BENJAMÍN PRADO

Hoy hemos estado con un hombre de altura. De altura en todos los sentidos. Medirá, calculo, cerca de 1, 90, es un gran escritor (poeta, novelista, ensayista, letrista) y le gustan las alturas, enamorado de los viajes en avión sobre todo desde que conoció a María y disfruta con su papel de marido de la azafata.

Benjamín Prado ha estado en mi instituto y nos ha dado una lección de humildad, de cultura y de campechanía. Ha comenzado la charla con una anécdota de su adolescencia, ha repasado sus comienzos como lector y autor, nos ha hablado de la importancia de que uno se proponga luchar por sus sueños (aunque sabe que en cierta medida el azar también es importante, como cuando él conoció por casualidad a Alberti, al día siguiente de leer un libro suyo incitado por su profesor de Literatura), y nos ha acercado a la generación del 27 gracias a su estrecha relación con Alberti y María Teresa León. Ha repasado sus querencias por algunos grandes autores como pueden ser Ángel González o Neruda. Ha instado a nuestros alumnos a escribir y escribir y escribir y a rechazar todo aquello con lo que no estuvieran conformes de lo que hubieran escrito, porque hay que tachar, emborronar, reescribir… lo que haga falta para que la poesía dé con las palabras adecuadas en el orden apropiado.

Y nos ha asegurado que, ante todo, importa involucrar al lector, que se sienta identificado con lo que lee. Porque la literatura es una forma memorable del recuerdo, de decir aquello que nuestra memoria y la memoria colectiva nunca debería olvidar. La literatura es lo que más se asemeja a la vida y por eso mismo merece la pena.

YA NO ES TARDE, su último poemario -que va por la quinta edición (ampliada y revisada) y es, ante todo, un homenaje a María, su amor, y a esa otra amante con la que la comparte: la literatura- se compone de tres partes (cada una con nueve poemas) y dos poemas-marco, el primero y el último, con lo que su estructura es perfecta. El inaugural Cuestión de principios, alude a su idea de lo que tiene que ser, precisamente, un poema.

Comienza la primera parte, Nunca es tarde con un poema titulado igual. Y es que para Benjamín hay segundas oportunidades (Segunda juventud). Pero no solo es un poemario de amor. En él establece lo que son las directrices de la poesía y de la vida. En el  poema metaliterario, María y el fantasma, hace literatura hablando de literatura (en este caso hablando con Ángel González) y sin olvidar la vertiente comprometida como cuando sostiene que la política en España es el “arte de hacer de la otra orilla lo contrario del río”. Con la expresión hecha No me cuentes tu vida (tercer poema de la primera parte, 3.1) se dirige a una segunda persona, función apelativa con que nos involucra en él, para hacernos comulgar con las respuestas obvias a las interrogaciones retóricas con que nos advierte contra lo inútil. El poema Propios y extraños (4.1), que nos trae un aroma a Salinas y a Bécquer, parte de una antítesis para llegar a una paradoja (la expresión final ya no eres ni sombra del que fuiste adquiere aquí un carácter positivo) sobre cómo era y cómo es. Al fin y al cabo -recuerdo el microrrelato de El otro yo (Benedetti)- todos somos sombra y luz según cuál de nuestros yoes saquemos a la plaza. En No sé cómo decirlo (5.1) metáforas e imágenes expresan lo que desde el título se dice inefable: el silencio es la nieve del idioma / la serpiente es la última curva de la esmeralda /  oigo en la espalda del poema los latigazos de las tachaduras / si no me abrazas solo soy mi otra mitad. Y da una importancia trascendental a saber callar a tiempo. Además, retoma sus filias literarias y rinde tributo a maestros y personajes: Poe, Uriah Heep, David Coopperfield, Segismundo, Yago, Desdémona.

En Segunda juventud (6.1) nos dice que hemos asumido como ciertas muchas  mentiras, pero los últimos versos -puro optimismo- muestran su agradecimiento hacia quien le ha salvado de sí mismo. En Los camaradas (7.1), el título se convierte en el sujeto elíptico de los verbos del poema, que reaparece en el último verso. Todo el poema es una especie de decálogo de la virtudes de la amistad y del compañerismo. El libro de familia (8.1) hace una especie de biografía de sus gustos literarios al tiempo que una especie de proyecto de vida en común con la persona a quien dedica todo el poemario, así sigue con sus referencias literarias:

  • autores (Conrad, Vallejo, Rimbaud, Machado y Colliure, Quevedo, Anna Ajmátova, Silvia Plath, Pablo Neruda, Hemingway. Cervantes y Argel, Dickens, Galdós, Isak Dinesen, Boris Pasternak, Lorca, Cernuda, James, Heathcliff, Alberti, Kafka, Victor Hugo, Dante, Ovidio, Pavese, Auden, Anne Sexton, Verlaine, Rilke, Paul Éluard, Pessoa, Borges, Basho),
  • obras unidas ineludiblemente a sus autores (Góngora y Polifemo, Borges y el Aleph, El anillo de Tolkien),
  • personajes inolvidables (Frankenstein, Drácula, Gulliver, Robinson Crusoe, el hombre-lobo, la ballena blanca, los tigres rojos de William Blake, Simbad, Madame Bovary, Hamlet, Donjuán, Robin Hood, Ligeia, Ulises, D’Artagnan),
  • espacios inventados (Comala, Oz, Nunca Jamás, Mississippi de Mark Twain, Ítaca, La Isla del Tesoro), o reales (la Esfinge de Gizeh, ante la tumba de Auden en Austria, en Ginebra tras los pasos de Borges, o la múltiple geografía que ha recorrido en muchos casos con María) símbolos todos de su afición por la literatura y el viaje.

Poesía social (9.1) enumera los enemigos de la libertad.

La segunda parte -Viajes con la azafata- comienza con Luna de miel, en que nos dice que cruzó mil fronteras para aprender que el silencio es igual en todos los idiomas y, a la luz del verso final, muestra un conjunto diáfano (ella cambió su vida). En San Salvador, (2.2) el poeta parece dividirse en dos individuos totalmente distintos según se refiera al de antes o al de ahora, y comprende que el precio de la felicidad / es sentir la amenaza de perderlaEscrito en Lisboa (3.2) nos presenta la etopeya de Pessoa, al que nombra arquitecto de lo inacabado, como un hombre contradictorio o más bien paradójico, e indaga en las razones por las que se escribe. Después alude al lado oscuro, subconsciente, del ser humano en El diván de Sigmund Freud (4.2), poema lleno de oraciones en cursiva, y un final que no da respuesta a nuestras dudas y en el que juega con la capacidad de volverse del revés -como si fueran guantes- de algunas palabras (diosaadiós), juego que reaparece en otra ocasión y tal vez muestre que todo es cuestión de percepción y desde qué óptica miramos. En El doctor Zhivago nos espera en Moscú (5.2), el autor viaja con su musa, un extraño viaje cultural y paradójico con el que vuelve a las andadas de su amor por María, al tiempo que sirve para encumbrar la importancia de todo desplazamiento.

El poema titulado La vida en el intento (6.2), con ese sabor a Gil de Biedma, trata el tema del exilio de Juan Ramón Jiménez y en él leemos que no aceptaba esto: Sobrevivir consiste en cambiar lo que buscas por lo que has encontrado. En Debo fingir que hay otros y es mentira (en Ginebra tras los pasos de Borges) alude a varios elementos de la biografía de este autor. Las metáforas iniciales describen el corazón de Borges. Que las historias se repiten con otros nombres nos lo dicen los últimos versos. Tu nombre quemará mis labios para siempre deja rienda suelta a la idea de los nacionalismos a través de su viaje a Jerusalén y a Tel Aviv (Hemos pasado / el día en Palestina, la noche en Israel) y da una lección de paz en versos memorables:

  • Que sobre aquel que grite / la palabra venganza, llueva una maldición.
  • Los invasores tienen miedo de los recuerdos.
  • Castiga a quien te envidie / haciéndole el bien.
  • Donde estés en lo cierto, no crecerán las flores.

Un profesor es alguien que habla los sueños de otro (en la tumba de W. H. Auden en Kirchstetten, Austria) (9.2) busca explicar cómo en los versos debe detenerse el idioma, igual que el agua / se vuelve hielo para dejarse acariciar. El poema busca, es autónomo, indagatorio, predictivo, sorprende, hermosea, resulta original, único, representa un hallazgo que pervive, parece culto, clarificador, accesible y eterno, e suma, nos vivifica:

  • Imagina unos versos que te mantengan vivo. / Si descansas en paz, es que no te querían.

