LA EDAD DE LA IRA

Esta novela de Fernando J. López es una pequeña obra maestra. La edad de la ira indaga en temas como el racismo, el bullying, la identidad sexual… Y se hace eco de otros como el de la pederastia, la exclusión social, los celos entre amigos o los prejuicios sobre las malas compañías.

En ella se procede a la investigación de un crimen inaudito. Un periodista, Santiago, investiga cómo pudo suceder que un adolescente (recientemente huérfano de madre), Marcos, acabara presuntamente con la vida de su estricto padre y de un hermano. Durante la investigación se planea en el mundo de los jóvenes (sus amistades, sus dudas, sus amores, sus rencores, las culpas compartidas, los primeros amores…) y en el de sus profesores del Darío, un instituto de la capital.

Cuando tiene lugar el suceso, nadie puede dar crédito a lo que ha pasado, nadie lo previó ni hizo nada por evitarlo. Porque, si bien Marcos había rayado en dos ocasiones el coche de un profesor, todos reconocen que huía de cualquier pelea y suponen que solo una buena razón lo explicaría. La jefa de estudios, su actual tutor, su tutora del curso precedente, la orientadora, el camarero del bar del  centro de estudios… van definiendo las líneas con que nos hacemos una idea del chico (en la mayoría de los casos a través de mensajes o cartas al periodista investigador, pocas veces en conversaciones), opiniones que a su vez sirven para que nos hagamos una idea de sus propias vidas -muerte de un ser querido, homosexualidad, divorcio, vocación o no- y para humanizar y criticar (según los casos) ese oficio tan ingrato y arduo como maravilloso y regenerador que es el de los profesores.

También sus compañeros y amigos son preguntados acerca de él, pero solo sus íntimos (Raúl y Sandra), así como los padres de estos, seguirán defendiendo su inocencia con uñas y dientes. Sin embargo la tipografía se aferra a las apariencias desde el principio, ya que la novela parte de un trabajo para literatura escrito por el presunto asesino con una máquina de escribir (arma de uno de los crímenes).

Tras el penúltimo capítulo, en el que el escrito de Sandra, su mejor amiga y la primera persona a la que llamó después del asesinato, deja multitud de interrogantes acerca de su culpabilidad, Santiago escribe el último, titulado Fe de erratas (los otros llevan el nombre de días de la semana). Aquí, agotado el tiempo para publicar su reportaje novelado sobre el caso, se deja asaltar por multitud de preguntas sin respuesta, de conjeturas y de posibles explicaciones: ¿Dónde están los límites de cada cual? ¿Y después qué? ¿En una sociedad iracunda, la ira de cualquier persona no es casi un mero reflejo de la de la realidad?

Y yo añado: ¿indirectamente, no fue Eduardo (implicado en el otro gravísimo caso que casi a la par se descubre) también culpable de lo que ocurrió?

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PRESENTIMIENTOS. LO QUE ESCONDE UN NOMBRE

Fui la primera persona a la que firmó Presentimientos en las Caballerizas de la Magdalena de Santander tras su charla el verano de 2008. Le prometí una opinión y, en seguida lo cumplí sin suerte (copié mal su e-mail, supongo).

Ahora recuerdo aquel episodio y recojo las líneas que entonces escribí. Este libro me fue gustando in crescendo. Al principio me resultaba previsible, dado que sabía en líneas generales de qué trataba (no sólo por la propia exposición de su autora, sino también por lo que había leído en prensa, y en ambos casos me había sentido atraída). Luego entré en el juego del perspectivismo, en cómo Félix y Julia vivían distintos acontecimientos a partir de idénticos elementos de enlace y en tiempos paralelos (el anillo y la tarta, la casa de los 30.000 euros, roces, olores, voces, esos ángeles que vinculan la realidad y lo onírico). Como siempre me han interesado los anclajes del pensamiento y los sentimientos, me agradó la gran sencillez con que indaga en ellos, en la conexión entre esos mundos y en lo más íntimo e inaudito que esconde cada cual.

