¿CÓMO EDUCAR EN EL FEMINISMO?

Cómo educar en el feminismo

Chimamanda Ngozi Adichie es la autora de Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo, un pequeño ensayo que partió de la petición de una amiga suya que acababa de ser madre para que le enseñara cómo tratar a su hija para que fuera feminista. Chimamanda escribe una larga carta sobre el poder de la educación desde la más tierna infancia, en la que le da quince consejos, no por obvios menos interesantes, en que reivindica la igualdad, el respeto y el valor de la mujer y rechaza los estereotipos machistas.

Su primera premisa feminista es la de que cualquier mujer importa igual que un hombre, por lo que invirtiendo el mismo esfuerzo debería obtener los mismos resultados. Sus consejos o sugerencias instan a que la maternidad no coarte nuestra plenitud como personas, ya que no debemos disculparnos por trabajar y lo que es una tradición no quiere decir que sea lo mejor.

Una segunda sugerencia es la de que cuando dos personas tienen un hijo deben cuidarlo y criarlo juntos, y no hay que premiarles a ellos por hacerlo como si hicieran algo especial: puesto que ha sido una elección conjunta es un trabajo de ambos. En tercer lugar, hay que hacer ver a una hija que los roles de género son una solemne tontería (vestir de rosa a una niña, que sepa cocinar o juegue con muñecas y no con juegos más activos como los de tipo construcción…), porque todos esos roles enraizados en la sociedad muchas veces chocan con los verdaderos deseos individuales.

La cuarta sugerencia es que debemos evitar el peligro del feminismo light. La idea de la igualdad no es plena si se toma como algo condicional. En él, el poder del macho sigue ahí latente y ocurre cuando se emplean analogías en que la mujer siempre queda en segundo lugar: “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Y lo argumenta con el caso de Theresa May en la prensa británica. Hoy en día, considera (y lo dice precisamente una nigeriana de 40 años) que la discriminación sexista —al menos del mundo en el que se mueve— es mayor que la discriminación racial.

En la quinta sugerencia, propone que a una hija se la enseñe ante todo a leer, lo que le ayudará a cuestionarse el mundo. Aprender y saber expresarse es una inversión para toda la vida. Y en la sexta, que se cuestione el lenguaje, ya que este es el depositario de prejuicios, creencias y presunciones, y muchas veces se dicen con buena intención palabras que están cargadas de connotaciones machistas. Pero tampoco hay que ceder a la jerga feminista abstracta (hablar de misoginia y patriarcado), sino poner cortapisas a los usos machistas habituales y concretos, e intentar evitar las etiquetas y explicar el porqué de ellas y cómo evitar caer en esas conductas. Y lo ejemplifica con la expresión igbo con que se recriminaba a las niñas que hacían algo infantil: “¿No sabes que ya tienes edad para buscar marido?”.

Los ejemplos, los valores sociales, los tópicos y las preguntas son los argumentos que más plantea Chimamanda en su ensayo. Por eso insiste en que no se debe hablar del matrimonio como un logro (prejuicios matrimoniales), ni dar por válido lo que lleva aparejado en determinados países (pérdida del propio apellido); en que no se ha de enseñar a la mujer a que guste, sino a que se guste, porque es imposible gustar a todo el mundo, pero con que una se guste a sí misma ya tiene mucha labor hecha y estará más cerca de la plenitud como persona; en que a las niñas hay que darles un “sentido de identidad” que les haga sentirse parte de un todo; que hay que animarlas a ser activas, para lo que practicar deporte es una buena idea; que el aspecto y la moral no van de la mano; que es conveniente rodearlas de mujeres admirables y de hombres buenos que no fanfarroneen; enseñarlas a “cuestionarse el uso selectivo que hace nuestra cultura (aunque hable de la suya es igual en la nuestra) de la biología como razón para las normas sociales”; y hablarles del sexo y del amor con claridad, de las ideas dañinas recubiertas de un humor frívolo, de la opresión, de la diferencia como algo completamente normal…

Una sencilla lectura para enseñarnos Mediterráneos por los que a veces nos negamos a navegar.

 

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Y DE REPENTE ME ESCUCHÉ EN LA RED

Hace tiempo compartí por facebook unos audios de poemas míos. No sé cómo el otro día llegué a ellos en este maremagnum de Internet sin estar en dicha red social. ¡Misterios tecnológicos!

Por si los queréis escuchar, ahí van:

DE LA PALMA AL CEREZO

De la palma al cerezo

Cayó en mis manos hace poco el poemario De la palma al cerezo, Poesía reunida 1982-2014 de Ángel L. Montilla Martos publicado por el Centro Cultural de la Generación del 27. ¡Y me ha encantado! Su título alude a la palma de su Andalucía y al cerezo del Japón que parece atraerle.

Como dice en su introducción José Luis González Vera, este autor ha sido relegado por otros, por los nombres de manual que se pregonan una y otra vez en la escuela seleccionados a veces por encajar en las modas, los concursos, los negocios, las críticas, las antologías…; e invisibilizado por la eclosión de escritores que “el huracán tecnológico” ha acrecentado. Pero si por esto y por su escasa dedicación a la vida pública su obra ha pasado desapercibida, su talento y su musicalidad se observan a lo largo de toda esta antología cronológica suya, que abarca más de treinta años.

Y es que Ángel Luis Montilla Martos se caracteriza por una voluntad de estilo que lo distingue de otros, parece un autor que conforme pasa el tiempo gana en sobriedad y hace gala de una elegancia nipona que capta la esencia a modo de fotograma. Cercano al haiku, a la greguería, a los aforismos y al epigrama, sus imágenes fluctúan entre la profundidad del humor, las vueltas de tuerca que rasgan las máscaras de los tópicos y lo surrealista, entre lo enigmático y lo diáfano (uno de sus poemas se titula Elogio de la simplicidad). Amante de las aliteraciones y de las paradojas, imitador de lo popular y de los metros cultos, este poeta completa sus propias producciones con las abundantes citas que encabezan acertadamente algunos de sus poemas o introducen sus poemarios.

 Y para muestra un botón:

(Suerte de varas)

Epigrama al río Guadalmedina

El tiempo se estanca en tus escombros

con esa desértica obstinación

de no querer dar en la mar.

Catástrofe feliz:

Viva la muerte

quise decir la única

forzosa solidaridad.

Retórica obrera:

Amasando antítesis,

fermentando paradojas,

calentando símbolos.

En las noches oscuras

hacen pan blanco

los panaderos.

Ando yo ya sospechando

que el verso libre nació

allá por los años 20

de una mala traducción

 

Hay quienes buscan el oro,

hay quien persigue la fama

y son legión los que anhelan

morir de viejo en su cama.

En el poemario Múltiplos de uno de 2003 hace un alarde de metapoesía, como en sus Ocios elementales que recuerdan a las Odas elementales de Neruda; o en el que, por medio de una alegoría futbolística, se hace la retransmisión de un “partido” a semejanza de Lope de Vega y su Un soneto me manda hacer Violante, en que elabora uno (sobre el que hace luego otra versión).

Además, aquí hay un apartado titulado Artes adivinatorias (casi el mismo título de un poemario que yo publiqué años atrás) en el que aparecen algunos tan curiosos, y que sugieren la capacidad del autor de crear vocabulario nuevo como: Ornitomancia, Capilomancia, Quiromancia, Cartomancia, Posomancia, Sideromancia, Verbomancia, Oniromancia. O como Circofobia, Hipofilia, Helicofilia o Sopofobia.

En algunos poemas hace un alarde de perspectivismo al ceder la palabra a personajes literarios clásicos. Y nos hace preguntarnos si su historia, tal y como ha trascendido, sería fiel a la personalidad de cada uno de haber podido cobrar vida: Orfeo relata su descenso a los infiernos. Dos soldados conversan en el bajo vientre del Caballo de Troya, Edipo confiesa sus móviles o Ulises monologa en la playa de Ítaca.

Sus poemas lo mismo rinden tributo a la cultura clásica que al cine o  la música. Así, unos nos recuerdan a Las cuatro estaciones de Vivaldi (Consagración de la primavera, Consagración del verano y Consagración del otoño), otros aluden al cine (My Fair Lady, 007, La vida de Bryan, Clint Eastwood, Apocalipsis Now, Grease, Western, 2001, una odisea  de espacio). El ángel exterminador hace una especie de homenaje al Buñuel de Un perro andaluz.  Y es que en su obra rastreamos sus múltiples lecturas y referentes culturales:

  • Su poema titulado Poética doméstica nos recuerda al Cubo de basura de Rafael Morales.
  • A Machado ofrece esta especie de homenaje y refutación de unos versos suyos por medio de los parónimos pesa y pasa:

Todo pesa, nada es le ve,

porque lo nuestro es pesar,

pesar dejando una huella

que nadie investigará

  • Y en su poema A propósito de la historia de la literatura por medio de estrofas de 4 versos hace toda una confesión de sus filias poéticas.

Del poemario Múltiplos de uno de 2003 es, por ejemplo, este poema que juega con las palabras y, no sé muy bien por qué, me hace pensar en el José Hierro de Después de todo, todo ha sido nada:

Como mástil sin bandera

desnudo y sin cordaje

pulido por el viento

regado por el ocre

orín intermitente

de perros y borrachos,

como un palo idiota,

harto de ser lo

que está siendo,

como un uno,

que por mucho

que se eleve

al cuadrado

o al rectángulo

del estandarte,

seguirá siendo solo un uno, un uno solo,

más solo

que

la

una.

De su poemario titulado A propósito (de 2013 también), prodigio de contención y sugerencia, son estos tres versos, con los que es capaz de construir toda una narración (igual que hiciera Monterroso en su famoso microrrelato de El dinosaurio de):

Dijo el azar al destino:

“Permíteme que yo escoja

para Edipo otro camino”.

Pero sobre todo me gusta porque siento una conexión especial con su pensamiento y su modo de expresión, al utilizar imágenes muy cercanas a otras mías. Leerlo es asomarme a un Déjà vu. Leerlo es reconocerme como su alter ego o mi alma gemela.

Por ejemplo, yo hace tiempo también compuse un soneto en el que cada uno de sus versos era de otros poetas (cuya autoría recogía debajo), justo lo que parece hacer él con Retrato collage del poeta.

Por ejemplo, reconozco algún poema mío (como el de El despertar del gallo o Antiaforismo) en alguno de los suyos:

El insomne siempre encuentra

un grifo en la noche

que gotea.

Lo bueno, si breve, bueno. Y,

si es malo, tienes al menos

más ocio para el consuelo.

Además, gusta de subvertir las obras maestras, de trastocar lo oficial, de aludir a los tópicos como en Vanitas vanitatum, de buscar las paradojas y a veces se instala en el puro juego (todo ello de mi agrado) como en este poema:

—¿Quién eres? —Soy una copla

—¿Cuánto mides? —Treinta y dos

sílabas en cuatro versos,

una rima y se acabó.

Y es el vivo ejemplo de la grandeza de lo sencillo, la poesía como un método indagatorio que no soluciona pero nos hace reflexionar:

No te engañes: el poema

nunca te da la solución

solo plantea el problema.

Y sus poemas no se limitan a la socorrida y manida Historia, sino que le pone los puntos sobre las íes, para interrogar a los callados inmersos en la intrahistoria, y criticar lo que trasciende pero no siempre representa la realidad:

Dime, culebra parlante,

aquel día en el Edén,

el engaño de la fruta

¿no fue una idea de Él?

Una lectura indispensable que se deja beber a sorbitos y de una atacada, cualidad poco usual en la poesía. Su pormenorizado índice es una constatación más del trabajo bien hecho.

PARA SABER MÁS:

http://www.malaga.es/generaciondel27/2181/com1_fb-0/com1_md3_cd-13644/presentacion-palma-cerezo-angel-montilla-martos.

https://fernando-sabido-andalucia.blogspot.com.es/2011/02/256-angel-luis-montilla-martos.html.

http://www.aforolibre.com/entrevistas/entrevistas-literatura/hablamos-angel-l-montilla-martos-1598

 

 

 

 

PALABRAS ENVENENADAS

Palabras envenenadas.jpg

Palabras envenenadas de Maite Carranza no solo es Premio Edebe de Literatura Juvenil 2010 sino una novela amena, de fácil lectura, que nos hace sumergirnos en la problemática de los abusos sexuales.

Se estructura en tres partes, la primera titulada La chica que veía Friends, la segunda titulada A oscuras y la tercera El mal de Molière. Cada una de ellas se subdivide en diferentes capítulos titulados con el nombre de alguno de los personajes principales: Salvador Lozano, un policía a punto de  jubilarse que tiene la espinita clavada de no haber podido resolver el caso de la desaparición que aparentaba ser un asesinato de Bárbara Molina; Nuria Solís, madre de la desaparecida y cuya vida dio un vuelco brutal porque se siente estigmatizada y cree que, en gran parte, la culpa fue suya por haber sido demasiado permisiva con ella; Bárbara Molina, quien en algunos episodios en primera persona nos relata su calvario, ya que no está muerta como se cree sino atrapada en un zulo y a merced de su captor; y Eva Carrasco, su ex mejor amiga tras diversos desencuentros.

Por medio del relato de unos y otros vamos conociendo a los personajes sobre los que recaen las sospechas: su noviete, un pijo que solo aspira a divertirse;  sus tíos, una pareja muy moderna y liberal; un profesor especial que enamora a muchas de sus alumnas…

El título alude al poder de las palabras para herir con o sin voluntad de hacerlo, y a cómo lo que se propaga hace daño tanto si es verdad como si es falso.

Me parece una novela más que aconsejable y no solo para la juventud.

Algunas citas son:

  • Un rumor es como una mancha de chapapote.
  • Cargará para siempre con el remordimiento por haber sido tolerante, que es y ha sido una forma bonita de rebautizar la inconsciencia.
  • Elizabeth se ahorra el dolor y vive en una asepsia permanente de juventud eterna. Sin hijos, sin padres, sin responsabilidades. Juega a novia enamorada, a chica de pandilla, a tía simpática, a estudiante traviesa, a aventurera de verano. Y le va bien. Por eso no mide las palabras y de vez en cuando se va de la lengua y deja caer palabras envenenadas que corren por las venas, como un cáncer maligno, hasta llegar al corazón y matarlo.

TANTOS TONTOS TÓPICOS

cubierta Topicos roja
En esta ocasión os recomiendo un ensayo de Aurelio Arteta sobre lo que esconden los lugares comunes o tópicos, todos ellos en gran medida peligrosos.

La obra —titulada Tantos tontos tópicos, con esa machacona aliteración de la “t” que suena como el tictac de un reloj o el martilleo de una herramienta—, se divide en dos apartados: Bajos de moral y Demócratas, pero no tanto.

La introducción cita estas palabras de George Orwell: mi lema es «grita siempre con los demás». Es el único modo de estar seguro. Y es que el tópico es eso, algo “que no dice nada nuevo a nadie”, que insiste en lo que cualquiera sabe, que se nos hace tan necesario como el aire porque nos acomoda al grupo, que con sus frases hechas nos hace partícipes del sentimiento de adicción (y de adición) a la mayoría. Pero también, y precisamente por eso, es “hijo de la pereza intelectual y hermano del prejuicio”.

Los tópicos, en realidad, delatan lo que pensamos y lo que mueve a la colectividad o a la sociedad en que vivimos, ya que vienen impuestos por el ambiente. Pero nosotros debemos responsabilizarnos también de lo que decimos porque, si los ponemos en circulación, les estamos dando de nuevo carta de ciudadanía. Quizá por ello Arteta habla de los tópicos prácticos, es decir, los morales y políticos, que conllevan unos efectos para nuestra vida, como si no fueran únicamente cuestión de palabras.

El apartado Bajos de moral comienza con la cita de Norman Manea: “¿Por qué continúas predicando, si sabes que no puedes cambiar a los malvados?”, le preguntaron al rabino. “Para no cambiar yo” fue su respuesta. Y luego hace una revisión de muchos de ellos, algunos de los cuales resumo:

  1. Eres un moralista expresa algo ético con la sombra de lo que no lo es. ¿Qué pasa por serlo?, ¿se condena la conducta ajena mientras uno se cree en posesión de la verdad?, ¿quiénes son los intransigentes? En la línea está Eres un aguafiestas. Un verdadero moralista tiene conciencia, es libre, distingue y elige, destaca el punto de vista moral antes que cualquier otro, pero no tiene por qué ser alguien que impone. Además, moralidad, respeto y justicia es el trípode sobre el que se sustenta que nadie es más que nadie.
  2. Déjate de filosofías o Cada cual tiene su filosofía alude a la coartada relativista. La filosofía nace del preguntarse, del asombro, de la admiración, bastante alejada de la falta de curiosidad del hombre que se contenta con cualquier respuesta, que se cansa de buscar. El filósofo examina y se cuestiona las palabras manidas y los frecuentados tópicos.
  3. Sé tú mismo le recuerda al “Llega a ser el que eres” del canto de Píndaro. La ética de la autenticidad no tiene que estar reñida con una ética correcta, lo contrario puede llevar a una perversión moral.
  4. Es una persona muy normal atribuye una definición rala cercana a la pereza mental. Cita a Nietzsche: “Opinión pública, pereza privada”, y anota un pensamiento de Adorno, quien denunció que “la normalidad es la enfermedad de nuestro siglo” para desvalorizar tal tópico. Y es que sentimos la necesidad de igualarnos como si esto fuera lo mejor, cuando siempre hay personas que pueden y deben dar lecciones al otro. Parece que quisiéramos buscar el asentimiento ajeno, mientras que la realidad es que todos somos anormales, cada uno a nuestra manera, y eso no es ni mejor ni peor. Ya dijo Camus: “El problema más grave que se plantea a los espíritus contemporáneos: el conformismo”.
  5. Mi cuerpo es mío… Es un eslogan tópico que conlleva un riesgo y un malentendido que se vuelve contra los que lo proclaman. Hay que fundar el derecho al aborto en argumentos más sólidos que el del “nosotras parimos, nosotros decidimos” para Arteta. Porque todo ello nos lleva a pensar que “yo no tengo cuerpo, mi cuerpo no es mío: yo soy mi cuerpo”.
  6. No siento miedo, sino respeto. Parte de una falacia: la cobardía no es lo mismo que la falta de ánimo o de valor. El miedo no puede culparnos de cualquier cosa, prevenir o precaver está bien. Todos los miedos no son iguales, sin embargo; y no es cierto tampoco eso de que “el miedo es libre”. El irracional no es libre sino necesario aunque nos esclaviza a un dios o a otros hombres, y la libertad precisamente empieza en el modo como afrontamos ese miedo. Y se apoya en las palabras de Chesterton: “La valentía no nace sino del miedo” y “Los fuertes no pueden ser valientes. Sólo los débiles puede ser valientes; y sin embargo, en la práctica, solo en los que son capaces de ser valientes se puede confiar, en momentos de duda, en que serán fuertes”. Y nos trae la recomendación de Günter Andrés: así, pues, al despertar te dirás: “¡no seas tan cobarde que temas tener miedo!”
  7. Cuidar, cambiar, vender la imagen. Esas autocomplacencias que volvemos a ver en “una imagen vale más que mil palabras”, y es que todo se convierte en la sociedad del espectáculo y la apariencia, como si esta fuera lo que comunica más y mejor. ¿Eso es la autenticidad?
  8. En el apartado titulado Eso es muy relativo, se habla de cómo cada uno, cada época y cada persona juzgan de una forma peculiar. Si “filosofar es esto, examinar y afianzar los cánones”, todo relativismo rechaza de antemano este examen. Cuando en realidad a veces hay cosas que tienen un valor intrínseco que difiere de lo que sintamos acerca de ellas, y aunque las emociones se basen en cierta racionalidad. El relativismo cultural es una forma de engañarse o de negarse al cambio, porque siempre hay que buscar jerarquías y no limitarse a los gustos. Hay que tener claro que una cosa es discutir una opinión y otras discutir con una persona.
  9. El tópico de Nadie es más que nadie estaría muy bien si no hubiera personas que fuera mejores que otras, aunque las comparaciones sean odiosas no tienen por qué ser falsas. Y lo diferente no quiere decir que sea plausible y que no se deba juzgar. El que no opina parece temer a las protestas. Machado decía que: Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre. Y es verdad, pero aunque sea innecesario imitar a otros, no lo es admirar a alguien. Si algo se admira es porque implica un valor positivo al que se aspira. Así que, ciñéndonos a este tópico, triunfa el ideal de lo mediocre frente al del héroe o el santo.
  10. También muchos dicen “guárdate tu compasión, no necesito tu piedad”, como desacreditándolas. Se tiende ahora a que ocupe su lugar la séptica empatía; pero, en realidad; cualquier sistema democrático precisamente por serlo se asienta en la convicción de que todos somos seres humanos iguales y por ello es más piadoso que cualquier sistema anterior.
  11. La vida es el valor supremo es otro de los tópicos. La vida humana se vuelve valiosa por ser específicamente humana, digna, libre, etc. Así, “la vida a secas no es un valor, sino un bien”.
  12. Es muy habitual el tópico Respeto sus ideas, pero no las comparto. Pero ojo, “A quien hay que respetar es al individuo, y con demasiada frecuencia a pesar de sus ideas”. Hay que tener en cuenta que aunque sean ideas de bombero o de majadero estas no delinquen penalmente, aunque a veces sí que pueden delinquir en el aspecto moral. No todas las ideas son respetables. Bajo el marchamo de la tolerancia, algunos encuentran un único mandamiento que puede llegar a ser perverso. No tenemos que entorpecer las creencias ajenas, pero tampoco tenemos por qué impedirnos objetar las conductas que nos parezcan reprobables. Esto sería caer en una “boba tolerancia” o “la tolerancia espuria que cultiva una democracia en la que todo es negociable, porque entonces todo es igual de tolerable”. ¿Dónde quedaría entonces el compromiso con las causas justas? Parece un descendiente del insensato dogma “prohibido prohibir” del 68 parisino.
  13. De ahí que muchos se pregunten ¿Quién eres tú para juzgar a nadie? Es el tópico de la incapacidad para juzgar a los demás. Y precisamente no juzgar proviene de no pensar. Porque juzgar no es más que juzgar las ideas o los actos particulares o el trayecto de alguien, no a la persona en sí. Renunciar a juzgar nos animaliza. “Hannah Arendt localiza la fuente de los peores males de la acción política en el rechazo a juzgar. Sin ejercicio del juicio, que por su propia naturaleza se dirige e invita al juicio de otro, no hay comunidad posible en el mundo común”, de ahí que Arteta considere que el ciudadano debe “iudicare sude ”, vamos, que debemos ser arte y parte del oficio de juzgar, lo que significaría algo así como: “atrévete a juzgar” (y, por supuesto, a ser juzgado).
  14. Relacionado con el anterior está el tópico de Todos tenemos alguna parte de verdad. De nuevo ese relativismo, como si todos nos halláramos a cierta equidistancia o nos asignáramos una posición centrada en cualquier situación. Pero, ¿y quién se pone del lado de las víctimas? ¿No es otro prejuicio que ser equidistante sea ser virtuoso, aunque siempre se haya creído que la virtud ocupa el término medio? ¿Es de verdad el medio la virtud o no es más que una falacia, la falacia del término medio? Según esta teoría, “Las posturas contrarias, al parecer igual de alejadas del punto central, representan posiciones igual de equivocadas respecto de la verdad, de la equidad o de lo conveniente”. Y nos recuerda que ya Dante reservó uno de los rincones más espantosos de su infierno para los neutrales en tiempos de crisis moral. A los neutrales, parece que Unamuno los llamaba “neutros”.
  15. Otro lugar común es el de Todos somos culpables, que alude a una culpa más metafísica que real. Colectivamente podemos ser culpables o responsables de algún daño público, pero es abusivo culparnos de cualquier hecho.
  16. Otro tópico es el de Yo no he hecho nada, que olvida que todos tenemos una obligación, que uno es responsable por omisión, que no hay que dejar de hacer lo que es debido, la indiferencia general no justifica el que uno de forma individual sea indiferente, eso es de pusilánimes.
  17. El No es nada personal antes de infligir daño no disminuye la culpa, volvemos a lo que tiene que ver con la responsabilidad y la cobardía por adherirse en privado a lo que no es capaz de defender en público. Lo mismo que el “solo cumplo con mi deber” o “cumplo órdenes” o “me dedico a hacer mi trabajo”, procedimiento con que uno se pone al margen de la responsabilidad al decir que obedece a alguien como si eso pudiera disculparlo. El Todos harían lo mismo es otra disculpa frecuente que delega en la masa lo que uno hace. Y en la misma línea está el Si no lo hago yo, lo hará otro, lo mismo que el de Mi intervención no serviría para nada, mera evasiva, diferentes formas de lavarse las manos como Pilatos, y tópicos todos que apoyan el no asumir responsabilidades. Debemos plantearnos siempre nuestra responsabilidad individual, que es muy distinta de la responsabilidad global solidaria. Esta no debe ser una coartada para no hacer nada.
  18. A veces también se dice No tengo madera de héroe “para justificar actos que no es que no sean heroicos o normales sino que son antiheroicos.

Aurelio Arteta

Abre el segundo apartado, Demócratas, pero no tanto, con una cita de Benjamín R. Barber: “Sin educación cívica la decisión democrática es poco más que la expresión de prejuicios privados”. En este encontramos tópicos como “una cosa es la teoría y otra la práctica “o “dejarse de teorías para ir al grano”. Con la referencia a lo concreto, alude a no quedarse en la teoría e ir a la praxis.

Denuncia que si la política y moral no están unidas o la política se relega como si solo fuera un asunto de los políticos “porque para eso les pagamos”, justificamos nuestra inacción y la sustentamos en más tópicos del tipo “todos los políticos son iguales” o “tenemos los políticos que nos merecemos” o “se han politizado muchas cosas”. Si fuéramos seres coherentes, todos deberíamos de alguna manera estar interesados en la política. Según el liberalismo, el hombre es un homo oeconómicous”, es decir, “un calculador de beneficios y costes”. Pero el individuo, como integrante de una sociedad, ¿debe regirse por una libertad que no infiera en la conducta de los otros?

  1. Conservar las tradiciones, asegurar que algo siempre ha sido así no legitima nada.
  2. Es también muy habitual aludir a que alguien desaprueba lo que dice otra persona, pero defiende su derecho a decirlo, tolerancia que se atribuyó a Voltaire: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Pero ¿de qué lado está el volteriano en una contienda con víctimas y verdugos?, ¿qué dirían de la “ideología” de terroristas como los etarras? ¿Se puede conceder la razón o el derecho a opinar a los asesinos? Hay que distinguir entre razones y razones, no todas son igual de correctas.
  3. Otro tópico es el de Al enemigo ni agua, que tiene que ver con el sectarismo. A mí me recuerda a eso de “O estás conmigo o contra mí”. Como si no hubiera grises y se uniformara todo lo que es distinto.
  4. El tópico de No hay que sentar un mal precedente a menudo es resultado de carecer del valor para obrar.
  5. Con la violencia no se consigue nada o La violencia no conduce a nada es otro tópico. Cuando alguien dice condenamos la violencia, venga de donde venga “aparenta ser exquisitamente moral pero en realidad lo que hace es no discernir entre diferentes grados y tipos de violencia”. ¿Y si la violencia pública en un régimen democrático nos protegiese de otra?
  6. Luego está la falta de valentía (“algo habrá hecho”), capaz de justificar lo injustificable. Hay que tener en cuenta que el triunfo de un agresor con frecuencia proviene del miedo de la mayoría de los espectadores de sus actos. Según Zweig: “el empleo de la fuerza bruta produce sus frutos”, y una minoría con arrojo intimida a una gran mayoría.
  7. Otro tópico es el de Estoy en mi perfecto derecho. Lo que hay que ver es si ese proclamado “derecho” es ilegítimo o lícito. ¿Si no es lo correcto, por qué ha de ser amparado por la ley? Expresiones impersonales tales como se hace, se dice, se debe, amparan de que algo esté bien hecho. No confundamos la validez de la conducta u opinión con el valor, la valía o lo valioso… Por otra parte, “El derecho a su expresión deja a lo que se expresa igual de certero o de equivocado, defendible o no, democrático o autoritario”. Opinar, como comentar, poco compromete, resulta liviano. El hecho de que puedas opinar no quiere decir que tu opinión sea acertada o correcta, ya que toda opinión está sujeta a Y lalibertad de expresar difiere de la calidad de lo pensado. Por eso el tópico de que todas las opiniones son respetables resulta una falacia, una simpleza quizá fruto de la sinrazón de los ignorantes, el fanatismo, el nihilismo contemporáneo. No todas las opiniones son igual de validas. Chesterton habla del fanatismo de los indiferentes, aquellos que carentes de opiniones se resisten contra las ideas definidas porque a ellos todo les da igual. Y Camus opinaba que “un hombre a quien no se puede persuadir es un hombre que da miedo”.
  8. Existe otro tópico que ser el de No es ni mejor ni peor, sino simplemente distinto. Como si lo distinto fuese un valor en sí mismo.
  9. El de la mayoría es otro tópico, su dictamen no tiene por qué ser el más acertado. No siempre lo mayoritario o lo popular es lo más legítimo.
  10. La tendencia a democratizar todo (por ejemplo, la familia, una institución educativa), aunque lo que se trate de democratizar o igualar no esté en igualdad de condiciones, ¿no es un paso más en este farragoso mundo de las medias verdades y las medias mentiras, de los falsos argumentos y los tópicos imperantes?

 

Un lujo de ensayo. Te hará pensar y, tal vez, cambiar algunas de tus opiniones.

PARA SABER MÁS:

http://www.elboomeran.com/obra/1103/tantos-tontos-topicos/

http://www.fronterad.com/index.php?q=no-debemos-juzgar-a-nadie-2 (blog del propio autor).

https://www.ensayistas.org/antologia/XXE/catalan/inteligencia.htm (sobre el ensayo y la inteligencia).

Hablar por no callar

MOMENTO DE LEER, MEMENTO MORI

Es Memento Mori, del vallisoletano César Pérez Gellida, una obra maestra de la literatura española contemporánea, en concreto, de la narrativa policiaca. Podría decirse que es una obra enciclopédica que aúna suspense, psicología, historia, música (canciones de Bunbury o Till Lindemann), versos (como algunos de Miguel Hernández), tópicos culturales (la escena del replicante de Blade Runner que dice que los recuerdos desaparecen “como lágrimas en la lluvia”,  sirvió a Rosa Montero para titular una obra de homenaje a la misma película), expresiones y léxico de diferentes lenguas… También el mundo del boxeo, típico de la novela negra, como el del alcohol le es conocido. Historia, informática, enciclopedia, humor negro medicina, FBI, criminalística… todo tiene cabida en ella.

Al saber enciclopédico, contribuyen las citas en latín, inglés, alemán; las menciones a autores, obras y personajes literarios —Orestes y Pílades, personajes de la Orestiada; Leopoldo Bloom y Sthephen Dedalus, Gregorio Samsa, Lenny Kravitz—; de hecho, extrae del Ulises de Joyce o de La metamorfosis de Kafka aquellos con los que juega a despistar a la policía en los sucesivos asesinatos, especialmente en el primero (Marifer) y el  segundo (Mercedes); así como el conocimiento mitológico, patente en lo que concierne a las tres Moiras griegas —semejantes a las Parcas romanas o las Nornas nórdicas—que representan el destino: las hilanderas Cloto (la más joven, que enhebra los ovillos de los recién nacidos), Láquesis (la mediana, que decide la longitud de las hebras y la fortuna o desdicha que tendrán) y Átropos (la mayor, que decide el fin de la vida y se encarga de cortar la hebra). Las referencias históricas se centran en la historia contada por el niño de la guerra  que acabó perteneciendo a la KGB rusa y hablaba del asesinato de Trotsky por Ramón Mercader, de la Checa, de la Columna Durruti.

Ejemplos de su “banda sonora” son:

  1. Bunbury: Y al final, Bravo (junto a Nacho Vegas)
  2. Love of lesbian: Me amo, 1999
  3. Nacho vegas: Gang Bang
  4. The Cranberries: Promises
  5. Rammstein: Spieluhr, Stripped
  6. Héroes del silencio: La sirena varada
  7. Depeche mode: Little fifteen
  8. Wolfgang Amadeo Mozart: Réquiem, “Dies irae”
  9. Map of the problematique
  10. Carl Orff: Carmina burana, “O fortuna”
  11. Starsailor: Faith, hope, love
  12. Leonard Cohen: Take this waltz (Lorca)
  13. Joe satriani: Surfing with the alien
  14. Vetusta morla: al respirar
  15. Placebo: Julien, Broken promise
  16. Methods of mayhem: Metamorphosis
  17. El columpio asesino: Toro

El  inspector protagonista Ramiro Sancho y  Armando Lopategui quizá sean los personajes más ricos en matices; pero no pasan por alto el comisario enfermo Antonio Mejía, el asesino en serie Augusto Ledesma, el exinspector Jesús Bragado y la doctora en psicolingüística Martina Corvo. La violencia límite (amputaciones de párpados y tabique nasal) no es muy de mi agrado, pero el juego de  identidades que fluctúa entre el camuflaje y el desdoblamiento, sí.

Carapocha, alias por el que se conoce al criminalista, será el encargado de distinguir los dos grandes grupos de asesinos en serie desde el punto de vista de su imputabilidad (y por tanto encarcelables o no): el de los enfermos mentales, subdivisible a su vez en: incapaces de conectar con la realidad (psicóticos, esquizofrénicos y paranoicos), oligofrénicos (con una insuficiencia intelectual) o neuróticos (con reacciones anómalas ante determinadas situaciones). Y los psicópatas o sociópatas, categoría en la que se incluye a los que padecen un trastorno grave de la conducta que no les impide darse cuenta de lo que es correcto o no, por lo que se les puede imponer una pena de cárcel.

Me encanta el lenguaje sentencioso, por lo que me ha parecido una delicia recordar o conocer frases memorables de nuestro refranero o de otras fuentes -literarias o no- (latinismos, letras de canciones, etc.), la mayoría de las veces en boca de Sancho, que tanto  nos recuerda por eso mismo al personaje homónimo más famoso de la literatura, el escudero cervantino. Como muestra:

  • La esperanza es la hija la paciencia
  • Talento y talante se conjugan con tiento y aguante
  • De  músico, poeta y loco todos tenemos un poco.
  • El poco hablar es oro y el mucho es lodo
  • Haragán y gorrón parecen dos cosas, una son
  • Como canta el abad, responde el sacristán
  • A casa quemada no acudas con agua
  • Dum spiro spero = Mientras que respiro, espero
  • Fortuna iuvat audaces = La fortuna sonríe a los audaces
  • Las sentencias del Padre Ramiro Sancho, que podrían ser la de los padres de cualquiera de nosotros: “Uno no se da cuenta de todo lo que pierde hasta que lo pierde todo”,  “los defectos de una persona se intensifican en la memoria de la persona que la espera”
  • En la piel de una gota mis alas volvieron rotas (Héroes del Silencio)
  • Séneca: “Fata volentem ducunt, nolentem trahunt” = El destino conduce al que se somete y arrastra al que se resiste.
  • Schopenhauer: “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros quien las jugamos”
  • Jung: El hombre sano no tortura a otros, el torturado sí puede, todo sea torturar a otros.
  • Del psicólogo criminalista –partícipe  en la confrontación dialéctica, con el inspector— proceden diversas máximas: “La desorientación es consecuencia de la angustia, pero es siempre pasajero. Sin embargo, la angustia nace del miedo”, “El sentimiento de culpabilidad es inherente al pasado, no es más que una reacción defensiva de nuestro subconsciente para evitar afrontar el presente. Es una forma de esconderse en uno mismo”
  • A Noel Clarassó (guionista fallecido en 1985) atribuye: “Es preferible callar y pasar por tonto que abrir la boca y demostrarlo”
  • Orestes: “Sin gato el ratón es libre”

Cada capítulo se encabeza con una clave de Fa, un título formado por un verso u oración sugerente cuya elección se explica dentro del relato por las palabras de alguno de los personajes (“No te fíes de los gusanos, siempre están hambrientos”) y unas precisiones horarias y espaciales que aclaran la ubicación de cada escena, así como la hora exacta y el día en que se producen. De esta manera sabemos que el tiempo interno de la acción transcurre entre el 31 de octubre de 2010 y el 22 de marzo de 2011; y que los hechos suceden en diferentes lugares de Valladolid (barrios, comisaría, bares, casas…), si bien se mencionan otros sitios de Estados Unidos, Alemania, Rusia e Italia; y se produce un flash back al 22 del mazo de 1988 en el capítulo titulado Hacia una fosa común. En este capítulo el narrador hace un despliegue de marcas de puros (en otros se multiplican las marcas alcohol, en concreto, de vodka y whisky) y las sensaciones que evocan con un léxico preciso y unos excelentes recursos literarios que involucran a nuestros sentidos (olfato, tacto, gusto…) con una capacidad de observación inaudita: el momento del encendido era como desnudar a una mujer, requería pausa y ternura.

Su lenguaje es versátil. Domina todo los registros. Informa del origen de algunos términos yendo a su etimología: “gorrón” (por la vestimenta de los estudiantes sin blanca), “por fas o por nefás” en el sentido de “por suerte o por desgracia”, procedentes por apócope del fastos y nefastos del calendario romano. Muy divertidos son los ácidos comentarios y las puyas protagonizadas por Ramiro Santos y Carapocha. Los diálogos entre la profesora de literatura y el comisario o entre éste y el criminólogo son un prodigio de sobreentendidos, humor y pullas: “Hombre refranero, maricón o pordiosero” es una de las invectivas que le dedica ella. En ocasiones, resulta endemoniadamente realista; así, la indisposición del inspector, tras pasar la noche con Martina, cede a los símiles coloquiales: “la contempló con la misma indiferencia con la que las vacas miran pasar el tren”. En otras el lenguaje literario está plagado de pequeñas alegorías humorísticas y plásticas:

  • Hipérboles: “Nosotros lo aprendimos en un recibí y ellos, para decir col se recorren toda la huerta”.
  • Símiles: “Uno es más de campo que la madriguera del conejo”.
  • Brillantes metáforas como la del narrador omnisciente para mostrarnos los preparativos de una investigación de quien antes echa un trago: “En la urna de cristal, sobre los tres pilares de hielo, vertió cuatro segundos de sabiduría. Dejó que el frío envolviera los conocimientos ancestrales antes de instruirse de un trago”

Su ritmo frenético se acelera o ralentiza, con la misma precisión con la que opera un cirujano con su bisturí. Se suceden momentos clímax (maltrato, alfileres, caja de música…) y fragmentos cuya exactitud milimétrica espantan, como por ejemplo, en la descripción fisionómica de un posible asesino (arco superciliar, prognatismo…), o a la hora de mostrar la agonía de un desdichado o el rigor mortis (mascarilla equimótica cérvicofacial, bajo nivel glucógeno de adrenalina, Signo de Steron Louis, etc.). Si una vez la descripción detallada de los angustiosos momentos de una asfixia se perfila con una sencillez abrumadora, en otras ocasiones abundan los tecnicismos médicos (prosopagnosia, hipoxia, etc.).

Por último, lo que resultaba imprevisible durante la investigación al final de la novela se va intuyendo sin que por eso deje de ser interesante llegar hasta el punto definitivo, como si la infalible fórmula de las tres “pes” hubiesen hecho mella en nosotros: “planificación, procedimiento y perseverancia”. El único pero que le pondría es que no haya transcrito en notas a pie de página las letras de las canciones en inglés o alemán.

Una obra magnífica de la que aprender, que conmociona y que entretiene.

PARA SABER MÁS:

http://www.elnortedecastilla.es/valladolid/memento-mori-nueva-20180110103352-nt.html

 

LOS LIBROS LUCIÉRNAGA

Los libros luciérnaga de Leticia Sánchez Ruiz es una de esas novelas que se lee del tirón, y no tanto por su estilo literario (aunque también, a pesar de algunos errores) como por su trama, en la que se entrecruzan dos historias principales —y alguna más secundaria— separadas por 50 años.

Medio siglo antes, una biblioteca arde en mitad de la noche; medio siglo después, un personaje peculiar, emprendedor, alocado, fugitivo y bohemio, llamado Ulises Font, intenta investigar sobre ese pasado al tiempo que retoma unos lazos familiares perdidos treinta años atrás por razones equivocadas. Su hermano, el librero, que vive junto a su atractiva mujer y a su hijo, un tanto raro e insociable, parece apocado, pero supo sacrificarse como pocos, hasta el punto de que ha preferido perder el aprecio de uno de sus seres más queridos que admitir que lo que hizo fue hecho por el bien de quien le desprecia.

La Vieja Ciudad en que se desarrolla gran parte de la novela puede ser cualquier ciudad. Y en otro lugar, una muchacha escribe maravillosos relatos mientras se deja someter a la opinión de su pareja y maestro, que de alguna forma abusa intelectual y emocionalmente de ella. Además, un joven se reencuentra con su pasado y acaba por entender su presente al acudir al entierro de su abuela.

Esas historias, aparentemente independientes, se van entrelazando al correr de la trama, al descubrir los personajes que hay algo enigmático y remoto que les concierne y que no conocen todo aquello de lo que descienden. Por eso, esta novela acaba enseñándonos que las raíces de una persona inducen a un amor a largo plazo, lo mismo que la rareza de un libro puede llegar a provocar un amor de coleccionista.

Desde el primer momento, nos hacemos preguntas acerca de qué relaciona a unos con otros, pero solo hallamos extraños enigmas sobre los que conjeturar cómo resolver todos los hilos de esta trama, al tiempo que nos enamoramos de alguno de esos personajes.

Y una idea se repite: los libros, igual que las personas, tienen su encanto especial, muchas veces no por lo obvio sino por sus excentricidades. La metáfora que da título a la novela, y que recojo abajo como una de sus citas, resulta muy plástica y hermosa.

Libros luciérnaga

CITAS:

  • Los años no pasan solo por las personas, sino también por las ciudades. Solo que a las personas las hacen ancianas, y a las ciudades las rejuvenecen.
  • En ella vivían los caciques de antes y siguen viviendo los caciques de ahora. La vida es redonda como un maldito melocotón (pensamiento de Ulises en relación a una enorme casa, sede ahora del Banco de España).
  • Hay amores que son como un relámpago.
  • A la felicidad no se le deben (de) buscar motivos.
  • Y mi abuela se quedó junto a la puerta diciéndonos adiós con la mano mientras el coche se alejaba y su imagen por la ventana trasera iba quedando minúscula, como un puntito negro que marca el fin de un párrafo.
  • Los libros son como las personas, también se les quiere por sus rarezas.
  • A veces pienso que la curiosidad es uno de los motivos que nos permite seguir viviendo. Cuando la vida se pone muy jodida, uno no se revienta las sienes de un tiro únicamente por cobardía, también porque siente curiosidad de cómo van a acabar las cosas. Esa necesidad de leer hasta la última página.
  • La música era el artefacto que todos los pueblos del mundo usaban para acercarse a Dios, o como quisiesen llamarlo (…). Y a través de la música consiguen verlo. Con la música se escriben los signos para que se inflamen los corazones y la gente sienta que está junta, que pertenece a una patria. Con la música se duerme a los niños que sin palabras entienden y la música tararean los condenados para ahuyentar la tristeza. La música, que es una fuerza aún más poderosa que las palabras, encriptadas en idiomas de ortografías. Para entender la música solo basta estar vivo y no ser sordo.
  • En el amor, como en la guerra, nunca hay que desconfiar de un adversario pobre. Son los que consiguen desarmarte sin que te des cuenta. Porque su táctica es la guerrilla, ese goteo de ataques pequeños y constantes.
  • En un libro nada se echa a suertes. Ni siquiera los nombres de los personajes. Se llaman así por algún motivo, aunque las razones estén ocultas para el lector. Es uno de los hilos invisibles que el escritor va tejiendo.
  • Porque al miedo solo lo expulsa el terror (…). Que al abandono solo lo expulsa el olvido. Que a la decepción solo la expulsa el odio.
  • Con los años se había establecido una división casi perfecta: hay mujeres que abren las piernas como provocación, y las hay que las abren como refugio. Lucía pertenece a la segunda categoría, es a la que no pertenecían Marlene Dietrich, ni Anaís Nin.
  • El exceso no nos lleva a la sabiduría como decía el amigo William Blake (…) nos lleva únicamente a la fatiga. Un escritor excesivo siempre es un mentiroso.
  • De Nabokov y su Habla, memoria: La cuna se balancea sobre un abismo y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas.
  • De Paul Auster y la Ciudad de Cristal: Todo empezó por un número equivocado, el teléfono sonó tres veces en mitad de la noche y la voz al otro lado pregunto por alguien que no era él.
  • No le gustaba ir al grano. Siempre consideró las preguntas directas poco ventajosas porque se perdía más información de la que se ganaba. Las personas confesamos las cosas importantes sin darnos cuenta, hablando de cualquier otra cuestión, cuando no nos sentimos acosados. Pero con los adolescentes era distinto. Ellos aún no entendían los laberintos del ser humano. Ni siquiera los que ellos mismos llevaban dentro. Todo querían hacerlo muy deprisa y así había que tratarlos.
  • Cuando Lucía no sabía qué escribir, escribía las palabras de otros. Pero no lo hacía sobre los papeles, no fuera que algún día no soportara la tentación y cogiera prestada alguna que otra idea, aunque fuera sin querer. A veces asimilamos tanto lo que otros dicen que acabamos tomándolo como nuestro.
  • Pian era como la miel en los labios y la guindilla en la lengua: era látigo y cura, cuchilla y algodón, pistola y escudo.
  • Algún día escribirás tu libro luciérnaga. (…) todos guardamos en nuestro interior un libro luciérnaga. Algunos, los que tienen el privilegio o la paciencia de poder escribir, logran sacarlo. El resto, guardan para siempre la historia dentro de ellos. Pero aunque nunca se cuente, sigue brillando allí escondida. Muy pocos tienen las armas suficientes para sacar a la luz esa historia. Un libro luciérnaga es el que todos llevamos oculto en nuestras entrañas, y dentro nos continúa centelleando.
  • No es fácil que alguien a quien apenas conocemos nos cuente cosas que ignoramos sobre los seres que creemos más cercanos. Nos hiere el orgullo. Nos preguntamos por qué no confiaron en nosotros para contárnoslas o, simplemente, cuál fue el motivo por el que nunca nos interesamos.
  • Cuando uno llega a cierta edad no está para que le trastoquen la vida.
  • Entonces no sigo hablando. Es muy pesado que alguien vuelva a contarte una historia que ya has oído. En la vida hay demasiadas cosas que decir, como para caer en la repetición.
  • Padre decía que los libros luciérnaga son los que sobreviven. Los que flotan en una inundación, los que quedan después de una catástrofe, los que resisten a una guerra, a un expolio, a un derrumbe, a la mano de un censor…, a cualquier cosa. Dices que te gusta su nombre, pero realmente proviene de algo terrible.
  • Las palabras también son hogar. Pero no soporto los idiomas que me reducen para hablar con unos pocos. Me gustan las lenguas con las que puedas hablar con todo un continente. Si conoces el español puedes comunicarte con toda Latinoamérica, el francés con casi toda África y el inglés con casi todo el mundo. Pero, no te creas, tampoco soy defensor de ninguno de estos idiomas. La verdad es, y te lo digo en serio, que sufrí una gran decepción con el fracaso del esperanto. La verdadera maldición de la Biblia fue la de la torre de Babel, no la de expulsarnos del Edén, que para crearse paraísos propios  se inventaron los humanos.
  • Todos tenemos un pasado, pero no solemos darnos cuenta de que también somos el pasado de otros. No hay que alterar la barrera del tiempo.
  • Como decía Einstein (…), todos somos ignorantes, lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas. Hablar es la mejor forma de entender, Mundo. Unos te contarán cosas sobre las constelaciones, otros sobre los enigmas de Egipto o sobre la mejor forma de ordenar una vaca. Muchas veces aprendes más escuchando que leyendo. Las personas son la mejor biblioteca de la Historia.
  • Referido a lo que es un libro luciérnaga también: es el que siempre permanece dentro de ti. El que tiene escrita frases que a veces se te vienen a la mente y que de alguna forma no te abandona. El que nunca olvidas y te marca. Esa lucecita que eres brillando en la oscuridad cuando ya no ves nada.
  • Nada es al azar en un libro. Ni siquiera los nombres. El escritor es un dios muy controlador. No hay nada que se escapa a sus sentidos. Ni una hoja que descienda del árbol antes de que llegue el otoño ni un pie que se meta en un charco por descuido. Todo pasa por algún motivo.
  • Chaval, escarba en tu memoria. De niños vemos cosas que no sabemos relacionar.
  • También dice Borges (para quien los hombres y los astros vuelven cíclicamente): Al principio todo escritor es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad.
  • Un buen abrillantador jamás dejaría ver una de sus piezas hasta que estuviera reluciente.
  • Fue creciendo con esa mezcla justa que tienen los hombres con talento: con una combinación de hosquedad, sensibilidad y fervor (referido al personaje de Pian).

TANTEOS Y… ¿TONTEOS?

Club de lectura

Tras una primera inmersión en el género narrativo, que como es de imaginar ha recibido críticas variopintas (desde un “Magistral” que me elevó la autoestima a un “Con unos cambios aquí y allá puedes hacer de esta obra primeriza una novela digna” que me chafó un poco) y de la que no digo más por estar presentada a concurso, comienzo una nueva andadura (¿o no?).

Todo ocurrió por casualidad. Me llegó la publicidad de un club de lectura y el Premio Café Madrid para proyectos de novela, y decidí tirarme a la piscina (sin darme tiempo a secar del chapuzón anterior) y participar con el “chasis” de una nueva novela.

Si queréis leerlo, se halla en: https://clubdeescritura.com/convocatoria/premio-cafe-madrid-proyectos-novela/leer/1132999/el-camarero-de-el-gato-que-ladra/.