La tercera parte se titula Vida y obra y comienza con Opción B, que recuerda lo que a uno siempre le quedará aunque pierda lo que más le importa. Estos versos: hasta el día más triste se termina a las 12 / y cada cicatriz tacha una herida / y equivocarse solo es el premio del que quiere / aprender de su error son un dechado de optimismo. Maletas es un homenaje tanto a las Odas elementales de Neruda como a María. En Podría ser cualquiera (3.3) resalta un extenso campo semántico, el de las profesiones, para insistir en lo que dice el título, pero movido por una certeza que desentrañamos en la estrofa última, que nada iba a ser distinto, porque María y Benjamín están hechos el uno para el otro. El siguiente, Las reglas del juego, representa la metáfora de su vida en común (a partir de lo que el autor quiere y de lo que no quiere), mientras el poema se llena de ritmo con la insistencia de anáforas y paralelismos. Vida y obra (5.3) insiste en esas reglas de juego y en los actos cotidianos, hechos positivos y negativos del día a día: el orgullo abría / dentro de mí / los ojos / igual que un muerto en un ataúd, que nos deben enseñar a saber perder.

Tablón de anuncios es una crítica social. Aquí asume que la felicidad no es un paraíso ni un estadio intermedio entre la infelicidad y la ignorancia. Involucrarse y ser comprometido no pasa por ser infeliz a toda costa con todo lo que nos rodea: ser feliz no es cerrar los ojos ni las sábanas son lo opuesto a las banderas. Aunque nos aturulle y odiemos el negocio de la desigualdad, uno puede ser feliz sin dejar de ofrecer su voz a los que no la tienen. Tú ya me entiendes (7.3) por medio del paralelismo y la anáfora constante alude a los pequeños y gloriosos momentos : solo quiero vencerte / y después compartir mi victoria contigo.

Pero un poema que pone la carne de gallina y las lágrimas a flor de piel es Su viva imagen, expresión popular que enseguida nos hace pensar en a quién va dirigido, porque el tiempo únicamente cura lo sustituible y hay seres y relaciones que nunca lo serán. En un par de versos resuena el mito de Eurídice (los recuerdos te siguen; pero cuando te vuelves, / nunca están ahí), aunque la memoria es el margen de error del olvido según Benjamín Prado. De alguna forma nos recuerda también a El viaje definitivo de Juan Ramón Jiménez: Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y se quedará mi huerto con su verde árbol, y con su pozo blanco… Parece en este poema que Benjamín desease estar equivocado y que las creencias religiosas de su madre fuesen finalmente ciertas (ojalá fuese cierto lo que nunca he creído / y ella viera la soledad que deja). Y, por último, El día en que deje de quererte indica por medio de una enumeración que ese día está lejos, muy muy lejos.

Con Punto final pone precisamente el punto final a su poemario (dilogía semejante a la del primer poema), e insiste en lo que para él podría ser su poética perfecta, la que podría generar una obra maestra.

PARA SABER MÁS:

 

MEMORIAS DE UN LOCO DE FLAUBERT

Memorias de un loco, de Gustave Flaubert, en mi opinión, es un libro que resulta irregular por la variable calidad de los pensamientos y fragmentos de que se compone y duro por lo pesimista y descreído del sentir del protagonista. Sin embargo, merece la pena como un ejemplo del sufrimiento psicológico que un hombre aquejado de hiperestesia padece. Es una novelita psicológica -¿o un pequeño ensayo? por su mínima acción y su abundancia en digresiones- sobre sentimientos y temas que la mayoría nos hemos planteado alguna vez.

Pero ¡ojo!, no es un libro apto para depresivos. Sus temas abarcan la nada, la muerte, el infinito, el hastío, la desesperanza, el vacío inconmensurable, la duda, la amargura, las grandes ideas infravaloradas, el escaso aprecio que sufre algún alumno en clase, el primer amor y hacia una mujer casada (María), la moral, el arte, la verdadera falta de libertad…

Algunas citas memorables son:

  • De la duda de Dios llegué a la duda de la virtud, frágil idea que cada siglo ha levantado como ha podido sobre los cimientos de las leyes, aún más vacilantes.
  • Hay cosas insignificantes que me han impresionado mucho y que guardaré siempre como la marca de un hierro al rojo, aunque sean banales y tontas.
  • mi dolor es amargo, mi tristeza profunda, / y estoy sepultado en ella como un hombre en su tumba.
  • ¡El arte!, ¡el arte!, ¡qué vanidad más hermosa!
  • La duda es la muerte para las almas; es una lepra que afecta a las razas desgastadas, una enfermedad que proviene de la ciencia y conduce a la locura. La locura es la duda de la razón; ¿quizá sea la razón misma?
  • ¿Libre, tu? Desde que naciste te sometiste a todas las debilidades paternas; recibes, con el día, la simiente de todos tus vicios, de tu estupidez, incluso, de todo lo que te hará juzgar al mundo, a ti mismo, a todo lo que te rodea, según ese rasero, esa medida que tienes en ti. Naciste con una mente estrecha, con ideas ya hechas, o que te harán, sobre el bien y sobre el mal. Te dirán que hay que amar al padre y cuidarle en su ancianidad: harás lo uno y lo otro, y no necesitabas que te lo enseñaran ¿verdad?, esa es una virtud innata como la necesidad de comer; mientras que, justo detrás de la montaña en la que naciste, enseñarán a tu hermano a matar a su padre cuando se haga viejo, y él le matará, pues eso, piensa él, es natural, y no necesitaban enseñárselo. Te educarán diciéndote que hay que evitar amar con amor carnal a tu hermana o a tu madre, mientras que tú provienes como todos los hombres, de un incesto, pues el primer hombre y la primera mujer, así como sus hijos, eran hermanos y hermanas; y, mientras, el sol se pone sobre otros pueblos que miran el incesto como una virtud y el fratricidio como un deber. ¿Eres libre de los principios según los cuales gobernarás tu conducta? ¿Eres tú el que preside tu educación? ¿Eres tú el que ha querido nacer con un carácter feliz o triste, tísico o robusto, dulce o malvado, moral o vicioso?
  • ¿Eres libre de tu pensamiento?, mil cadenas te retienen, mil agujas te empujan, mil obstáculos te detienen. Ves a un hombre por primera vez, uno de sus rasgos te choca, y toda tu vida sentirás aversión por ese hombre, que quizá te habría gustado si tuviera la nariz menos gruesa. Tienes el estómago mal, y eres brutal con el mismo al que, en otra ocasión, habrías  acogido con amabilidad. Y de todos estos hechos se desprenden o se encadenan, con la misma fatalidad, otras series de hechos, de los que otros derivarán a su vez.
  • ¿Comprendes siquiera tú el valor de las palabras de las que te sirves… extensión, espacio? Son más vastas que tú y que todo tu globo.
  • eres grande y te mueres, como el perro y la hormiga, con más pena que ellos.
  • ¡Grandeza de polvo!, ¡majestad de vacío!
  • !Pobre debilidad humana!, con tus palabras, tus lenguas, tus sonidos, hablas y balbuceas; defines a Dios, el cielo y la tierra, la química y la filosofía, y no puedes expresar, con tu lengua, toda la alegría que te causa una mujer desnuda… ¡o un bizcocho!
  • ¡Adiós!, llegarán otras pasiones, quizá te olvide, pero permanecerás siempre en el fondo de mi corazón, pues el corazón es una tierra que cada pasión conmueve, remueve y trabaja sobre las ruinas de las demás. ¡Adiós!
  • ¡Oh, campanas!, así que sonaréis en mi muerte y, un minuto después, por un bautismo; sois, por tanto, una burla como todo el resto, y una mentira como la vida, de la que anunciáis todas las fases: el bautismo, la boda, la muerte. ¡Pobre bronce, perdido y oculto en medio  de los aires, con lo bien que serviría como lava ardiente en un campo de batalla, o para herrar los caballos!

Esta cita es un perfecto broche para cerrar el libro. Y esta mínima reseña. En cualquier caso, ABSTENERSE DEPRESIVOS.

