LA ESTRATEGIA DEL PARÁSITO

La estrategia del parasito

Un acierto magnífico de esta novela -estructurada en quince capítulos y un epílogo- son sus primeros párrafos, que enganchan a adultos y a jóvenes, sean lectores avezados o no. Además, el rápido ritmo narrativo y la abundancia de diálogos permite seguir la novela sin los escollos que sesudas explicaciones podrían ralentizar sin aclarar más.

César Mallorquí la titula La estrategia del parásito, título que aparece en la portada, aunque luego tacha este y su propio nombre para pasarla a llamar El asunto Miyazaki de un tal Óscar Herrero, con los que hace alusión al quid de la cuestión y a su protagonista-narrador (un joven que sin comerlo ni beberlo se ve involucrado en una sucesión de asesinatos, espionaje y terror psicológico). Dos gruesos hilos enmarañan la trama:

  • Miyazaki es el nombre de un programa de encriptación de datos al que no se puede acceder sin clave (un PGP).
  • Mario -antiguo compañero de Óscar- y un socio (Blacky) crearon Camelot, un prestigiosísimo grupo de crackers –hackers especializados en violar la seguridad de los sistemas informáticos, bien por dinero o por mero gamberrismo- de la Red.

Crímenes, secretos, complejidades informáticas (como el archivo Camaleón, aparentemente una página web pornográfica) nos recriminan cómo la mayoría nos despreocupamos de cuánto pueden saber de nosotros con un clic; de ahí que su tema central sea el de la perversidad latente de Internet. Ya la forma en que se separan los episodios dentro de cada capítulo -por medio de una arroba (suele hacerse con asteriscos o con un espacio en blanco mayor que el que hay entre párrafos)- nos pone sobre aviso de que el asunto principal guarda relación con Internet. La Internet oculta se nos presenta como una amenaza que puede saber desde dónde nos comunicamos y cuándo, o qué estamos haciendo en cada momento. Por eso se refiere en alguna ocasión a ella con estos términos: “vigilante en las sombras”.

Mallorquí comenta que la escribió al “estilo Hitchcock”, ya que hace que un ser completamente normal, no especialmente heroico, se tenga que enfrentar a lo que nunca se hubiera imaginado. Óscar es un estudiante de periodismo que, gracias a Judit -la exnovia del superdotado Mario, el que tenía la clave para desvelarlo todo- logrará ir saliendo indemne. Ella le será de gran ayuda debido a sus múltiples contactos y su tren de vida. Desde que se pone a investigar, Óscar pretende contarnos el motivo de su penosa situación actual (en el capítulo uno le persiguen tanto la policía como los delincuentes de los que huye, no puede confiar apenas en nadie, no puede usar ningún medio de comunicación habitual como el móvil, y le acusan de varios crímenes que él no ha cometido): “Estoy muerto, lo sé; tan muerto como Mario”. Y apela a los lectores que vamos a leer su historia: “¿Alguna vez habéis tenido problemas? Hablo de problemas de verdad, no de chorradas”.

“Todo comenzó con un accidente de tráfico” en el que falleció ese antiguo compañero de colegio de altas capacidades y la recepción dos días después de un paquetito con un pendrive, una carta y unas instrucciones que, precisamente, le había enviado aquel.

El epílogo deja la puerta abierta a una segunda parte que parece ser que Mallorquí se propuso escribir. Ojalá lo cumpla y sepamos definitivamente cómo se resuelve ese gran problema cuyas dimensiones superan a nuestra Tierra y que subyace tras esa fortaleza que llaman Internet. Pero no solo hay que conocer al enemigo, sino divulgar sus malas artes. No por casualidad Mario escogió a Óscar (¡no olvidemos que estudia periodismo!) como destinatario de su misión. Curiosamente, aquí se nos explica por qué esconde su historia tras el título de otro autor (porque Miyazaki es un parásito), y nos insta a teclear una dirección de Internet, clicar en una imagen y añadir la clave oportuna…Un final abierto en toda regla. Un final que nos absorbe y nos admira, no como tantos otros en que pensamos que el autor no supo rematar la faena.

CITAS:

  • Supongo que el miedo ofusca, pero la ira sorda te espabila.
  • Un troyano, o caballo de Troya, es un software malicioso que, escondido bajo un aspecto inofensivo, se ejecuta en el sistema permitiendo el acceso remoto de un usuario no autorizado. Sirve para robar y manipular información protegida. (…) El troyano infecta un ordenador y permite su control por un usuario no autorizado; al mismo tiempo, el ordenador infecta a otros ordenadores mediante la agenda de correo electrónico, hasta formar una red de “ordenadores robot”, que es lo que significa botnet. Mediante ese sistema se consigue controlar a la vez miles de ordenadores zombies, que luego sirven para enviar spam o para realizar ataques masivos.
  • Un camaleón es un software malicioso que adopta la apariencia de cualquier programa normal, como por ejemplo un procesador de textos o una hoja de cálculo, lo que sea. Funciona exactamente igual que el programa que imita, pero lleva oculto un subprograma que se dedica a algo muy distinto. Por lo general, robar y transmitir información
  • Como dicen los ingleses: no news, good news.

PARA SABER MÁS:

EN TIERRA DE LOBOS

Imágenes integradas 2

Una semana de marzo de 1953, dura la investigación que una conocida periodista de sucesos madrileña -Aurora Blanco- lleva a cabo a pesar de las insistentes zancadillas de las fuerzas del orden a instancias del aparato represivo del Estado, cuya censura impedía dar publicidad excesiva a noticias morbosas, psicalípticas o criminales, mientras que imponía una ilusión de seguridad y tranquilidad como si nunca pasase nada.

El caso es que el atropello de una mujer en una carretera comarcal salmantina semeja un asesinato encubierto. Dada la fama de la reportera, un trabajador del hospital al que fue traslada la víctima y que admira su labor la llama para comunicarle ciertos cabos sueltos: la víctima presentaba heridas anteriores al “accidente”. Cuando la investigadora llega allí, alguien ha hecho desaparecer a la mujer de ese hospital. Más tarde su confidente es despedido y el doctor Maldonado, que la había tratado, desplazado a otro puesto en un lugar remoto.

El título no sólo recuerda a la serie televisiva, sino que trae a la mente la máxima latina que recrea Hobbes: homo hominis lupus est. Y es que en ese contexto se mueven los investigadores y sus antagonistas, para quienes hay honras que preservar y ciudadanos de segunda que no merecen respeto ni defensa…

Jambrina, a través de suaves pinceladas, retrata la España de la dictadura franquista, durante una época en que se intenta mostrar a la nación con una pátina de normalidad a ojos de los regímenes democráticos, al tiempo en que se busca estrechar lazos con los EEUU y la Santa Sede.

Se trata, pues, de una novela de fácil lectura (vocabulario sencillo, abundante diálogo) que enlaza las soterradas intrigas políticas  con la intriga propia de la labor detectivesca. Los crímenes se suceden mientras se estrecha el cerco en torno a la protagonista, quien lucha por hacer justicia y dar visibilidad a los hechos para que impere la verdad y no la ley del más fuerte.

Aunque sólo sea por lo anterior, es una novela que merece ser recomendada a los amantes del género, sobre todo a los lectores nóveles.

DESLEIMIENTO, PREJUICIOS Y DESMEMORIA

La joven escocesa nacida en Irlanda del NorteMaggie O’Farrell  (1972), relata en su cuarta novela las detestables consecuencias de las convenciones sociales que se imponen a la búsqueda de la felicidad. Nada ni nadie debe contrariar los prejuicios de una clase inmovilista. Es La extraña desaparición de Esme Lennox la historia de Euphemia, Esme, una adolescente que, después de toda una vida, recobra la libertad convertida en una anciana que recuerda por qué sus padres –para quienes la felicidad era algo pecaminoso- la encerraron. Su ambición de ser feliz, decidir por sí misma a quien y cuándo amar es rechazada de pleno. Los castigos provocarán la incomprensión, y su falta de tacto para dejarse domeñar la empujarán a una aparente histeria, una neurosis que será la coartada perfecta para el encierro con el consentimiento médico: “Papá, por favor, papá no lo volveré a hacer más”. Así sus padres se deshicieron de la hija indómita. Nadie se arrepentirá del destierro impuesto, nadie le pedirá perdón, ni siquiera la persona en que más confiaba y que siempre había sido noble con ella.

La extraña desaparición de Esme Lennox  se sirve de una trama clásica, la de las  historias familiares  ocultas bajo siete cerrojos por el que dirán o para no dar rienda suelta a los remordimientos, con tintes de novela de intriga. Como en una mina a la que hay que descender para extraer el metal,  nos adentramos en los entresijos de unas relaciones fraternas tortuosas y unas crueles decisiones paternas que nos sugieren -remedando a Hobbes- que los parientes son lobos para los parientes… Cuando el hospital psiquiátrico de Cauldstone está a punto de cerrar, las autoridades comunican a Iris –una treintañera con una tienda de ropa- que alguien debe hacerse cargo de su tía abuela, internada sesenta y un años atrás en él. Iris desconocía su existencia, pero su curiosidad  por los motivos por los que fue recluida a los dieciséis años y por los que se encubre su historia ante el resto de la familia se sobreponen a su desconcierto.

Lo que parece una fiesta, dos chicas en un baile, salta de la diversión al drama de una anciana cuya frente se apoya en una reja de un manicomio.

En la novela, a los escenarios cerrados (la casa y tienda de Iris en Escocia, el hospital de Kitty y psiquiátrico de Esme) se une la atmósfera de Edimburgo, por donde pasean Alex e Iris, ésta y Esme… También aparecen planos narrativos que se entrecruzan y puntos de vista que debemos deducir a quiénes pertenecen: al tiempo real de Iris se suman los recuerdos del pasado de la propia protagonista junto a los más bien cronológicos que Esme rememora -aunque con ciertas lagunas- y los confusos y temporalmente desordenados de su hermana, la abuela Kitty, enferma de Alzheimer (que hemos de recolocar en su sitio adecuado por inferencias lectoras). Estos flash back pueden echar para atrás a los lectores habituados a que la sucesión de episodios relacionen las coordenadas espacio-temporales con lógica y en su orden natural. Así conocemos –a la par que Iris- de su infancia en la India y la temprana muerte del hermano de ambas ancianas, de su juventud en Escocia, del afecto convertido en rivalidad entre ambas, del rebelde carácter de Esme –el bicho raro– que no se amolda a las reglas de la alta burguesía en que vive y la llevará a la exclusión de entre los de su clase. Las revelaciones esconden un misterio.

Al conocer a Esme, Iris siente una necesidad de indagar en qué esconden los hechos, en el puzzle de los sentimientos, las traiciones, los secretos y la crueldad humana. Esto hace su lectura agradable, sin más. Sin embargo, no la creo recomendable para quien busque de verdad profundizar en las enmarañadas relaciones personales, en el poder destructivo de la mente, en la lábil salud mental, en las cortapisas de quienes se autoproclaman “normales” y se atreven a aislar a los diferentes. Más que de los peligros de la enfermedad mental trata de la inadaptación social que conlleva enclaustramientos inmerecidos.

El estilo es rápido, directo, fácil (pese a que el libro esté escrito como a varias voces). En ocasiones, los pensamientos perduran en silencios locuaces que desvelan algunos enredos familiares. Destaca su construcción de personajes creíbles, intensos y que nos emocionan y envuelven en sus monólogos; así como el poder evocador de sus palabras y sus onomatopeyas  (como el flic-flac de los naipes o el susurro del árbol, shshshs). De lo mejorcito de la novela es el poema de Emily Dickinson, cita con que se abre. Su magnetismo está fuera de duda:

Mucha locura es divina cordura/ para una mirada fugaz./ Mucha cordura, la más rematada locura./ En esto, como en todo,/ prevalece la mayoría./ Asiente, y te considerarán cuerdo./ Disiente, y de inmediato serás peligroso / y atado con cadenas. 

Con todo, resulta un libro previsible en el que lo que más destaca es la promesa que la sinopsis de la contraportada y ciertos fragmentos de las primeras páginas anuncian: una locura por indagar, el trauma de una violación y una saga tradicional que se rige por férreas normas.

En él se suceden los tópicos modernos: el del hombre casado con un lío al que promete abandonar a su esposa, el del amor entre hermanastros sin lazos de sangre. Y su desenlace nos deja con la sensación de cierre en falso, por lo esperado. No sólo dista de sorprendernos, sino que da la sensación de que han quedado innumerables cosas en el tintero (yo me pregunto por Kitty y su radical metamorfosis), sepultadas en la amnesia o la senilidad, y que lo que se ofrecía no es lo que se cosecha.

EL SILENCIO DEL ASESINO

El silencio del asesino de Cocha López Narváez se lee con la tranquilidad que dan los misterios resueltos desde el principio y cuyos cabos sueltos se pretende atar durante la lectura  (en el primero de sus dieciséis capítulos se nos advierte de que la vida de Ernest Morrison va a cambiar porque será inmediatamente acusado de haber cometido un asesinato). Resulta grato ir haciéndose cábalas -a menudo ciertas- e ir descartando las inferencias engañosas que pensábamos.

La estructura inversa nos presenta a un buen vecino que vive en la pequeña y envejecida ciudad inglesa de Wiggfield, en la casona Los sauces gemelos, Twin Willows Manor, heredada de su esposa Mary Adams, espacio fundamental para ambientar los hechos. El protagonista es un maduro caballero de unos 50 años, amante de la jardinería y que se distrae con el golf y las cartas en las tertulias con sus amigos en Dragon Arms. Estos representan lo más granado de la localidad: un coronel y un director de banco (que asisten a su violenta detención, ante la que el presunto asesino reacciona sobresaltado y curioso, más que sorprendido e inquieto), el comisario y el doctor retirado.

