LA DOBLE DE BRIGITTE BARDOT DE ALBERTO DE MIGUEL PLIEGO

Una pequeña editorial burgalesa publica La doble de Brigitte Bardot de Alberto de Miguel Pliego, diplomado en guión por la ECAM. En ella se novela el accidentado rodaje de una especie de espagueti western picante protagonizado por Claudia Cardinale y Brigitte Bardot en 1971, Las petroleras, una producción hispano-italo-francesa. Desde el principio se nos dice que hay algún desajuste histórico a sabiendas de que es una historia novelada con un fin humorístico y no una crónica histórica cien por cien.

La novelita se estructura en tres partes: Antes del rodaje, En el rodaje (la más extensa) y Después del rodaje, a las que se añade una nota final en que se insiste en algún dato no estrictamente histórico, como el de que la pelea entre Bardot y Cardinale no la hicieron las dobles sino ellas mismas.

El muchacho protagonista (a decir de sus compañeros de clase bastante mojigato) hace muy buenas migas con un adulto republicano llamado Fernando que se dedica a retratar la realidad y le va a abrir los ojos, y quien le pide que colabore con él durante la grabación de la película en la que se hará cargo de la foto de rodaje de las divas.

El apocado chico, Román, que vive con su madrina Encarna, quien aspira a que se prepare para notarías y es forofa de una visionaria, Mercedes, que le echa las cartas, está en la etapa en que se despierta al sexo en un momento en que el Régimen aún tiene bajo siete llaves todo lo que puede considerarse amoral. El cura rojo (aunque desvaído) tendrá también un gran papel en los acontecimientos, ya que la negativa de su madrina a que acepte el trabajo de ayudante del fotógrafo se ve trastocada cuando aquel, instado por el arzobispo de Burgos, le sugiera infiltrarse de parte de la censura para anotar lo que fuese “moralmente reprobable”; mientras que de Madrid llega el antagonista señor Abdón, funcionario del Ministerio de Información y Turismo con fama de aperturista.

Sus principales temas son: la maduración, el qué dirán, las falsas amistades (sus “tías” adoptivas), la ideología compartida, lo esotérico, el deseo, las aficiones literarias (el protagonista toma notas de una forma un tanto grandilocuente, acostumbrado a leer más que a vivir), las pequeñas o grandes traiciones y el cobrarse las cuentas pendientes y los favores. Pero ante todo es una novelita que nos habla del cine, de sus entresijos y de las relaciones entre estrellas y figurantes y con los lugareños de las ubicaciones donde ruedan. Y como siempre que el ambiente es opresor, la llamada de lo salvaje, de lo novedoso y lo prohibido, como el flirteo con la droga y el despertar del acobardado Román. Los personajes que se incorporan al elenco narrativo: el hippie del establo, la doble de Brigitte Bardot (Alba) representan los aires nuevos que contrastan con la juventud de la villa.

Aliñan el relato las frases hechas del idiolecto propio de los personajes populares quienes, en la línea que a mí me gusta, echan mano del refranero: “Besos y abrazos no hacen chiquillos, pero tocan a entrar” o “Entre bomberos no vamos a pisarnos la manguera” o “al que nació para martillo del cielo le llueven clavos”. Pese a que hay alguna errata ortotipográfica, su estilo resulta entretenido y destacan sus descripciones humorísticas y sus buenos enunciados en estilo indirecto libre. Hallamos también algún regionalismo como en folgueta, es decir, en calzones o ligero de la ropa o chospar (por chozpar, brincar un cordero) y un gran número de palabras poco usuales (galipandia por constipado o zamostos, algo así como inconsciente).

Por otro lado, Burgos, la ciudad en que se desarrollan los hechos y su provincia, se muestran con precisión: su sol de uñas, sus callejas alrededor de la catedral, los jardines de la Quinta junto al río Arlanzón, el Paseo del Espolón con sus plátanos orientales, la zona nueva del Plantío, el campo Lilaila en el barrio de Cortes o la zona atrincherada entre Cabezón de la Sierra y Rabanera del Pinar en la que acaban de rodar lejos de donde comienzan (Cascajares de la Sierra). Incluso aparecen los caballos losinos, la única raza autóctona de Castilla.

El narrador omnisciente toma la palabra entre coloquial y jocoso e indaga en la mente del protagonista con decisión:

  • “Últimamente, desde que se cruzara en la quinta con la joven pareja, sorbiéndose el uno a la otra, ni en los novelones encontraba refugio, pues, poseído por una  sed de leer la vida —que para vivirla todavía no había encontrado manual de instrucciones—, se embarcaba en varios libros a un tiempo, con el resultado de que sufría empachos mentales tremendos y no disfrutaba ninguna aventura; solo veía palabras a chorros”.
  • “Los pocos que le quedaban sobre la cabeza, como cuatro briznas de hierba larga, se los peinaba a la cortinilla, de modo que, cuando soplaba un poco de viento, se le alborotaban bailando el charlestón sobre su calva”.
  • “Se puso a pensar en la cantidad de tardes que había pasado dándole vueltas a la melancolía, como si esta ennobleciese o le hiciese a uno más sabio. Menuda estafa. Ahora sabía que no era más que una impostura, pues el chantaje que le atormentaba nada tenía de romántico”.

En definitiva: ligero y ameno, una buena lectura para pasar el rato.

Otros retazos de interés: unos versos del poeta burgalés Victoriano Cremer, nombres de pueblos poco conocidos (Cascajares de la sierra, junto a la sierra de Carazo —tierras del cantar de los Infantes de Lara—, alguno despoblado como Turzo de Bricia), anécdotas (la del profesor de filosofía) y lugares emblemáticos (Bar Patillas, cuartel general de la bohemia de la provincia), reminiscencias de época como la Ley de Vagos y Maleantes, cierto vocabulario de raigambre popular, desusado o del español de América (como “creyencero”, que en Costa Rica es lo mismo que supersticioso).

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RARA AVIS: VIDA EFÍMERA

Abejorro

Era su ser tan dulce tan dulce que no podía evitar absorber, lamer, chupar aquella savia que me daba vida.

Pero ella me largaba manotazos para aliviarse de mis punzantes besos, mientras yo buscaba en su saliva, en su sudor, en su respiración…, como una mosca gestante, el anhídrido carbónico que la ayude a proteger, a incubar y a madurar sus huevos.

Por mucho que insistiera yo revoloteando alrededor de su cuello, de su cara, de sus brazos, de sus piernas, de su ombligo… para absorber, lamer, chupar aquella savia que me daba vida, no fue posible.

¡Quizá fueran tan solo unos días en mi vida efímera y proscrita! Aunque a ella, a tenor de su actitud, se le hicieron largos como meses, sin embargo.

Y al fin consiguió armarse contra mí. La palmeta de su mano imitó a los voladores trapos de cocina. Y me dio tan tan fuerte que estalló mi cuerpo y mi deseo.

Ya solo queda una mancha de mosca en la pared.

Fue entonces cuando, definitivamente, con el rabo entre las piernas y la mirada gacha, le puse las maletas en la puerta.

LA MIRADA DE DORI CAMPOS

Ayer fue un día emocionante para mí.

Presentación Metamorfosis en Santander

Presentaba mi nuevo poemario, Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas, y temí haber “liado” a Dori Campos y a José Ramón Saiz Viadero para acompañarme ante un público inexistente. El Diario Montañés, ocupado en otros asuntos de más enjundia y, a pesar de haber sido avisado con anterioridad del evento, tuvo a bien despacharlo en tres líneas en el apartado de agenda cultural. Sin embargo, una vez más comprobé que tenemos/tengo grandes compañeros y amigos que nos/me quieren, y el salón de actos del Ateneo se llenó con un nutrido y entregado público que superaba el medio centenar de personas. Las palabras de Dori y Ramón, acertadas y halagadoras, me enorgullecieron; yo recité con tranquilidad y pasión, y la gente se emocionó y se rio. ¡Todo un pequeño gran éxito!

La poeta y amiga Dori Campos me ha hecho llegar su lectura crítica de mi poemario, que le sirvió para abrir el acto y hacer una semblanza de mis versos. ¡Me encantó! Aquí os dejo su pormenorizado análisis:

Decía Flaubert, que un libro es una manera de vivir en cualquier lugar.

Esta tarde hemos elegido vivir un rato en el último poemario de Elena Camacho.

Y qué bien se está en un libro de poesía, porque los/as poetas dicen lo que les da la gana.

Desde el psicoanálisis dijo Lacan que la poesía es efecto de sentido, pero también efecto de agujero, me gusta ese don de la poesía que busca sentido y también abre agujeros: universo de significantes para quien lo escribe y quien lo lee.

Al leer el poemario de Elena, he pensado en el poeta donostiarra Karmelo Iribarren, cuando dice que le gusta la literatura que se mezcla con la vida, que se mancha de ella, y que la otra, la que no dice nada, por muy bien que lo diga, no le interesa, y que en cuanto a la hermética, por él como si tiran la llave al océano. Él dice que lo que busca desde hace 15 años en la literatura es siempre lo mismo: la vida sucediendo en el papel.

También he recordado a Rilke, quien consideraba que la poesía transforma la realidad en versos, cuya más notable misión es recuperar los hechos del olvido, y añadía que la mayor parte de los hechos son indecibles (yo añadiría que, además de en los poemas, es posible hacerlo en psicoterapia o en la intimidad compartida a veces).

Rilke añadía que debemos aceptar nuestro destino tal y como viene, sin concesiones.

Por su parte, la poeta cordobesa Juana Castro dice que cuando escribe se fía de sí misma, no tiene compromisos, que lo hace con la destilación de sí misma, por donde habla la memoria, la propia historia vital, lo que ama y admira, lo que cree, lo que la intranquiliza, el ángel y el dolor que van con ella.

La poeta  Julieta Valero lo resume así: el poema está hecho de vida y lenguaje.

Y Elena Medel considera que la poesía habla de nosotros, habla en nuestro lenguaje y remite a códigos en el fondo muy cotidianos, muy familiares.

La poesía de Elena es genuina y en su nuevo poemario encuentro algo de todo esto, la vida sucediendo.

Alguien que observa la realidad y la describe, que coloca las cosas como un bodegón vivo, sucediendo.

Su poesía no tiene lamento, tiene descripciones de la realidad, un Yo en contacto con la naturaleza.