LA EDAD DE LA IRA

Esta novela de Fernando J. López es una pequeña obra maestra. La edad de la ira indaga en temas como el racismo, el bullying, la identidad sexual… Y se hace eco de otros como el de la pederastia, la exclusión social, los celos entre amigos o los prejuicios sobre las malas compañías.

En ella se procede a la investigación de un crimen inaudito. Un periodista, Santiago, investiga cómo pudo suceder que un adolescente (recientemente huérfano de madre), Marcos, acabara presuntamente con la vida de su estricto padre y de un hermano. Durante la investigación se planea en el mundo de los jóvenes (sus amistades, sus dudas, sus amores, sus rencores, las culpas compartidas, los primeros amores…) y en el de sus profesores del Darío, un instituto de la capital.

Cuando tiene lugar el suceso, nadie puede dar crédito a lo que ha pasado, nadie lo previó ni hizo nada por evitarlo. Porque, si bien Marcos había rayado en dos ocasiones el coche de un profesor, todos reconocen que huía de cualquier pelea y suponen que solo una buena razón lo explicaría. La jefa de estudios, su actual tutor, su tutora del curso precedente, la orientadora, el camarero del bar del  centro de estudios… van definiendo las líneas con que nos hacemos una idea del chico (en la mayoría de los casos a través de mensajes o cartas al periodista investigador, pocas veces en conversaciones), opiniones que a su vez sirven para que nos hagamos una idea de sus propias vidas -muerte de un ser querido, homosexualidad, divorcio, vocación o no- y para humanizar y criticar (según los casos) ese oficio tan ingrato y arduo como maravilloso y regenerador que es el de los profesores.

También sus compañeros y amigos son preguntados acerca de él, pero solo sus íntimos (Raúl y Sandra), así como los padres de estos, seguirán defendiendo su inocencia con uñas y dientes. Sin embargo la tipografía se aferra a las apariencias desde el principio, ya que la novela parte de un trabajo para literatura escrito por el presunto asesino con una máquina de escribir (arma de uno de los crímenes).

Tras el penúltimo capítulo, en el que el escrito de Sandra, su mejor amiga y la primera persona a la que llamó después del asesinato, deja multitud de interrogantes acerca de su culpabilidad, Santiago escribe el último, titulado Fe de erratas (los otros llevan el nombre de días de la semana). Aquí, agotado el tiempo para publicar su reportaje novelado sobre el caso, se deja asaltar por multitud de preguntas sin respuesta, de conjeturas y de posibles explicaciones: ¿Dónde están los límites de cada cual? ¿Y después qué? ¿En una sociedad iracunda, la ira de cualquier persona no es casi un mero reflejo de la de la realidad?

Y yo añado: ¿indirectamente, no fue Eduardo (implicado en el otro gravísimo caso que casi a la par se descubre) también culpable de lo que ocurrió?

LA ESTRATEGIA DEL PARÁSITO

La estrategia del parasito

Un acierto magnífico de esta novela -estructurada en quince capítulos y un epílogo- son sus primeros párrafos, que enganchan a adultos y a jóvenes, sean lectores avezados o no. Además, el rápido ritmo narrativo y la abundancia de diálogos permite seguir la novela sin los escollos que sesudas explicaciones podrían ralentizar sin aclarar más.

César Mallorquí la titula La estrategia del parásito, título que aparece en la portada, aunque luego tacha este y su propio nombre para pasarla a llamar El asunto Miyazaki de un tal Óscar Herrero, con los que hace alusión al quid de la cuestión y a su protagonista-narrador (un joven que sin comerlo ni beberlo se ve involucrado en una sucesión de asesinatos, espionaje y terror psicológico). Dos gruesos hilos enmarañan la trama:

  • Miyazaki es el nombre de un programa de encriptación de datos al que no se puede acceder sin clave (un PGP).
  • Mario -antiguo compañero de Óscar- y un socio (Blacky) crearon Camelot, un prestigiosísimo grupo de crackers –hackers especializados en violar la seguridad de los sistemas informáticos, bien por dinero o por mero gamberrismo- de la Red.

Crímenes, secretos, complejidades informáticas (como el archivo Camaleón, aparentemente una página web pornográfica) nos recriminan cómo la mayoría nos despreocupamos de cuánto pueden saber de nosotros con un clic; de ahí que su tema central sea el de la perversidad latente de Internet. Ya la forma en que se separan los episodios dentro de cada capítulo -por medio de una arroba (suele hacerse con asteriscos o con un espacio en blanco mayor que el que hay entre párrafos)- nos pone sobre aviso de que el asunto principal guarda relación con Internet. La Internet oculta se nos presenta como una amenaza que puede saber desde dónde nos comunicamos y cuándo, o qué estamos haciendo en cada momento. Por eso se refiere en alguna ocasión a ella con estos términos: “vigilante en las sombras”.

Mallorquí comenta que la escribió al “estilo Hitchcock”, ya que hace que un ser completamente normal, no especialmente heroico, se tenga que enfrentar a lo que nunca se hubiera imaginado. Óscar es un estudiante de periodismo que, gracias a Judit -la exnovia del superdotado Mario, el que tenía la clave para desvelarlo todo- logrará ir saliendo indemne. Ella le será de gran ayuda debido a sus múltiples contactos y su tren de vida. Desde que se pone a investigar, Óscar pretende contarnos el motivo de su penosa situación actual (en el capítulo uno le persiguen tanto la policía como los delincuentes de los que huye, no puede confiar apenas en nadie, no puede usar ningún medio de comunicación habitual como el móvil, y le acusan de varios crímenes que él no ha cometido): “Estoy muerto, lo sé; tan muerto como Mario”. Y apela a los lectores que vamos a leer su historia: “¿Alguna vez habéis tenido problemas? Hablo de problemas de verdad, no de chorradas”.

“Todo comenzó con un accidente de tráfico” en el que falleció ese antiguo compañero de colegio de altas capacidades y la recepción dos días después de un paquetito con un pendrive, una carta y unas instrucciones que, precisamente, le había enviado aquel.

El epílogo deja la puerta abierta a una segunda parte que parece ser que Mallorquí se propuso escribir. Ojalá lo cumpla y sepamos definitivamente cómo se resuelve ese gran problema cuyas dimensiones superan a nuestra Tierra y que subyace tras esa fortaleza que llaman Internet. Pero no solo hay que conocer al enemigo, sino divulgar sus malas artes. No por casualidad Mario escogió a Óscar (¡no olvidemos que estudia periodismo!) como destinatario de su misión. Curiosamente, aquí se nos explica por qué esconde su historia tras el título de otro autor (porque Miyazaki es un parásito), y nos insta a teclear una dirección de Internet, clicar en una imagen y añadir la clave oportuna…Un final abierto en toda regla. Un final que nos absorbe y nos admira, no como tantos otros en que pensamos que el autor no supo rematar la faena.

CITAS:

  • Supongo que el miedo ofusca, pero la ira sorda te espabila.
  • Un troyano, o caballo de Troya, es un software malicioso que, escondido bajo un aspecto inofensivo, se ejecuta en el sistema permitiendo el acceso remoto de un usuario no autorizado. Sirve para robar y manipular información protegida. (…) El troyano infecta un ordenador y permite su control por un usuario no autorizado; al mismo tiempo, el ordenador infecta a otros ordenadores mediante la agenda de correo electrónico, hasta formar una red de “ordenadores robot”, que es lo que significa botnet. Mediante ese sistema se consigue controlar a la vez miles de ordenadores zombies, que luego sirven para enviar spam o para realizar ataques masivos.
  • Un camaleón es un software malicioso que adopta la apariencia de cualquier programa normal, como por ejemplo un procesador de textos o una hoja de cálculo, lo que sea. Funciona exactamente igual que el programa que imita, pero lleva oculto un subprograma que se dedica a algo muy distinto. Por lo general, robar y transmitir información
  • Como dicen los ingleses: no news, good news.