Se trata de una recomposición cronológica del caso, al negarse a declarar el acusado y tras interrogar varias veces a los mismos testigos. Diez años han pasado desde su regreso de Brasil, adonde fue buscando un porvenir junto a su esposa y donde supuestamente permanecieron otros diez años. Durante el juicio que las peculiaridades físicas de la difunta (cojera por la polio, tres incisivos sólo) antes que la prueba misma de ADN obliga a instruir, vamos asistiendo a la intrahistoria de los personajes que conocieron a la difunta y las emociones que el callado asesino les provoca. Y lo hacemos por medio de un narrador en tercera persona con omnisciencia psicológica que va cambiando de prisma, por lo que fluctúa entre una apariencia de objetividad y una patente interpretación a través de los enjuiciamientos que, a modo de estilo indirecto libre, lee en los pensamientos de los demás personajes principales durante los interrogatorios de la vista oral en la Audiencia: desprecio e ira siente el comisario, buenas vibraciones primero y animadversión ahora, las Stanford; desconfianza, el ama de llaves por las prisas en marchar de la pareja veinte años atrás, recelos y celos -quizá- que la empujaron a pedir credenciales en la empresa en que trabajaba él…

El cadáver ha sido hallado de forma totalmente casual tras perder los frenos una excavadora. El estupor, la excitación y la curiosidad popular es la natural en los lugares en que habitualmente no sucede nada. Unos le acusan sin pruebas y otros se dejan llevar por la incredulidad. Mientras, el acusado muestra una extraña actitud (distante, a la vez que condescendiente, como si se mofase del asunto o estuviese realmente amnésico). ¿Si Mary Adams murió hace 20 años cómo es que él volvió con un certificado de defunción de hace diez? Esas y otras preguntas nos hacemos…

El caso parece tan claro que el abogado de oficio que le representa interviene poco y el fiscal apunta a la codicia como desencadenante o móvil. Pero todos parecen obsesionados por conocer los detalles y aclarar las dudas: cómo era Mary (se nos habla de su realismo equilibrado y optimista), qué vida había llevado hasta entonces, cuándo y cómo se conocieron el asesino y su víctima, qué opinión de él se forjaron entonces quienes la conocían a ella, qué les pareció su enamoramiento, su boda a los 6 meses y con 25 años, su rápido viaje tras dos meses más en la mansión y tras un supuesto ascenso laboral…

Muchos detalles hacen correr especulaciones: la despedida de la esposa la tarde previa a marcharse del país, el que fuera entrevista en brazos de él con gafas y sombrero antes de subir al coche de alquiler la madrugada del día de su partida (marcha precipitada, además, en un sábado por la mañana en que el servicio no estaba en la mansión),  el contacto por correo que se va distanciando tras romperse ella supuestamente la muñeca derecha…

Varios datos insisten en que o él lo tenía todo muy bien perfilado (aparenta no estar interesado en su dinero) o es inocente: la separación de bienes, el testamento de él que provoca que ella haga lo propio para corresponder al suyo, la propuesta del marido de ir antes al lejano país al que lo destinaron para ir buscando acomodo (pese al peligro de que le acuse de machista), etc.

El ritmo es rápido y se nutre de elipsis narrativas (tres meses duraron las concienzudas investigaciones del comisario), resúmenes de hechos anteriores, perspectivismo (amigos, etc.) y contrapuntos (acciones hilvanadas en mentes y espacios diversos en tiempos simultáneos).

Las descripciones nos sugieren caracteres y aspectos dispares por medio de mínimos trazos. Breves pero precisas aluden a etopeyas y prosopografías: Sus amigas y confidentes, las gemelas Emma y Claire Stanford, se nos presentan como menuda, excesiva y dispersa la primera; y como  alta y serena, la segunda. Su corpulenta ama de llaves, casi su madre adoptiva, Ann Mac Nigan, es todo fuerza y determinación. De Mary, aunque preciosa y buena, se nos hace ver que su aspecto físico es “defectuoso”, por lo que se nos muestra en cierto modo como vulnerable.

Engañar a un embustero y, por ende, que un criminal pruebe de su propia medicina toma un cariz justiciero, de catarsis literaria, que lejos de hacernos compadecer de la segunda víctima, nos muestra los grados de culpabilidad desiguales, pese a que el delito sea el mismo, que incitan nuestra permisividad o intransigencia para con ellos.

Sin duda, disfrutarán los amantes del género policiaco y por su sencillez es una buena apuesta para iniciar en él a los lectores de edades tempranas.

A VUELTAS CON LOS ESPEJOS

El espejo de las aguas del río es obra de un autor burgalés, Juan Ramón Báez Tirado. Me pregunto si realmente es una novela en sesenta y ocho capítulos u otro género. En realidad, pasar pasa bien poco, y todo al hilo de unas reflexiones que interrumpen los hechos, discontinuos en el tiempo y con continuos flash back que aluden al aspecto cíclico de la existencia. El propio narrador, que defiende la duda como motor para andar el camino de la vida y se calza la ironía para sobrellevarlo, parece desdoblarse para revivir el pasado y conectarlo con su presente. Pero choca el enrevesamiento lingüístico, y un arsenal de máximas personales relegan la historia original y recrean los tópicos, aunque con ironía y grandes dosis de escepticismo.

Destaca el tema de la soledad en todas sus vertientes (íntima, existencial y social, pero al mismo tiempo como fuente de libertad; así como la que es fruto del vacío vacacional). Pero también incide en los de la guerra, el olvido y el paso del tiempo (que nada borra), la muerte (de Esther, su primer amor, muerta en un accidente de moto; de Eduardo en 1986, de su hija Anita en 1997) y los cementerios, junto al sentimiento paradójico de permanencia de los seres inertes, los sueños y las pesadillas, la esencia y la apariencia, la hipocresía, el exilio, la cultura y el lenguaje, la estulticia, la venganza y la locura, la docencia, el agua que toma todas sus formas y simbolismos (lluvia, río, lágrimas), las mujeres y el amor (Esther, Marta, Irene y Anita, Rosa, Carmen)…

Y se deja seducir por los tópicos, aunque a veces les dé otra vuelta de tuerca: la estación del otoño y el otoño de la vida, el “pensamiento enjaulado” que la televisión y los “doctos del sentido común” imponen para anular al individuo como droga moderna, de ahí el deporte nacional de hacer tertulias superficiales y dejarse llevar por la voz contagiosa de la manada; los rumores que se acrecientan como el caudal de un río tras la tormenta, el lenguaje “neojeroglífico” de los jóvenes…

El narrador conoce a Eduardo (eje de la historia de amor inconclusa que remite a la Guerra Civil española y sus atrocidades) en septiembre de 1985 en un pueblo abandonado –Valdediós- cerca de Valdemar y Ciudad (así, sin nombre propio distinto del común, ciudad de origen donde el narrador hallará tiempo para escribir). Con él descubre el placer del ajedrez y la conversación confidencial con esa alma gemela que solemos encontrar en algunos desconocidos. De él hereda un cuaderno y un almanaque que le permitirán seguir la pista de su existencia. El asesinato de Ricardo en 1940 y la búsqueda de los restos de Michelle.

