiere la envergadura de un cuadro clásico, el puzzle se completa y esta alegoría que fluctúa entre la fantasía y la realidad, a la luz de un microcosmos en que se animaliza al protagonista, el niño-avispa o el niño-ardilla, y en el que asistimos tal vez al perdón o a la comprensión del papel del antagonista, el guerrero MM, el chico de los nueve dedos y medio, cuando conocemos su pasado; nos devuelve la fe en un mundo lleno de claroscuros y vergüenzas.

En algún momento, sus expresiones me han hecho pensar en la película Un monstruo viene a verme de José Luis Bayona, y es que la fabulación del niño que pasa por un atroz momento es semejante. Y aunque no tiene nada que ver, el uso de ciertas metáforas como la de esos elefantes que golpean el pecho del protagonista, también me han recordado el elefante del sombrero de El principito (de nuevo la infancia y la multiplicidad de interpretaciones). Y es que las buenas novelas nos llenan y nos acercan con sus referencias solapadas a otras obras de ficción.

Los episodios son relatados por medio de un narrador externo omnisciente y subjetivo, salvo aquellos en que es el propio protagonista quien nos habla, el muchacho que intenta encontrar los superpoderes con los que, como sus admirados héroes de cómic, consiga salvarse y salvar al mundo, ante la mirada atónita de la psicóloga que acude a hablar con él.

Escrita con sencillez, ritmo y, en ocasiones, un cierto aliento lírico, el autor hace de esa sencillez la bandera de toda su estructura y nos emociona, nos involucra, nos enseña que hay muchos tipos de invisibilidad y que se puede luchar contra ella.

Ya en una selección de cuentos clásicos populares, Cuentos para entender el mundo (yo me hice eco de la 1, https://elenacamachorozas.wordpress.com/2016/03/24/recomendaciones-breves/, ya ha sacado la 2, como le hace decir a la profesora de Literatura, personaje de esta novela que les lee alguno) demostró seleccionar muy bien historias de aprendizaje. El relato titulado No es mi problema es como una versión en prosa del poema de Niemöller cuyo penúltimo verso es Cuando vinieron a buscarme (que recogí en esta entrada hace tiempo: https://elenacamachorozas.wordpress.com/mis-favoritos/algunos-clasicos/). Y es que la necesidad de involucrarnos en lo que les pasa a los demás ha de ser un imperativo categórico. Mirar hacia otro lado debería estar prohibido por ley. En las jaulas y en la selva cada animal tiene su puesto y cada ser humano encuentra su alter ego, y Eloy Moreno los enlaza con muy buen acierto, y me hace sonreírme al recordar mi poema Fábula (el último de los que aparecen en: https://elenacamachorozas.wordpress.com/poemas-ineditos/).

La encendida defensa del esfuerzo y de los empollones frente a los que, con o sin talento carecen de él,es digna de protagonizar cualquier clase nuestra para abrir los ojos a quienes dormitan en las aulas y disienten del sistema educativo sin intentar activamente superarlo y mejorarlo.

Un estupendo regalo para estas Navidades. O para antes. Y para después.

 

LA DOBLE DE BRIGITTE BARDOT DE ALBERTO DE MIGUEL PLIEGO

Una pequeña editorial burgalesa publica La doble de Brigitte Bardot de Alberto de Miguel Pliego, diplomado en guión por la ECAM. En ella se novela el accidentado rodaje de una especie de espagueti western picante protagonizado por Claudia Cardinale y Brigitte Bardot en 1971, Las petroleras, una producción hispano-italo-francesa. Desde el principio se nos dice que hay algún desajuste histórico a sabiendas de que es una historia novelada con un fin humorístico y no una crónica histórica cien por cien.

La novelita se estructura en tres partes: Antes del rodaje, En el rodaje (la más extensa) y Después del rodaje, a las que se añade una nota final en que se insiste en algún dato no estrictamente histórico, como el de que la pelea entre Bardot y Cardinale no la hicieron las dobles sino ellas mismas.

El muchacho protagonista (a decir de sus compañeros de clase bastante mojigato) hace muy buenas migas con un adulto republicano llamado Fernando que se dedica a retratar la realidad y le va a abrir los ojos, y quien le pide que colabore con él durante la grabación de la película en la que se hará cargo de la foto de rodaje de las divas.