PARA SABER MÁS:

LA VISITA AL MAESTRO

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La visita al maestro de Philip Roth es una novela de aprendizaje que se divide en cuatro partes:

  1. El maestro
  2. Nathan Dedalus
  3. Mujer fatal y
  4. Casado con Tolstoi.

En este panegírico literario Nathan Zukerman, el narrador protagonista, novela en un flashback que se retrotrae a 20 años atrás, 1956, lo que fue su admiración hacia un escritor judío del que se convierte en un alter ego. Su maestro, Lonoff, vive retirado en el campo y ha leído alguno de sus borradores.
Nathan aspira a triunfar y se siente agobiado por el desencuentro con su padre, que no entiende cómo ha podido escribir un relato con tintes autobiográficos que deja mal parada a su familia y al pueblo judío.
Durante la lectura encontramos reminiscencias bíblicas (como la historia del Antiguo Testamento de Raquel y Jacob) y literarias que cualquier asiduo lector podrá rastrear.

Ambos debaten sobre un autor, Isaac Babel, fascinado por los judíos que triunfaron, y quien define al “escritor judío como un hombre con el otoño en el corazón y unas gafas sobre la nariz” (se trata de Isaak Bábel, un periodista y dramaturgo soviético ejecutado durante la Purga de Stalin, admirador de Gorki, autor de los Cuentos de Odessa y de Caballería roja). También inventa Philip Roth a un supuesto autor al que llama Félix Abravanel. Hablan de la banda de Oddesa, de varias pelis de gánster, del narrador bidimensional (en vez de redondo) según la teoría de Forster en Aspectos de la novela (algo así como rectilíneos y agónicos de Unamuno), de cómo el ritmo narrativo fluctúa entre la repetición y la variación, etc.

El narrador se siente deslumbrado por el maestro y por la pupila, Amy Bellette, una extranjera refugiada que se enamora de su protector y a quien el primero equipara con Ana Frank. De este modo, le hace vivir una historia en la que se debate entre presentarse a su padre aún vivo o mantenerse oculta para que su mito crezca. Ella se oculta tras este otro nombre en realidad para olvidar. Esa ideación literaria de Nathan le sirve para hacer un nuevo salto al pasado y repasar las escenas que vivieron Otto Frank y su familia en Amsterdam, cuando durante la ocupación nazi  se les obligó a esconderse en “la casa de atrás”.

El maestro es un personaje carente de ilusión, de vida excesivamente ordenada y sobria, un ser “antisugestionable por temperamento”; quien, sin embargo, le aconseja a su joven amigo que no se reprima: “una vida personal desordenada probablemente le será más útil a un escritor como Nathan que pasear por los bosques y asustar a los ciervos. En sus escritos hay turbulencia; debe alimentar esa turbulencia”.

Con quien verdaderamente es exigente el maestro es consigo mismo, y no con los demás. Según su mujer, es una persona compasiva y comprensiva revestida de un aspecto inflexible y al que nada se le escapa en las novelas. Pero, a decir de Nathan, no así en la vida real en la que, aun cuando está presente, parece ausente siempre.

Muy interesante es la carta que recibe Nathan con diez preguntas que reflejan cómo la vocación y el talento deberían ir al unísono con la responsabilidad. Entre otras una que habla del influjo del Shylock de Shakespeare o el Fagin de Dickens en los antisemitas. Pero Nathan se niega a justificarse ante sus mayores y recuerda cómo muchos autores Joyce, Flaubert, Wolfe, fueron condenados por su sociedad. Lo vivido e imaginado durante ese encuentro está detrás de la novela imaginaria de Nathan (la de Amy-Ana) escrita por la pluma de Roth. La noche pasada en casa de su anfitrión, durmiendo en su estudio, le sirve al narrador protagonista para bucear en sus lecturas y husmear en su vida privada. Que el anciano no piense abandonar a su esposa Hope (celosa de la joven Amy Bellete), pese a que  reiteradamente se lo ponga en bandeja para que lo haga, es solo un ingrediente más de la cotidianidad en que transcurre la vida plácida y leal a sus querencias del maestro.

Citas:

  • Trabajamos en la oscuridad-hacemos lo que podemos-damos lo que tenemos. Esta duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea. El resto es la locura del arte, cita extraída del cuento de The Middle Years, los años medios, de Henry James (es de recordar el cuento de este autor titulado La lección del maestro, en que un escritor mayor le quita la novia a otro autor más joven que lo admira con el fin de que crezca como artista).
  • No sólo nuestros elevados propósitos, sino también nuestras humildes necesidades y anhelos, hacen de nosotros criaturas dignas de compasión.
  • si no estuvieras a punto de estallar, no necesitarías tener paciencia.
  • Tomó la palabra por primera vez, aunque, por el modesto tono de su discurso, sería más exacto decir que “se ocultó” bajo la palabra.
  • No se excuse, a menos de que tenga la certeza de que no volverá a caer en lo mismo la próxima vez. De lo contrario, hágalo y luego olvídelo. No lo convierta en un drama.
  • Piense en todas las personas indignas que son exaltadas a diario a nuestros ojos: estrellas de cine, políticos, atletas. El hecho de que usted sea un escritor no significa que deba negarse el normal placer humano de sentirse halagado y aplaudido.
  • Yo seguí intentando salir del paso fingiendo que nada desagradable había ocurrido en mi presencia.
  • Cuando se admira a un escritor uno se vuelve curioso. Uno busca su secreto. Las claves de su misterio.
  • “Apreciar a la gente” con frecuencia es sólo otra forma de chantaje.
  • La energía del saludo formaba un desarmante contraste con la suave voluptuosidad de su apariencia.
  • Una frase fragmentaria atribuida a Schumann, sobre una obra de Chopin: ...tan desbordante de ternura, osadía, amor y desdén que no es inapropiado compararla a un poema de Byron.
  • Los niños comprenden que debajo del gran fanfarrón que se revuelca por el sueño y les hace reír puede esconderse una persona que hace llorar a otros.
  • La gente no lee el arte; leen sobre otras personas. Y las juzgan en tanto que tales.
  • Clásicamente, en todas las épocas y todos los países, el artista siempre se ha considerado por encima de los usos y costumbres de la comunidad en la cual vivía. Los grandes artistas, como nos revela la historia, han sido perseguidos duramente una y otra vez por las gentes temerosas y poco instruidas. (…) Al igual que todos los hombres, el artista tiene una responsabilidad ante sus semejantes, ante la sociedad en la que vive y ante la causa de la verdad y la justicia.
  • ¿Qué escala de valores estéticos te impulsa a pensar que lo vulgar es más válido que lo noble, y lo vil más auténtico que lo sublime?
  • La historia de la literatura es en parte la historia de las afrentas infligidas por los novelistas a sus compatriotas, familia y amigos. (…) los escritores no eran escritores, me decía para mis adentros, si no tenían el valor de afrontar la indisolubilidad de ese conflicto y seguir adelante.
  • A veces tengo una extraña manera de mirarme, como si pudiera verme a través de los ojos de otro… atribuido a Ana Frank.

PARA SABER MÁS:

  1. De  cómo Roth se despide de su álter ego literario (aparecido precisamente con esta novela en 1979):  http://projectetraces.uab.cat/tracesbd/lavanguardia/lvg080220c.pdf.
  2. Si quieres leer el cuento de Henry al que aludo:  James: http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/J/James,%20Henry%20-%20leccion%20maestro.pdf.
  3. Frases célebres del diario de Ana Frank:  http://www.abc.es/cultura/libros/20150805/abci-anna-frank-diez-citas-201508041620.html.
  4. Una página web sobre Ana Frank y el cuarto de atrás con un interesante vídeo (http://www.annefrank.org/en/Subsites/Home/) y la entrada secreta (http://www.annefrank.org/en/Subsites/Home/Enter-the-3D-house/#/house/20/): http://www.annefrank.org/es/Ana-Frank/El-paso-a-la-clandestinidad/Escondidos/.

 

¡NO LLORES, DESPIERTA!

la-llorona

La llorona de la chilena Marcela Serrano traba la leyenda de la madre que asesinó a sus hijos con la de Ella, una madre a la que a los pocos días de nacer se le dice que su hija ha muerto. Pero también es la historia de una lucha y un reencuentro, y de una determinación férrea en la que el universo femenino se presenta como el único ser por encima de las convenciones contra viento y marea. Y la de un regreso a los orígenes: la ciudad se presenta como un abismo, el pueblo pequeño como una promesa y el campo perdido como una pesadilla a la que luego se vuelve convertido en un refugio, ese es su itinerario de ida y vuelta. La vida es el devenir entre los sueños y las pesadillas que un terapeuta intentará explicar sin acierto a la protagonista. Entre ellos encontramos reminiscencias mitológicas, como la del Toro sobre el que escapa lo mismo que Europa.