Comienzo con los previsibles primeros capítulos y luego dejo constancia de su sinopsis, quizá un tanto ambiciosa, pero por intención que no quede… Si he de darme de narices con la realidad después, ya habrá tiempo.

DÓNDE VAS Y QUIÉN TE CREES QUE ERES

 

El libro Dónde crees que vas y quién te crees que eres de Benjamín Prado está protagonizado por un gran lector al que los personajes le suelen enseñar que siempre hay una salida. Esta novela parte de un supuesto libro de un tal Stevenson (nombre ficticio y simbólico) cuyo título es precisamente el que le da nombre. Así, Dónde crees que vas y quién te crees que eres2 cae en manos del narrador protagonista, quien se autodescribe como una persona a la que ni le gusta disparar ni ser la diana y quien se halla entristecido por la muerte de su padre (tras la cual su familia queda rota: con su madre y él por una parte y su hermana Norma, totalmente encerrada en sí misma y traumatizada no sabemos si por la muerte del padre o porque ya era así, por otra).

Además de lo relatado en las dos novelas a las que alude, intermitentemente enlaza con la historia del narrador: niño lector al que le llaman yo-me-lo-guiso-y-yo-me-lo-como unos bravucones (graciosas serían las descripciones socarronas y los diálogos de besugos de José Caymán, Anzuelo y Quebrantadientes -si no fuera por representar a unos acosadores- cuando molestan al protagonista). De ahí surgen estas reflexiones:

“Ojalá uno pudiese utilizar el hecho de haber leído un libro de Baroja en la mitad de una pelea a puñetazos, pero no puede. Así que llega un momento en el que la gente como yo acepta que este mundo está hecho de la siguiente forma: o perteneces al grupo de los que dan miedo o perteneces al grupo de los que están asustados (…) puede que en el fondo esto de los libros sea una manera de llenar todos los huecos que va dejando ese miedo en tu autoestima; una manera de decirte algo así como: intenta estar al mismo tiempo debajo de los más brutos y encima de los más tontos”.

Mientras lo que escribe sobre su propia historia el narrador-protagonista aparece en negro, lo que lee de la apócrifa novela homónima aparece escrito en azul y trata de un niño de 15 años que se haya en Tailandia y con el que tiene muchos puntos en común. Y es que los libros nos influyen, nos cambian, nos aventuran a otra vida o al territorio de los sueños en que personaje y lector se identifican. Además, Stevenson tiene un amigo -Romeo Portugal-, que viene a ser como su Huckleberry Finn. Por algo se nos dice: “Todo el mundo es alguna vez en la vida Oliver Twist y alguna otra Robin Hood”, de manera que la mayoría de las personas termina por parecerse de una manera u otra a nuestros libros: “A todo el mundo le tratan alguna vez en su vida como si fuese un soldado de plomo con una pierna rota.”

Esta obra nos recuerda a las mágicas novelas que se desarrollan dentro de otras novelas que a su vez se desarrollan dentro de otras novelas y así sucesivamente. Me viene a la cabeza Si una tarde de invierno un viajero de Italo Calvino. Y a las colecciones de cuentos o novelas-marco al estilo del Decamerón, Los cuentos de Canterbury o El conde Lucanor.

En ella se hace un homenaje a Las aventuras de Tom Sawyer, a Moby Dick y a muchas otras obras, pero sobre todo se rinde tributo a La sirenita de Hans Christian Andersen, Las aventuras de Oliver Twist de Charles Dickens e Ivánhoe de Walter Scott (y también, ¡cómo no?, a Patti Smith y Bob Dylan). Su presunta relación y los finales alternativos de estas producciones forman la trama de la supuesta novela de Turpín que Stevenson -especie de alter ego del narrador protagonista y, posiblemente, del autor- recoge en el libro titulado igual que esta novela metaliteraria de Benjamín Prado. Si este a través de ella rinde homenaje a multitud de obras anteriores del género de aventuras, al tiempo riza el rizo al inventarse otra novela que lee el segundo lector: La puerta de las tres cerraduras de Alberto Turpín (del que  se nos presenta como real sin necesidad de serlo La bahía del tiburón azul) y cuyas palabras aparecen en rojo en los capítulos o secuencias azules y nos da a conocer una realidad variopinta que contraviene los finales de las obras de Dickens, Scott y Andersen.

Metaficcion. Letralia

 

La metaficción es un término complejo que puede aludir a obras que contienen su propio proceso de construcción –Un soneto me manda hacer Violante de Lope-, a textos literarios engarzados unos en otros u a obras en que ficción y realidad se enmarañan o en las que, incluso, irrumpe el autor entre los personajes: recuerdo un poema que leí una vez. Y, estaba en un libro que se titulaba Cobijo contra la tormenta y lo había escrito un hombre llamado Benjamín Prado. Y, el poema trataba de Janis Joplin, en él había un verso de Lou Reed: “en nuestros sueños comienzan nuestras responsabilidades”.

El narrador protagonista, por otro lado, se nos acerca y nos habla como si cada uno de nosotros, lectores, fuéramos su directo interlocutor. Para transmitirnos la importancia de la verosimilitud y la relatividad de la verdad en el campo literario, porque un escritor no es más que un lazarillo que te guía por el mundo de las letras, a veces más profundo que el mundo de la realidad y del que debes fiarte con los ojos cerrados. Un escritor se confiesa en todo aquello en lo que escribe aunque no sea autobiográfico. Porque inventar una historia no es mentir, “lo que importa es que sea verdad MIENTRAS estás leyendo”.

Los lectores a través de los dos personajes nos involucramos en los sueños de Alberto Turpín ante el que el narrador protagonista y Stevenson se convierten en una misma persona, “seguramente no hay nada que te pueda acercar tanto a alguien como el deseo de haber estado en el mismo sitio del que él salió para poder acabar en el mismo sitio al que él ha llegado”.

El lector debe ser crédulo en un sentido positivo: “uno solo puede leer La guerra de los mundos si está dispuesto a creer en los marcianos”, y si “partes de la base de que es imposible coger trozos de varios muertos para crear un monstruo vivo, lo mejor que puedes hacer es tirar tu edición de Frankenstein a la basura”. Que Spender y Jensen sean unos estudiosos ficticios o no para nada elimina la lección: la envidia perjudica tantísimo como la complicidad y la colaboración podrían beneficiar.

La literatura pone a nuestro alcance secretos de una envergadura descomunal, pese a que los padres suelen contraponerla al mundo real: “mira, voy a decirte algo: cuando cierras uno de esos libros aparece todo lo demás. ¿Lo comprendes? Aparece un mundo en el que hay mucha más gente que oportunidades, en el que necesita ser más rápido que el hombre que corre junto a ti para no quedarte sin nada”.

Y para evitar problemas de comprensión, la tipografía cobra un gran papel en esta novela (mayúsculas, cursivas, palabras encadenadas separadas por un guión y relatos de diferentes personajes en distinto color). Y la lectura se convierte en una trampa que hay que saber desentrañar:

“La verdad es que empezaba a perderme, de manera que supongo que a ustedes tal vez les pasa lo mismo. Veamos: estaba leyendo un libro llamado Dónde crees que vas y quién te crees que eres, escrito por alguien llamado Stevenson pero que no era Robert Louis Stevenson, alguien que se dirigía todo el tiempo a MÍ para contarme la historia de cómo estaba leyendo un libro escrito por Alberto Turpín titulado *La puerta de las tres cerraduras, donde Alberto Turpín le hablaba a ÉL. Y al final de todo eso parecía haber un terrible secreto que Alberto Turpín estaba a punto de contar a Stevenson y que Stevenson estaba a punto de contarme a mí. Bueno, no me dirán que no era un buen rompecabezas”.

*OJO: No confundir con La puerta de los tres cerrojos de Sonia Fernández Vidal.

En definitiva, Benjamín Prado es un maestro del arte de mantenernos intrigados y ensaya con nosotros esos trucos de buen escritor que precisamente Stevenson utiliza con Romeo: “contar solo una parte de cada cosa, dosificar el suspense, esconder un poco de todo lo que enseñas…”. Y uno sale de una lectura y de esta en particular hecho más persona (cediendo a un lenguaje arcaico, retrogrado y machista podríamos hacer la analogía con cuando uno iba a la mili y salía hecho un hombre), con ganas renovadas “de ser de nuevo tú mismo, después de haberte atrevido a ser otro”, aunque has de ser fuerte  porque también se produce ciertas pérdidas, como cuando al despertar: “recuperas las cosas que tenías pero pierdes las cosas con las que has soñado. O sea, como esos exploradores que para no ahogarse dejan caer todo su oro al fondo del río”.

