INTRIGA PSICOLÓGICA EN ESTADO PURO

Terapia de Ariel Dorfman

Novela de intriga psicológica que nos retrotrae a la literatura existencial y nos empuja a la denuncia macroeconómica… con el pulso firme de este argentino-chileno-norteamericano que destaca como un excepcional narrador actual. En Terapia vemos el terror de un hombre de posibles cuya vida parece desintegrarse en medio de un turbulento mundo de decisiones globales y desastres particulares al que intenta contrarrestar con su buen hacer empresarial. La terapia será de todo menos canónica, rayará en lo delictivo, y nos recuerda programas de la telebasura de éxito arrollador y consecuencias nefastas sobre alguno de sus “escogidos” participantes, y no me refiero a otro que el del tristemente afamado Gran Hermano, por más que una periodista de renombre -e investigadora incisiva en sus reportajes de otra índole- intente aplicarle un paño de experimento sociológico con su ferviente presentación, su furibunda defensa y sus extravagantes posicionamientos.

Aquí Graham Blake, exitoso hombre de negocios con una capacidad persuasiva excelente (lo que le hace imprescindible para las campañas publicitarias de su firma), amable padre y civilizado ex marido de su socia, Jessica, en Clean Earth, sufre una crisis nerviosa que le aboca al desastre y contra la cual su amigo Sam Halneck le sugiere internarse en el Corporate Life Therapy Institute del doctor Carl Tolgate, más interesado en promover lo que denomina el nuevo síndrome Tolgate con que pasar a los anales de la historia científica en un futuro que entreve halagüeño y próximo que sanar pacientes. Su tratamiento, un mes encerrado en una habitación pudiendo hacer y deshacer en la vida de una familia que observa a través de múltiples monitores sin que ellos al parecer se enteren de su intervención, primero le estremece y lo rechaza, después le engancha con el elemento erótico que no suele faltar. El cotidiano vivir de esta familia sencilla, con sus graves problemas (algunos despedidos de la fábrica que cerró, la afición al juego, el incesto sugerido), sus esperanzas (recobrar el empleo, ser descubierto como deportista, ayudar a sus semejantes) y sus profundas convicciones morales (generosidad para compartir aunque sea la pobreza, espiritualidad aunque lejos de los moldes preestablecidos) involucra a Blake que se deja controlar al tiempo que controla y mueve los hilos de sus desazones y de sus intereses para bien y para mal, porque en el fondo desea saber qué hay detrás del espejismo de su bondad, comprobar si obra conforme sus presupuestos éticos o es capaz de hacer mal para obtener beneficios como cualquier otro mortal y en especial los poderosos.

Este seudo espionaje televisivo hace de la presente novela una obra de clamorosa actualidad a la par que nos mantiene en vilo para llegar a descubrir la verdad sobre los personajes que actúan ante las cámaras y los que conoce fuera por mediación también de otras. Junto al protagonista convertido en voyeur y su sensibilidad, dejan rastro: el oscuro doctor, la enigmática Roxanna, la diluida Natasha, la adorable Rose –la Flower Girl-, la persistente ex y el prepotente ricachón que desea comprarle su empresa, Hank Granger. Una obra de gran actualidad, aunque encabeza sus tres partes con citas dantescas (de la Divina Comedia ¿eh?), que se lee como un best seller y se desgusta como un good book. Una historia de los infiernos humanos, el purgatorio en que depurar responsabilidades, compensar males causados y expiar delitos íntimos; y del paraíso con el que se ansía y al que rara vez se accede, en la que acaba la trama pero el final queda relativamente suspenso, en el aire, para que el suspense se dilate. Al terminar, el epílogo toma una cita de La vida es sueño y otra de un multimillonario americano según el cual dos razones mueven a actuar a todo hombre: una buena y la verdadera… Porque el epílogo sube el telón de nuestra propia vida, nos pone ante la realidad para que obremos conforme nuestra conciencia, nuestra verdad o nuestra necesidad. El libro sólo ha sido un alto en el camino antes de despertarnos.

El insomnio que le produce su crisis y las dudas acerca de su verdadera identidad a la postre parecen ser solventados por la dichosa terapia, cuyo fin último será que madure, que “uno aprenda a vivir consigo mismo, con las consecuencias de quien es, aunque no siempre nos guste quien somos”. Pero nos asalta la pregunta: ¿El fin justifica los medios? Un dilema ético de difícil resolución cuando se consiente dañar a una minoría para salvar a una mayoría. ¿La inmoralidad al servicio de la ciencia o ésta al servicio del progreso?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: