LOS LIBROS LUCIÉRNAGA

Los libros luciérnaga de Leticia Sánchez Ruiz es una de esas novelas que se lee del tirón, y no tanto por su estilo literario (aunque también, a pesar de algunos errores) como por su trama, en la que se entrecruzan dos historias principales —y alguna más secundaria— separadas por 50 años.

Medio siglo antes, una biblioteca arde en mitad de la noche; medio siglo después, un personaje peculiar, bohemio, llamado Ulises Font, intenta investigar sobre ese pasado al tiempo que retoma los lazos familiares perdidos treinta años atrás por razones equivocadas. La Vieja Ciudad en que se desarrolla gran parte de la novela puede ser cualquier ciudad. Además, un joven se reencuentra con su pasado y acaba por entender su presente al acudir al entierro de su abuela.

Desde el primer momento, nos hacemos preguntas acerca de qué relaciona a unos con otros, pero solo hallamos extraños enigmas sobre los que conjeturar cómo resolver todos los hilos de esa trama, al tiempo que nos enamoramos de alguno de esos personajes. Y una idea se repite: los libros, igual que las personas, tienen su encanto especial, y muchas veces no por lo obvio sino por sus excentricidades. Y la metáfora que da título a la novela y aparece abajo como una de las citas extraídas, me parece muy plástica y hermosa.

Libros luciérnaga

CITAS:

  • Los años no pasan solo por las personas, sino también por las ciudades. Solo que a las personas las hacen ancianas, y a las ciudades las rejuvenecen.
  • En ella vivían los caciques de antes y siguen viviendo los caciques de ahora. La vida es redonda como un maldito melocotón (pensamiento de Ulises en relación a una enorme casa, sede ahora del Banco de España).
  • Hay amores que son como un relámpago.
  • A la felicidad no se le deben (de) buscar motivos.
  • Y mi abuela se quedó junto a la puerta diciéndonos adiós con la mano mientras el coche se alejaba y su imagen por la ventana trasera iba quedando minúscula, como un puntito negro que marca el fin de un párrafo.
  • Los libros son como las personas, también se les quiere por sus rarezas.
  • A veces pienso que la curiosidad es uno de los motivos que nos permite seguir viviendo. Cuando la vida se pone muy jodida, uno no se revienta las sienes de un tiro únicamente por cobardía, también porque siente curiosidad de cómo van a acabar las cosas. Esa necesidad de leer hasta la última página.
  • La música era el artefacto que todos los pueblos del mundo usaban para acercarse a Dios, o como quisiesen llamarlo (…). Y a través de la música consiguen verlo. Con la música se escriben los signos para que se inflamen los corazones y la gente sienta que está junta, que pertenece a una patria. Con la música se duerme a los niños que sin palabras entienden y la música tararean los condenados para ahuyentar la tristeza. La música, que es una fuerza aún más poderosa que las palabras, encriptadas en idiomas de ortografías. Para entender la música solo basta estar vivo y no ser sordo.
  • En el amor, como en la guerra, nunca hay que desconfiar de un adversario pobre. Son los que consiguen desarmarte sin que te des cuenta. Porque su táctica es la guerrilla, ese goteo de ataques pequeños y constantes.
  • En un libro nada se echa a suertes. Ni siquiera los nombres de los personajes. Se llaman así por algún motivo, aunque las razones estén ocultas para el lector. Es uno de los hilos invisibles que el escritor va tejiendo.
  • Porque al miedo solo lo expulsa el terror (…). Que al abandono solo lo expulsa el olvido. Que a la decepción solo la expulsa el odio.
  • Con los años se había establecido una división casi perfecta: hay mujeres que abren las piernas como provocación, y las hay que las abren como refugio. Lucía pertenece a la segunda categoría, es a la que no pertenecían Marlene Dietrich, ni Anaís Nin.
  • El exceso no nos lleva a la sabiduría como decía el amigo William Blake (…) nos lleva únicamente a la fatiga. Un escritor excesivo siempre es un mentiroso.
  • De Nabokov y su Habla, memoria: La cuna se balancea sobre un abismo y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas.
  • De Paul Auster y la Ciudad de Cristal: Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en mitad de la noche y la voz al otro lado pregunto por alguien que no era él.
  • No le gustaba ir al grano. Siempre consideró las preguntas directas poco ventajosas porque se perdía más información de la que se ganaba. Las personas confesamos las cosas importantes sin darnos cuenta, hablando de cualquier otra cuestión, cuando no nos sentimos acosados. Pero con los adolescentes era distinto. Ellos aún no entendían los laberintos del ser humano. Ni siquiera los que ellos mismos llevaban dentro. Todo querían hacerlo muy deprisa y así había que tratarlos.
  • Cuando Lucía no sabía qué escribir, escribía las palabras de otros. Pero no lo hacía sobre los papeles, no fuera que algún día no soportara la tentación y cogiera prestada alguna que otra idea, aunque fuera sin querer. A veces asimilamos tanto lo que otros dicen que acabamos tomándolo como nuestro.
  • Pian era como la miel en los labios y la guindilla en la lengua: era látigo y cura, cuchilla y algodón, pistola y escudo.
  • Algún día escribirás tu libro luciérnaga. (…) todos guardamos en nuestro interior un libro luciérnaga. Algunos, los que tienen el privilegio o la paciencia de poder escribir, logran sacarlo. El resto, guardan para siempre la historia dentro de ellos. Pero aunque nunca se cuente, sigue brillando allí escondida. Muy pocos tienen las armas suficientes para sacar a la luz esa historia. Un libro luciérnaga es el que todos llevamos oculto en nuestras entrañas, y dentro nos continúa centelleando.
  • No es fácil que alguien a quien apenas conocemos nos cuente cosas que ignoramos sobre los seres que creemos más cercanos. Nos hiere el orgullo. Nos preguntamos por qué no confiaron en nosotros para contárnoslas o, simplemente, cuál fue el motivo por el que nunca nos interesamos.
  • Cuando uno llega a cierta edad no está para que le trastoquen la vida.
  • Entonces no sigo hablando. Es muy pesado que alguien vuelva a contarte una historia que ya has oído. En la vida hay demasiadas cosas que decir, como para caer en la repetición.
  • Padre decía que los libros luciérnaga son los que sobreviven. Los que flotan en una inundación, los que quedan después de una catástrofe, los que resisten a una guerra, a un expolio, a un derrumbe, a la mano de un censor…, a cualquier cosa. Dices que te gusta su nombre, pero realmente proviene de algo terrible.
  • Las palabras también son hogar. Pero no soporto los idiomas que me reducen para hablar con unos pocos. Me gustan las lenguas con las que puedas hablar con todo un continente. Si conoces el español puedes comunicarte con toda Latinoamérica, el francés con casi toda África y el inglés con casi todo el mundo. Pero, no te creas, tampoco soy defensor de ninguno de estos idiomas. La verdad es, y te lo digo en serio, que sufrí una gran decepción con el fracaso del esperanto. La verdadera maldición de la Biblia fue la de la torre de Babel, no la de expulsarnos del Edén, que para crearse paraísos propios  se inventaron los humanos.
  • Todos tenemos un pasado, pero no solemos darnos cuenta de que también somos el pasado de otros. No hay que alterar la barrera del tiempo.
  • Como decía Einstein (…), todos somos ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Hablar es la mejor forma de entender, Mundo. Unos te contarán cosas sobre las constelaciones, otros sobre los enigmas de Egipto o sobre la mejor forma de ordenar una vaca. Muchas veces aprendes más escuchando que leyendo. Las personas son la mejor biblioteca de la Historia.
  • Referido a lo que es un libro luciérnaga también: es el que siempre permanece dentro de ti. El que tiene escrita frases que a veces se te vienen a la mente y que de alguna forma no te abandona. El que nunca olvidas y te marca. Esa lucecita que eres brillando en la oscuridad cuando ya no ves nada.
  • Nada es al azar en un libro. Ni siquiera los nombres. El escritor es un dios muy controlador. No hay nada que se escapa a sus sentidos. Ni una hoja que descienda del árbol antes de que llegue el otoño ni un pie que se meta en un charco por descuido. Todo pasa por algún motivo.
  • Chaval, escarba en tu memoria. De niños vemos cosas que no sabemos relacionar.
  • También dice Borges (para quien los hombres y los astros vuelven cíclicamente): Al principio todo escritor es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad.
  • Un buen abrillantador jamás dejaría ver una de sus piezas hasta que estuviera reluciente.
  • Fue creciendo con esa mezcla justa que tienen los hombres con talento: con una combinación de hosquedad, sensibilidad y fervor (referido al personaje de Pian).
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TANTEOS Y… ¿TONTEOS?