Algún episodio como el de Sara y Carlos (el de la tienda de frutos secos) o el hiperbólico y caricaturesco de la cesta de Navidad y la avaricia en su centro educativo resulta gracioso, aunque éste último en mi opinión poco real (cap. XXIV). El capítulo de las jugadas de ajedrez que representan la partida en que se da el “Sacrificio Inmortal”, a la que llega gracias a las anotaciones de la libreta y que resulta clave para hallar la ubicación de la “casa en lo alto”, quizá haga las delicias de los entendidos, pero a mí me pareció farragoso y sintetizable. En general, las infinitas digresiones le dan un ritmo lento y en ocasiones tedioso, que se contrarrestan con aleatorios juegos de palabras de muy diferente traza.

Continuas son sus referencias pictóricas, escultóricas, literarias: el Apolo sauróctono de Praxíteles, Alfred Sisley, Fin de partida de Beckett, Poussin, Monet, el tenebrismo de Caravaggio, Hunt, Friedrich… Pero se excede en recovecos, y entre tantos incisos y circunloquios decrece el interés por la trama. De hecho, tanta digresión, que deja constancia del trabajo (profesor de Geografía e Historia) y posiblemente de la ideología de su autor, transmutado en el narrador, resulta con frecuencia disuasoria y convierte la historia en una promesa disuelta entre los retazos de unas memorias ficticias, a veces difuminadas en un monólogo interior rayano en una corriente de conciencia y con un estilo nominal plagado de infinitas enumeraciones y a caballo entre lo conversacional y lo artificioso.  

Dicho esto, El espejo… tiene momentos de hondura e intriga. Y citas para exportar:

  • La estupidez como arma ideológica de destrucción masiva.
  • Lo que cuesta vivir, y, lo que es morir, se muere de cualquier manera.
  • La muerte no se encuentra cuando se busca sino cuando se presenta.
  • En la desesperación confundimos todo (…) echando raíces en las personas menos adecuadas.
  • Turbulencias fruto del roce entre miedos y esperanzas.
  • Me habré ido en silencio, con mis dudas, sin certeza alguna, harto de las ajenas.
  • No soporto que cuenten a terceros lo que solo en su contexto he dicho, que interpreten los intermediarios mi sonrisa o cualquier gesto o que finjan que les importo cuando con los ojos me están diciendo lo contrario.
  • Convertimos el pasado en un traje a medida.
  • Con música los más sencillos ripios se hacen poesía; sin ella, solemne estupidez.
  • En cualquier otro empleo, puedes ser uno más, no te sientes especialmente observado; en la enseñanza, todos los ojos están pendientes de ti, de lo que haces, de lo que dices. Siempre es un reto, cada clase, cada explicación; tienes que volver sobre lo mismo una y otra vez, con entusiasmo, con claridad, eligiendo las palabras.
  • Cuanto más acaloradamente defendemos algo, menos consistencia tiene; de otro modo, la fuerza de lo evidente bastaría como defensa.
  • La alegría no es muy creativa, lleva a la autocomplacencia.
  • El desarraigo es el estado de ánimo ideal, si bien, es caminar por el filo de la navaja.
  • La imbecilidad no es fácil, sólo los elegidos la alcanzan y perfeccionan.
  • Cuando el dolor se convierte en el centro de tu mundo hasta las palabras se impregnan de él, haciéndose espesas, formando coágulos, no hay margen para el movimiento, todo se colapsa, la sombra tiñe lo que ves y lo recordado, apenas hay colores…
  • Qué bien explican cómo hacer las cosas quienes nunca hacen nada.
  • La cultura es el mundo en que los patios se convierten en claustros.
  • Muy poco margen nos queda en cada cruce de caminos, y la libertad no puede consistir en poder elegir entre varias opciones; su fundamento tiene que estar en las propias cosas que elegimos. Como señalaba Marcuse, decir quién queremos que sea el jefe para el que trabajaremos como esclavos, no elimina la esclavitud.
  • La soledad como liberación, nadie por quien llorar, nada que perder, nada que puedas echar de menos…

CRÍMENES MATEMÁTICOS

El autor, Guillermo Martínez, nacido en Bahía Blanca en 1962, escribió siendo apenas un adolescente La jungla sin bestias. Tras licenciarse y doctorarse en Ciencias Matemáticas, atraído sobre todo por la Lógica, nunca dejó de esa labor (cuentos de Infierno Grande). Su primera novela fue Acerca de Roderer, del 93, año en que –como el personaje de la novela que nos ocupa- viajó a Oxford para realizar unos estudios de posdoctorado. Su segunda novela, La mujer del maestro, data de 1998. En 2003 recibe el Premio Planeta de Argentina por Crímenes imperceptibles (título original de la novela que luego se editó en España y en Gran Bretaña con el de Los crímenes de Oxford), y publica su obra Borges y la matemática (una lectura de la obra de éste en relación con problemas matemáticos que debió conocer, como la paradoja de Russell, al tiempo que señala su estilo matemático; además de añadir varios ensayos, como el que titula “El cuento como sistema lógico”). La Muerte Lenta de Luciana B. es una novela posterior que nació de un cuento que se fue expandiendo, lo que demostraría su arraigado interés por la narrativa tanto breve como extensa. Tampoco le es ajeno el ensayo, en 2005 publicó un libro de ensayos literarios: La fórmula de la inmortalidad. En la actualidad sigue colaborando con artículos y reseñas en prensa.

Este autor, por tanto, aúna la formación literaria, un estilo didáctico y los conocimientos científicos, lo que le hace particularmente distinto a otros creadores del panorama literario internacional. Podríamos decir que es un autor de fondo, no un sprinter, escritor pues de largo recorrido y no de meteórica carrera.

Los crímenes de Oxford relata la historia en que se ve involucrado un estudiante argentino que acaba de recalar en esa ciudad para realizar un doctorado en matemáticas y afianzar sus estudios. Una anciana minusválida, la señora Eagleton, es encontrada muerta por su inquilino, este joven matemático bonaerense, que es quien narra la acción, y un prestigioso profesor de Lógica llamado Arthur Seldom, con el que se encuentra a la puerta de la casa de aquella.

Al principio recaen las sospechas sobre la nieta de la fallecida, Beth, cuando unas gotas de sangre desvelan que no ha muerto de forma natural. Sin embargo, se complica el asunto cuando parece que se convierte en el primero de una serie cuyo punto de contacto mayor es que se trata de “leves” asesinatos, por recaer sobre personas que parecían al borde de la muerte (enfermos terminales o casi). ¿Eutanasia? ¿Crímenes compasivos? ¿El mal menor de un asesino que quiere demostrar su inteligencia más que hacer daño para vengarse de quienes le hicieron de menos? ¿O simples crímenes que se pretenden perfectos porque son “crímenes imperceptibles”? Los asesinatos van acompañados de notas breves que los anuncia o confirma y de una extraña firma, diferentes símbolos matemáticos cuyo significado oculto deberán descifrar el narrador, Seldom y el inspector Petersen.