Su escritura no se parapeta en una elaboración intelectual, ni en un postureo formal del lenguaje vacío de contenido, lo que escribe es físico, cercano, cálido, va al origen de las palabras que utiliza con gran riqueza etimológica.

Elena vive el curso de la vida con honestidad, de forma tranquila, como un mes de septiembre. Leerla es dar un paseo reflexivo por lo cotidiano.

Si hago una cata de la poesía actual, después del gran boom de la poesía de la experiencia, percibo que se impone la del desamparo, la de las distantes conclusiones, sin sentimentalismo, la de un Yo cada vez más anónimo.

Se lleva el poema escueto, como un plato de cocina deconstruido al máximo.

Escojo las palabras de Jorge Richman, cuando se refiere a los poemas a ras de tierra, de realidad, que en su antagonismo se terminan  pareciendo a los poemas preciosistas de Rubén Darío.

La poesía de Elena no es ninguna de estas dos. Es una poesía realista pero de caja ancha, de versos anchos, de palabras sólidas, así leo en el poema Paraíso: “Con este edén endémico y nunca eterno / que florece a ras de tierra / entre los miembros, / así sobrevivimos los seres incrédulos”.

Este poemario de la doctora en filología y docente, erudito en palabras, propone coger los elementos de la naturaleza y vivirlos: un tintero, un vaso, un agujero en el hielo, una horma, un pozo, un caldero, un jarrón, margaritas, tormenta, zapatos, jaula, pluma, hornacina, señales, niños, árbol…

Todos ellos, objetos recipientes para el afecto, el deseo, la vida diaria y el cuerpo como vaso, donde ofreces beber.  Ese vaso, que en un verso de Ascensión Fresnedo (la poeta cántabra, recientemente referenciada en el ciclo de conferencias coordinado por José Ramón Saiz Viadero, en la biblioteca pública de La Penilla de Cayón, que lleva su nombre) decía:  “mi sed te llama desde el gran vaso de la tarde”.

Elena habla de los objetos como si fueran  un actor más de la vida. Hay un erotismo de la búsqueda de las palabras, en las cadenas de pensamientos y asociaciones.

Al abrir el libro, ya en su dedicatoria, se dirige a quienes salen a pasear por el reflejo de su propia realidad y la imagen siguiente es un magma de letras esperando convertirse en palabras.

El primer poema pareciera un elogio cervantino a la pluma y la tinta. En el transcurso de los poemas hay recuerdos desnudos, sin paños calientes, sin distancia, es la escritura de una mujer-tierra, deseosa de tacto y acción, hay una física vital que habla del difícil acceso al agua que calma.

Su poesía habla de la naturaleza como esperanza, guarida, respiro, de sentir como una asfixia por aire de fuego, así dirá en el poema Guarida animal: “El asma es un incendio incontrolado” (en psicosomática, la interpretación emocional es la de un amor que sofoca, incapacidad de respirar solo, llanto suprimido).

El libro está dividido en cuatro partes, en la segunda parte, Cuerpo de Bodegón, en el hermoso poema Elección,  se fija en la gaviota y la rosa,  y nos dice que no está cerca de la dulzura aparente de sus símbolos sino del tiempo total, el que ocurre dentro del cuerpo, el tránsito del agua interna.

En el poema Paraninfo, compone versos con terminología musical, donde habla de un tú, como si fuera los mejores matices de la pieza musical, y de un Yo como un punto de reposo que alarga la duración de las figuras musicales.

Y en el poema Gárgola, establece un juego de contrarios, un intercambio entre Yo Piedra, Tú puente de vida. En Ortiga, construye: “La vida es una ortiga / por donde circulan los días y las noches”.

En otros poemas abre y juega con registros como la ambigüedad  femenino-masculino y en otros como Paisaje con sirena, elogia lo femenino.

En Homenajes, elogia la armonía de la naturaleza en el cuerpo: “Examino las hojas de los árboles / y siento la dulce exuberancia / del erótico verde y su excitada / penumbra entrelazada. / Y pienso: el mundo estuvo / seguramente, un día, muy bien / hecho”. Hay en este poema una referencia a Jorge Guillén, quien escribiera: “¡Tú, tú, tú, mi incesante / primavera profunda / mi río de verdor / agudo y aventura! / (…) constelación del campo / fabulosa, precisa / trémula hermosamente / universal y mía!”.

En el poema Futuro, dice esta maravilla: “Y sobre la lluvia, el fuego, / la lengua y la espera, la visita llega / tal vez con diez pasteles / o una sonrisa perenne e indescifrable, / o las manos vacías y la mirada llena”.

El poemario, como una suerte de lógica enlazada en los símbolos antiguos de la escritura que se cierra sobre sí misma, comienza con el  poema Tintero y la última palabra del último verso es también “tintero”.

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Desde aquí, quiero agradeceros la atención y la compañía a todos los que estuvisteis con nosotros.

METAMORFOSIS. BODEGONES Y OTRAS NATURALEZAS VIVAS

Portada Metamorfosis. Bodegones

Hola, amigos:

El lunes 24 de septiembre a las 19:30 de la tarde en el Ateneo de Santander, presentaremos José Ramón Saiz Viadero, Dori Campos y yo mi nuevo poemario (Metamorfosis. Bodegones y otras naturalezas vivas), así como la reedición en un solo volumen de tres poemarios anteriores (Versatilidad de la emoción, Ars adivinatoria y Trizas y trazos).