Club de lectura

Tras una primera inmersión en el género narrativo, que como es de imaginar ha recibido críticas variopintas (desde un “Magistral” que me elevó la autoestima a un “Con unos cambios aquí y allá puedes hacer de esta obra primeriza una novela digna” que me chafó un poco) y de la que no digo más por estar presentada a concurso, comienzo una nueva andadura (¿o no?).

Todo ocurrió por casualidad. Me llegó la publicidad de un club de lectura y el Premio Café Madrid para proyectos de novela, y decidí tirarme a la piscina (sin darme tiempo a secar del chapuzón anterior) y participar con el “chasis” de una nueva novela.

Si queréis leerlo, se halla en: https://clubdeescritura.com/convocatoria/premio-cafe-madrid-proyectos-novela/leer/1132999/el-camarero-de-el-gato-que-ladra/.

Comienzo con los previsibles primeros capítulos y luego dejo constancia de su sinopsis, quizá un tanto ambiciosa, pero por intención que no quede… Si he de darme de narices con la realidad después, ya habrá tiempo.

DÓNDE VAS Y QUIÉN TE CREES QUE ERES

 

El libro Dónde crees que vas y quién te crees que eres de Benjamín Prado está protagonizado por un gran lector al que los personajes le suelen enseñar que siempre hay una salida. Esta novela parte de un supuesto libro de un tal Stevenson (nombre ficticio y simbólico) cuyo título es precisamente el que le da nombre. Así, Dónde crees que vas y quién te crees que eres2 cae en manos del narrador protagonista, quien se autodescribe como una persona a la que ni le gusta disparar ni ser la diana y quien se halla entristecido por la muerte de su padre (tras la cual su familia queda rota: con su madre y él por una parte y su hermana Norma, totalmente encerrada en sí misma y traumatizada no sabemos si por la muerte del padre o porque ya era así, por otra).

Además de lo relatado en las dos novelas a las que alude, intermitentemente enlaza con la historia del narrador: niño lector al que le llaman yo-me-lo-guiso-y-yo-me-lo-como unos bravucones (graciosas serían las descripciones socarronas y los diálogos de besugos de José Caymán, Anzuelo y Quebrantadientes -si no fuera por representar a unos acosadores- cuando molestan al protagonista). De ahí surgen estas reflexiones:

“Ojalá uno pudiese utilizar el hecho de haber leído un libro de Baroja en la mitad de una pelea a puñetazos, pero no puede. Así que llega un momento en el que la gente como yo acepta que este mundo está hecho de la siguiente forma: o perteneces al grupo de los que dan miedo o perteneces al grupo de los que están asustados (…) puede que en el fondo esto de los libros sea una manera de llenar todos los huecos que va dejando ese miedo en tu autoestima; una manera de decirte algo así como: intenta estar al mismo tiempo debajo de los más brutos y encima de los más tontos”.

Mientras lo que escribe sobre su propia historia el narrador-protagonista aparece en negro, lo que lee de la apócrifa novela homónima aparece escrito en azul y trata de un niño de 15 años que se haya en Tailandia y con el que tiene muchos puntos en común. Y es que los libros nos influyen, nos cambian, nos aventuran a otra vida o al territorio de los sueños en que personaje y lector se identifican. Además, Stevenson tiene un amigo -Romeo Portugal-, que viene a ser como su Huckleberry Finn. Por algo se nos dice: “Todo el mundo es alguna vez en la vida Oliver Twist y alguna otra Robin Hood”, de manera que la mayoría de las personas termina por parecerse de una manera u otra a nuestros libros: “A todo el mundo le tratan alguna vez en su vida como si fuese un soldado de plomo con una pierna rota.”

Esta obra nos recuerda a las mágicas novelas que se desarrollan dentro de otras novelas que a su vez se desarrollan dentro de otras novelas y así sucesivamente. Me viene a la cabeza Si una tarde de invierno un viajero de Italo Calvino. Y a las colecciones de cuentos o novelas-marco al estilo del Decamerón, Los cuentos de Canterbury o El conde Lucanor.

En ella se hace un homenaje a Las aventuras de Tom Sawyer, a Moby Dick y a muchas otras obras, pero sobre todo se rinde tributo a La sirenita de Hans Christian Andersen, Las aventuras de Oliver Twist de Charles Dickens e Ivánhoe de Walter Scott (y también, ¡cómo no?, a Patti Smith y Bob Dylan). Su presunta relación y los finales alternativos de estas producciones forman la trama de la supuesta novela de Turpín que Stevenson -especie de alter ego del narrador protagonista y, posiblemente, del autor- recoge en el libro titulado igual que esta novela metaliteraria de Benjamín Prado. Si este a través de ella rinde homenaje a multitud de obras anteriores del género de aventuras, al tiempo riza el rizo al inventarse otra novela que lee el segundo lector: La puerta de las tres cerraduras de Alberto Turpín (del que  se nos presenta como real sin necesidad de serlo La bahía del tiburón azul) y cuyas palabras aparecen en rojo en los capítulos o secuencias azules y nos da a conocer una realidad variopinta que contraviene los finales de las obras de Dickens, Scott y Andersen.

Metaficcion. Letralia

 

La metaficción es un término complejo que puede aludir a obras que contienen su propio proceso de construcción –Un soneto me manda hacer Violante de Lope-, a textos literarios engarzados unos en otros u a obras en que ficción y realidad se enmarañan o en las que, incluso, irrumpe el autor entre los personajes: recuerdo un poema que leí una vez. Y, estaba en un libro que se titulaba Cobijo contra la tormenta y lo había escrito un hombre llamado Benjamín Prado. Y, el poema trataba de Janis Joplin, en él había un verso de Lou Reed: “en nuestros sueños comienzan nuestras responsabilidades”.