Esta novela se estructura en cuatro partes con nombre de mujer, y un epílogo titulado Hoy, todas ellas escritas en los cuatro cuadernos que encontró en el centro penitenciario en el que la protagonista fue ingresada. La primera, Ella, consta de cuatro capítulos y nos relata la historia en primera persona de la narradora (cuyo nombre podría ser el de cualquier otra, dado que su antropónimo  -coincidente con el pronombre personal de tercera femenino- engloba a todas las mujeres), quien parece que se dirige a unos lectores ideales a los que se dirige con respeto (ustedes). Toda la obra es una especie de larga epístola, como la de Lázaro, en que se nos cuenta qué demonios hizo para acabar presa en un hospital psiquiátrico (como una de las treinta locas-presas, frente a las otras internas, las locas-locas) durante seis meses.

Esta mujer que podría ser cualquiera también es única, ya que destaca tanto en su familia como fuera de ella: deja el campo para ir al pueblo y mejorar, estudia secundaria con gran esfuerzo mientras trabaja, es reivindicativa y llega a hacerse popular. La locuaz Ella es la voz de los que no se resignan, heredera del orgullo materno pero no de su silencio, mientras que sus hermanos remiten a la historia reciente de su país (insurgentes que acaban por cruzar fronteras). Pero los hombres, en general, se nos presentan como meros trabajadores (padre, marido) que aceptan la vida tal y como les llega (la excepción sería la de los intelectuales convertidos en guerrilleros). Del hombre que no se queja y que no está a la altura, Ella se desentiende, precisamente por esto perderá a su marido.

Ella, no. Ella no se amilana. Cuando se enamora y conoce el paraíso de mano del filósofo al que llama su príncipe, no pierde tiempo al perderlo en autocompadecerse, ve el lado bueno, no se siente vacía sino llena por haber sido amada, él le ha dejado la reservas de amor necesarias para sobrevivir a otros cielos menos paradisíacos: “sabía que tarde o temprano la vida me mostraría su avaricia, pero confiaba en la reserva esa que el amor me había dejado”. Tampoco se arredra cuando se le dice que su hija ha fallecido mientras no estaban en el hospital y que la niña ha sido incinerada.

La novela representa también la historia de cómo la educación supone un salto de la vida miserable a la vida que se añora y de la que sólo disfrutan por cuna los insultantes ricos. Por eso a la protagonista le gusta pensar que grandes poetas tampoco habían llegado a la universidad y rodearse de mujeres fuertes, personajes que más que secundarios son principales en su vida. Ella primero trabaja en un restaurante donde tiene sus primeros amoríos, después en una especie de mercería, cuya dueña la tiene por nieta postiza, y más tarde en la ONG que funda junto a otras mujeres en ayuda a madres que han perdido sus hijos sospechosamente.

La segunda parte titulada Olivia y compuesta de tres capítulos, comienza con la decisión de Ella de no rendirse e investigar el caso. Para ello cocina pastelitos y cada día acude a venderlos fuera del hospital en donde dio a luz. Es así como conoce a esta alta abogada que da nombre a esta parte, impulsora de la ONG  y quien le recuerda a “su príncipe” porque ambos son la educación en persona. Ella, que aprende de todo su entorno y usa esos conocimientos (tenía un cuñado zapatero), la conoce al arreglarle un tacón que se le ha roto.

A pesar de que sabe que solo hay dos posibilidades: que su hija haya sido dada en adopción o vendida para el tráfico de órganos, Ella no desfallece. Poco después conoce a Jesusa, cuyo hijo es dado por muerto e incinerado en el mismo hospital, mientras Olivia empieza a investigar el historial de este (el número de niños muertos e incinerados en él), y juntas trazan un plan para destapar la trama.

Cuando se percata de lo que ocurre, que trafican con los niños de las mujeres a las que creen “pobres e ignorantes”, nos recuerda a los versos de Miguel Hernández esos que dicen que llegó con tres heridas (amor-muerte-vida): “El corazón me dio tres vueltas. Una por la rabia, otra por el miedo y la tercera por la pena”. Sin embargo, ella no se considera ni tonta ni pobre es “la puntada suelta” que han dejado los delincuentes. A partir de entonces, se dedican a abochornarlos a la entrada de otras maternidades con carteles que avisan a las madres de que roban hijos. Con las mujeres  sobre aviso, comienzan las denuncias. Y cuando uno tiene una causa, nada se le pone por delante.

Preciosa es la cita de William Blake: “¿De quién es ese fatal destino? ¡Creo que es mío! / ¿Por qué mi corazón zozobra? ¿Por qué vacila mi lengua? / Si tres vidas tuviese las tres daría por la causa / y me erguiría con los fantasmas sobre el reñido campo de batalla / ¡Preparaos, preparaos!”

Ella, alegre, agradecida, pacífica, ni se queja ni se resigna, y no se desmorona cuando escucha o lee “hablar en difícil”. Aborrece a las malas lenguas, como esas vecinas que la acusan de asesina. Es carismática, inteligente y empeñosa, por lo que Olivia la enseña y ella aprende cuanto puede (las palabras cultas del diccionario, la geografía de la capital, a hablar en público a base de práctica, a escribir) para hacerla crecer;si bien no quiere aconsejarla sobre vestuario porque no pretende cambiar su identidad. Tanto es así que Olivia llama a Ella “mi Elisa Doolittle”, aquella florista de los barrios bajos ingleses que se convierte en una especie de princesa, en la obra Pigmalión, del irlandés George Bernard Shaw.

Para Olivia uno de los mayores problemas de su continente es que todo él se desvanece entre militares, presos políticos, eliminación de las tribus originarias, guerras contra los insurgentes, huelgas de obreros o mineros y ahora con la desaparición de los recién nacidos. Por otra parte, la vida de estas dos mujeres se ve entrelazada por el azar como si alguien hubiera tejido alrededor de ellas una tela de araña. El príncipe de Ella se fue por razones políticas. Y Olivia reconoce que ella también tuvo su príncipe.

La tercera parte consta de otros tres capítulos y se titula Elvira, enfermera de la madre de Olivia (a la que agradece así el que la pagase los estudios) y que las ayudará en su cometido: mejorar su capacidad para enfrentarse a las entrevistas y presentarse lo mejor posible en la televisión o en la universidad en representación de muchas mujeres. Este nuevo personaje, que en realidad trabaja en un hospital psiquiátrico, será clave en su historia personal. Ella, Olivia y Elvira conforman los tres “pilares de la solidaridad”.

El azar de nuevo la lleva a conocer en un acto a la esposa del Ministro del Interior, momento en que reconoce en una de sus hijas a la hija propia. Su reacción la abocará al encierro. El infierno es una locura sin remisión y gracias a las otras mujeres conseguirá sobrellevar su ingreso, sobre todo a partir de que la nombren encargada de la biblioteca y cineteca del centro.

Entonces se obra el milagro: la niña secuestrada es a su vez secuestrada por unos guerrilleros a los que se la acabarán secuestrando para restituirla a la vida que no fue, a la vida primera, como una alhaja en manos de terceros antes de devolvérsela a quien le pertenecía, dirá Ella. Además se denuncian las detenciones ilegales y las torturas que sufren algunos detenidos. Y se descubre una coincidencia entre el abuelo paterno y la niña desaparecida que, junto a la foto de la casa de sus abuelos maternos, demuestra que hay cosas que no se pueden esconder.

La cuarta parte, también de tres capítulos, se titula Flor, quien acabará siendo una jefa de sedede la ONG  y es la artífice en gran medida de que la gente caiga en la cuenta de lo que ocurre. Que se confunda mudez (tenía un problema en el paladar que la impedía hablar) y sordera provoca que se convierta en una testigo clave de los hechos. No es ignorante porque un cura bueno la enseñó a leer y escribir. Tras la fuga, hay que decidir cómo no ser descubierta y le pedirá ayuda.

El epílogo, Hoy, nos devuelve al terruño, al campo en estado de gracia, cercano al beatus ille, a la vida sencilla del sembrar y ordeñar. Si bien nos preguntamos por la verosimilitud del final y tememos que se cumpla la profecía de la llorona cuando Ella, alocada, salvaje, irresponsable, ya no ve más riesgos que una segunda pérdida. En cualquier caso, la novela nos deja una querencia hacia ese personaje que cortaba cebolla para justificar su llanto.