Si queréis haceros con un ejemplar, allí mismo se pondrán a la venta, aunque también se puede comprar en papel bajo demanda en vuestra librería habitual o en formato ebook en distintos portales web. Basta para ello con poner su título o mi nombre. Por ejemplo:

https://latam.casadellibro.com/libro-ibd-metamorfosis–bodegones-y-otras-naturalezas-vivas/9788417335946/6764596

https://www.elcorteingles.es/libros/A27009719-metamorfosis-bodegones-y-otras-naturalezas-vivas-tapa-blanda-9788417335946/

https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=node%3D902691031&field-keywords=camacho+rozas&rh=n%3A902691031%2Ck%3Acamacho+rozas

https://www.agapea.com/libros/Metamorfosis-Ebook–EB9788417382681-i.htm

https://www.agapea.com/libros/Versatilidad-de-la-emocion-Ars-adivinatoria-Trizas-y-trazos-Ebook–EB9788417426774-i.htm

https://www.paquebote.com/9788417426064/

https://www.libreriaofican.com/ebook/versatilidad-de-la-emocion-ars-adivinatoria-trizas-y-trazos_E0002651356

Os espero ese día y, en su defecto, entre los versos que os dedico, mis pequeños grandes lectores. Ah, y si os hacéis eco de este mensaje informando a vuestros contactos para dar mayor visibilidad al acto, más agradecida aún.

Besos y versos por doquier.

Elena Camacho Rozas

 

LAS VARIACIONES INSENSIBLES

Este poemario de Elda Lavín —número 21 de la colección  A la sombra de los días— que parte de sendas citas de Guillén y Schopenhauer, muy bien escogidas en relación al título que se nos propone (así se comprende perfectamente que el tiempo fluctúa, suelto y amarrado, dependiente y libre, reiterativo y novedoso) es bastante hermético y, sin embargo, muy sugerente. Vadea entre lo infinito y lo finito, entre lo glorioso y lo heroico y lo monstruoso y cotidiano. Y ahonda en varios temas clásicos, como el del  eterno retorno, la trascendencia, la brevedad de la existencia…

En la primera parte, Tempus belli, se dirige con un segunda persona en Subida hacia Malula  al poeta, al lector, a Dios…

No solo en Cul de sac repite la idea del camino aliado machadiana, con todos sus vericuetos, vueltas y revueltas e incluso inmersiones en callejones sin salida.

A Javier Marías nos recuerda el título de Mañana en la batalla, que siempre acabamos con un “piensa en mí”, excelente poema del que me gusta especialmente el verso “desechas sábanas de roce anfibio”, una de cal y otra de arena, que en principio golpea a la mente con la posibilidad del deshacer o el desechar.

Muy conseguido es ese verso de “en ti tiene el azogue al enemigo” en El habitante de las ruinas. Su poema La moral de laberinto me recuerda a uno mío en el que hablo de que todos somos un poco Judas, un poco Pilatos, y todos jugamos distintos roles.

En Naturaleza en mí hay un aliento espiritual panteísta. En él, la propia naturaleza transita por el ser humano. Mientras que en Placer de las lágrimas acoge la contemplación de la belleza animalizada y mordiente, y nos hace partícipes del dolor de la brevedad.

Última copa me recuerda, por el contrario, a varios poetas modernos como Marwan y Patricia Benito. De Hacer el equipaje y partir destaco el verso “El guerrero traía en el recuerdo, / precintada, la paz de las orillas”, que desemboca después en la pregunta: “¿de qué estación partir para el regreso / sino de la del cuadrilátero?”, y finalmente en una expresión “descubrimos que una derrota / es todas las derrotas”, que aparte de al “todos los fuegos son el fuego” de Cortázar me recuerda a Marwan también.

 

Acto seguido, la parte titulada Paz en los temores comienza con el poema El baile de la memoria, cuyo quinto verso me sorprende: “la cadencia con que se acorda / la marcha de nuestro destino / al supremo orden de las cosas”. Entiendo que acordar se relaciona en este contexto con acorde, pero nos lleva al verbo “acordarse” en presente, que conjugaríamos “acuerda”, si bien nos sumerge en ese sonar acompasado que nos lleva a “la negación del miedo” original, como muestra el último verso.

La historia, el arte y la geografía se enredan entre sus versos. En Venus de mármol, muestra otro ejemplo de la Trinidad en la escultura. En el poema la Catedral de Ulm hace una analogía entre esa esbelta iglesia y su propia persona, creadas por y para un mismo Hacedor, como “otra manera de lo hermoso”, porque la creencia forma parte de este poemario en que el cielo es acogedor y nos cobija, a decir del poema siguiente en el que la vida se agradece, como “tiempo de la espera”, un intermedio para alcanzar la defensa contra todo.

Y la música también se halla presente en esta obra. Por ejemplo en Notas para un blues. Así como el recuerdo, como en ese poema Verano del 75 en que cualquiera puede verse reflejado, suyos son los versos: “semejantes los rostros a este rostro de mi hija, /  semejantes mis manos a aquellas de mi madre”.

El poema Guárdate de la noche nos habla de cómo el recuerdo es profiláctico, y es que la búsqueda se define como “una cota de certidumbre”.