El apocado chico, Román, que vive con su madrina Encarna, quien aspira a que se prepare para notarías y es forofa de una visionaria, Mercedes, que le echa las cartas, está en la etapa en que se despierta al sexo en un momento en que el Régimen aún tiene bajo siete llaves todo lo que puede considerarse amoral. El cura rojo (aunque desvaído) tendrá también un gran papel en los acontecimientos, ya que la negativa de su madrina a que acepte el trabajo de ayudante del fotógrafo se ve trastocada cuando aquel, instado por el arzobispo de Burgos, le sugiera infiltrarse de parte de la censura para anotar lo que fuese “moralmente reprobable”; mientras que de Madrid llega el antagonista señor Abdón, funcionario del Ministerio de Información y Turismo con fama de aperturista.

Sus principales temas son: la maduración, el qué dirán, las falsas amistades (sus “tías” adoptivas), la ideología compartida, lo esotérico, el deseo, las aficiones literarias (el protagonista toma notas de una forma un tanto grandilocuente, acostumbrado a leer más que a vivir), las pequeñas o grandes traiciones y el cobrarse las cuentas pendientes y los favores. Pero ante todo es una novelita que nos habla del cine, de sus entresijos y de las relaciones entre estrellas y figurantes y con los lugareños de las ubicaciones donde ruedan. Y como siempre que el ambiente es opresor, la llamada de lo salvaje, de lo novedoso y lo prohibido, como el flirteo con la droga y el despertar del acobardado Román. Los personajes que se incorporan al elenco narrativo: el hippie del establo, la doble de Brigitte Bardot (Alba) representan los aires nuevos que contrastan con la juventud de la villa.

Aliñan el relato las frases hechas del idiolecto propio de los personajes populares quienes, en la línea que a mí me gusta, echan mano del refranero: “Besos y abrazos no hacen chiquillos, pero tocan a entrar” o “Entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera” o “al que nació para martillo del cielo le llueven clavos”. Pese a que hay alguna errata ortotipográfica, su estilo resulta entretenido y destacan sus descripciones humorísticas y sus buenos enunciados en estilo indirecto libre. Hallamos también algún regionalismo como en folgueta, es decir, en calzones o ligero de la ropa o chospar (por chozpar, brincar un cordero) y un gran número de palabras poco usuales (galipandia por constipado o zamostos, algo así como inconsciente).

Por otro lado, Burgos, la ciudad en que se desarrollan los hechos y su provincia, se muestran con precisión: su sol de uñas, sus callejas alrededor de la catedral, los jardines de la Quinta junto al río Arlanzón, el Paseo del Espolón con sus plátanos orientales, la zona nueva del Plantío, el campo Lilaila en el barrio de Cortes o la zona atrincherada entre Cabezón de la Sierra y Rabanera del Pinar en la que acaban de rodar lejos de donde comienzan (Cascajares de la Sierra). Incluso aparecen los caballos losinos, la única raza autóctona de Castilla.

El narrador omnisciente toma la palabra entre coloquial y jocoso e indaga en la mente del protagonista con decisión:

  • “Últimamente, desde que se cruzara en la quinta con la joven pareja, sorbiéndose el uno a la otra, ni en los novelones encontraba refugio, pues, poseído por una  sed de leer la vida —que para vivirla todavía no había encontrado manual de instrucciones—, se embarcaba en varios libros a un tiempo, con el resultado de que sufría empachos mentales tremendos y no disfrutaba ninguna aventura; solo veía palabras a chorros”.
  • “Los pocos que le quedaban sobre la cabeza, como cuatro briznas de hierba larga, se los peinaba a la cortinilla, de modo que, cuando soplaba un poco de viento, se le alborotaban bailando el charlestón sobre su calva”.
  • “Se puso a pensar en la cantidad de tardes que había pasado dándole vueltas a la melancolía, como si esta ennobleciese o le hiciese a uno más sabio. Menuda estafa. Ahora sabía que no era más que una impostura, pues el chantaje que le atormentaba nada tenía de romántico”.

En definitiva: ligero y ameno, una buena lectura para pasar el rato.

Otros retazos de interés: unos versos del poeta burgalés Victoriano Cremer, nombres de pueblos poco conocidos (Cascajares de la sierra, junto a la sierra de Carazo —tierras del cantar de los Infantes de Lara—, alguno despoblado como Turzo de Bricia), anécdotas (la del profesor de filosofía) y lugares emblemáticos (Bar Patillas, cuartel general de la bohemia de la provincia), reminiscencias de época como la Ley de Vagos y Maleantes, cierto vocabulario de raigambre popular, desusado o del español de América (como “creyencero”, que en Costa Rica es lo mismo que supersticioso).