El narrador protagonista, por otro lado, se nos acerca y nos habla como si cada uno de nosotros, lectores, fuéramos su directo interlocutor. Para transmitirnos la importancia de la verosimilitud y la relatividad de la verdad en el campo literario, porque un escritor no es más que un lazarillo que te guía por el mundo de las letras, a veces más profundo que el mundo de la realidad y del que debes fiarte con los ojos cerrados. Un escritor se confiesa en todo aquello en lo que escribe aunque no sea autobiográfico. Porque inventar una historia no es mentir, “lo que importa es que sea verdad MIENTRAS estás leyendo”.

Los lectores a través de los dos personajes nos involucramos en los sueños de Alberto Turpín ante el que el narrador protagonista y Stevenson se convierten en una misma persona, “seguramente no hay nada que te pueda acercar tanto a alguien como el deseo de haber estado en el mismo sitio del que él salió para poder acabar en el mismo sitio al que él ha llegado”.

El lector debe ser crédulo en un sentido positivo: “uno solo puede leer La guerra de los mundos si está dispuesto a creer en los marcianos”, y si “partes de la base de que es imposible coger trozos de varios muertos para crear un monstruo vivo, lo mejor que puedes hacer es tirar tu edición de Frankenstein a la basura”. Que Spender y Jensen sean unos estudiosos ficticios o no para nada elimina la lección: la envidia perjudica tantísimo como la complicidad y la colaboración podrían beneficiar.

La literatura pone a nuestro alcance secretos de una envergadura descomunal, pese a que los padres suelen contraponerla al mundo real: “mira, voy a decirte algo: cuando cierras uno de esos libros aparece todo lo demás. ¿Lo comprendes? Aparece un mundo en el que hay mucha más gente que oportunidades, en el que necesita ser más rápido que el hombre que corre junto a ti para no quedarte sin nada”.

Y para evitar problemas de comprensión, la tipografía cobra un gran papel en esta novela (mayúsculas, cursivas, palabras encadenadas separadas por un guión y relatos de diferentes personajes en distinto color). Y la lectura se convierte en una trampa que hay que saber desentrañar:

“La verdad es que empezaba a perderme, de manera que supongo que a ustedes tal vez les pasa lo mismo. Veamos: estaba leyendo un libro llamado Dónde crees que vas y quién te crees que eres, escrito por alguien llamado Stevenson pero que no era Robert Louis Stevenson, alguien que se dirigía todo el tiempo a MÍ para contarme la historia de cómo estaba leyendo un libro escrito por Alberto Turpín titulado *La puerta de las tres cerraduras, donde Alberto Turpín le hablaba a ÉL. Y al final de todo eso parecía haber un terrible secreto que Alberto Turpín estaba a punto de contar a Stevenson y que Stevenson estaba a punto de contarme a mí. Bueno, no me dirán que no era un buen rompecabezas”.

*OJO: No confundir con La puerta de los tres cerrojos de Sonia Fernández Vidal.

En definitiva, Benjamín Prado es un maestro del arte de mantenernos intrigados y ensaya con nosotros esos trucos de buen escritor que precisamente Stevenson utiliza con Romeo: “contar solo una parte de cada cosa, dosificar el suspense, esconder un poco de todo lo que enseñas…”. Y uno sale de una lectura y de esta en particular hecho más persona (cediendo a un lenguaje arcaico, retrogrado y machista podríamos hacer la analogía con cuando uno iba a la mili y salía hecho un hombre), con ganas renovadas “de ser de nuevo tú mismo, después de haberte atrevido a ser otro”, aunque has de ser fuerte  porque también se produce ciertas pérdidas, como cuando al despertar: “recuperas las cosas que tenías pero pierdes las cosas con las que has soñado. O sea, como esos exploradores que para no ahogarse dejan caer todo su oro al fondo del río”.

Lo único que me ha cansado un poco de estupor es el curioso tatuaje con que habrá de reconocer la mujer de la vida de Turpín a quien la llegue con noticias de su muerte; ya sé que no tiene nada que ver con la maldita provocación contra los adolescentes que corre o ha corrido por las redes con retos que nunca nadie debería hacer, pero es un borrón –si puede llamarse así por asociación de ideas- del que en 1996 Benjamín Prado ni siquiera podría tener noticia 20 años antes de que sucediera. Una vez más la vida supera a la ficción.

Y pongo punto final, que es como hacer diana si eres un buen tirador o lanzar una flecha o una bala y no dar en el clavo si careces de puntería. Dejo al criterio de los lectores si acierto o fallo.

Y nuevamente yo, aficionada las citas, no puedo dejar de resaltar algunas de las que leo en esta novela:

  • Un sentimiento puede ser algo tan real como unas tenazas.
  • Tal vez solo te metas en el mundo de las novelas cuando no eres lo suficientemente fuerte como para sobrevivir en el mundo real.
  • Puede que en el fondo haya que ser más fuerte para admitir que te gusta la poesía de Lorca que para echarle a tus amigos una de esas carreras de A-ver-quién-la-tiene-más-grande (respuesta del padre).
  • Cuando intentas salir de un sótano no te gusta que se acabe la escalera.

 

PARA SABER MÁS:

 

 

LADRONES DE SUEÑOS

 

       Alfonso Mateo-Sagasta

Es Ladrones de tinta, de Alfonso Mateo-Sagasta, un libro peculiar, en el que el narrador protagonista Isidoro Montemayor relata al modo picaresco (especie de extensa carta dirigida a alguien, vocabulario rufianesco, intento de medro personal, pobreza y mezquindad de la población, etc.) las vicisitudes por las que pasa al intentar aclarar el caso, que no es otro que dar con el autor que se esconde tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Para Francisco Robles, editor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y jefe de Montemayor, el Quijote apócrifo supone un atentado contra su negocio, ya que lleva una década insistiendo a Cervantes para que le entregue la segunda parte.

Todo son conjeturas sobre quién fue Avellaneda: ¿pudo ser Blanco de Paz, enemigo de Cervantes, incitado y pagado por el editor?; ¿Argensola?, ¿Lope de Vega, el éxito de cuyas obras, según las directrices de su Arte nuevo de hacer comedias, impedía el de las de Cervantes, más clásicas?

Montemayor es un joven dispuesto y que aspira a ser reconocido como hidalgo, que trabaja como encargado de un garito propiedad de Robles al tiempo que de gacetillero (especie de antiguo oficio periodístico en que se mezclaban noticias y chismorreos). Con él paseamos por el Madrid del siglo XVII, exactamente en 1614, con lo que nos da testimonio de los usos y abusos de esa época:

  • órdenes militares (Calatrava, Santiago, Alcántara, San Juan),
  • codicia y trampas en el juego,
  • compra de títulos nobiliarios (el oro compra el “don” y hace caballeros, recordad: “ducados hacen ducados”),
  • busconas al acecho de un partido y terceras remienda-virgos siguiendo la tradición de Celestina,
  • venganzas por celos,
  • crueldad de la justicia y en general: intento de capar a un enano, de cegar a los propios hijos, de que ejecuten a inocentes…,
  • aguas fecales que sobrevuelan las cabezas,
  • sangrías con que pensaban que la sangre de algunos pacientes se renovaría,
  • dos de los insultos más graves a ojos de la Inquisición (bujarrón y cornudo),
  • las tertulias literarias y los encendidos partidarios de unos u otros (de Lope, de Góngora, de Cervantes…),
  • el arduo trabajo de los cómicos (cazuela, mosqueteros, aplausos comprados, corral de comedias),
  • los sobornos para obtener la hidalguía, etc.