Precioso verso es “tu lluvia de alfileres” de Hacia el final del viaje, con esa vuelta de tuerca calderoniana: “era el sueño de la vida, / una trágica representación: / el afán impedido, los esfuerzos inútiles / y los errores insignificantes / que se acumulan hasta el último momento / para arrebatarle incluso a la muerte / la dignidad de la tragedia”. Y es que “solo los cadáveres claudican del dolor”.

Entrañable es el poema Madre e hija, que me recuerda a algunos que he escrito yo (en este mismo blog, están los que dediqué a Alicia y Laura: https://elenacamachorozas.wordpress.com/2010/04/19/musas-de-hoy/) y al paso del tiempo, con la idea del eterno retorno y la trascendencia a través de los otros que genéticamente son un poco nosotros, y gracias a los que permanecemos como si fuéramos parte de un paisaje.

La tercera parte titulada Tempus inopiae me resulta quizá la más hermética, pero exquisita.

Parte del retrato del personaje Jean des Esseintes de la novela A contrapelo de Joris-Karl Huysmans.

Espectacular es la sugerencia de la imagen “Duerme bajo la manta del invierno el silencio de las derrotas” en El silencio y su invierno.

El poema Reflexión es magnífico. Parece descrito desde el punto de vista de la propia reflexión: dubitativa, llena de iniciativas, de caminos que seguir, de atascos y, por lo mismo, despistada, errática hasta que una breve chispa puede dar con un pensamiento feliz.

Constantes son las referencias a la memoria, que a veces más que recordar recrea, como una especie de venganza contra el tiempo que “nos impone condiciones / como fronteras” (en Desde Camarillo). Y es que vivir es recordar incluso lo que no se vivió, por eso nos sorprende imaginando lo que no existió y ni siquiera concebimos. El recuerdo reaparece en el poema Ser y no ser.

En Ablución matinal, el cotidiano engaño de existir aparece en las mentiras reflejadas en el espejo mientras nos lavamos las manos cada mañana como Pilatos por no afrontar lo que debimos o por consentir la existencia de verdades ocultas.

Y de nuevo En el mayor espectáculo del mundo asistimos a “la representación del hipócrita”, que nos pone en la órbita de la vida como sueño, como teatro, como mentira e hipocresía.

En Niebla en Notre Dame, otro poema en que la geografía y la arquitectura aparecen, comprobamos un nuevo indicio de la trascendencia de la humanidad, de ahí los versos: “una sacralidad de carne abierta” y “un eterno sentido de lo creado”.

 

Y es que las creencias, la fe, y “unas manos remotas como estrellas / mueven el escenario” a lo largo de poemario. E incluso ante una posible muerte, la perduración resiste y lo mejor es orear las vivencias, aunque “el pulso que te ladra en la sien / con su frío de puntas de diamante /no te dejará aplacar el miedo”.

Una buena elección de lectura para tomar con tiempo y a sorbitos.

 

 

RESEÑAS VARIAS

Me impuse leer Don Juan de Gonzalo Torrente Ballester y, aunque acabé la novela, no me ha gustado demasiado. Dejo constancia solo de esta cita:

  • Una obra de arte en la que predominan los valores técnicos es siempre decadente: revela impotencia imaginativa y esterilidad.

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Tampoco me encantó de Daphne du Maurier Los parásitos, a pesar de que el análisis psicológico está descrito con destreza. La obra plasma la inadaptación de los  seres bohemios e imaginativos, y está llena de sugerencias. En un espacio decadente y lujoso una actriz renombrada (aunque nunca tanto como sus padres) fluctúa entre el amor a su hermanastro y la rutinaria relación con su esposo y con sus hijos.

Añado un par de citas por no perder la costumbre:

  • Nunca descuides las pequeñas heridas.
  • El mal operario descarga la culpa en sus instrumentos.

 Los parásitos

Aunque se comprende por qué le gustaba tanto a Hitchcock la autora de Rebeca.: https://www.xlsemanal.com/conocer/20150405/conocer-literatura-rebeca-retorno-8332.html

Para terminar por hoy, reseñaré El club de los viernes de Kate Jacobs, novela que cumple lo que promete su subtítulo: Ocho mujeres, ocho maneras de tejer la vida. A través de esa metáfora de la vida como una labor que se teje y desteje a diario, Georgia, Anita, Dakota, Darwin, Cat, K. C., Lucie y Peri nos hablan de los grupos en que se incorporan las personas según aficiones y afinidades, verdaderas familias escogidas por lazos que nada tienen que ver con la sangre, verdadero tejido humano.

Se trata de una novela ligera, amena, en la que tiene cabida el humor (y el dolor), sobre la amistad, el amor y el perdón. En ella, ese grupo de mujeres neoyorquinas —de entre las que destaca Georgia Walker con su hija adolescente— nos obliga a replantearnos nuestro mundo solitario e individualista y nos insta a mantener o establecer nuevas relaciones que nos impidan desaparecer como personas.