RARA AVIS: VIDA EFÍMERA

Abejorro

Era su ser tan dulce tan dulce que no podía evitar absorber, lamer, chupar aquella savia que me daba vida.

Pero ella me largaba manotazos para aliviarse de mis punzantes besos, mientras yo buscaba en su saliva, en su sudor, en su respiración…, como una mosca gestante, el anhídrido carbónico que la ayude a proteger, a incubar y a madurar sus huevos.

Por mucho que insistiera yo revoloteando alrededor de su cuello, de su cara, de sus brazos, de sus piernas, de su ombligo… para absorber, lamer, chupar aquella savia que me daba vida, no fue posible.

¡Quizá fueran tan solo unos días en mi vida efímera y proscrita! Aunque a ella, a tenor de su actitud, se le hicieron largos como meses, sin embargo.

Y al fin consiguió armarse contra mí. La palmeta de su mano imitó a los voladores trapos de cocina. Y me dio tan tan fuerte que estalló mi cuerpo y mi deseo.

Ya solo queda una mancha de mosca en la pared.

Fue entonces cuando, definitivamente, con el rabo entre las piernas y la mirada gacha, le puse las maletas en la puerta.

LA MIRADA DE DORI CAMPOS

Ayer fue un día emocionante para mí.

Presentación Metamorfosis en Santander

Presentaba mi nuevo poemario, Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas, y temí haber “liado” a Dori Campos y a José Ramón Saiz Viadero para acompañarme ante un público inexistente. El Diario Montañés, ocupado en otros asuntos de más enjundia y, a pesar de haber sido avisado con anterioridad del evento, tuvo a bien despacharlo en tres líneas en el apartado de agenda cultural. Sin embargo, una vez más comprobé que tenemos/tengo grandes compañeros y amigos que nos/me quieren, y el salón de actos del Ateneo se llenó con un nutrido y entregado público que superaba el medio centenar de personas. Las palabras de Dori y Ramón, acertadas y halagadoras, me enorgullecieron; yo recité con tranquilidad y pasión, y la gente se emocionó y se rio. ¡Todo un pequeño gran éxito!

La poeta y amiga Dori Campos me ha hecho llegar su lectura crítica de mi poemario, que le sirvió para abrir el acto y hacer una semblanza de mis versos. ¡Me encantó! Aquí os dejo su pormenorizado análisis:

Decía Flaubert, que un libro es una manera de vivir en cualquier lugar.

Esta tarde hemos elegido vivir un rato en el último poemario de Elena Camacho.

Y qué bien se está en un libro de poesía, porque los/as poetas dicen lo que les da la gana.

Desde el psicoanálisis dijo Lacan que la poesía es efecto de sentido, pero también efecto de agujero, me gusta ese don de la poesía que busca sentido y también abre agujeros: universo de significantes para quien lo escribe y quien lo lee.

Al leer el poemario de Elena, he pensado en el poeta donostiarra Karmelo Iribarren, cuando dice que le gusta la literatura que se mezcla con la vida, que se mancha de ella, y que la otra, la que no dice nada, por muy bien que lo diga, no le interesa, y que en cuanto a la hermética, por él como si tiran la llave al océano. Él dice que lo que busca desde hace 15 años en la literatura es siempre lo mismo: la vida sucediendo en el papel.

También he recordado a Rilke, quien consideraba que la poesía transforma la realidad en versos, cuya más notable misión es recuperar los hechos del olvido, y añadía que la mayor parte de los hechos son indecibles (yo añadiría que, además de en los poemas, es posible hacerlo en psicoterapia o en la intimidad compartida a veces).

Rilke añadía que debemos aceptar nuestro destino tal y como viene, sin concesiones.

Por su parte, la poeta cordobesa Juana Castro dice que cuando escribe se fía de sí misma, no tiene compromisos, que lo hace con la destilación de sí misma, por donde habla la memoria, la propia historia vital, lo que ama y admira, lo que cree, lo que la intranquiliza, el ángel y el dolor que van con ella.

La poeta  Julieta Valero lo resume así: el poema está hecho de vida y lenguaje.

Y Elena Medel considera que la poesía habla de nosotros, habla en nuestro lenguaje y remite a códigos en el fondo muy cotidianos, muy familiares.