La novela plantea, así, la resolución de una misteriosa serie de crímenes, al tiempo que incita al lector a intentar resolverlos y lo invita a reflexionar sobre aspectos más trascendentales (¿subyace bajo la realidad una lógica oculta que la ordena y desmiente el aparente caos?). Su trama conjuga elementos tomados de varias ramas del saber: la filosofía, la matemática (al narrar los actos de un asesino en serie que sigue, precisamente, una serie aritmética, con vueltas de tuerca y ambigüedades, lógica y teoremas matemáticos) La intriga, a pesar de los asesinatos y de pasajes puntualmente escabrosos, destaca por encima del discurrir intelectual (principios de Wittgenstein, referencias a los pitagóricos, las certezas axiomáticas confrontadas con lo irracional, supersticioso o mítico). De esta manera, pese a la racionalidad del ser humano, acaba demostrándose que somos seres crédulos (de ahí que busquemos sentidos ocultos en los sinsentidos, conspiraciones en lo que nos sobrepasa, y pongamos en juego nuestra capacidad de persuasión y nuestros pretextos) y confirma que no todo es ciencia en nuestro discurrir diario.

Lo que más me atrajo de la novela, además de su facilidad para intrigar –pese a los oscuros pasajes con referencias matemáticas para un profano- fue la difícil situación del cerebro de la serie. Ignoro si fue eso lo que le engancho a Álex de la Iglesia para dirigir en 2008, con un reparto internacional, el thriller basado en la novela, aunque el guión modificó el final de ésta y algunos otros detalles: el estudiante que parte a Oxford, interpretado por Elijah Wood (el que hiciera de Frodo en El Señor de los Anillos) es aquí norteamericano y no argentino; la psicología del profesor Arthur Seldom, cuya vida interior late en la novela, gana en expresividad externa en el film… Opiniones sobre la película en: http://www.labutaca.net/films/58/loscrimenesdeoxford.php

Su estilo nadie puede discutir que es ameno: ritmo ágil y fluido, vivaces diálogos que caracterizan a los personajes… Entre los mayores aciertos, hallamos el del complejo profesor Arthur Seldom, el protagonista, que se insinúa como un Sherlock Holmes cuyo trasfondo se oculta, pero cuya presencia transpira amabilidad y superioridad intelectual, y acaba resultando entrañable por su dolor insuperable que no rezuma, pese a ello, amargura.

Pero no todos los personajes y anécdotas están igual de acabados, y varios se pierden en el desarrollo de la historia (como el del matemático en coma que, día tras día, garabatea el nombre de una mujer). Por el camino flaquea el autor, quien se vale de un narrador interno y testigo, el estudiante, convertido en un mero ayudante y confidente de Seldom, aunque nos comente sus amores con Lorna y su pasajera atracción por Beth. De igual modo, con un truco que nos distancia y resulta excesivamente cerebral, nos encamina hacia pistas falsas y personajes sospechosos carentes de profundidad psicológica, faltos de pasión o emotividad, que intuimos como simples señuelos. Al final nos dejará una sensación insatisfactoria, de círculo vicioso con un final cerrado en falso y muchas grietas abiertas.

LÁGRIMAS ARTIFICIALES CON SABOR NATURAL

La madrileña Rosa Montero (1951) nos tiene acostumbrados a su buen hacer. Quizá sus estudios (Periodismo y Psicología) hayan contribuido a su capacidad para presentarnos con total verosimilitud lo que no ha vivido ni vivirá y para mostrarnos unos personajes que encarnan sentimientos y pensamientos muy nuestros por lejos hacia el pasado o el futuro en que se inserten sus vidas.

En Lágrimas en la lluvia, construye una prodigiosa novela futurista a modo de homenaje a la película Blade Runner de Ridley Scott (versión muy libre de la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) y, al mismo tiempo, una novela de duelo (“En memoria de Pablo Lizcano”, dedica en las hojas de guarda), puesto que el sentimiento de lo efímero y de la pérdida vital es uno de los temas eje. 

Junto a éste dejan rastro o se despliegan como hilos conductores que trascienden la historia otros muchos: el poder político y económico, la intolerancia de unos frente a la tolerancia de muy pocos,  la identidad y la memoria así como la necesidad del otro, la conciencia del bien y del mal, la idea de pertenencia a un grupo social afín y de exclusión de otros por las diferencias entre seres… Precisamente, uno de sus mayores logros en mi opinión es la forma en que muestra cómo los inadaptados suelen también marginar a los que ven como seres de segunda categoría por la única razón de ser distintos (racismo: humanos / reps /bichos).

Situada en el Madrid de 2109 (con rastros del actual como el Museo Reina Sofía, reconvertido en Hospital), nos presenta a los EUT (Estados Unidos de la Tierra) enfrentados a una sucesión de muertes violentas de replicantes y atentados crecientes en que algunos reps mueren matando (al principio con la obsesión de arrancar o arrancarse lo ojos) para mostrar el lado oscuro de la mente humana. Cuando el terror se sucede cada cuál vislumbra lo que es capaz de hacer por su supervivencia, aunque la ética individual perdure como referente.

Las siglas explicadas, el vocabulario inventado ad hoc y todo lo  creado al estilo Julio Verne no sólo ayudan a entender lo que hubiera podido resultar un galimatías sino que lo hace creíble: otros mundos posibles (Cosmos, Labari, omaás y balabíes, los extraterrestres u Otros, seres sintientes), partidos políticos (MRI), problemas sanitarios y sociales, artefactos y técnicas (Guerras Robóticas, pistolas de plasma, mobiliario cósmico, la teletransportación y las alteraciones microscópicas en los organismos teletransportados, las memas -memorias falsas para los reps en quinientas escenas-, las rejas electromagnéticas, el desorden TP, la TTT o Tumor Total Tecno,  las holollamadas, la Plataforma Trans que engloba a cuantos quieren ser otra cosa distinta a lo que son, los caramelos o droga del amor y otras drogas duras como las fresas o dalamina, el aparato cazamentiras, móvil de muñeca -especie de tarjeta de crédito-, los árboles artificiales…) 

Tema menor pero curioso es el de la crítica subyacente al arte que se halla en el candelero, el de los Falsos (de los que se llega a preguntar si son artistas revolucionarios o mero fraude: “Cuanto más grande el engaño, mayor el prestigio de la falsificación una vez desenmascarada la impostura”).