¡Ojalá existiera el iluminador árbol de las verdades de la infancia de Ella!

Citas:

  • Descubrí que usar las palabras era como coser a ciegas, por eso me enamoré de ellas. Hilos con sonido.
  • Nuestros amores fueron como los misterios del Rosario: gloriosos, gozosos y, cómo no, dolorosos.
  • Si algo distingue al paraíso es que en algún momento deja de serlo, todos somos expulsados de allí, tarde o temprano.
  • Los Sueños debían recordarse para que no quedaran dentro del corazón formando nudos que luego provocarían dolor.
  • Pudor me daba que gastara tiempo en mí y se lo confesé. No es por ti, mujer, es por todas las personas como tú, es por mi país en el que invierto tiempo. Calladamente me pregunté: de haber detenido educación, ¿sería yo como ella?
  • Las mujeres pobres tienen pocas ocasiones de estar con otras conversando y haciendo cosas importantes. La amistad (…) la parecía el resultado natural. Éramos todas solidarias de la misma causa. Olivia pasó a ser el ángel guardián que algún dios bueno nos envió para velar por nosotras. Todas las tardes, camino a casa pensaba en una cosa: la educación. (…) la línea que divide al mundo, que determinaba nuestro pasado y el porvenir.
  • A pesar de las penas, creía que ser mujer era más divertido que ser hombre. Cuando me miró raro, le dije rapidito, como quien no quiere la cosa: nosotros tenemos hijos e ilusiones; los hombres sueñan poco.
  • Quizá la vida es así, dos verdades corriendo juntas como dos cauces paralelos que desembocan en un mismo río.
  • Sin verdad no hay castigo, dijo Olivia. Contesté: quiero que me mientas si eso me ayuda a sobrevivir. Como una potranca herida, daba mis últimos corcoveos. Inútiles. Ella creía en los países y en el futuro. Yo, en las necesidades de los que estamos vivos.
  • Me moría de frío. Las otras no. Por vez primera se me ocurrió que la temperatura del cuerpo estaba conectada con la lucidez mental.
  • Si te mientes cada día y finges indiferencia, llegara un amanecer en que te habrás vuelto indiferente. Prueba a hacerlo con paciencia.
  • Los que se aburren son casi siempre los que no tienen la capacidad de parir algún proyecto, por pequeño que sea, los que no creen en el día de mañana.
  • Construir la vida es más difícil que morir, me dijo Antonio, luego agregó: lo dijo un poeta ruso, no yo.
  • A cada minuto su propio afán.
  • Alimentar y abrigar. Los dos verbos que conjuga instintivamente la madre.

 

UNA TESIS MACRO SOBRE EL MICRORRELATO

AltibajosConocí en el tribunal de oposiciones a Lengua castellana y literatura de este año a una compañera de profesión, Leticia Bustamante Valbuena, que me demostró su valía como filóloga, profesora y persona. Tras saber que su tesis versaba sobre un tema muy interesante para mí, me la descargué a través de Internet y le eché un vistazo.

Aún no la he podido leer completamente, pero es prometedora y, tras unas vacaciones que me han sabido a poco, tengo ganas de hincarle el diente hasta el final, y saborearla y aprender y divertirme y…

En este link la tenéis: UNA APROXIMACIÓN AL MICRORRELATO HISPÁNICO

Un blog que me gusta es: http://xn--microsealesdehumo-lxb.blogspot.com.es/2012/11/microrrelatos-visuales.html, del que tomo las imágenes, verdaderos microrrelatos visuales de David Moreno Sanz, también conocido en la blogosfera según él mismo dice, como El indio o No Comments:

Sopa de letras

 

 

 

 

NÉMESIS


Philip Roth, en Némesis, aborda temas tales como la culpa, la responsabilidad,  la rebeldía contra Dios y, sobre todo, la estrechez de conciencia (sobre todo referida a uno mismo, no la de esos que tienen dos varas de medir que siempre les benefician, sino la de los otros, esos que admiten y disculpan en el prójimo lo que nunca se permitirían a sí mismos). También se centra en ideas como el influjo de las circunstancias o el destino, porque hay decisiones que nos cuestan o nos salvan la vida en un segundo.

El canto al esfuerzo inicial se disuelve en un mazazo. Aunque solo un porcentaje de los infectados por polio muere por parálisis respiratoria, muchos habrán de sobrevivir con malformaciones físicas durante el virulento brote que asola Newark (Nueva Jersey) en el verano de 1944, es decir, en plena II Guerra Mundial. La epidemia (de la que una víctima famosa fue Franklin Delano Roosevelt), como cualquier tragedia, descubre el lado más humanitario o mísero de cada cual, a causa de las reacciones al miedo, a la rabia, al dolor, al desconcierto, etc., que provoca.

El protagonista, Bucky Cantor, un chico criado por sus abuelos (su madre murió y su padre es un ladrón), es el joven profesor de la escuela Chancellor Avenue, muy entregado a sus alumnos, pero lleno de recelos en relación a su papel en el mundo (su condición física es excelente; pero su pésima visión le han impedido que “cumpla con su patria” en la contienda).

La obra se estructura como un largo flash back, cuando Arnold -un antiguo alumno- se tropieza con él en primavera de 1971. En las dos primeras partes (Una Newark ecuatorial e Indian Hill) la novela está escrita en tercera persona con un narrador omnisciente. Sólo sorprende en la primera parte este enunciado: “La mañana siguiente fue la peor de todas. Otros tres chicos enfermaron de polio: Leo Feinswog, Paul Lippman y yo, Arnie Mesnikoff“, cuyo sentido acabamos desentrañando en la tercera (Reunión), en que advertimos que es precisamente ese personaje secundario quien se ha erigido en “autor” de esta especie de biografía de Bucky Cantor.  Arnie, con una minúscula participación como testigo de los hechos y otra muchísimo mayor como editor de los mismos, tras sus conversaciones con el profesor idealizado cuyos pies de barro se resquebrajan, relata lo que el protagonista le ha contado directamente. Así a posteriori nos explicamos el sentido de aquella frase.

Según Arnie, no sólo las tres D que valoraba su profesor en el deporte (determinación, dedicación y disciplina) son imprescindibles en la vida, ese deporte de alto rendimiento al que nadie somos ajenos: Para vivir no puede faltarnos la autoestima, de la que Bucky carece, por lo que él es el peor enemigo de sí mismo, ya que las secuelas de la enfermedad habían dañado su seguridad y atrofiado su fuerza.

Su personalidad heroica no es menor que su agilidad (de hecho es apodado As por su excelencia deportiva: levantamiento de pesas, saltos de trampolín, lanzamiento de jabalina…), como demuestra, por ejemplo, el estremecedor episodio en que media entre sus jugadores y los provocadores italianos que escupen junto a las pistas del colegio para, en teoría, propagar la enfermedad. Sin embargo, un ramalazo neurótico le persigue cuando se desencadena su contagio. Entonces le da por pensar en si el mal le persigue o lo lleva él. Y de ahí a culparse de haber sido el causante de varias muertes en su posible etapa de portador del virus, infectado pero aparentemente sano por estar asintomático, hay un solo paso.

Ni siquiera el amor le hará cambiar de idea, a pesar de que su energía y su honestidad están fuera de toda duda, cuando sus eternos dilemas y su injustificada autodecepción le exijan un sacrificio inmerecido, tras, paradójicamente, atarcarle la enfermedad de la que huye en el campamento infantil de los montes Poconos, al que había ido para respirar aire puro y alejarse del hediondo de su pueblo. Y es que el protagonista se siente la Mary Tifoidea de su época y su entorno, término genérico derivado del nombre de la que se cree la primera portadora sana norteamericana de esa peligrosa enfermedad y que se aplica por extensión a cualquier portador aparentemente sano de cualquier otra enfermedad grave (http://lacienciadelhoy.blogspot.com.es/2012/03/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html). Los paseos hasta la isla en canoa con Marcia, su prometida, solo serán un espejismo de felicidad.