No solo el humor tiene cabida en la obra (hemorroides), sino una ingente documentación histórico-política y literaria de gran valor. Así se recrean las intrigas palaciegas, los débitos literarios y las relaciones entre unos y otros: Lemos-Cervantes, Osuna-Lope (para quien debe escribir una Historia de los Girones que desmienta la deslealtad al rey) y Osuna-Quevedo (su secretario); Andrés de Almansa, el paladín de Góngora; el Marqués de Hornacho, el del truco de la cabeza parlante (broma que sufren los personajes de Cervantes en su segunda parte), entre otros. Además, la novela se hace eco de las grandes obras de la literatura española: Viaje al Parnaso, el Entremés de los  romances, El vergonzoso en palacio, La verdad sospechosa…; y de otros autores importantes como Luis Vélez de Guevara (este apellido en realidad por de Santander), e insiste en que hay segundas partes tan buenas como las primeras: Guzmán de Alfarache –de El Buscón– de Quevedo o  Jerónimo de Pasamonte, seguidor de Lope.

Ciertas concesiones al protagonista, lector impenitente de los versos de Garcilaso (del que arranca una hoja para que pueda ser reconocido el bebé entregado en el Loreto), al que se muestra como el que le da la idea Lope para escribir su Fuente Ovejuna o como el autor de una máxima que se atribuye a Quevedo nos hacen partícipes de diversos juegos literarios, lo mismo que el del anagrama para confundir al lector y mantener en suspenso el desenlace.

A este mismo protagonista, Isidoro de Montemayor, en El gabinete de las maravillas, Alfonso Mateo-Sagasta hará investigar el asesinato del archivero del marqués de Hornacho; y en la tercera novela del ciclo, El reino de los hombres sin amor, se verá envuelto en una nueva trama en que deberá enfrentarse a toda clase de peligros (codicia, contrabando, corrupción y asesinato) en la corte española del siglo XVII y sus secretos de Estado.

Los hechos mantienen la intriga y se suceden en poco más de veinte días. La historia se cuenta en cuatro partes tituladas:

  • Arte bene moriendi,
  • Más lengua que manos,
  • Las sombras del hidalgo y
  • Ladrones de tinta.

Es de agradecer en Ladrones de tinta la brevedad de los capítulos, dada la riqueza del vocabulario que da pie a densos párrafos cultistas y la precisión en la indumentaria de época (golas, herreruelo, valones, jubón, librea) junto al lenguaje de germanías, las expresiones coloquiales y los términos anticuados o en desuso muchos en cursiva, como por ejemplo: cierto (cómplice para realizar trampas en los juegos de cartas), levantes (soldados asignados a las zonas orientales del Imperio). También deja constancia la novela de la evolución lingüística (lienzo por pañuelo) y de la creatividad idiomática: Brandebarbarón de Boliche significa algo así como “espadachín del garito”, insulto inventado de etimología complicada.

Algunas citas para el recuerdo son:

  • Infame profesión cuya opulencia pasa por la desgracia de los demás (referencia a los médicos).
  • Prefiero el combate cuando el contrario es de talla, si no ¿qué mérito tiene la victoria?
  • Osuna es consciente de lo importante que es el apoyo popular y lo busca (…). La legitimidad que es, en muchos casos, cuestión de propaganda, y en ese sentido el Quijote le interesa porque es un libro bastante conocido. Si Osuna decide que su contenido le perjudica, el camino más fácil para hundirlo es desprestigiar a su autor
  • ¿Hay alguien capaz de predecir por dónde se acabará desbordando rencor? 
  • En una mesa jugaba don Rodrigo Calderón, marqués de Sieteiglesias, secretario del duque de Lerma. Un poco más allá el duque de Sessa compartía mesa con don Diego Gómez de Sandoval, conde de Saldaña, segundo hijo del duque de Lerma, y con su esposa doña Luisa Hurtado de Mendoza. En otra, don Bernardino de Velasco, conde de Salazar, aquel a quien el rey encargó la expulsión de los moriscos, jugaba con el jovencísimo marqués de Peñafiel, hijo del duque de Osuna y prometido de la hija del de Uceda, primogénito de Lerma (todo queda en casa o Dios los cría y ellos se juntan).
  • No se puede tener en el servicio a personas que conocen tus debilidades.
  • Había descubierto cierta grandeza en eso de ser el blanco de envidia de otros (alusión a Cervantes / Avellaneda).

Ladrones de tinta

PARA SABER MÁS:

https://avilared.com/not/11439/mateo-sagasta-y-sus-historias-con-isidoro-montemayor

INFORME MONGOLIA. ¿OBJETIVIDAD PERIODÍSTICA?

informe-mongolia

¡No sé por qué después de tanto tiempo me he acordado!

Hará unos cuatro años leí el Informe Mongolia titulado Papel mojado: la crisis de la prensa y el fracaso de los periódicos en España. Me pareció un estudio magnífico. Alertaba contra la información arrodillada ante el abuso de poder. Tocaba en la herida: el derecho a informar y ser informados y las posibilidades reales de una y otra cosa. Porque una es la realidad y otra las noticias que esta genera. Para nuestra desgracia, la naturaleza del periodismo se disuelve entre la credibilidad y la verosimilitud y los diversos empujes de los grupos que poseen la varita de mando, en lugar de ceñirse a la verdad a secas.

Entonces tomé varias notas que ahora comparto, porque me siguen pareciendo de interés social y a la orden del día. No estoy segura de si cito o si recreo, pero sí mantienen estas notas –creo- el espíritu de aquellas letras, aunque (inexperta en el tema) hayan podido cambiar ciertas propiedades de mano.

Además de contra la Banca, arremetía contra monopolios y oligarquías de uno u otro signo. Recuerdo algunas grandes empresas que se nombraban: Abertis, Repsol, Telefónica… Pero ante todo era aquella la que salía trasquilada:

  • Nos podemos preguntar por el dividendo de empresas periodísticas de las empresas tradicionales y por la independencia periodística. Pero la realidad es que existe un cuarto poder, la banca, que al arrope de la crisis financiera ha abusado del ciudadano de a pie (sueldos obscenos de sus administradores, por ejemplo) y tiene mucho que callar u ocultar. Y posee en gran medida los medios.
  • Resulta imposible denunciar los efectos de su mala gestión, de su cruel modo de trabajar, de su patológico modo de medrar (pensiones, paro, preferentes y productos tóxicos de socios…). Si la propiedad real por deudas ha pasado de las anteriores manos privadas a manos de los bancos, de las grandes multinacionales o de particulares que también poseen acciones en esos medios de comunicación, es imposible denunciar la mala praxis.
  • Sobre el papel existe la independencia jurídica, política y periodística que debería garantizar la imparcialidad informativa sin importar quién gobierne.
  • Pero ante los temas candentes, la credibilidad se ve resentida porque hay que lavar la imagen, la tarea de años de objetividad y buen hacer se pierde en un segundo. Y se ocultan o manipulan conflictos que no les conviene airear, por medio de una especie de omertá mediática (como el código de honor mafioso, qué contrasentido, qué paradoja).
  • Las redes sociales de los nuevos medios independientes no son suficientemente poderosas para atajar esta desinformación real y esta información ficticia. Los medios independientes no dejan de hacer agua.
  • Los poderosos se convierten en los azotes de la corrupción de sus enemigos, pero no en los de la de sus allegados; y mientras cavan la tumba de unos imputados, dejan marchar de rositas a otros (se cede a dudosas teorías conspiratorias, a presiones sobre determinados periodistas…).
  • Muchos son los casos que han quedado en el aire: el de la Gurtel, el caso Palma Arena del que se desglosó el caso Urdangarín, la burbuja del ladrillo, la banca, la dación en pago, el rescate financiero, las pensiones… mientras algunas empresas periodísticas crecen con deudas.
  • Ahora todo tiene que ver con los euros. En el epicentro de la corrupción balear, Jaume Matas, con lazos incontestables con algunos periódicos y accionista por ejemplo de la edición balear de El mundo.
  • En ocasiones, los instructores de casos como el de Garzón (con varios frentes: las escuchas telefónicas, los sobres del Santander o el de el chivatazo del caso Faisán, lo de la memoria histórica de los asesinados durante la guerra civil, a quien se afea la instrucción de los casos y provoca que el juez estrella acabe estrellado) son familiares de personas importantes en la administración de un periódico. ¿Hay una sombra alargada que se cierne sobre ello? ¿Hay lazos entre casos que se desatan o se esconden?
  • El maquillaje ha pasado de la esfera personal a la pública y se ha convertido en un doble impagable para multinacionales petroleras, gasísticas, telefónicas… Todo esto origina un cuarto poder en que los medios y los periodistas están al servicio de la publicidad de la banca, que concede o no los créditos.
  • A pesar de ser un pilar básico de la democracia frente a los desmanes políticos (ejecutivo, legislativo o judicial), es la suya una labor tan encomiable como prácticamente imposible.
  • En casos así uno se pregunta si los progres de medio pelo y los ultraconservadores no serán los mismos perros con distintos collares y sus empresas intocables. Ejemplo: en la huelga de hambre de seis trabajadores de Telefónica en 2012 se produjo una Omertà mediática en El País de Juan Luis Cebrián El Mundo de Pedro J. Ramírez y La Vanguardia de Javier Godó.
  • Una opción es despedir a los veteranos incómodos.
  • Según Pere Rusiñol en el prólogo, se produce un nuevo modelo de propiedad, la del accionista, consecuencia de ser absorbidos por el medio financiero, de ahí que los lectores no se fíen ni deban fiarse.
  • Las fuentes de ingresos diarios históricamente fueron de un 60% por la publicidad (ahora el total, incluso tienen que andar con regalos ya que han reducido los ingresos de la publicidad) y un 40% por las ventas. Es normal si tenemos en cuenta que hay información gratis en Internet y más rápida y que la tecnología abarata costes.
  • El viejo periodismo independiente es ninguneado. De ahí el papel fundamental de la irreverente revista satírica Mongolia que preconiza la muerte del periodismo clásico: “perro come perro” sobre la propia crisis de los medios.

PARA SABER MÁS:

http://www.revistamongolia.com/noticias/papel-mojado-la-crisis-de-la-prensa-ya-la-venta-en-librerias.

http://www.eldiario.es/zonacritica/Papel-prensa-fracaso-periodicos-Espana_6_130946927.html.

 

MICRORRELATO EN VERSO

Me miré al espejo para rastrear la huella del tiempo

Impenetrable, en mi semblante atípico y marchito.

Columbré unas arrugas finas en los labios y mil

Rojas venitas en los ojos que fueron de carbón, entristecidos.

Oí un repiqueteo a la puerta que nombraba mi cuerpo y

Rauda salí por si alguna efeméride se hacía eco de mí o

Rubricaba mi alma alienada en el espejo. Mi imagen asintió.

Era como asomarse a una habitación que nos espera

Lúcida y febril, con un cuerpo al que recorrer despacio.

Allí yacía yo yerta, y a infinitas yardas de mí misma.

Todos velaban aquel cuerpo que fue mío en silencio.

Obvié el óbito y maldije la ausencia de manos con que secar su llanto.

COMPARTIENDO VERSOS Y VERSOS COMPARTIDOS

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Siempre es agradable que consideren que lo que haces está bien. Aunque algunos concursos no sean lo que parecen. Aunque algunas personas se aprovechen de tu ingenuidad y otras se sometan a sus débitos más que a sus gustos.

Por lo pronto, comparto estos diplomas que me han enviado por correo tras participar en sendos concursos. Poco significan, pero me gustan…Elena Gema Camacho Rozas .jpg

NUEVAS RECOMENDACIONES

HydeHyde de David Lozano es una apuesta segura para los jóvenes y no tanto, un extenso libro que se lee de un tirón. A pesar del previsible final, toda la primera parte mantiene la intriga y cada capítulo la emoción de ver si lo va a resolver como tú crees.

Los temas principales de este libro son el de la venganza, las burlas juveniles, el poder de la lectura y el de la publicidad subliminal, así como la amenaza de la violencia y de la sugestión cuando el terror es mayor que la razón.

A raíz del asesinato de un profesional sin escrúpulos que investiga la policía, se entremezcla esta historia con otra con la que luego encajará. En la segunda, nos situamos en un caserón abandonado en el que ocho jóvenes parece que van a tomar parte en un proyecto educativo, una experiencia audiovisual, que supuestamente tendrá magníficos efectos sobre su afición por la lectura y, en conclusión, sobre sus resultados académicos.

Con estos mimbres David Lozano vuelve a situarse en la esfera de las novelas de terror psicológico (recordemos Donde surgen las sombras) y las conductas psicopáticas, que indagan en hasta qué punto alguien puede convertirse en un monstruo y cómo todos podemos llegar a sospechar de cualquier otra persona, incluso de nosotros mismos, bajo unos condicionamientos estresantes y angustiosos. Una vez más los adolescentes son los protagonistas y los inadaptados.

Pero no solo porque desde pronto se vea venir al criminal y nos parezca que los jóvenes están caracterizados de forma ruda y simplista, sino por el hecho de que no resulta muy novedosa, no llena las expectativas de un lector exigente, no resulta una obra maestra del género sino una más, una de tantas.

Futuros peligrosos

Una buena recomendación es Futuros peligrosos de Elia Barceló, siete relatos en la tradición de la literatura futurista en la que lo que parecía imposible se convierte en realidad, una realidad cuando menos desazonante y difícil de asimilar desde nuestra visión actual. Con ellos nos pone ante las cuerdas de lo que estamos haciendo con nuestra vida y con lo que el futuro nos depara. No los sitúa muchos siglos más tarde sino solo unos años después de este 2017. No se sitúan en otro planeta. Y cuanto ha cambiado tiene visos de credibilidad, no nos resulta ajeno del todo. En esta distopía, la ley respalda lo inaudito.