Bruna Husky -una rep de combate inestable, agresiva y solitaria convertida en detective de extraordinaria visión nocturna por las pupilas verticales que los caracterizan- es contratada por el MIR para saber quién se esconde tras los hechos. Rodeada de un mínimo puñado de benefactores de los que, en ocasiones, se nos hace sospechar y de algún traidor oculto tras su apariencia beatífica, vamos asistiendo junto a ella a lo que parece un  complot de dimensiones ingentes, ya que la trama adquiere un alcance más que mundial universal, al incluir en sus sospechas a los habitantes de otros planetas (Cosmos, Labari).

Personajes que la ayudan o de los que sopechamos que le ponen la zancadilla son: su amigo Yiannis, que documenta las modificaciones que alguien -ignora quién- está introduciendo en el Archivo Central de la Tierra, con el fin de subvertir la Historia de la Humanidad; y se rebela contra las mismas de la única manera que puede. El memorista Pablo Nopal, con su misterioso pasado, que no nos aclara sus intenciones; el policía que siempre llega en los momentos climáticos; la singular, voluminosa y tolerante dueña del bar al que suelen acudir; la mujer-anuncio…

Podríamos pensar que refleja un mundo en decadencia pese a la explosión científica, los recursos técnicos y la unificación planetaria; sin embargo, la autora se vale de dos cualidades prolíficas: la del humor (el cortés usted que se convirtió en obsoleto tras un tiempo en que se sentía como desdeñoso y que la protagonista recupera para dar a entender qué opina de un personaje; la edad de los reps representada en forma de quebrados 5/30 ó 6/31…) y la de la ternura, para hacer más llevadera, si cabe, la lectura de este tráiler futurista con grandes dosis de denuncia y un estilo hipnótico (lo que pese a recordarme la trilogía de Millennium de Stieg Larsson, por la violencia de ciertos actos -aunque aquí son descritos con más sutileza-, por los rasgos coincidentes de la personalidad de sus protagonistas -juventud, “pasado” lacerante, insatisfacción vital,  etc. tanto de Lisbeth Salander como de Bruna Husky, aunque ésta es más confiada-, y por el alto grado de persecución a la que ambas se ven sometidas) que hace de esta novela una joya literaria contemporánea y no una mera novela evasiva al estilo de los best seller de estación.

Música de Blade Runner, para terminar:

http://www.youtube.com/watch?v=C9KAqhbIZ7o

EL PRINCIPIO DEL FIN

Eso parece que se nos avecina a tenor de la obra Fin del novel, que no joven, autor David Monteagudo. El ritmo trepidante y la intriga -no por anunciada desde el principio menos sorprendente- nos lleva hasta sus últimas páginas en un pispás. Es la típica obra que se lee con rapidez y arrobo para desengrasar las neuronas tras unas vacaciones, y no sólo desentumece el cerebro sino que nos pone en disposición de saborear el engranaje afectivo-social de una pandilla que hace muchos años que no se ve.

La edad madura de los ex amigos (el contrapunto lo pone la madura juventud de María, la “novia” de Ginés) unidos por un lazo invisible que los ahoga -por su participación en un oscuro episodio de juventud, del que todos eluden hablar pero del que se deduce que maltrataron psíquicamente a un tal Andrés, al que apodaban El Profeta, y que fue causa de la ruptura del grupo- no ha impedido que la sombra de la culpa y de los resquemores antiguos haga su aparición en medio de un clima de thriller. Tampoco impide que a veces se muestren como verdaderos seres inmaduros, infantiles, agarrotados en sus miserias y contradicciones. Seres que, en ocasiones, resultan tópicos; así cuando se presenta los coches como tema casi único -junto al del sexo- de los hombres, o cuando se muestra a un personaje femenino, Nieves, al borde de la histeria porque, aunque el miedo es libre, ¡cómo no!, parece sentarle mejor a la caracterización de una mujer que a la de un hombre.

De lo que nadie creo que pueda dudar es de que Fin es una novela que pide a gritos su versión cinematográfica. Y no me sorprende el hecho de que, mientras busco en imágenes la portada del libro y de David Monteagudo para insertar en esta entrada, encuentre la noticia de que Amenábar haya comprado los derechos de esta novela, la primera de su autor -al parecer un autodidacta nacido en Lugo hace 48 años y vecino de Vilafranca del Penedès- que ha conseguido colocarla entre los más vendidos este año.

De lo más logrado en mi opinión es el asunto del narrador que, con frecuencia, me recuerda al behaviorista de El Jarama, sin que por ello deje de incidir en la psicología profunda de los personajes, por medio de la simple expresión de sus gestos, miradas o acciones. Además, el autor se mueve como pez en el agua tanto en la descripción de un paisaje como en la emulación de los diálogos de los personajes, caracterizándolos sin acudir a la omnisciencia, dejándoles que sean ellos mismos quienes se muestren o quienes califiquen a los otros. Si bien las verdaderas razones de su difusa enemistad quedan en entredicho al no profundizar en ellas con diálogos más clarificadores.

Lo dudoso: sus débitos literarios (que algunos opinan que van desde Diez negritos de Agatha Christie hasta La carretera de McCarthy pasando por El cazador de sueños de Stephen King), que hacen pensar que es temáticamente poco novedosa y de menos altura literaria. De hecho, la re-unión con que se pretende cumplir una promesa hecha 25 años atrás resulta creíble pero manida. Sólo parece distinto el que dos de los nueve (el décimo es el ausente organizador, la antigua víctima que el resto cree que se ha convertido en vérdugo) sean personajes que nada tuvieron que ver con aquellos tiempos.

Lo peor: el final en el aire, aunque nos mantenga en vilo hasta llegar a él… ¿La resolución o, más bien, no-resolución mereció la pena? A mí sí, pero no puedo dejar de advertir que no es oro todo lo que reluce. Eso de los finales abiertos queda muy actual, pero yo a veces me pregunto si no será una forma de dar por terminado lo que no se sabe cómo terminar con la coartada de que se pretende dejar a la imaginación del lector. Y no nos convence nada: ni un sueño, ni un enigma de ciencia-ficción, ni una plaga que sólo afecta a los humanos para desgracia de los múltiples animales que deambulan por sus páginas.

En cualquier caso, habrá que esperar y comprobar si Monteagudo sobrepasa la altura en la que le encumbró su primer libro, sin ceder a la tentación de auparlo al podio de los mejores ni embarrarlo como si hubiera sido el engendro de una editorial. Tiempo al tiempo. Un digno comienzo.