La poesía de Elena es genuina y en su nuevo poemario encuentro algo de todo esto, la vida sucediendo.

Alguien que observa la realidad y la describe, que coloca las cosas como un bodegón vivo, sucediendo.

Su poesía no tiene lamento, tiene descripciones de la realidad, un Yo en contacto con la naturaleza.

Su escritura no se parapeta en una elaboración intelectual, ni en un postureo formal del lenguaje vacío de contenido, lo que escribe es físico, cercano, cálido, va al origen de las palabras que utiliza con gran riqueza etimológica.

Elena vive el curso de la vida con honestidad, de forma tranquila, como un mes de septiembre. Leerla es dar un paseo reflexivo por lo cotidiano.

Si hago una cata de la poesía actual, después del gran boom de la poesía de la experiencia, percibo que se impone la del desamparo, la de las distantes conclusiones, sin sentimentalismo, la de un Yo cada vez más anónimo.

Se lleva el poema escueto, como un plato de cocina deconstruido al máximo.

Escojo las palabras de Jorge Richman, cuando se refiere a los poemas a ras de tierra, de realidad, que en su antagonismo se terminan  pareciendo a los poemas preciosistas de Rubén Darío.

La poesía de Elena no es ninguna de estas dos. Es una poesía realista pero de caja ancha, de versos anchos, de palabras sólidas, así leo en el poema Paraíso: “Con este edén endémico y nunca eterno / que florece a ras de tierra / entre los miembros, / así sobrevivimos los seres incrédulos”.

Este poemario de la doctora en filología y docente, erudito en palabras, propone coger los elementos de la naturaleza y vivirlos: un tintero, un vaso, un agujero en el hielo, una horma, un pozo, un caldero, un jarrón, margaritas, tormenta, zapatos, jaula, pluma, hornacina, señales, niños, árbol…

Todos ellos, objetos recipientes para el afecto, el deseo, la vida diaria y el cuerpo como vaso, donde ofreces beber.  Ese vaso, que en un verso de Ascensión Fresnedo (la poeta cántabra, recientemente referenciada en el ciclo de conferencias coordinado por José Ramón Saiz Viadero, en la biblioteca pública de La Penilla de Cayón, que lleva su nombre) decía:  “mi sed te llama desde el gran vaso de la tarde”.

Elena habla de los objetos como si fueran  un actor más de la vida. Hay un erotismo de la búsqueda de las palabras, en las cadenas de pensamientos y asociaciones.

Al abrir el libro, ya en su dedicatoria, se dirige a quienes salen a pasear por el reflejo de su propia realidad y la imagen siguiente es un magma de letras esperando convertirse en palabras.

El primer poema pareciera un elogio cervantino a la pluma y la tinta. En el transcurso de los poemas hay recuerdos desnudos, sin paños calientes, sin distancia, es la escritura de una mujer-tierra, deseosa de tacto y acción, hay una física vital que habla del difícil acceso al agua que calma.

Su poesía habla de la naturaleza como esperanza, guarida, respiro, de sentir como una asfixia por aire de fuego, así dirá en el poema Guarida animal: “El asma es un incendio incontrolado” (en psicosomática, la interpretación emocional es la de un amor que sofoca, incapacidad de respirar solo, llanto suprimido).

El libro está dividido en cuatro partes, en la segunda parte, Cuerpo de Bodegón, en el hermoso poema Elección,  se fija en la gaviota y la rosa,  y nos dice que no está cerca de la dulzura aparente de sus símbolos sino del tiempo total, el que ocurre dentro del cuerpo, el tránsito del agua interna.

En el poema Paraninfo, compone versos con terminología musical, donde habla de un tú, como si fuera los mejores matices de la pieza musical, y de un Yo como un punto de reposo que alarga la duración de las figuras musicales.

Y en el poema Gárgola, establece un juego de contrarios, un intercambio entre Yo Piedra, Tú puente de vida. En Ortiga, construye: “La vida es una ortiga / por donde circulan los días y las noches”.

En otros poemas abre y juega con registros como la ambigüedad  femenino-masculino y en otros como Paisaje con sirena, elogia lo femenino.