Lo único que me ha cansado un poco de estupor es el curioso tatuaje con que habrá de reconocer la mujer de la vida de Turpín a quien la llegue con noticias de su muerte; ya sé que no tiene nada que ver con la maldita provocación contra los adolescentes que corre o ha corrido por las redes con retos que nunca nadie debería hacer, pero es un borrón –si puede llamarse así por asociación de ideas- del que en 1996 Benjamín Prado ni siquiera podría tener noticia 20 años antes de que sucediera. Una vez más la vida supera a la ficción.

Y pongo punto final, que es como hacer diana si eres un buen tirador o lanzar una flecha o una bala y no dar en el clavo si careces de puntería. Dejo al criterio de los lectores si acierto o fallo.

Y nuevamente yo, aficionada las citas, no puedo dejar de resaltar algunas de las que leo en esta novela:

  • Un sentimiento puede ser algo tan real como unas tenazas.
  • Tal vez solo te metas en el mundo de las novelas cuando no eres lo suficientemente fuerte como para sobrevivir en el mundo real.
  • Puede que en el fondo haya que ser más fuerte para admitir que te gusta la poesía de Lorca que para echarle a tus amigos una de esas carreras de A-ver-quién-la-tiene-más-grande (respuesta del padre).
  • Cuando intentas salir de un sótano no te gusta que se acabe la escalera.

 

PARA SABER MÁS:

 

 

LADRONES DE SUEÑOS

 

       Alfonso Mateo-Sagasta

Es Ladrones de tinta, de Alfonso Mateo-Sagasta, un libro peculiar, en el que el narrador protagonista Isidoro Montemayor relata al modo picaresco (especie de extensa carta dirigida a alguien, vocabulario rufianesco, intento de medro personal, pobreza y mezquindad de la población, etc.) las vicisitudes por las que pasa al intentar aclarar el caso, que no es otro que dar con el autor que se esconde tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Para Francisco Robles, editor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y jefe de Montemayor, el Quijote apócrifo supone un atentado contra su negocio, ya que lleva una década insistiendo a Cervantes para que le entregue la segunda parte.

Todo son conjeturas sobre quién fue Avellaneda: ¿pudo ser Blanco de Paz, enemigo de Cervantes, incitado y pagado por el editor?; ¿Argensola?, ¿Lope de Vega, el éxito de cuyas obras, según las directrices de su Arte nuevo de hacer comedias, impedía el de las de Cervantes, más clásicas?

Montemayor es un joven dispuesto y que aspira a ser reconocido como hidalgo, que trabaja como encargado de un garito propiedad de Robles al tiempo que de gacetillero (especie de antiguo oficio periodístico en que se mezclaban noticias y chismorreos). Con él paseamos por el Madrid del siglo XVII, exactamente en 1614, con lo que nos da testimonio de los usos y abusos de esa época:

  • órdenes militares (Calatrava, Santiago, Alcántara, San Juan),
  • codicia y trampas en el juego,
  • compra de títulos nobiliarios (el oro compra el “don” y hace caballeros, recordad: “ducados hacen ducados”),
  • busconas al acecho de un partido y terceras remienda-virgos siguiendo la tradición de Celestina,
  • venganzas por celos,
  • crueldad de la justicia y en general: intento de capar a un enano, de cegar a los propios hijos, de que ejecuten a inocentes…,
  • aguas fecales que sobrevuelan las cabezas,
  • sangrías con que pensaban que la sangre de algunos pacientes se renovaría,
  • dos de los insultos más graves a ojos de la Inquisición (bujarrón y cornudo),
  • las tertulias literarias y los encendidos partidarios de unos u otros (de Lope, de Góngora, de Cervantes…),
  • el arduo trabajo de los cómicos (cazuela, mosqueteros, aplausos comprados, corral de comedias),
  • los sobornos para obtener la hidalguía, etc.

No solo el humor tiene cabida en la obra (hemorroides), sino una ingente documentación histórico-política y literaria de gran valor. Así se recrean las intrigas palaciegas, los débitos literarios y las relaciones entre unos y otros: Lemos-Cervantes, Osuna-Lope (para quien debe escribir una Historia de los Girones que desmienta la deslealtad al rey) y Osuna-Quevedo (su secretario); Andrés de Almansa, el paladín de Góngora; el Marqués de Hornacho, el del truco de la cabeza parlante (broma que sufren los personajes de Cervantes en su segunda parte), entre otros. Además, la novela se hace eco de las grandes obras de la literatura española: Viaje al Parnaso, el Entremés de los  romances, El vergonzoso en palacio, La verdad sospechosa…; y de otros autores importantes como Luis Vélez de Guevara (este apellido en realidad por de Santander), e insiste en que hay segundas partes tan buenas como las primeras: Guzmán de Alfarache –de El Buscón– de Quevedo o  Jerónimo de Pasamonte, seguidor de Lope.

Ciertas concesiones al protagonista, lector impenitente de los versos de Garcilaso (del que arranca una hoja para que pueda ser reconocido el bebé entregado en el Loreto), al que se muestra como el que le da la idea Lope para escribir su Fuente Ovejuna o como el autor de una máxima que se atribuye a Quevedo nos hacen partícipes de diversos juegos literarios, lo mismo que el del anagrama para confundir al lector y mantener en suspenso el desenlace.

A este mismo protagonista, Isidoro de Montemayor, en El gabinete de las maravillas, Alfonso Mateo-Sagasta hará investigar el asesinato del archivero del marqués de Hornacho; y en la tercera novela del ciclo, El reino de los hombres sin amor, se verá envuelto en una nueva trama en que deberá enfrentarse a toda clase de peligros (codicia, contrabando, corrupción y asesinato) en la corte española del siglo XVII y sus secretos de Estado.

Los hechos mantienen la intriga y se suceden en poco más de veinte días. La historia se cuenta en cuatro partes tituladas:

  • Arte bene moriendi,
  • Más lengua que manos,
  • Las sombras del hidalgo y
  • Ladrones de tinta.

Es de agradecer en Ladrones de tinta la brevedad de los capítulos, dada la riqueza del vocabulario que da pie a densos párrafos cultistas y la precisión en la indumentaria de época (golas, herreruelo, valones, jubón, librea) junto al lenguaje de germanías, las expresiones coloquiales y los términos anticuados o en desuso muchos en cursiva, como por ejemplo: cierto (cómplice para realizar trampas en los juegos de cartas), levantes (soldados asignados a las zonas orientales del Imperio). También deja constancia la novela de la evolución lingüística (lienzo por pañuelo) y de la creatividad idiomática: Brandebarbarón de Boliche significa algo así como “espadachín del garito”, insulto inventado de etimología complicada.

Algunas citas para el recuerdo son:

  • Infame profesión cuya opulencia pasa por la desgracia de los demás (referencia a los médicos).
  • Prefiero el combate cuando el contrario es de talla, si no ¿qué mérito tiene la victoria?
  • Osuna es consciente de lo importante que es el apoyo popular y lo busca (…). La legitimidad que es, en muchos casos, cuestión de propaganda, y en ese sentido el Quijote le interesa porque es un libro bastante conocido. Si Osuna decide que su contenido le perjudica, el camino más fácil para hundirlo es desprestigiar a su autor
  • ¿Hay alguien capaz de predecir por dónde se acabará desbordando rencor? 
  • En una mesa jugaba don Rodrigo Calderón, marqués de Sieteiglesias, secretario del duque de Lerma. Un poco más allá el duque de Sessa compartía mesa con don Diego Gómez de Sandoval, conde de Saldaña, segundo hijo del duque de Lerma, y con su esposa doña Luisa Hurtado de Mendoza. En otra, don Bernardino de Velasco, conde de Salazar, aquel a quien el rey encargó la expulsión de los moriscos, jugaba con el jovencísimo marqués de Peñafiel, hijo del duque de Osuna y prometido de la hija del de Uceda, primogénito de Lerma (todo queda en casa o Dios los cría y ellos se juntan).
  • No se puede tener en el servicio a personas que conocen tus debilidades.
  • Había descubierto cierta grandeza en eso de ser el blanco de envidia de otros (alusión a Cervantes / Avellaneda).

Ladrones de tinta

PARA SABER MÁS:

https://avilared.com/not/11439/mateo-sagasta-y-sus-historias-con-isidoro-montemayor

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