 

MANUSCRITO SALMANTINO

El manuscrito de piedra de Luis García Jambrina

Esta deliciosa novela nos sitúa en las coordenadas espacio-temporales de la Salamanca de 1497 y hace un guiño a la historia de la Literatura al usar como protagonista al autor de una joya nacional: La Celestina e, incluso, recrear al personaje que acabó dándole título para descrédito de Calisto y Melibea. El punto de partida es el asesinato de Fray Tomás de Sto. Domingo, un catedrático de Prima Teología que no es tan honesto como su cargo le exigiría. La investigación se centra en ciertas pistas: el pequeño corte en la mejilla izquierda como especie de firma demoníaca del autor o la moneda de vellón dejada en la boca de los muertos. Las sospechas recaen sucesivamente en varios personajes, todos con motivos para vengarse. Y se multiplican los asesinatos (teoría de la muerte -providencial para los Reyes Católicos- del Príncipe Alfonso, hijo único de Juan II de Portugal, primer marido de la infanta Isabel). Pero las pesquisas se estancan en una lluviosa e invernal Salamanca. Y tras la elipsis de un tiempo intermedio e infructuoso, da cabida en la novela al típico código secreto, en este caso un papel con unos extraños dibujos alegóricos o signos mágicos que se convierte en un verdadero mapa del infierno.

Salamanca es aquí reflejada –con un pincel casi costumbrista- en todo su esplendor y caos: la vida estudiantil, las intrigas y reuniones clandestinas, las calles laberínticas en torno a las más de cincuenta iglesias… La leyenda de la cueva de Celestina, por otro lado, le da pie para describir una Salamanca subterránea con sus túneles, galerías intrincadas y salas que lo mismo sirven de foro que de refugio. Cuando Fernando de Rojas regresa allí tras las vacaciones veraniegas, el narrador en tercera persona omnisciente (capaz de asumir diferentes puntos de vista) en un rápido flash back repasa la biografía del protagonista (converso de cuarta generación que incluso tuvo que salir en defensa de su padre). Una vez en el Colegio Mayor de S. Bartolomé, el obispo Diego de Deza, tutor de don Juan (hijo de los RR. CC.), le requiere para investigar el asunto y le nombra “familiar” del Santo Oficio para facilitarle la labor. Además, en dos días viene el enfermizo príncipe don Juan, y aquel quiere que este se halle seguro en Salamanca. En el Convento de San Esteban, agitado por el funeral del asesinado, Rojas conoce a un interesantísimo personaje secundario, el hermano herbolario, al que le parecen aberrantes ciertas actitudes de la Iglesia (su tolerancia raya en la heterodoxia).

Varios conflictos se reflejan en la historia: por ejemplo, las tensiones entre las familias nobles con viejos privilegios y las que no los tienen, o las que subyacen tras el proyecto de construcción de la nueva iglesia mayor y su ubicación entre el cabildo y el obispado; también las rivalidades entre las órdenes sacerdotales (dominicos / franciscanos) son patentes. Así mismo deja constancia la obra de muchos elementos de la época, importantes unos, curiosos otros, siempre interesantes: los viajes de Colón y las semillas que trajo, la censura inquisitorial, el puritanismo de la sociedad, la prueba de la salva, la Universidad con sus sistemas de elección… Claras referencias históricas y sociales dibujan los trazos gruesos de aquellos duros tiempos: la monarquía de los RR. CC y los problemas hereditarios personalizados en sus hijos, el Papado (Alejandro VI) y los mecanismos eclesiásticos para impartir “justicia”, etc. Múltiples son los personajes históricos cuyas relaciones se recuperan y/o recrean: Pedro (Martínez) de Osma, personaje en el que se atisba el antropocentrismo venidero; Fernando de Roa, discípulo del anterior; Margarita de Austria, esposa de don Juan (heredero de los RR. CC.); el rey de Portugal Manuel I, apodado el Afortunado… Pero sólo el séptimo capítulo, que relata las intrigas pasadas para acceder a la codiciada cátedra de Prima Teología, desde 1416 feudo básicamente dominico, resulta una digresión histórica que puede aburrir a un lector joven o que únicamente busque averiguar quién es el asesino. El resto de las cuestiones históricas se integran con tal facilidad que no sólo ambientan la historia sino que ayudan a situar hechos y personajes y a aprenderlos sin esfuerzo (¡cómo no se me va a notar la vena profesoril!).

Muchos temas tratados son consecuencia lógica de lo anterior: desde el doble rasero de la Iglesia y la tortura de la Inquisición a la prostitución y la sodomía, pasando por las falsas conversiones, las expulsiones y persecuciones de judíos o los entresijos dinásticos peninsulares. Los fundamentales quizá: el fanatismo como origen del crimen, las relaciones entre Iglesia y Poder político o los extremos que se tocan (las apariencias y la realidad, el conocimiento y la experiencia). Otros: el motivo de los infanticidios para preservar la honra sustentada en la opinión ajena, la superstición y la locura, la compleja psicología de unos seres que se debaten entre su verdadero ser y su forma de actuar, la semilla del mal y las consecuencias que el odio y la venganza traen (instigadores y ejecutores se ven bajo el prisma del influjo que los condicionamientos socio-familiares o político-económicos pueden provocar en mentes con tendencias criminales).

Y Jambrina hace, en un alarde de imaginación, un breve repaso a la historia de la Literatura y de la mitología, sin caer en sesudas citas metaliterarias: Sabela y Alicia son ex pupilas de Celestina, a quien se la descubre en medio del conjuro a Plutón, como personaje seudo histórico que, supuestamente, sirvió de modelo para el literario; rumores que corren por el pueblo lo hacen a través de los romances, se alude a la existencia de una copia manuscrita de Juan del Enzina sobre la “triste ciudad de Salamanca”, la interpretación del vellón en la boca de los muertos remite a la mitología griega; F. de Rojas tendrá su propio Virgilio en el revés del mundo de la superficie que se aprovechará para dejar constancia de la ideología crítica: “En los tiempos que corren, el infierno está más bien ahí fuera, en los tribunales y las hogueras de la Inquisición. Aquí abajo estamos los bienaventurados, los perseguidos por causa de la justicia y los que buscamos la verdad por otras vías, en medio de tanta mentira y fingimiento”. La influencia libresca de Orfeo, Eneas y Dante evitará que Rojas dé un paso atrás en su cometido.

El protagonista nos recuerda la inocentada estudiantil del Toro de Piedra y el calabazazo que sufre Lázaro: “Aprende necio…”; y su peculiar “descenso a los infiernos” remeda el de Dante en su Divina Comedia. Igualmente, hallan cabida: El Quijote, la Medea de Séneca (“Aquel a quien beneficia el crimen es quien lo ha cometido”), el Marqués de Santillana, Enrique de Aragón o de Villena, los famosos amores de Paolo y Francesca, Petrarca, el mundo de la alcahuetería para terciar en los asuntos del corazón… Incluso en las mofas de…, llamémoslo X mientras no lo leáis, tienen cabida las últimas palabras pronunciadas por Julio César o una fábula como la de la rana y el escorpión…

Y se cierra la historia y se resuelve la trama. Pero el libro no acaba ahí, porque tras el desenlace se abre un epílogo en el que añade, con grandes dosis de ironía y verosimilitud, lo que les sucede a algunos edificios emblemáticos, así como a distintos personajes principales y secundarios, reales y ficticios, por medio de un narrador en tercera persona “editor”. Una vuelta de tuerca que deja buen regusto y ganas de leer… su próxima novela, en la que tendrá gran protagonismo otro personaje literario de relieve y que saldrá en la primera quincena de noviembre.