En Homenajes, elogia la armonía de la naturaleza en el cuerpo: “Examino las hojas de los árboles / y siento la dulce exuberancia / del erótico verde y su excitada / penumbra entrelazada. / Y pienso: el mundo estuvo / seguramente, un día, muy bien / hecho”. Hay en este poema una referencia a Jorge Guillén, quien escribiera: “¡Tú, tú, tú, mi incesante / primavera profunda / mi río de verdor / agudo y aventura! / (…) constelación del campo / fabulosa, precisa / trémula hermosamente / universal y mía!”.

En el poema Futuro, dice esta maravilla: “Y sobre la lluvia, el fuego, / la lengua y la espera, la visita llega / tal vez con diez pasteles / o una sonrisa perenne e indescifrable, / o las manos vacías y la mirada llena”.

El poemario, como una suerte de lógica enlazada en los símbolos antiguos de la escritura que se cierra sobre sí misma, comienza con el  poema Tintero y la última palabra del último verso es también “tintero”.

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Desde aquí, quiero agradeceros la atención y la compañía a todos los que estuvisteis con nosotros.

METAMORFOSIS. BODEGONES Y OTRAS NATURALEZAS VIVAS

Portada Metamorfosis. Bodegones

Hola, amigos:

El lunes 24 de septiembre a las 19:30 de la tarde en el Ateneo de Santander, presentaremos José Ramón Saiz Viadero, Dori Campos y yo mi nuevo poemario (Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas), así como la reedición en un solo volumen de tres poemarios anteriores (Versatilidad de la emoción, Ars adivinatoria y Trizas y trazos).

Si queréis haceros con un ejemplar, allí mismo se pondrán a la venta, aunque también se puede comprar en papel bajo demanda en vuestra librería habitual o en formato ebook en distintos portales web. Basta para ello con poner su título o mi nombre. Por ejemplo:

https://latam.casadellibro.com/libro-ibd-metamorfosis–bodegones-y-otras-naturalezas-vivas/9788417335946/6764596

https://www.elcorteingles.es/libros/A27009719-metamorfosis-bodegones-y-otras-naturalezas-vivas-tapa-blanda-9788417335946/

https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=node%3D902691031&field-keywords=camacho+rozas&rh=n%3A902691031%2Ck%3Acamacho+rozas

https://www.agapea.com/libros/Metamorfosis-Ebook–EB9788417382681-i.htm

https://www.agapea.com/libros/Versatilidad-de-la-emocion-Ars-adivinatoria-Trizas-y-trazos-Ebook–EB9788417426774-i.htm

https://www.paquebote.com/9788417426064/

https://www.libreriaofican.com/ebook/versatilidad-de-la-emocion-ars-adivinatoria-trizas-y-trazos_E0002651356

Os espero ese día y, en su defecto, entre los versos que os dedico, mis pequeños grandes lectores. Ah, y si os hacéis eco de este mensaje informando a vuestros contactos para dar mayor visibilidad al acto, más agradecida aún.

Besos y versos por doquier.

Elena Camacho Rozas

 

LAS VARIACIONES INSENSIBLES

Este poemario de Elda Lavín —número 21 de la colección  A la sombra de los días— que parte de sendas citas de Guillén y Schopenhauer, muy bien escogidas en relación al título que se nos propone (así se comprende perfectamente que el tiempo fluctúa, suelto y amarrado, dependiente y libre, reiterativo y novedoso) es bastante hermético y, sin embargo, muy sugerente. Vadea entre lo infinito y lo finito, entre lo glorioso y lo heroico y lo monstruoso y cotidiano. Y ahonda en varios temas clásicos, como el del  eterno retorno, la trascendencia, la brevedad de la existencia…

En la primera parte, Tempus belli, se dirige con un segunda persona en Subida hacia Malula  al poeta, al lector, a Dios…

No solo en Cul de sac repite la idea del camino aliado machadiana, con todos sus vericuetos, vueltas y revueltas e incluso inmersiones en callejones sin salida.

A Javier Marías nos recuerda el título de Mañana en la batalla, que siempre acabamos con un “piensa en mí”, excelente poema del que me gusta especialmente el verso “desechas sábanas de roce anfibio”, una de cal y otra de arena, que en principio golpea a la mente con la posibilidad del deshacer o el desechar.

Muy conseguido es ese verso de “en ti tiene el azogue al enemigo” en El habitante de las ruinas. Su poema La moral de laberinto me recuerda a uno mío en el que hablo de que todos somos un poco Judas, un poco Pilatos, y todos jugamos distintos roles.