Frases para el recuerdo, citas que hacen pensar:

  • Podemos ser jueces equivocados de nosotros mismos cuando no está justificado en modo alguno. Un sentido de la responsabilidad equivocado puede ser debilitante.
  • Una enfermedad paralizante que ataca sobre todo a los niños y mata a algunos…, eso le resulta difícil de aceptar a cualquier adulto. Tienes conciencia, y es un valioso atributo, pero no lo es si te lleva a creer que eres culpable de lo que está muy lejos del alcance de tu responsabilidad.
  • Cuanto menos miedo, mejor. El miedo nos castra. El miedo nos degrada. Contribuir a reducir el miedo: esa es tu tarea y la mía.
  • Unas veces tienes suerte y otras no. Toda biografía está sujeta al azar y, empezando por la misma idea, el azar -la tiranía de la contingencia- lo es todo. Creo que el señor Cantor se refería al azar cuando censuraba aquello que él llamaba Dios.
  • Ya hay suficiente crueldad en el mundo tal como están las cosas. No las empeore convirtiéndose en chivo expiatorio (consejo excelente).
  • Pero nadie es tan difícil de salvar como un buen muchacho moralmente deshecho. Había vivido solo demasiado tiempo con su visión de las cosas -y desprovisto de todo lo que había deseado tener fervientemente- para que yo pudiera desterrar la interpretación que hacía de aquel terrible acontecimiento de su vida o modificar su relación con este (…). El sentimiento de culpa en un hombre como Bucky puede parecer absurdo, pero de hecho es inevitable. Una persona así está condenada. Nada de lo que haga estará a la altura de su ideal. Su responsabilidad no conoce límites. De hecho no confía en sus límites porque, cargado con una severa bondad natural que no le permite resignarse al sufrimiento del prójimo, nunca reconocerá que tiene límites sin sentirse culpable.
  • En el deporte todo requiere determinación. Las tres D: determinación, dedicación y disciplina, y prácticamente lo habréis logrado.
  • Su concepto de Dios era el de un ser omnipotente no constituido por la unión de tres personas en una divinidad, como en el cristianismo, sino de dos: un jodido enfermo y un genio maligno.
  • Para mi mentalidad atea, proponer un Dios semejante no era ciertamente más ridículo que creer en las divinidades que confortan a millones de seres humanos; (…) Tenía que preguntar por qué. ¿Por qué? ¿Por qué? Que sea gratuita, contingente, absurda y trágica no le satisface. Que sea un virus capaz de proliferarse no le satisface. Este mártir, este maníaco del porqué busca desesperadamente una causa más profunda, y encuentra el porqué ya sea en Dios, ya sea en sí mismo o, de una manera mística, misteriosa, en la temible unión de ambos como el único destructor.

PARA SABER MÁS:

En relación al perfeccionismo paralizante, porque todo en exceso se vuelve la cara oculta y despreciable de lo que pudo ser una virtud, quiero dejar constancia de tres magníficos artículos que pueden ayudarnos a plantarle cara a esta silenciosa epidemia del siglo XXI

1-Sé eficiente antes que “excelente”:  http://tusbuenosmomentos.com/2012/04/combatir-perfeccionismo/

2-“Lo perfecto es enemigo de lo bueno” (Voltaire) y hay que buscar un equilibrio entre cantidad y calidad:  http://davidcantone.com/lo-perfecto-es-enemigo-de-lo-bueno/.

3-“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, pero no sigas rematándolo indefinidamente si ya lo hiciste bien: http://www.telegama.com/societyof2000/ver.asp?art=3619.

RECOMENDACIONES BREVES

Cuentos para entender el mundo es una colección de relatos de orígenes lejanos y diversos (zen, sufí y clásicos) que han sido modernizados y a los que se suma uno propio, el último, de quien realiza la recopilación, Eloy Moreno. Las moralejas resultan diáfanas y, aunque la mayoría de los relatos sean muy conocidos, esta obrita puede ser un excelente material para el recuerdo y/o el trabajo en el aula con pequeños y no tan pequeños.

Madame Bovery es un libro peculiar, una novela gráfica* que compagina ilustraciones, texto y metaliteratura. En él se nos da una lección de moralidad (nadie es quién de meterse en las vidas ajenas). El arte de husmear y de espiar, ¡ojo!, no es más que el arte de entrometerse y, a veces, falsificar la realidad sin mentir. Además, recuerda como todos somos en parte reos de alguna culpa, porque todos somos culpables de nuestras acciones y de nuestras omisiones y de lo que unas y otras pueden provocar (el manido “efecto mariposa”).

Que la historia con frecuencia se repite es algo obvio, pero si lo que se cree que se repite es una ficción literaria -como si las tramas y los personajes literarios influyesen en las vidas- estamos ante algo más original.

*Un enlace interesante para repasar la diferencia entre cómic y novela gráfica es: https://curiosoando.com/cual-es-la-diferencia-entre-una-novela-grafica-y-un-comic

La guerra civil contada a los jóvenes es un relato histórico tan claro como conciso para entender lo que fue aquella. En esta obra, Arturo Pérez Reverte se encarga del texto y Fernando Vicente de las ilustraciones. Unas y otras sirven para concienciar a sus lectores de las consecuencias, así como para conocer las causas de la contienda. Además, el  glosario final rescata palabras que nos ayudan a entender los hechos: miliciano, legionario, etc.

Tras el exilio de Alfonso XIII, durante la II República, el régimen democrático se ve alterado por el atraso social y los disturbios. Cuando los militares rebeldes del mal llamado bando nacional, insatisfechos tras la guerra contra Marruecos, dan el golpe de estado, verán sendos modelos en la Italia fascista y en la Alemania nazi. El Gobierno, por el contrario, mirará hacia la Rusia comunista, pero las reivindicaciones y revueltas de los obreros y el cisma entre los grupos de izquierdas (socialistas, comunistas, anarquistas) dejarán mal parado al bando rojo. Tras la sublevación el 18 de julio del 1936, las atrocidades de uno y otro signo se multiplican (Guernica, Paracuellos del Jarama) y junto a los pretextos políticos se cede a asedios, represalias y violaciones de los derechos humanos por venganzas personales. En este contexto fueron asesinados Lorca y Muñoz Seca.

Así se impuso la férrea dictadura, y con ella: los consejos de guerra, los encarcelamientos y la represión como simples ajustes de cuentas muy a menudo. Esto abocó al exilio de muchos, los refugiados de aquella época. Estas atrocidades persistían al fin de la II Guerra Mundial (seis años después de terminada la nuestra). De hecho, muchos de nuestros exiliados republicanos lucharon con los aliados o se sumaron a las tropas del ejército soviético o a la resistencia francesa y otros murieron en campos nazis; mientras que soldados falangistas fueron enviados a Rusia para ayudar a los alemanes (División Azul), correspondiendo a las intervenciones externas que en años anteriores se la jugaron en nuestro país (las Brigadas Internacionales para ayudar al poder legítimo, la Legión Cóndor alemana y tropas italianas para ayudar a los sublevados). Cuando los maquis clandestinos regresaron, después de 1945 como guerrillas antifranquistas, carecieron de apoyo aliado, mientras que Franco ya empezaba el acercamiento a las potencias ganadoras.

Unamuno nos dejó una frase para el recuerdo y una lección contra la intolerancia: “Venceréis, pero no convenceréis”. En favor de esa tolerancia -que fue sometida durante 40 largos años- hemos de cuidar de la reconciliación nacional que se reflejó en la legalización de partidos y sindicatos y en la constitución del 78 en el marco de una monarquía parlamentaria.

Rosa Huertas conoce a la perfección a los adolescentes y la literatura, como demuestran sus novelas Tuerto, maldito y enamorado y Mala luna, por algo es profesora en un instituto madrileño. En la primera, la realidad se funde con la fantasía cuando Elisa -para ayudar a su hermana menor que tiene que hacer un trabajo de literatura- entra en un mundo anacrónico e irreal en que el fantasma de un personaje al que corresponden los adjetivos del título enseña claves de la época de Lope de Vega y de este mismo. Así, por ejemplo, nos enteramos de curiosidades históricas como que en la calle Lope de Vega, en el convento de las Trinitarias, se enterró a Cervantes; mientras que en la calle Cervantes se halla la casa en que vivió Lope de Vega.