Por medio de estos relatos nos hace dialogar con nuestras peores cualidades: la violencia, la frivolidad, el racismo y el clasismo… En todos ellos aparece el paso del tiempo ineludible junto a la aspiración a la eternidad, de ahí que uno de sus temas preferentes sea el de la vejez y el de la salud. En estos relatos, las edades en que se hacen las actividades más comunes se prolongan, los jóvenes rozan los 40 y siguen estudiando o comienzan a trabajar, la edad para procrear se aplaza…

Con el que comienza, El deseo de tu corazón, nos hace ver cómo hay que tener lo que se desea porque a veces se cumple y es peor. En El hombre de cristal, una entrevista de trabajo muestra técnicas de selección de personal que invaden la intimidad de los aspirantes. En Viejos vemos cómo en una sociedad avanzada una pareja se debate entre adoptar a un anciano o tener un hijo propio. En Mil euros por tu vida, sigue imperando la pobreza del Tercer Mundo, con lo que algunas personas venden su cuerpo para mejorar la vida de sus familias; en este caso, dos ancianos ricos quieren revivir su juventud y compran unos cuerpos jóvenes en que instalar su conciencia, su alma, su mente o aquello que sea que nos distingue de los demás y de los animales si obviamos lo externo. Les asiste el derecho, pues Europa permite esa transferencia. Lo que ocurre es que de nuevas soluciones surgen nuevos problemas y la carne joven… (me trae a la memoria la obrita teatral Cuatro corazones con freno y marcha atrás, ¿por qué será?)

En Fumando espero, un anciano “aparcado” en una institución recuerda la comida basura y los pequeños vicios como el tabaco y el alcohol, totalmente eliminados de su dieta y de su ocio, y piensa que a veces es mejor darse un atracón de felicidad -aunque no sea lo correcto- que vivir una vida aséptica y aburrida. En Muertos, un muchacho se enamora de una chica que no es sino el clon de sí misma. Se trata de un tratamiento nuevo que solo se pueden permitir algunas personas. Por último, Noche de sábado mezcla una crítica contra la crueldad, el consumismo y el sedentarismo, así como contra la televisión más feroz, en forma de concurso al que una familia -y prácticamente toda una nación- es adicta. El concurso que divierte a unos juega hasta la extenuación y la muerte con otros seres humanos. Se trata de una especie de Juegos del Hambre en que los que acuden en pateras a nuestras costas deberán luchar por la supervivencia, mientras que una especie de Gran Hermano (cuyos ojos retransmiten como si fuera virtual lo que les sucede de verdad a esos desdichados) y los GPS de localización que llevan impiden que la población arrellanada en sus sillones se pierda algo, al tiempo que unos modernos aparatos de realidad virtual permiten a los espectadores jugar situándose en el pellejo y en los cuerpos de los contendientes. Un personaje casual en esta escena-relato, un invitado, será el testigo aturdido y horrorizado de dos muertes, a las que se da un valor muy distinto.

PARA SABER MÁS:

http://literaturajuvenilyfantastica.blogspot.com.es/2014/10/hyde-de-david-lozano.html

http://www.culturamas.es/blog/2011/04/11/futuros-peligrosos-de-elia-barcelo/

 

 

LA HABITACIÓN DE NONA

La habitación de Nona de Cristina Fernández Cubas (autora también de Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal, Parientes pobres del diablo y de la novela La puerta entreabierta) consta de seis relatos: el que da nombre a la colección, Hablar con viejas, Interno con figura, El final de Barbro, La nueva vida y Días entre los Wasi-Wano. En ellos una niña (Nona) envida a su hermana “especial”, una viejecita se convierte en lobo para una joven a punto de ser desahuciada, un cuadro es comentado por escolares mientras la narradora lo observa y cree que sale a la luz una historia oculta, tres huérfanas moralmente heridas se vengan a largo plazo, la pérdida de un ser querido y la vejez se alían para revivir el pasado como si se hubiera producido un salto en el tiempo, y una narradora protagonista relata en flashback las vivencias que junto a sus tíos más excéntricos vivió 40 años atrás. Cualquiera de ellos es una apuesta segura.

En La habitación de Nona la mirada a esa hermana “diferente” (eufemismo que no pasa inadvertido) y envidiada precisamente por sus particularidades, se subvierte en el desenlace, que  muestra que la naturaleza de los celos no tiene que ver con la realidad sino con la propia identidad, tras esa vuelta de tuerca que modifica los hechos. Porque cualquier nimiedad sin embargo, podía desembocar fatalmente en tragedia, porque la ruptura se puede producir por un hecho que en sí mismo no significaría nada si no nos remitiera a otros que en su momento sí significaron.

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Interno con figura parte de la descripción que la narradora hace de un cuadro de Adriano Cecioni (el de la cubierta del libro) para adentrarse en la propia capacidad de ficcionar (metaliteratura) y en la vida de una niña cuyo mundo tal vez se resquebraje, amenazada, falta de amor y que incomoda a los adultos a los que pone entre la espada y la pared con sus palabras, las cuales podrían ser confesiones inconscientes.

El final de Barbro nos adentra en las mezquindades familiares con total realismo, e indaga en la raíz de los cambios de opinión tras conocer a una persona, en cómo una primera impresión se desmonta con los sucesivos reencuentros. El narrador plural, las hermanas, parece enfrentarse a las directrices de Barbro a quien su técnica de psicología inversa se la vuelve en contra cuando a modo de justicia poética toman la decisión de ignorarla.

Una nueva vida entrelaza la relatividad de lo que acontece, la ficción como forma de madurar, el idioma como enclave al que acudir para conocerse, el pasado como detonador de los sentimientos, el tiempo y el espacio multidimensionales. Y todo, como se diría coloquialmente, sin despeinarse. En este relato una viuda se traslada a ciertas vivencias del pasado, revive desde la madurez lo que añora, pero lo efímero le devuelve la nostalgia. Autobiografía o pura ficción, por medio de ese tempus fugit aborda el tema de la llegada de la vejez.

Días entre los Wasi-Wano deambula entre lo que es realidad y lo que no sin solución de continuidad. Unos hermanos pasan un verano en un pueblecito extraviado con unos tíos hippies, Tristán y Valeria (a ojos de sus familiares “los insensatos, los estrambóticos, los irresponsables. Los viva la Virgen”, epítetos con que aluden a su existencia fuera de las reglas comunes). Como trasfondo, la antropología, la enfermedad del padre y la en su juventud guapa y cobarde -en la actualidad arisca- tía Berta. Pero el enredo viene de un teléfono que suena y calla, símbolo de una civilización enferma. Con estas hebras la muchacha protagonista atará cabos.

La magia de la autora está en que su estilo es de una llaneza extrema, íntima, que nos incluye en su propio modo de ver las cosas, en que fusiona originalidad y maestría en la construcción de los relatos y en la deconstrucción de las expectativas. La redención, la compensación, el sosiego de una historia… se quiebra por medio de una mirada de soslayo a una frase aparentemente inocente. A través de sus cuentos parece contemplarnos en nuestra mediocridad y nuestros miedos, la inquietud y lo onírico se deshacen de las reglas espacio-temporales y atisba los mundos paralelos.

Su mundo narrativo se hunde en lo real-maravilloso para nombrar sensaciones de todos conocidas: la infancia que incuba nuestros trastornos y características futuras, la sabiduría en los pequeños detalles, el miedo a la inseguridad, los terroríficos dobles y la conversión en otros seres que nos depara la madurez, el miedo al otro, los timos de la existencia, la cobardía, la envidia, los celos, lo desconocido pero próximo… Y sus sorprendentes giros finales o sus puntos de partida desveladores, de repente, nos traen de vuelta a una escena verosímil y olvidada. La ilusión persiste a lo largo de los relatos, el recuerdo se recrea, la memoria falsea la realidad, el idioma subvierte los hechos.