Club Viernes

A modo de consejos relacionados con el noble arte del tejer, se suceden las diez partes, enmarcadas por una especie de hilo de un ovillo todas ellas. La primera se titula Reunir el material, y en tres capítulos nos da las claves para abordar la segunda parte, Montar los puntos (que se desarrolla del cuarto al séptimo capítulo). La tercera Hacer la muestra da pie a que se incorporen personajes secundarios. La cuarta, Del derecho y del revés, avanza hasta el capítulo 16; y la quinta, Dominar un punto complicado, que nos lleva hasta el 21, nos habla del viaje a los orígenes y el regreso a James, una de esas cuentas afectivas pendientes que todos tenemos.

La sexta parte, titulada Soltarlo todo (del 22 al 25), sugiere la necesidad de perdonar y nos habla de las parejas nuevas y de las antiguas, al tiempo que recibimos un gran impacto por lo que se le avecina a la protagonista. En la séptima parte, Empezar de nuevo (capítulos 26 a 29) nos adentramos en las pequeñas batallas y en la octava, Cerrar los puntos, (30 a 33) asistimos a la dura prueba que vive Georgia y los que la acompañan. Coserlo todo es la novena parte (del 32 al 34), en que de alguna manera volvemos al hogar, y la décima y última: Ponerte lo que has hecho (capítulos 35 y 36) nos asoma al valor de enfrentarse a lo que uno se propuso hacer o hizo.

En definitiva, una buena lectura para el verano, ya que mantiene el interés por ver las relaciones que se establecen entre esas ocho mujeres tan distintas; pero en la que, aunque se resuelven algunos sueños truncados, comprobamos que nada es tan bonito como aspiraba a ser.

LLÁMAME POR TU NOMBRE

La novela Llámame por tu nombre de André Aciman es bastante singular. Indaga en los escarceos amorosos y sexuales protagonizados por dos varones, un adolescente de 17 años y un joven de 24, a finales del siglo pasado, rodeados por un ambiente cultural  en el que la literatura, la música y el paisaje son elementos fundamentales. El lujo y la elegancia discreta y el compartir eventos gastronómicos es otro de los pilares.

La radiografía psicológica nos asoma al deseo y a la culpa. Es toda ella una semblanza del descubrimiento. Los tópicos del Tempus fugit, del Carpe diem y del Colligo virgo rosas  se hallan presentes, y nos recuerda que a veces vivimos vidas paralelas o vidas amnésicas en las que disfrutamos de algo mientras añoramos lo que perdimos y que mantenemos lejos de la nueva vida.

Me ha gustado bastante y quizá no haya sido ajeno a esto el que su prosa me haya recordado a la de Javier Marías. Pero, ojo, no la considero apta para aquellos que sólo buscan la acción, dado que les resultará muy reflexiva. Tampoco hará las delicias de los excesivamente pudorosos, esos a los que no les agradan las escenas muy subidas de tono.

Una cita muy interesante es la siguiente: “En tu situación, si hay sufrimiento, domínalo, y si queda alguna llama, no la apagues, no seas cruel. La ausencia puede ser algo terrible si nos mantiene despiertos toda la noche, y ver cómo nos olvida antes de lo que hubiésemos deseado no ayuda. Nos desprendemos de tantas cosas propias para poder curarnos lo más rápido posible que a la edad de treinta ya estamos en bancarrota y cada vez tenemos menos que ofrecer cuando empezamos una nueva relación con alguien. Sin embargo, no sentir nada por miedo a sentir algo es un desperdicio”.

Y me ha creado el gusanillo de leer una novela de Thomas Hardy que menciona, La bien amada, porque si el tiempo todo lo cura quizá deberíamos vivir varias vidas para resolver nuestros problemas y que no se acaben heredando de generación en generación. Y es que, como dice el tango, 20 años no son nada, la mirada febril cuando se ha entregado el corazón de verdad podrá permitir otras actividades vitales (comer, reír, dormir, etc.), se podrá ocultar y podrá parecer que se ha superado, pero siempre estará ahí latente, agazapada, viva, en otra dimensión quizá paralela, quizá tangente, quizá secante, quizá…

 

¿CÓMO EDUCAR EN EL FEMINISMO?

Cómo educar en el feminismo

Chimamanda Ngozi Adichie es la autora de Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, un pequeño ensayo que partió de la petición de una amiga suya que acababa de ser madre para que le enseñara cómo tratar a su hija para que fuera feminista. Chimamanda escribe una larga carta sobre el poder de la educación desde la más tierna infancia, en la que le da quince consejos, no por obvios menos interesantes, en que reivindica la igualdad, el respeto y el valor de la mujer y rechaza los estereotipos machistas.

Su primera premisa feminista es la de que cualquier mujer importa igual que un hombre, por lo que invirtiendo el mismo esfuerzo debería obtener los mismos resultados. Sus consejos o sugerencias instan a que la maternidad no coarte nuestra plenitud como personas, ya que no debemos disculparnos por trabajar y lo que es una tradición no quiere decir que sea lo mejor.

Una segunda sugerencia es la de que cuando dos personas tienen un hijo deben cuidarlo y criarlo juntos, y no hay que premiarles a ellos por hacerlo como si hicieran algo especial: puesto que ha sido una elección conjunta es un trabajo de ambos. En tercer lugar, hay que hacer ver a una hija que los roles de género son una solemne tontería (vestir de rosa a una niña, que sepa cocinar o juegue con muñecas y no con juegos más activos como los de tipo construcción…), porque todos esos roles enraizados en la sociedad muchas veces chocan con los verdaderos deseos individuales.