En Mala luna, el trasfondo es la guerra civil y sus atrocidades, así como la posguerra en que murió (o se dejó morir a) Miguel Hernández. En esta novela, hay también dos planos de ficción, pero más cercanos en el tiempo. En uno se produce la investigación de dos adolescentes que desean recuperar un cuaderno de tapas negras en el que el poeta cabrero pudo escribir sus últimos poemas en la cárcel, que habrían permanecido inéditos, he ahí la principal intriga que, conforme se suceden las páginas, en mi opinión pasa a ser la secundaria, inmersos en el porqué de las reacciones del antagonista. En el otro está la larga confesión en cursiva del abuelo del muchacho, en la cual reconoce sus pecados de obra y omisión, por culpa del rencor y el orgullo. El abuelo de ella tiene una causa pendiente con el de él y con el propio poeta, y gracias a su nieta podrá saldarla. El otro tiene varias en su haber (con los anteriores y con su propio hijo, especialmente) y sólo su nieto le devolverá un poco de la humanidad que su expurgo y el recuerdo del primero le han negado.

Magnífica obra para acercar a los jóvenes a la dureza de una época y a la psicología de diferentes personajes y para dejarse apaciguar con la idea de que siempre existen dos caras -invisibles la una para la otra- de una misma moneda. Porque nada es enteramente lo que parece, aunque mucho de lo que es se explique por lo que parece ser.

LA FELICIDAD CONYUGAL

La felicidad conyugal

La felicidad conyugal, novelita escrita por León Tolstói a mediados del siglo XIX, se centra en las vivencias de una muchacha huérfana que descubre en el primer amor lo que cree el amor verdadero, basado en un proyecto de vida en común y en la expresión diáfana de los sentimientos implicados en su relación. Pero el devenir trae lo imprevisto para el novato, y no hay consejo que valga aunque para quien está de vuelta lo que ha de acontecer sea previsible.

Todo amor tiene sus etapas y en la desigual edad de ambos surge el primer escollo, al que las necesidades sentimentales de cada uno añade unos altibajos que irremediablemente lleva a las dos partes de la pareja a replantearse si es el Amor con mayúsculas lo que entre sí se halla, aunque está escrita detalladamente desde la perspectiva de la mujer. Así asistimos a una narración en primera persona inserta en un largo monólogo de la protagonista, María Alexándrovna, una joven de 16 años que se enamora de su tutor, Serguéi Mijáilovich, bastantes años mayor, y del que oyó a su madre decir que era el tipo de hombre que cualquier mujer desearía como yerno.

Serguéi llega a la casa de campo de Pokróvskoye como administrador de la herencia de ella y su hermana menor. Al principio los paseos, la música al teclado del piano, las esperas… llenan la vida de la joven. Consumado el matrimonio, son felices en la casa de él, que comparten con su madre. Pero cuando se trasladan a San Petersburgo, cambia todo. María entra con buen pie en la vida de la alta sociedad, y su frivolidad da pie a los celos callados de su esposo y al progresivo deterioro de la relación, a pesar de la llegada de los hijos. Donde había una fluida y continua comunicación antes, ahora se asientan el silencio y los resquemores. Sin embargo, la honestidad de ambos les insta a confiarse y, como de todo se aprende y el tiempo que enerva es el mismo que amaina… se atisba la calma.

La novela se divide en dos partes: la del amor perfecto casi literario y la del despertar al desengaño y a la posterior recomposición de lo que se había roto. En ella, el brío de la juventud se contrapone a la serenidad de la madurez, el campo sencillo y tranquilo al boato de las fiestas y a la apariencia de la ciudad proclive a dinamitar lo esencial.

ALGUNAS CITAS INTERESANTES:

  • Lo que me rodeaba me había rodeado en silencio desde la infancia, pero bastó que él llegara para que todo lo que estaba a mi alrededor se soltara a hablar e irrumpiera en mi alma, colmándola de alegría.
  • Viví muchas cosas y ahora creo que hallé lo que se necesita para ser feliz. Felicidad familiar. Una vida aislada y tranquila en el campo, con la posibilidad de ser útil para quienes es fácil hacer el bien -la gente- y que no están acostumbrados a que se lo hagan. Y un trabajo que se espera sea de utilidad. Y el descanso, la naturaleza, libros, música, amar al prójimo. Ésa es mi idea de felicidad. Y sobre todo eso, tú como compañera; niños, quizás. ¿Qué más puede desear un hombre?
  • Lo peor para mí era que sentía cómo día tras día la rutina aherrojaba nuestra vida y le daba una forma determinada, cómo nuestro sentimiento perdía libertad al someterse al acompasado e impasible fluir del tiempo.
  • ¿Acaso se puede estar descontento de algo cuando se es tan feliz como soy yo? Resulta más fácil ceder que someter a los otros: hace mucho que me he convencido de esto, y no hay ninguna situación en la que no se pueda ser feliz.
  • Me parecía poco amar una vez conocida la felicidad de amarlo. Quería movimiento y no el fluir sosegado de la vida. Quería inquietudes, peligros y sacrificio en aras del sentimiento. Había un exceso de energía en mí que no encontraba su lugar en nuestra vida apacible.
  • La vida social no es el peor de los males. Lo que es feo y malo son los deseos irrealizables que esa vida mundana despierta.
  • ¡Acaso es posible no amar! ¡Sin amor no hay vida! Hacer de la vida una novela es lo único que vale la pena. Y mis novelas jamás se quedan inconclusas; ésta también la llevaré hasta el final (en boca del galán italiano que la pretende).

PARA REFLEXIONAR:

La protagonista –por primera vez una mujer en la obra de este autor- es una jovencísima mujer que, como en la vida real de Tolstói, está casada con un hombre maduro, y que también es huérfana como lo fue León desde su más tierna infancia. Igualmente ambos terminan viviendo en la tranquilidad rural. Es como si el autor proyectase lo que va a ser su vida con su futura mujer durante su noviazgo y a través de esta protagonista: enamoramiento, dificultades y sacrificios  maritales, reconversión en un matrimonio maduro que aprende a superar las fantasías iniciales…

La capacidad para diseccionar de forma realista la psicología humana hace de la narradora un personaje redondo, que evoluciona conforme avanza la lectura, y que sirve de sustento a los otros personajes femeninos a los que siempre estará ligada la grandeza de Tolstói (en Guerra y Paz o en Anna Karenina, por ejemplo).

Aunque el papel de la mujer de entonces (madre y esposa sacrificada a los gustos e intereses del esposo…) se halle alejado del prototipo actual, no deja de leerse la novela con ligereza, al tiempo que se comprueba el poso de verdad que la sustenta (pasión primera, ansia de libertad frente a la rutina, otra clase de amor capaz de perdurar). La amargura que sobreviene al desaparecer la pasión inicial da paso a un cierto conformismo amoroso, no menos verdadero en su serenidad y en su perseverancia por obligarse a permanecer juntos pese a sus diferencias porque les unen muchas más cosas que las que tal vez los separa. ¿Esta es la “felicidad conyugal”? ¿Nostalgia de un pasado irrecuperable? ¿Olvido del pesar de los altibajos sentimentales? Cada cual que se responda.

Pese al paso del tiempo y las diferencias culturales y de costumbres de lugares tan alejados geográficamente, es decir, guardando las distancias que vida y literatura imponen, empatizamos con la pareja. Cualquiera puede verse reflejado en una u otro y en sus reproches mutuos. Y todos reconocemos la hipocresía de los aduladores de salón y la falsedad que impera en la vida de la alta sociedad.

UNA CLARA RESEÑA encontramos en http://www.librosyliteratura.es/la-felicidad-conyugal.html:

La felicidad conyugal es una historia de amor, de cómo el amor nace de la pasión pero necesita abandonarla (o relegarla a un lugar menos protagonista) para mostrar su verdadera cara: la generosidad, la ternura y, en fin, la convivencia madura, serena y feliz.”

CURIOSA RESEÑA es la de http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2012/10/la-felicidad-conyugal-de-lev-tolstoi.html, que con sarcasmo resume, desmitifica La felicidad conyugal, además de compararla en los comentarios con la novela de Madame Bovary (con un Flaubert admirablemente oculto tras la objetividad, frente a un Tolstói que rezuma subjetividad en):

“Tolstoi reduce el sentir de la mujer a cuatro pulsiones demasiado básicas: inexperiencia, ilusión, obcecación y resignación. Lo coge una feminista y le parte las piernas. Pasar de puntillas por la maternidad creyendo que es poco más que besar las piernas rollizas de los infantes tampoco ayuda (no digamos ya el estoicismo ante la suegra, algo a todas luces impropio del ser humano).”

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