Por si queréis indagar más sobre esta obra, anotad este enlace, es el de una página web y un blog que le ha hecho la Fundación Germán Sánchez Ruipérez: http://www.territorioebook.net/jambrina

PEQUEÑAS RESEÑAS PARA UNA POSIBLE BIBLIOTECA

Comienzo la labor de reseñar, desde esta atalaya cibernética en que me he embarcado, con un afán virginal y primerizo y un denonado esfuerzo con los que suplir mi desconocimiento del medio.

No esperéis que estén todos los libros que sean -ni sean todos los que están- obras maestras de indiscutible lectura. Sólo son una propuesta de lectura de aquellos que más me han  gustado de entre los que han caído en mis manos en la época en que comienzo este blog. Si os apetece, podéis opinar sobre lo que os parezcan a vosotros.

EL CURIOSO INCIDENTE DEL PERRO A MEDIANOCHE de MARK HADDON

Esta entretenida y original novela, planteada a modo de novela policiaca, se lee de un tirón. El asesinato de un perro será el detonante para que el adolescente y narrador-protagonista, Christopher, nos ayude a indagar en la naturaleza humana, con la que é debe enfrentarse aunque le resulta totalmente ajena. Él, que parece sufrir el síndrome de Asperger, un trastorno relacionado con el autismo,  es un apasionado de la lógica y las matemáticas, gracias a las cuales se mueve en el mundo de lo predecible y de lo rítmico. Odia el contacto físico, hablar con los extraños, las mentiras y las metáforas; no entiende los chistes, ni reconoce las emociones en los rostros y se crea sus propias reglas rayanas en la obsesión (ver pasar cinco coches rojos seguidos significa un día super bueno; sin embargo, si son cuatro coches amarillos seguidos significan un día negro; no come nada que sea marrón o amarillo). Pero es capaz de elaborar complicadísimas demostraciones matemáticas y alterar a sus padres que sin él se sienten perdidos y con él azorados y presos…

  

LOS AMANTES TRISTES  DE BEATRIZ RICO

O cuando tres son multitud y hay que decidir entre herir o ser herida, traicionar o tirar la toalla. Novela corta de lenguaje y tramas sencillas pero de gran profundidad, que tiene por protagonistas a los tres vértices de un triángulo amoroso formado por Antonio, un joven músico español instalado en París, el excéntrico Jean Charles y la arrebatadora y pasional Ofélie. La novela se sumerge en los entresijos del amor, la esperanza, la locura, la amargura, las relaciones familiares y la soledad. Y late la crítica contra los prejuicios sociales: “Hay países enteros de locos y no los encierran. Países en que la gente lleva pistolas y tiene miedo a salir a la calle. A quien no tuviese miedo, lo encerrarían. El secreto está en estar igual de loco que todo el mundo, ni más ni menos”.

OASIS (1943)

Obra de José Ángel Buesa, autor del siglo XX, ha sido uno de los libros más vendidos en su tierra natal, Cuba. Su popularidad bien puede atribuirse a la facilidzad con que rastrea en los sentimientos humanos, al romanticismo moderno de que hace gala, a la claridad de su mensaje y la maestría de su metro (p. ej, en los sonetos). Este poeta, apenas conocido desgraciadamente en España, emana autenticidad, al tiempo que desprende pasión y comprensión hacia el prójimo, aunque en ocasiones sea su rival (Canción para la esposa ajena, Poema de la Culpa, Poema del Renunciamiento, Poema del Amor ajeno) y porque subyace en él siempre un poso de misericordia, de confraternización y optimismo. Es una delicia leerlo. Su musicalidad se paladea. Y su mensaje se nos hace entrañable y cercano.

LA ELEGANCIA DEL ERIZO

Como el propio título indica, este libro desvela el engaño de las apariencias por más que los prejuicios las respalden. Con esta novela, la joven Muriel Barbery ha conseguido mucho más que un best seller en 2007, ha entrado por la puerta grande en le historia de la literatura, porque esta obra está destinada a perdurar. Perdurará por lo original de la trama (a veces un poco increíble), la hondura de su crítica hacia todo atisbo de clasismo, la ligereza de su filosofía (su verdadera profesión), el humor que late en sus páginas a pesar de la tragedia y la profundidad de alguno de sus personajes, por ejemplo el de la portera del número 7 de la calle Grenelle en París, Reneé (extraído de su primera novela: Una golosina). En este espacio cerrado –que no por ello llega a ser en ningún momento asfixiante para el lector, conviven la madurez y la infancia malgastadas en los papeles de dos solitarias: Paloma, una niña demasiado avispada para su edad, y Reneé, la portera culta de apariencia vulgar y travestida de semi analfabeta. Su amistad no sólo les brinda un pasaporte hacia la felicidad, sino un sentido a sus respectivos secretos, y las redime de la dificultad para entablar verdaderas relaciones humanas.

Queda el regusto de lo bien hecho. Y el deseo soterrado de que el final abierto que planea sobre la decisión tal vez aplazada de Paloma y sobre la reacción del nuevo inquilino de pie a una nueva novela.

  

LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS

Esta novela, ópera prima del joven físico Paolo Giordano y cuyo título supone toda una metáfora de la historia que cuenta, (Salamandra 2009) ha sido un fenómeno editorial en Italia. En ella, Mattia siente en su propia piel la existencia de los “números primos gemelos” de que hablan los matemáticos (números primos consecutivos, como el 11 y el 13, que estando casi juntos nunca se tocan porque media entre ellos un número par). Su número primo gemelo es Alice. Él es probablemente un Aspergen y lleva una culpa  a rastras que lo lacera por un episodio de la infancia. Ella, otrora una promesa del esquí, vivió -fruto de la presión paterna y la vergüenza por su enuresis- el truncamiento de su carrera tras un “accidente” que no le dejará la pierna en condiciones de competir más. Con tales mimbres, Giordano se atreve a adentrarse en la soledad en pareja y las rémoras de una infancia rota. Entre uno y otro, como si fuera el 12 en discordia, surgen la sombra de su hermana y el médico, espejismos y desencuentros. Cada uno somatiza a su modo (compulsión de las manos secas y su autoflagelación, trastornos alimenticios) esa imposibilidad para superar su íntima soledad. Los lectores empatizamos con los seres incapaces de satisfacer la necesidad humana de complementarse, auque el problema matemático que saca a la luz el autor ( o precisamente por ello) no parezca tener solución.

Y sin embargo… el final falsamente cerrado desmerece el conjunto de la obra, como si el autor hubiera tenido prisa por acabarla o se le hubieran acabado las ideas; el desenlace no está a la altura del magnífico planteamiento, y la complejidad de los protagonistas no casa bien con la simplicidad de los actos que acometen.

De cualquier forma, un comienzo por todo lo grande para un autor novel.