El mecanismo de relojería de un cuento bueno concentra en su brevedad miles de mundos posibles y alimenta el espíritu tanto como una novela o un poemario. A Cristina Fernández Cubas le caracterizan el uso de las voces femeninas, el mundo del hogar y la familia, la escasez de personajes y ese estilo natural que hace de lo siniestro una dimensión más de la realidad habitual, porque vemos venir los misterios sin que por ello dejemos de querer leer el desenlace, porque los detalles se dispersan y nos interesa agrupar las piezas del puzle. Sus temas repetidos son la infancia y la madurez, los secretos familiares, la soledad y el misterio que anida en lo cotidiano… Estos cuentos nos sorprenden con la sencillez de un susto y sentimos el mismo escalofrío que si tuviéramos la navaja de un barbero en el cuello y, de repente, nos diésemos cuenta de que este no es sino un asesino en serie al que estamos a merced.

La habitación de Nona es un libro que muestra la capacidad de la autora para hacer ficción a partir de ideas sencillas que mezclan lo cotidiano con lo fantástico, fórmula que la ha hecho merecedora del Premio Nacional de la Crítica y del Premio Nacional de Narrativa, y eso que ser mujer y cuentista no representa un saldo a favor.

CITAS QUE ME HAN GUSTADO:

  • A los enfermos se les compadece; a los locos se les termina perdonando (ninguna de las dos cosas que excusarían a Barbro a ojos de sus hijastras).
  • Emociones que creíamos olvidadas y para las que solo ahora encontramos la explicación que en su momento se nos resistía. Barbro no cometió contra nosotros ningún crimen legalmente punible. Pero ridiculizó lo que más queríamos, invadió nuestro terreno, nos robó los mejores recuerdos, se rio de todo lo que respetábamos y nos resarció con el más absoluto desprecio.
  • En La nueva vida aparecen las palabras de condolencia que Einstein dedicó a la viuda de un amigo: Su marido me ha precedido. Pero como físico usted sabrá que para mí no existe pasado ni presente. y otra cita de Einstein La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente.
  • La cobardía o el exceso de prudencia, querían hacer lo mismo, se vuelve contra el que la práctica. No lo olvides nunca (…) Y los celos. Tampoco lo olvides nunca.

PARA SABER MÁS:

http://www.fantifica.com/literatura/resenas/la-habitacion-de-nona/.

http://www.elsindromechejov.com/la-habitacion-de-nona-cristina-fernandez-cubas/.

http://loqueleolocuento.blogspot.com.es/2016/12/la-habitacion-de-nona-cristina.html.

PELÍCULAS RELACIONADAS:

  • Vive como quieras de Frank Capra.
  • Jennie, de William Dieterle.

 

BENJAMÍN PRADO

Hoy hemos estado con un hombre de altura. De altura en todos los sentidos. Medirá, calculo, cerca de 1, 90, es un gran escritor (poeta, novelista, ensayista, letrista) y le gustan las alturas, enamorado de los viajes en avión sobre todo desde que conoció a María y disfruta con su papel de marido de la azafata.

Benjamín Prado ha estado en mi instituto y nos ha dado una lección de humildad, de cultura y de campechanía. Ha comenzado la charla con una anécdota de su adolescencia, ha repasado sus comienzos como lector y autor, nos ha hablado de la importancia de que uno se proponga luchar por sus sueños (aunque sabe que en cierta medida el azar también es importante, como cuando él conoció por casualidad a Alberti, al día siguiente de leer un libro suyo incitado por su profesor de Literatura), y nos ha acercado a la generación del 27 gracias a su estrecha relación con Alberti y María Teresa León. Ha repasado sus querencias por algunos grandes autores como pueden ser Ángel González o Neruda. Ha instado a nuestros alumnos a escribir y escribir y escribir y a rechazar todo aquello con lo que no estuvieran conformes de lo que hubieran escrito, porque hay que tachar, emborronar, reescribir… lo que haga falta para que la poesía dé con las palabras adecuadas en el orden apropiado.

Y nos ha asegurado que, ante todo, importa involucrar al lector, que se sienta identificado con lo que lee. Porque la literatura es una forma memorable del recuerdo, de decir aquello que nuestra memoria y la memoria colectiva nunca debería olvidar. La literatura es lo que más se asemeja a la vida y por eso mismo merece la pena.

YA NO ES TARDE, su último poemario -que va por la quinta edición (ampliada y revisada) y es, ante todo, un homenaje a María, su amor, y a esa otra amante con la que la comparte: la literatura- se compone de tres partes (cada una con nueve poemas) y dos poemas-marco, el primero y el último, con lo que su estructura es perfecta. El inaugural Cuestión de principios, alude a su idea de lo que tiene que ser, precisamente, un poema.

Comienza la primera parte, Nunca es tarde con un poema titulado igual. Y es que para Benjamín hay segundas oportunidades (Segunda juventud). Pero no solo es un poemario de amor. En él establece lo que son las directrices de la poesía y de la vida. En el  poema metaliterario, María y el fantasma, hace literatura hablando de literatura (en este caso hablando con Ángel González) y sin olvidar la vertiente comprometida como cuando sostiene que la política en España es el “arte de hacer de la otra orilla lo contrario del río”. Con la expresión hecha No me cuentes tu vida (tercer poema de la primera parte, 3.1) se dirige a una segunda persona, función apelativa con que nos involucra en él, para hacernos comulgar con las respuestas obvias a las interrogaciones retóricas con que nos advierte contra lo inútil. El poema Propios y extraños (4.1), que nos trae un aroma a Salinas y a Bécquer, parte de una antítesis para llegar a una paradoja (la expresión final ya no eres ni sombra del que fuiste adquiere aquí un carácter positivo) sobre cómo era y cómo es. Al fin y al cabo -recuerdo el microrrelato de El otro yo (Benedetti)- todos somos sombra y luz según cuál de nuestros yoes saquemos a la plaza. En No sé cómo decirlo (5.1) metáforas e imágenes expresan lo que desde el título se dice inefable: el silencio es la nieve del idioma / la serpiente es la última curva de la esmeralda /  oigo en la espalda del poema los latigazos de las tachaduras / si no me abrazas solo soy mi otra mitad. Y da una importancia trascendental a saber callar a tiempo. Además, retoma sus filias literarias y rinde tributo a maestros y personajes: Poe, Uriah Heep, David Coopperfield, Segismundo, Yago, Desdémona.