Me gustaron especialmente:

  • Sus símiles, nada rimbombantes y sí sugerentes
  • Lo sucinto pero relevante de las etopeyas de tus personajes protagonistas, e incluso de los secundarios (padre de Félix, Abel).
  • La plasmación de cómo los dolores del alma buscan desconocidos con que explayarse para sanarlos.
  • La Psicología natural y no de manual esotérico, como las difíciles relaciones padres-hijos o entre amantes: por ejemplo, las de Félix con su padre, o las de Julia con su madre y con Marcus.
  • La investigación objetiva -casi detectivesca de asegurador- de Félix, cuando se ve obligado a analizar a su esposa para sacarla de su estado.
  • Lo provisional de la existencia y la necesidad tanto de un hogar en sentido amplio como de armonía para sobrevivir.
  • Que los sueños no son gratuitos.
  • Lo imprevisto del desenamorarse (al ver cómo realmente es Julia y desagradarle).
  • Las circunstancias que nos empujan y limitan, que nos hacen dar palos de ciego para llegar a donde deseamos.
  • Las transformaciones como por ósmosis o influjo del ambiente (madre de Julia-Margaret).
  • La mente como una central eléctrica y los recuerdos como interruptores que encienden posibilidades nuevas.
  • El diálogo-interrogatorio entre Óscar, Nacho y Julia. Aunque no me encajaba que Nacho dijese que le había dado él el euro cuando había sido Óscar (p. 153 de mi edición de Alfaguara, ¿lo vio desde un monitor o una cristalera o es que se lo había mandado él?), puesta a buscar gazapos como en las películas…
  • Lo misterioso hasta de lo evidente: el amor como reacción química que nos hace perder el norte, la objetividad, que tiene un precio; la atracción natural de algunas personas, la tragedia en medio de un día azul (muy machadiano por cierto), el control de la información, la relatividad del tiempo, los sueños arquetípicos de huida y persecución, lo oculto tras lo contado
  • Lo de que no podemos responsabilizarnos de la felicidad ajena.
  • El susto de Félix al perder de vista a Tito y Sandra, y la reacción que le provoca.
  • El reconocimiento de los imperceptibles movimientos oculares, labiales, etc. que desvelan más información que los gestos consensuados. De hecho la comunicación no verbal (paralenguaje, kinésica, proxémica, componentes químicos, etc.) y su reflejo en la literatura me atrajo tanto que sobre ellos realicé mi tesis doctoral, centrada en las novelas El Jarama y Un día señalado, ambas premio Nadal (lástima que la segunda se halle descatalogada). Sin embargo, creo que en esto podía haber profundizado más; aunque insiste en ello, no se decide a describir morosamente alguno de esos gestos mínimos.
  • La idea de que juzgar es una pérdida de tiempo y que es mejor comprender. Como si hubiera conocido por telepatía mi opinión sobre el cielo, la refleja de forma exacta en el cielo imaginado por Félix (p. 318).
  • La muerte o asesinato simbólico. Y los celos vueltos del revés, cuando ¿desencantado? Félix se pregunta por Sandra. Da la sensación de que la aceptación indecisa de la infidelidad de su mujer por parte de Félix, dada la situación crítica y el amor que siente hacia ella, y que le lleva a comprar la ayuda de su rival, no va a terminar así. ¿Se resolverá con un divorcio o con el pago de la “deuda” por medio de una aventura con Sandra…? Puestos a imaginar.

Algunas partes me parecieron, sin embargo, más flojas. La relación de amor y odio o desprecio entre Julia y Marcus no me acabó de convencer.  Me resultó excesivamente discursiva la explicación del pasado de Julia (cómo comenzó su lío y las sucesivas decepciones), aunque interesante, quizá hubiera resultado más atractiva de haberla desentrañado en forma de diálogo retrospectivo o por una narración directa del conflicto.

Por último, lo incierto y lo enigmático de la personalidad de Abel y el detalle de la cartera que sugiere sin dejarnos comprobar y nos mantiene en ascuas más allá del final, me encantaron. ¿No habrá pensado en una segunda -o complementaria- parte de una posible serie narrativa, trilogía o dilogía ? Me encantaría leer una novel sobre la vida de ese magnífico personaje secundario, desde el pasado de Abel: desde cómo se hizo, su trabajo, amores, rupturas, secretos, etc., hasta su muerte diferida y esperada, y cómo se cruza ésta con la etapa de inconsciencia o coma de Julia. 