En Naturaleza en mí hay un aliento espiritual panteísta. En él, la propia naturaleza transita por el ser humano. Mientras que en Placer de las lágrimas acoge la contemplación de la belleza animalizada y mordiente, y nos hace partícipes del dolor de la brevedad.

Última copa me recuerda, por el contrario, a varios poetas modernos como Marwan y Patricia Benito. De Hacer el equipaje y partir destaco el verso “El guerrero traía en el recuerdo, / precintada, la paz de las orillas”, que desemboca después en la pregunta: “¿de qué estación partir para el regreso / sino de la del cuadrilátero?”, y finalmente en una expresión “descubrimos que una derrota / es todas las derrotas”, que aparte de al “todos los fuegos son el fuego” de Cortázar me recuerda a Marwan también.

 

Acto seguido, la parte titulada Paz en los temores comienza con el poema El baile de la memoria, cuyo quinto verso me sorprende: “la cadencia con que se acorda / la marcha de nuestro destino / al supremo orden de las cosas”. Entiendo que acordar se relaciona en este contexto con acorde, pero nos lleva al verbo “acordarse” en presente, que conjugaríamos “acuerda”, si bien nos sumerge en ese sonar acompasado que nos lleva a “la negación del miedo” original, como muestra el último verso.

La historia, el arte y la geografía se enredan entre sus versos. En Venus de mármol, muestra otro ejemplo de la Trinidad en la escultura. En el poema la Catedral de Ulm hace una analogía entre esa esbelta iglesia y su propia persona, creadas por y para un mismo Hacedor, como “otra manera de lo hermoso”, porque la creencia forma parte de este poemario en que el cielo es acogedor y nos cobija, a decir del poema siguiente en el que la vida se agradece, como “tiempo de la espera”, un intermedio para alcanzar la defensa contra todo.

Y la música también se halla presente en esta obra. Por ejemplo en Notas para un blues. Así como el recuerdo, como en ese poema Verano del 75 en que cualquiera puede verse reflejado, suyos son los versos: “semejantes los rostros a este rostro de mi hija, /  semejantes mis manos a aquellas de mi madre”.

El poema Guárdate de la noche nos habla de cómo el recuerdo es profiláctico, y es que la búsqueda se define como “una cota de certidumbre”.

Precioso verso es “tu lluvia de alfileres” de Hacia el final del viaje, con esa vuelta de tuerca calderoniana: “era el sueño de la vida, / una trágica representación: / el afán impedido, los esfuerzos inútiles / y los errores insignificantes / que se acumulan hasta el último momento / para arrebatarle incluso a la muerte / la dignidad de la tragedia”. Y es que “solo los cadáveres claudican del dolor”.

Entrañable es el poema Madre e hija, que me recuerda a algunos que he escrito yo (en este mismo blog, están los que dediqué a Alicia y Laura: https://elenacamachorozas.wordpress.com/2010/04/19/musas-de-hoy/) y al paso del tiempo, con la idea del eterno retorno y la trascendencia a través de los otros que genéticamente son un poco nosotros, y gracias a los que permanecemos como si fuéramos parte de un paisaje.

La tercera parte titulada Tempus inopiae me resulta quizá la más hermética, pero exquisita.

Parte del retrato del personaje Jean des Esseintes de la novela A contrapelo de Joris-Karl Huysmans.

Espectacular es la sugerencia de la imagen “Duerme bajo la manta del invierno el silencio de las derrotas” en El silencio y su invierno.

El poema Reflexión es magnífico. Parece descrito desde el punto de vista de la propia reflexión: dubitativa, llena de iniciativas, de caminos que seguir, de atascos y, por lo mismo, despistada, errática hasta que una breve chispa puede dar con un pensamiento feliz.

Constantes son las referencias a la memoria, que a veces más que recordar recrea, como una especie de venganza contra el tiempo que “nos impone condiciones / como fronteras” (en Desde Camarillo). Y es que vivir es recordar incluso lo que no se vivió, por eso nos sorprende imaginando lo que no existió y ni siquiera concebimos. El recuerdo reaparece en el poema Ser y no ser.

En Ablución matinal, el cotidiano engaño de existir aparece en las mentiras reflejadas en el espejo mientras nos lavamos las manos cada mañana como Pilatos por no afrontar lo que debimos o por consentir la existencia de verdades ocultas.

Y de nuevo En el mayor espectáculo del mundo asistimos a “la representación del hipócrita”, que nos pone en la órbita de la vida como sueño, como teatro, como mentira e hipocresía.