La cuarta sugerencia es que debemos evitar el peligro del feminismo light. La idea de la igualdad no es plena si se toma como algo condicional. En él, el poder del macho sigue ahí latente y ocurre cuando se emplean analogías en que la mujer siempre queda en segundo lugar: “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Y lo argumenta con el caso de Theresa May en la prensa británica. Hoy en día, considera (y lo dice precisamente una nigeriana de 40 años) que la discriminación sexista —al menos del mundo en el que se mueve— es mayor que la discriminación racial.

En la quinta sugerencia, propone que a una hija se la enseñe ante todo a leer, lo que le ayudará a cuestionarse el mundo. Aprender y saber expresarse es una inversión para toda la vida. Y en la sexta, que se cuestione el lenguaje, ya que este es el depositario de prejuicios, creencias y presunciones, y muchas veces se dicen con buena intención palabras que están cargadas de connotaciones machistas. Pero tampoco hay que ceder a la jerga feminista abstracta (hablar de misoginia y patriarcado), sino poner cortapisas a los usos machistas habituales y concretos, e intentar evitar las etiquetas y explicar el porqué de ellas y cómo evitar caer en esas conductas. Y lo ejemplifica con la expresión igbo con que se recriminaba a las niñas que hacían algo infantil: “¿No sabes que ya tienes edad para buscar marido?”.

Los ejemplos, los valores sociales, los tópicos y las preguntas son los argumentos que más plantea Chimamanda en su ensayo. Por eso insiste en que no se debe hablar del matrimonio como un logro (prejuicios matrimoniales), ni dar por válido lo que lleva aparejado en determinados países (pérdida del propio apellido); en que no se ha de enseñar a la mujer a que guste, sino a que se guste, porque es imposible gustar a todo el mundo, pero con que una se guste a sí misma ya tiene mucha labor hecha y estará más cerca de la plenitud como persona; en que a las niñas hay que darles un “sentido de identidad” que les haga sentirse parte de un todo; que hay que animarlas a ser activas, para lo que practicar deporte es una buena idea; que el aspecto y la moral no van de la mano; que es conveniente rodearlas de mujeres admirables y de hombres buenos que no fanfarroneen; enseñarlas a “cuestionarse el uso selectivo que hace nuestra cultura (aunque hable de la suya es igual en la nuestra) de la biología como razón para las normas sociales”; y hablarles del sexo y del amor con claridad, de las ideas dañinas recubiertas de un humor frívolo, de la opresión, de la diferencia como algo completamente normal…

Una sencilla lectura para enseñarnos Mediterráneos por los que a veces nos negamos a navegar.

 

Y DE REPENTE ME ESCUCHÉ EN LA RED

Hace tiempo compartí por facebook unos audios de poemas míos. No sé cómo el otro día llegué a ellos en este maremagnum de Internet sin estar en dicha red social. ¡Misterios tecnológicos!

Por si los queréis escuchar, ahí van:

CONTAR DE 7 EN 7

Contar de 7 en 7

Contar de 7 en 7 de Holly Goldberg Sloan es un libro peculiar en el que comparten el papel de narrador una niña de 12 años muy especial llamada Willow y un narrador omnisciente que enfoca el interior de una serie de personajes atípicos, como el psicoterapeuta Dell Duke (quien la clasifica como un genio y al que comienza a ver tras ser acusada de hacer trampas en un examen), la familia de origen vietnamita (los hermanos Mai y Quang-Ha y su madre Pattie Nguyen) o Jairo, el taxista mexicano.

Willow, la protagonista, posee un altísimo coeficiente intelectual,una gran capacidad autodidacta (como demuestra al aprender el vietnamita en un pispás) y unas maneras que recuerdan a los Asperger; aunque su forma de intuir lo que les pasa a los demás, de qué adolecen, por qué sufren… no parece corresponderse del todo con el espectro autista. Esta niña superdotada es una enamorada del número 7 (y, con frecuencia, cuenta de 7 en 7, de ahí el título), un genio de la ciencia y de la botánica y una gran conocedora de los síntomas de muchísimas enfermedades.

Un accidente en el que mueren sus padres adoptivos (“Tengo doce años y, por segunda ocasión, no tengo padres”) cambiará su modo de relacionarse con un mundo que no es menos extraño que ella misma. Precisamente ahí radica el conflicto, en sus dificultades para adaptarse a una sociedad que no entiende ni la entiende. Sin embargo, los demás personajes (igual de complejos pero caracterizados más superficialmente), aceptarán sus manías y su dificultad para congeniar con otros, comprenderán su peculiar sensibilidad y, sin caer en un exceso de sentimentalismo, irán creando un clima de resistencia ante las adversidades.

Willow Chance resulta simpática sin proponérselo, es sentimental aunque lo ignore, se muestra dulce y generosa… y todas esas cualidades obran que influya en todos aquellos con quienes mantiene contacto (incluidos los lectores). Así, aunque parte de un drama justo en el momento en que empieza la difícil etapa de instituto (su segunda orfandad y la amenaza de que la mujer de asuntos sociales se tenga que hacer cargo de ella), el afán de superación se hace visible desde el principio.