De momento parece que ha echado en saco roto esto de escribir una segunda parte o una novela con personajes dependientes de los de ésta. Sabe Dios qué nos deparará el futuro…

INTRIGA PSICOLÓGICA EN ESTADO PURO

Terapia de Ariel Dorfman

Novela de intriga psicológica que nos retrotrae a la literatura existencial y nos empuja a la denuncia macroeconómica… con el pulso firme de este argentino-chileno-norteamericano que destaca como un excepcional narrador actual. En Terapia vemos el terror de un hombre de posibles cuya vida parece desintegrarse en medio de un turbulento mundo de decisiones globales y desastres particulares al que intenta contrarrestar con su buen hacer empresarial. La terapia será de todo menos canónica, rayará en lo delictivo, y nos recuerda programas de la telebasura de éxito arrollador y consecuencias nefastas sobre alguno de sus “escogidos” participantes, y no me refiero a otro que el del tristemente afamado Gran Hermano, por más que una periodista de renombre -e investigadora incisiva en sus reportajes de otra índole- intente aplicarle un paño de experimento sociológico con su ferviente presentación, su furibunda defensa y sus extravagantes posicionamientos.

Aquí Graham Blake, exitoso hombre de negocios con una capacidad persuasiva excelente (lo que le hace imprescindible para las campañas publicitarias de su firma), amable padre y civilizado ex marido de su socia, Jessica, en Clean Earth, sufre una crisis nerviosa que le aboca al desastre y contra la cual su amigo Sam Halneck le sugiere internarse en el Corporate Life Therapy Institute del doctor Carl Tolgate, más interesado en promover lo que denomina el nuevo síndrome Tolgate con que pasar a los anales de la historia científica en un futuro que entreve halagüeño y próximo que sanar pacientes. Su tratamiento, un mes encerrado en una habitación pudiendo hacer y deshacer en la vida de una familia que observa a través de múltiples monitores sin que ellos al parecer se enteren de su intervención, primero le estremece y lo rechaza, después le engancha con el elemento erótico que no suele faltar. El cotidiano vivir de esta familia sencilla, con sus graves problemas (algunos despedidos de la fábrica que cerró, la afición al juego, el incesto sugerido), sus esperanzas (recobrar el empleo, ser descubierto como deportista, ayudar a sus semejantes) y sus profundas convicciones morales (generosidad para compartir aunque sea la pobreza, espiritualidad aunque lejos de los moldes preestablecidos) involucra a Blake que se deja controlar al tiempo que controla y mueve los hilos de sus desazones y de sus intereses para bien y para mal, porque en el fondo desea saber qué hay detrás del espejismo de su bondad, comprobar si obra conforme sus presupuestos éticos o es capaz de hacer mal para obtener beneficios como cualquier otro mortal y en especial los poderosos.

Este seudo espionaje televisivo hace de la presente novela una obra de clamorosa actualidad a la par que nos mantiene en vilo para llegar a descubrir la verdad sobre los personajes que actúan ante las cámaras y los que conoce fuera por mediación también de otras. Junto al protagonista convertido en voyeur y su sensibilidad, dejan rastro: el oscuro doctor, la enigmática Roxanna, la diluida Natasha, la adorable Rose –la Flower Girl-, la persistente ex y el prepotente ricachón que desea comprarle su empresa, Hank Granger. Una obra de gran actualidad, aunque encabeza sus tres partes con citas dantescas (de la Divina Comedia ¿eh?), que se lee como un best seller y se desgusta como un good book. Una historia de los infiernos humanos, el purgatorio en que depurar responsabilidades, compensar males causados y expiar delitos íntimos; y del paraíso con el que se ansía y al que rara vez se accede, en la que acaba la trama pero el final queda relativamente suspenso, en el aire, para que el suspense se dilate. Al terminar, el epílogo toma una cita de La vida es sueño y otra de un multimillonario americano según el cual dos razones mueven a actuar a todo hombre: una buena y la verdadera… Porque el epílogo sube el telón de nuestra propia vida, nos pone ante la realidad para que obremos conforme nuestra conciencia, nuestra verdad o nuestra necesidad. El libro sólo ha sido un alto en el camino antes de despertarnos.

El insomnio que le produce su crisis y las dudas acerca de su verdadera identidad a la postre parecen ser solventados por la dichosa terapia, cuyo fin último será que madure, que “uno aprenda a vivir consigo mismo, con las consecuencias de quien es, aunque no siempre nos guste quien somos”. Pero nos asalta la pregunta: ¿El fin justifica los medios? Un dilema ético de difícil resolución cuando se consiente dañar a una minoría para salvar a una mayoría. ¿La inmoralidad al servicio de la ciencia o ésta al servicio del progreso?