En Niebla en Notre Dame, otro poema en que la geografía y la arquitectura aparecen, comprobamos un nuevo indicio de la trascendencia de la humanidad, de ahí los versos: “una sacralidad de carne abierta” y “un eterno sentido de lo creado”.

 

Y es que las creencias, la fe, y “unas manos remotas como estrellas / mueven el escenario” a lo largo de poemario. E incluso ante una posible muerte, la perduración resiste y lo mejor es orear las vivencias, aunque “el pulso que te ladra en la sien / con su frío de puntas de diamante /no te dejará aplacar el miedo”.

Una buena elección de lectura para tomar con tiempo y a sorbitos.

 

 

RESEÑAS VARIAS

Me impuse leer Don Juan de Gonzalo Torrente Ballester y, aunque acabé la novela, no me ha gustado demasiado. Dejo constancia solo de esta cita:

  • Una obra de arte en la que predominan los valores técnicos es siempre decadente: revela impotencia imaginativa y esterilidad.

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Tampoco me encantó de Daphne du Maurier Los parásitos, a pesar de que el análisis psicológico está descrito con destreza. La obra plasma la inadaptación de los  seres bohemios e imaginativos, y está llena de sugerencias. En un espacio decadente y lujoso una actriz renombrada (aunque nunca tanto como sus padres) fluctúa entre el amor a su hermanastro y la rutinaria relación con su esposo y con sus hijos.

Añado un par de citas por no perder la costumbre:

  • Nunca descuides las pequeñas heridas.
  • El mal operario descarga la culpa en sus instrumentos.

 Los parásitos

Aunque se comprende por qué le gustaba tanto a Hitchcock la autora de Rebeca.: https://www.xlsemanal.com/conocer/20150405/conocer-literatura-rebeca-retorno-8332.html

Para terminar por hoy, reseñaré El club de los viernes de Kate Jacobs, novela que cumple lo que promete su subtítulo: Ocho mujeres, ocho maneras de tejer la vida. A través de esa metáfora de la vida como una labor que se teje y desteje a diario, Georgia, Anita, Dakota, Darwin, Cat, K. C., Lucie y Peri nos hablan de los grupos en que se incorporan las personas según aficiones y afinidades, verdaderas familias escogidas por lazos que nada tienen que ver con la sangre, verdadero tejido humano.

Se trata de una novela ligera, amena, en la que tiene cabida el humor (y el dolor), sobre la amistad, el amor y el perdón. En ella, ese grupo de mujeres neoyorquinas —de entre las que destaca Georgia Walker con su hija adolescente— nos obliga a replantearnos nuestro mundo solitario e individualista y nos insta a mantener o establecer nuevas relaciones que nos impidan desaparecer como personas.

Club Viernes

A modo de consejos relacionados con el noble arte del tejer, se suceden las diez partes, enmarcadas por una especie de hilo de un ovillo todas ellas. La primera se titula Reunir el material, y en tres capítulos nos da las claves para abordar la segunda parte, Montar los puntos (que se desarrolla del cuarto al séptimo capítulo). La tercera Hacer la muestra da pie a que se incorporen personajes secundarios. La cuarta, Del derecho y del revés, avanza hasta el capítulo 16; y la quinta, Dominar un punto complicado, que nos lleva hasta el 21, nos habla del viaje a los orígenes y el regreso a James, una de esas cuentas afectivas pendientes que todos tenemos.

La sexta parte, titulada Soltarlo todo (del 22 al 25), sugiere la necesidad de perdonar y nos habla de las parejas nuevas y de las antiguas, al tiempo que recibimos un gran impacto por lo que se le avecina a la protagonista. En la séptima parte, Empezar de nuevo (capítulos 26 a 29) nos adentramos en las pequeñas batallas y en la octava, Cerrar los puntos, (30 a 33) asistimos a la dura prueba que vive Georgia y los que la acompañan. Coserlo todo es la novena parte (del 32 al 34), en que de alguna manera volvemos al hogar, y la décima y última: Ponerte lo que has hecho (capítulos 35 y 36) nos asoma al valor de enfrentarse a lo que uno se propuso hacer o hizo.

En definitiva, una buena lectura para el verano, ya que mantiene el interés por ver las relaciones que se establecen entre esas ocho mujeres tan distintas; pero en la que, aunque se resuelven algunos sueños truncados, comprobamos que nada es tan bonito como aspiraba a ser.

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