A pesar de que en algunos momentos hay expresiones que suenan raras (imagino que se deben más a la traducción que a la propia historia), su lectura se hace muy fácil. En lugar de párrafos larguísimos y de oraciones intrincadas, sus oraciones son cortitas y sus párrafos más, (además la letra es de buen tamaño). El estilo, por ello quizá, se resiente y resulta bastante deslavazado: numerosas oraciones simples o muy poco compuestas se van sumando como si asistiésemos a una sucesión de ideas sin elaborar que se le van ocurriendo a la protagonista.

Aunque me han gustado mucho más otras novelas de personajes con idéntica patología como La soledad de los números primos o El curioso incidente del perro a medianoche (https://elenacamachorozas.wordpress.com/2010/01/29/pequenas-resenas-para-una-posible-biblioteca/), esta es una buena forma de empezar a leer sobre el tema y sobre la forma “distorsionada” de estas personas a la hora de captar sus vivencias, con frecuencia más cercana a la realidad, menos domada que la de los demás que, influidos por todos esos conocimientos ancestrales de los que el propio ambiente nos ha imbuido, no acertamos a ver ni de lejos.

De alguna manera, al final la historia llega, y Willow se hace querer como un ejemplo más de que en un mundo imperfecto la “imperfección” también puede comunicar y lograr que sea aceptada. Al tiempo que la optimista novela nos enseña que la risa es contagiosa, que el efecto mariposa o la cadena de favores es una forma nueva de hacer que el mundo vaya mejor de lo que iba con escaso esfuerzo y gran gusto; que es difícil etiquetar a las personas porque un lobo estepario puede convertirse en un genio o un inadaptado en un colaborador o un dictador en un mutante… y, así sucesivamente, porque a nadie le va como un guante las caracterizaciones que otros le aplican, ya que todos tenemos algo de “perros verdes” aunque la sociedad nos haya mimetizado; y que las cosas a menudo no son lo que parecen, por lo que detrás de lo que se aparenta se esconde lo que se es, menos evidente porque no nos fijamos.

 

A su favor, pues, que el ritmo es ágil, el estilo vadea entre lo prosaico y lo poético, y la protagonista se nos hace entrañable. En su contra: la lectura resulta demasiado ligera e infantil, el resto de personajes se queda anclado en el perfil de la caricatura o el boceto y el mensaje positivo que busca la aceptación del diferente, la necesidad del cambio y la capacidad para adaptarnos a las situaciones más difíciles resulta excesivamente previsible (como el final) e inverosímil. Aunque tal vez se trate de eso, de construir un espacio paralelo en que se cumpla la fantasía de la irrealidad y que no se someta al dictado de la verosimilitud. De esta forma explicamos que todos en la obra se conviertan en el ángel de la guarda de algún otro personaje o de varios (lo que Jairo insiste en que ha significado Willow para él).

En definitiva, recomiendo su lectura para esos momentos en que nos apetece algo ligero y que no nos deje mal cuerpo.

Algunas citas interesantes son:

  • Un segundo parece una eternidad, si a este le sigue el sufrimiento.
  • Cuando te preocupas por otras personas, le restas protagonismo a tu propio drama.
  • Podría hacer un millón de preguntas sobre lo que va a suceder ahora, pero he decidido que voy a ir hacia donde me lleve el viento.

 

PARA SABER MÁS:

http://www.eraseunavezqueseera.com/2013/09/14/novelas-en-silencio/

http://aspergerjaen.blogspot.com.es/2015/03/novelas-que-tratan-el-sindrome-de.html

http://mamideglorichi.blogspot.com.es/2010/07/libros-sobre-autismo-o-asperger-novelas.html

https://blogs.20minutos.es/madrereciente/2017/04/02/seis-cuentos-novelas-relacionados-autismo/

https://blogs.20minutos.es/madrereciente/2015/03/04/el-rastro-brillante-del-caracol-una-novela-juvenil-para-entender-el-asperger-y-estar-alerta-ante-el-acoso-en-internet/

http://www.booksonlineworld.com/2015/10/novelas-sobre-sindrome-asperger-literatura-autismo.html

http://aetapi.org/novelas/

http://www.eldiario.es/cultura/tres_libros/voces-ninos-merece-pena-escuchar_6_632446761.html

http://www.lavanguardia.com/ciencia/ciencia-cultura/20150518/54431318835/asperger-autismo-incidente-perro-medianoche-obra-teatro.html

http://www.formulatv.com/noticias/43990/12-personajes-de-television-sindrome-asperger/ (ojo que está plagado de publicidad).

 

SUGERENCIA DE LECTURAS SIMILARES:

La soledad de los números primos, Cómo hacerse invisible,  El curioso incidente del perro a medianoche.

 

OTRAS RESEÑAS:

http://www.oceano.mx › Niños y Jóvenes › Literatura infantil y juvenil

http://entremetaforas.es/resena-contar-de-7-en-7/

https://www.librosyliteratura.es/contar-de-7-en-7-de-holly-goldberg-sloan.html

http://voragineinterna.blogspot.com.es/2015/10/resena-contar-de-7-en-7.html

http://leyendoentresuenos.blogspot.com.es/2016/02/resena-78-contar-de-7-en-7holly.html

www.grantravesia.es/contar-de-7-en-7/

http://fiebrelectora.blogspot.com.es/2016/01/resena-contar-de-7-en-7-holly-goldberg.html

 

 

 

 

 

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