En Segunda juventud (6.1) nos dice que hemos asumido como ciertas muchas  mentiras, pero los últimos versos -puro optimismo- muestran su agradecimiento hacia quien le ha salvado de sí mismo. En Los camaradas (7.1), el título se convierte en el sujeto elíptico de los verbos del poema, que reaparece en el último verso. Todo el poema es una especie de decálogo de la virtudes de la amistad y del compañerismo. El libro de familia (8.1) hace una especie de biografía de sus gustos literarios al tiempo que una especie de proyecto de vida en común con la persona a quien dedica todo el poemario, así sigue con sus referencias literarias:

  • autores (Conrad, Vallejo, Rimbaud, Machado y Colliure, Quevedo, Anna Ajmátova, Silvia Plath, Pablo Neruda, Hemingway. Cervantes y Argel, Dickens, Galdós, Isak Dinesen, Boris Pasternak, Lorca, Cernuda, James, Heathcliff, Alberti, Kafka, Victor Hugo, Dante, Ovidio, Pavese, Auden, Anne Sexton, Verlaine, Rilke, Paul Éluard, Pessoa, Borges, Basho),
  • obras unidas ineludiblemente a sus autores (Góngora y Polifemo, Borges y el Aleph, El anillo de Tolkien),
  • personajes inolvidables (Frankenstein, Drácula, Gulliver, Robinson Crusoe, el hombre-lobo, la ballena blanca, los tigres rojos de William Blake, Simbad, Madame Bovary, Hamlet, Donjuán, Robin Hood, Ligeia, Ulises, D’Artagnan),
  • espacios inventados (Comala, Oz, Nunca Jamás, Mississippi de Mark Twain, Ítaca, La Isla del Tesoro), o reales (la Esfinge de Gizeh, ante la tumba de Auden en Austria, en Ginebra tras los pasos de Borges, o la múltiple geografía que ha recorrido en muchos casos con María) símbolos todos de su afición por la literatura y el viaje.

Poesía social (9.1) enumera los enemigos de la libertad.

La segunda parte -Viajes con la azafata- comienza con Luna de miel, en que nos dice que cruzó mil fronteras para aprender que el silencio es igual en todos los idiomas y, a la luz del verso final, muestra un conjunto diáfano (ella cambió su vida). En San Salvador, (2.2) el poeta parece dividirse en dos individuos totalmente distintos según se refiera al de antes o al de ahora, y comprende que el precio de la felicidad / es sentir la amenaza de perderlaEscrito en Lisboa (3.2) nos presenta la etopeya de Pessoa, al que nombra arquitecto de lo inacabado, como un hombre contradictorio o más bien paradójico, e indaga en las razones por las que se escribe. Después alude al lado oscuro, subconsciente, del ser humano en El diván de Sigmund Freud (4.2), poema lleno de oraciones en cursiva, y un final que no da respuesta a nuestras dudas y en el que juega con la capacidad de volverse del revés -como si fueran guantes- de algunas palabras (diosaadiós), juego que reaparece en otra ocasión y tal vez muestre que todo es cuestión de percepción y desde qué óptica miramos. En El doctor Zhivago nos espera en Moscú (5.2), el autor viaja con su musa, un extraño viaje cultural y paradójico con el que vuelve a las andadas de su amor por María, al tiempo que sirve para encumbrar la importancia de todo desplazamiento.

El poema titulado La vida en el intento (6.2), con ese sabor a Gil de Biedma, trata el tema del exilio de Juan Ramón Jiménez y en él leemos que no aceptaba esto: Sobrevivir consiste en cambiar lo que buscas por lo que has encontrado. En Debo fingir que hay otros y es mentira (en Ginebra tras los pasos de Borges) alude a varios elementos de la biografía de este autor. Las metáforas iniciales describen el corazón de Borges. Que las historias se repiten con otros nombres nos lo dicen los últimos versos. Tu nombre quemará mis labios para siempre deja rienda suelta a la idea de los nacionalismos a través de su viaje a Jerusalén y a Tel Aviv (Hemos pasado / el día en Palestina, la noche en Israel) y da una lección de paz en versos memorables:

  • Que sobre aquel que grite / la palabra venganza, llueva una maldición.
  • Los invasores tienen miedo de los recuerdos.
  • Castiga a quien te envidie / haciéndole el bien.
  • Donde estés en lo cierto, no crecerán las flores.

Un profesor es alguien que habla los sueños de otro (en la tumba de W. H. Auden en Kirchstetten, Austria) (9.2) busca explicar cómo en los versos debe detenerse el idioma, igual que el agua / se vuelve hielo para dejarse acariciar. El poema busca, es autónomo, indagatorio, predictivo, sorprende, hermosea, resulta original, único, representa un hallazgo que pervive, parece culto, clarificador, accesible y eterno, e suma, nos vivifica:

  • Imagina unos versos que te mantengan vivo. / Si descansas en paz, es que no te querían.

La tercera parte se titula Vida y obra y comienza con Opción B, que recuerda lo que a uno siempre le quedará aunque pierda lo que más le importa. Estos versos: hasta el día más triste se termina a las 12 / y cada cicatriz tacha una herida / y equivocarse solo es el premio del que quiere / aprender de su error son un dechado de optimismo. Maletas es un homenaje tanto a las Odas elementales de Neruda como a María. En Podría ser cualquiera (3.3) resalta un extenso campo semántico, el de las profesiones, para insistir en lo que dice el título, pero movido por una certeza que desentrañamos en la estrofa última, que nada iba a ser distinto, porque María y Benjamín están hechos el uno para el otro. El siguiente, Las reglas del juego, representa la metáfora de su vida en común (a partir de lo que el autor quiere y de lo que no quiere), mientras el poema se llena de ritmo con la insistencia de anáforas y paralelismos. Vida y obra (5.3) insiste en esas reglas de juego y en los actos cotidianos, hechos positivos y negativos del día a día: el orgullo abría / dentro de mí / los ojos / igual que un muerto en un ataúd, que nos deben enseñar a saber perder.

Tablón de anuncios es una crítica social. Aquí asume que la felicidad no es un paraíso ni un estadio intermedio entre la infelicidad y la ignorancia. Involucrarse y ser comprometido no pasa por ser infeliz a toda costa con todo lo que nos rodea: ser feliz no es cerrar los ojos ni las sábanas son lo opuesto a las banderas. Aunque nos aturulle y odiemos el negocio de la desigualdad, uno puede ser feliz sin dejar de ofrecer su voz a los que no la tienen. Tú ya me entiendes (7.3) por medio del paralelismo y la anáfora constante alude a los pequeños y gloriosos momentos : solo quiero vencerte / y después compartir mi victoria contigo.

Pero un poema que pone la carne de gallina y las lágrimas a flor de piel es Su viva imagen, expresión popular que enseguida nos hace pensar en a quién va dirigido, porque el tiempo únicamente cura lo sustituible y hay seres y relaciones que nunca lo serán. En un par de versos resuena el mito de Eurídice (los recuerdos te siguen; pero cuando te vuelves, / nunca están ahí), aunque la memoria es el margen de error del olvido según Benjamín Prado. De alguna forma nos recuerda también a El viaje definitivo de Juan Ramón Jiménez: Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando. Y se quedará mi huerto con su verde árbol, y con su pozo blanco… Parece en este poema que Benjamín desease estar equivocado y que las creencias religiosas de su madre fuesen finalmente ciertas (ojalá fuese cierto lo que nunca he creído / y ella viera la soledad que deja). Y, por último, El día en que deje de quererte indica por medio de una enumeración que ese día está lejos, muy muy lejos.

Con Punto final pone precisamente el punto final a su poemario (dilogía semejante a la del primer poema), e insiste en lo que para él podría ser su poética perfecta, la que podría generar una obra maestra.

PARA SABER MÁS:

 

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