A VUELTAS CON LOS IMPRESCINDIBLES

Este curso se nos ha llevado a muchas personas imprescindibles. La desgracia reiterada llena el cementerio de seres imprescindibles. Y así es la vida, una madrastra que nos va envenenando poco a poco. Un alumno, un compañero, una amiga… Todos estupendos y prometedores. Hasta que un día un accidente, una enfermedad, un golpe del destino… vienen a cobrar facturas pendientes de existencia, y no hay moroso que pueda devolver el pagaré.

                                                         A FELIPE MARAÑÓN REY:

En tu cuerpo orondo de fogata,

en tu bigote altivo y daliniano,

en tu escucha pausada y siempre afable

y en tu: “Ya falta menos, compañero…”,

 

tu eterna sonrisa de hamaca nos mece

para que alerta estemos

contra los malos rollos y el negligente

paso por este mundo arduo del magister,

para no alterar el poso bueno

que hemos de dejar

en estos hijos que nunca tuvimos.

 

En tu campechanía y bonhomía,

descansa nuestro ejemplo cotidiano

y el gratificante diálogo que nos aúna

a estos amigos que la profesión nos eligió.

 

A LOLI PEÑIL, AMIGA ENTRAÑABLE:

Eras la bomba, amiga,

mi reina republicana allí donde ibas.

 

Tierna como un bocadillo

de cacao en pan de molde,

solidaria sin mojigaterías.

Buena como una hamaca

a la sombra de dos árboles

cuando el agosto arrecia,

compañera de tertulias y comidas.

Y sencilla, como solo lo son

los que lo tienen claro:

generadora de risas y alegría,

se saben necesarios y, de inmediato,

se ponen al servicio ajeno,

Sin exabruptos ni pedantería.

 

Tan dulce y generosa que por dar diste,

a la muerte, caramelos con sabor a ti misma.

Agradable con todos y arco iris

que alumbró la negrura de la vida fugaz,

sin medias verdades ni leves mentiras.

La simpatía se hizo persona

en tu cuerpo orondo de odalisca,

empática, simpática y activa.

 

Así te sentí, Loli, cercana y esplendente.

Y yo, siempre llena de afanes trabajosos,

fui aplazando tu compañía sutil

en eventos políticos, domésticos, cotidianos…

Siempre creemos que el tiempo nos dará,

y siempre sin tregua nos alcanza

con sus cuentas pendientes, sus sueños

por cumplir y sus reglas a contracorriente.

Tus tréboles de cuatro hojas, sin embargo,

renacen estacionalmente en mi balcón,

como quien busca un nido a que aferrarse.

 

Un mimo de terciopelo,

un beso azucarado,

un achuchón gigante,

un placentero masaje,

nos fuiste regalando

como quien deja migas

en medio del camino

para saber el modo

de llegar ¿quién sabe adónde!

¿Quiénes disfrutarán ahora

lo que nos entregabas? Mi reina mora,

engalanarás el paisaje en que te halles

y acariciarás el paladar

con los múltiples frutos y sabores

de tus especialidades culinarias.

 

Valiente afrontaste la vida con todos

y cada uno de sus inconvenientes,

sin dar un paso atrás ni para coger impulso,

porque abanderabas la vanguardia

y no son gratis los días que se olvidan

en un estupor acomodaticio.

 

Si nuestra hambre de piel nos humaniza,

tú fuiste humana por partida doble.

Siempre mirando al frente y enfrentándonos

con ese derroche de optimismo que te caracterizaba.

No perdamos el tiempo en darnos mimos cabizbajos.

Tú nos quieres alegres, plantando cara a las trampas

de la muerte, que afrontaste con la cabeza alta

en tu pañuelo multicolor y con la mano abierta

de quien todo lo ofrece. Hay que seguir adelante

con tus mismas agallas y amor al prójimo,

para cogerle a la vida por los cuernos

y nunca quedarse tras la barrera de los timoratos.

 

Nos enamoramos de ti no poco a poco

sino como llega un vendaval, tan de repente,

que fue verte y sentir que no eras pasajera,

un ser que alimenta un momento y se diluye

en el tiempo y el espacio interminables.

Imponente y vital, bellísima persona

por dentro y por fuera, jugosa y

consistente, por fuera y por dentro,

nos llenó tu amistad que nunca estuvo de paso.

No necesitas homenajes, no, que nos recuerden

lo que fuiste: un hito imprescindible en nuestras

vidas, huérfanas y llenas de tu valor encomendado.

 

Es esta despedida un corto adiós,

Un aplazamiento en el encuentro,

un hasta pronto, Loli, amiga.

Llore quien le haga falta. Las lágrimas son solo

agua corriente y el mar en que desembocan

no es un morir eterno. Es una forma nueva

de energía que, junto a la nuestra,

navegará por los océanos algún día

hasta que llegue el momento

en que arribemos a la misma playa.

 

Yo pienso creer por Ti.

Esto no es una pérdida,

es una ganancia a largo plazo.

El Más Allá te esperaba

con una envidia poco sana y muy terrenal.

Sentada, divina, guiarás las directrices

de ese Dios equívoco y tantas veces esquivo

que tú no entendías que fuera permisivo

con las miserias y con los mezquinos.

 

Mi reina mora, baila, vuela, juega, ríe, sueña…

Y haz que los ángeles se chupen los dedos

con tus recetas de gloria.